Repertorio de Ensayistas y Filósofos

Paula Winkler y la inquietud de sí


Valeria Badano
Universidad de Morón[1]

Paula Winkler 

Nació en Buenos Aires el 26 de enero de 1951. En su identidad se funden varias nacionalidades, religiones e ideologías.

Alemania, Italia, España, Austria. El peronismo y el socialismo. El catolicismo y el protestantismo. La clase acomodada y la pobreza. Los valores burgueses, todo se combina para definir a Paula Winkler.

“Una niñez muy triste, si se piensa que a mi padre alcohólico y ciclotímico le tomó veinte años modificar sus hábitos adictivos y algunos otros dejar atrás su "síndrome de guerra". Infancia con dificultad, pues mi madre nunca transitó la alegría y me obligó, prácticamente, a hacerme responsable del hogar cuando tenía tan sólo catorce años; y juventud más difícil porque el temprano emigrar del nido significó resignar mi carrera universitaria del alma, Letras, para dedicarme en pleno al conocimiento del Derecho y, así, recibirme de abogada con altas calificaciones. De inmediato, ejercí la profesión y continué haciéndome cargo de mis padres hasta su muerte”[2]. Desde 1974 desarrolla gran parte de su vida profesional como abogada y procuradora. No obstante, la meritoria carrera que realiza después en el campo judicial, no le impide seguir buscando y, deseosa del conocimiento, además de doctorarse en Derecho y en Ciencias Sociales, en 2001 obtiene el título de Magíster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del CAECE (Centro de Altos Estudios en Ciencias Exactas). Cursa, también, algunos años de la carrera de Letras y en la del Cine.

Hija del multiculturalismo, crece en la sabiduría del diálogo como fuente del conocimiento. En 1977, se casa con un abogado honesto e inteligente, de ideas políticas opuestas a las de Winkler, aunque de su misma solidez ética y espíritu amable, de cuya unión nace su hija, una mujer fuerte y decidida, publicista, que emprende la diáspora en 2001 hacia Nueva York siguiendo tal vez los pasos de su abuelo Hans Joachim. La vida familiar de padres, hija y abuelos ocupó un tiempo valioso en la vida de Paula Winkler, y esta forjó su carácter y sustentó sus raíces, lo que no le impidió el pleno ejercicio de su profesión como abogada en Argentina y en el extranjero y como profesora de derecho administrativo y más tarde, como juez.

En 1984 obtiene una beca de la Universidad de Alcalá de Henares y del Instituto de Derecho Administrativo Español para el III Curso de Economía del Sector Público.

Desde 1978 y hasta 1997 es profesora adjunta en Derecho Administrativo en la Universidad de Buenos Aires y adjunta –y más tarde asociada- en Procedimiento y recursos administrativos en la Universidad de Belgrano.

Su labor docente refuerza el diálogo entre la realidad y el conocimiento. En 1974 es Profesora contratada y titular del proyecto 104 para la Organización de los Estados Americanos (OEA), sobre planificación económica en América Latina y en varias ocasiones es profesora invitada por universidades internacionales: Universidad de Alcalá de Henares (1984), Universidad Complutense (2006) y Universidad Autónoma de México (2006), entre otras.

Como investigadora, sus amplios conocimientos de Derecho se articulan con lo social y las manifestaciones humanas como el Psicoanálisis y la Semiología. La ley/la conciencia/el inconsciente/el deseo/la palabra resultan en una trama epistemológica. Desde esa nueva perspectiva, participa como investigadora invitada y asesora en la investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad Kennedy y la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, Colombia sobre “El niño homicida” entre los años 2008 y 2010, y asesora en la investigación “El niño homicida”, a cargo del Departamento de Psicoanálisis de la Universidad Kennedy, de la Universidad de Medellín, Colombia y del Instituto de Derecho de la Universidad de Envigado, Colombia durante los años 2008 y 2010.

El Derecho, el Psicoanálisis, la Semiótica no le resultan campos del conocimiento ajenos; ni la magistratura ni la docencia, pero tampoco, la escritura. Así es que como conferencista imparte numerosos seminarios en variados foros (Cámara de Diputados del Congreso de la Nación, Instituto Nacional de la Administración Pública, Universidad Kennedy, Universidad de Buenos Aires, Procuración del Tesoro y Tribunal Fiscal de la Nación, Universidad del Salvador, Universidad Argentina del Museo Social, Colegio Público de Abogados, Universidad Kennedy, Universidad Autónoma de México, Universidad Complutense y muchas otras). Y escribe gran cantidad de artículos y ensayos sobre temas jurídicos que sabe articular epistemológicamente con esas otras disciplinas que le son afines.

Fue, además, miembro del Comité de Redacción y del Comité Científico de evaluación de la Revista del Instituto de Derecho de la Universidad de Envigado, Colombia, entre otras, dedicada a la investigación jurídica y filosófica (2008 a 2009) y de la Revista Borromeo (2011). Y es actualmente miembro y profesora titular del Instituto de Investigaciones en Psicoanálisis aplicado a las Ciencias Sociales de la Universidad Kennedy y colaboradora permanente de la Revista Borromeo del Departamento de Psicoanálisis de la Universidad Kennedy.

Así como plantea la inquietud de su ser en la obra ensayística, la literatura la atrapa y logra textos narrativos donde se traman la ficción y la mirada personal, interpeladora, tan presente en toda su obra. Ha escrito y publicado en 1999 una serie de cuentos Los Muros; en 2001, Cartas escritas en silencio para el viento, una nouvelle prologada por Silvia Plager. Asimismo, por Koray Melikoğlu en Life writing: autobiography, biography and travel writing, Istanbul University, 2005. En 2003 publica el libro Cuentos perversos y poemas desesperados que prologan el Dr. José Eduardo Abadi y Silvia Plager. En 2007, la novela El vuelo de Clara, donde hay una fuerte intersección entre la literatura como universo de ficción y la autobiografía como paradigma de la realidad crítica a la vez que íntima. En 2009, La avenida del poder, prologada por Paula Varsavky, es considerada como una novela filosófica en la que la voz de Winkler se encarna en un periodista-semiólogo encargado de descifrar el sentido del poder en los espacios/signos de una Buenos Aires poco vista y donde el pasado –la infancia del personaje- se trama a partir de la fuerte figura del Padre como el gran "dador de la Ley".

La escritora y la escritura.

La postura escritural de Paula Winkler pone en evidencia una tipología textual no demasiado visitada por las mujeres latinoamericanas: el ensayiata. M. L. Pratt en su artículo “No me interrumpas” señala que:

Las antologías, esos grandes espejos del canon, son, en el caso del ensayo latinoamericano, verdaderos monumentos a la intelectualidad masculina, regidos por una docena de nombres ampliamente conocidos y muy valiosos: Bello, Echeverría, Sarmiento, Montalvo, González Prada, Hostos, Martí, Rodó, Henríquez Ureña, Vasconcelos, Mariátegui, Martínez Estrada, Arciniegas, Reyes, Picón-Salas, Zea, Paz, Anderson, Imbert (2)

Tal enumeración me ayuda a vislumbrar la situación discursiva que revela el estatuto de legitimidad que las mujeres tienen a fines del siglo XIX y que las determina en un lugar desjerarquizado respecto de la consideración intelectual de los varones. Ni siquiera algunos intentos de ensayos escritos por varones logran darle a la escritura realizada por las mujeres un lugar de importancia desde donde pueda señalarse que el ámbito de las mujeres es el mundo, ya no únicamente la casa, ya no únicamente la familia, ya no únicamente el universo de los sentimientos; repito, el mundo: las leyes, el poder y los sujetos.

En la tradición de la literatura ensayística puede observarse un manejo del discurso que condiciona y determina al sujeto discursivo ya que en esa manera de "decir" se impone un sujeto que manipula la realidad y el poder desde esa subjetividad. Entonces “Empleando los términos de Victoria Ocampo, puedo decir que la historia literaria construye al ensayo como uno de esos monólogos masculinos que desalientan o francamente prohíben que las mujeres interrumpan” (“No me interrumpas” 3).

Sin embargo, es posible desarrollar una estrategia por la cual las escritoras ponen en marcha su palabra literaria y ella empieza a ser legible:

Las intelectuales criollas crearon un corpus textual que llamaremos el "ensayo de género", una tradición de escritura que se desarrolló de manera paralela al ensayo de identidad. Empleo el término "ensayo de género" para referirme a una serie de textos escritos por mujeres latinoamericanas a lo largo de los últimos ciento ochenta años, enfocados al estatuto de las mujeres en la sociedad. Es una literatura contestataria que se propone "interrumpir el monólogo masculino" -por decirlo en palabras de Victoria Ocampo- o al menos confrontar la pretensión masculina de monopolizar la cultura, la historia y la autoridad intelectual (“No me interrumpas” 4).

Es así que ya comenzado el siglo XXI somos conscientes de que “la participación de las mujeres en este género literario tal vez sea más vivaz y coherente de lo que pensaba Ocampo” (3).

Dentro de este género actualizado, "vivaz y coherente" reconozco el lugar que ocupa Paula Winkler como mujer del Derecho, como escritora pero, fundamentalmente, como mujer del conocimiento. Con sus ensayos funda un espacio discursivo de modo tal que su palabra logra adelantar un presupuesto canónico –o, mejor dicho, contracanónico- dentro del mundo de las letras y las leyes.

Paula Winkler transita la pluralidad, en su infancia estudia en el colegio Lenguas Vivas y sigue la carrera de Derecho, heredando la vocación de su tío abuelo, el gran jurista argentino Raymundo Salvat. Y, siguiendo esta tradición familiar –mixturada, múltiple, en diáspora- Winkler trabaja incansablemente como abogada y procuradora; fue juez y vocal camarista y presidente de la Sala E del Tribunal Fiscal y cuando se retira de la labor judicial –en julio de 2011- se dedica especialmente a la literatura publicando cuentos, novelas y algunos poemas. Y, asimismo, inaugura una página literaria (www.aldealiteraria.com.ar).

No obstante, como una mujer amante del conocimiento, desde fines de los setenta, se acerca a él a través de su palabra precisa, implacable e irónica escribiendo ensayos, participando como expositora en congresos especializados y como conferencista en universidades nacionales y extranjeras dando cuenta de su mirada que, en continua transformación se proyecta desde el positivismo dialogando con otras disciplinas como ya se ha dicho: la Semiótica, la Hermenéutica y el Psicoanálisis. Para ello, se yergue en una actitud dialógica con otros pensadores: filósofos, lingüistas, juristas, historiadores, mujeres y hombres de letras: Lacan, Nietzsche, Cortázar, la premio Nobel Müller, Sloterdijk, Felisberto Hernández, Bajtín, entre muchos otros. Estas, sus influencias, revelan la misma pluralidad que forma parte de su esencia.

Sus ensayos "de género".

El llamado "ensayo analítico de género" no busca reproducir el pensamiento masculino, sino que propone formas alternativas de intelectualidad que interpelan la prerrogativa masculina de determinar lo que vale como pensamiento (“No me interrumpas” 6).

Paula Winkler, en sus ensayos, pone en práctica un ejercicio de inversión de la construcción canónica del ensayo en Latinoamérica en el que los hombres son dueños del poder y de la función intelectual. Funda un espacio y se apropia de un discurso tradicionalmente utilizado por los varones: el de la ley y el de la palabra.

Es evidente que Paula Winkler no sucumbe a las resonancias del "No me interrumpas" del que hablaba Ocampo. A diferencia de lo que sucede a principios del siglo XX, cuando las mujeres ensayistas procuraban dar visibilidad a las cuestiones de las mujeres, Winkler aborda los grandes temas que importan en la vida de los hombres en la sociedad y cuestiona, a partir del análisis y aplicación de teorías pertinentes, las perspectivas cuya ideología remite a la imposición patriarcal. Tal vez, sin ser consciente de ello, Paula Winkler logra conmover los estatutos jurídicos donde han sido cristalizados los conceptos de Ley y Sujeto atendiendo a un discurso que se apropia de las preocupaciones del género.

Si bien no podemos afirmar que la escritura ensayística de Paula Winkler forma parte de lo que se ha considerado como "ensayo de género" –ya que ella no escribe exclusivamente para "dar una respuesta intelectual al poder del varón en el sistema de pensamiento"-, los ensayos de Winkler circunscriben un espacio del conocimiento donde se entrecruzan las razones de género inherentes a ella en tanto que escritora con su necesidad de establecer vínculos epistemológicos antes no pensados; pretende hacer dialogar a disciplinas que antes no lo hacían: el Psicoanálisis, la Semiótica y el Derecho. A las teorías de Lacan y Freud; de Blanchot, Barthes, Peirce y Benot. A la hermenéutica de Ricoeur, a la filosofía de Kant, a las posturas históricas y sociales de Durkheim, Rousseau, Viehweg, Hobbes, Mauss, Gadamer, Sloterdijk y a Žižek.

Winkler marca, así, desde esa multiplicidad, una diferencia respecto a los modos de construir los discursos que realizan los escritores hegemónicos del discurso patriarcal, los que no están obligados a nombrar a los Otros “mientras que los subalternos lo tienen que hacer para poder cuestionar, en sus propios términos, a las instituciones de conocimiento" (“No me interrumpas” 9). Winkler, en cambio, instaura una nueva forma de discursividad, en la que el diálogo con los otros propicia una mirada metatextual sobre el género ensayo. En “La cita bibliográfica y el conocimiento”, por ejemplo, reflexiona acerca del ensayo y del rol del escritor a propósito de su relación con el conocimiento y la escritura. Expone la necesidad de la cita a la hora de construir un texto en el que se deba demostrar el conocimiento, la cita es considerada como alguna de las herramientas fundamentales del discurso científico. De modo que lo dialógico es la base de su escritura como del conocimiento mismo al insistir, más allá de la cita, en el pensamiento propio.

Paula Winkler presenta en sus ensayos una problemática clave; a partir de ella articulo yo, la postura de mi lectura: los sujetos en relación; es desde allí que ella también se constituye.

Paula Winkler como jurista, escritora y crítica de la cultura se expone en sus textos. “Si hay algo que me define son mis férreos principios republicanos y democráticos, mi honestidad y mi amor al prójimo, lo cual haya sido quizá el motivo que me permitiera abrazar con soltura el conocimiento de varias disciplinas con el único fin de disminuir el "malestar en la cultura". En definitiva, soy una humanista de cuerpo y alma que intenta sobrevivir y expandir sus ideas en la posmodernidad líquida del siglo XXI, como lo describo en mi novela La avenida del poder.”[3]

Esta idea consolida, asimismo, la hipótesis de su literatura ensayística, a saber: que los sujetos se construyen en relación con los otros, esta relación determina un vínculo entre el sujeto y el poder. El poder es planteado por Winkler como la "Ley". Al inscribir este término, Winkler establece un lazo con su disciplina de base: el Derecho, porque la Ley hace referencia a la palabra escrita de la jurisprudencia, a esa especie de superyó. Pero por otro lado, apropiándose de un término derivado del Psicoanálisis, la Ley es el signo que determina el lugar del deseo. En relación con el carácter subjetivo, el deseo se expresa en la poiesis, en la creación verbal.

En la tensión entre los sujetos y sus deseos, se da la polarización: la ley significa la anulación de aquellos y la literatura, su expresión.

Todos los ensayos de Winkler vuelven una y otra vez a la misma problemática. Obediente a la perspectiva lacaniana a la que se adhiere, Winkler reescribe los textos: profundiza en los temas, focaliza en otras cuestiones, torsiona, abre nuevas –otras- perspectivas. En un bucle programático, la ensayista se abisma hacia los tópicos "sujeto" y "poder"; "sujeto" y "discurso" para poder reflexionar sobre sí misma en tanto que sujeto. Y como sujeto del Derecho, se sitúa. Por eso, puedo considerar que la escritura de los ensayos de Paula Winkler responden a lo que Michel Foucault llamó "inquietud de sí".

La inquietud de sí mismo es una especie de aguijón que debe clavarse allí, en la carne de los hombres, que debe hincarse en su existencia y es un principio de desasosiego […] La inquietud de sí implica cierta manera de prestar atención a lo que se piensa y lo que sucede en el pensamiento (2006: 24-28).

Este estado de "movimiento" en que se encuentra el sujeto, según plantea Foucault y concreta Winkler, es el que me permite especular acerca de los procesos escriturales en los que, tal vez en forma latente, Winkler nos habla de sí, en tanto que mujer y desde esa identidad, escribe.

En su ensayo de enero de 2012, “Apuntes escépticos para un desastre programado”, Paula pone en funcionamiento esa inquietud de sí en el plano del discurso. Ello revela una filiación con el discurso de las mujeres. Explica July Cháneton, al establecer un vínculo entre el pensamiento foucaultiano y la constitución del sujeto mujer que, se entiende por subjetividad al “modo en que el sujeto hace la experiencia de sí mismo en un juego de verdad en el que está en relación consigo mismo” (74).

Para comenzar, Winkler titula el trabajo como "Apuntes"; ello conduce a pensar que allí sus palabras no buscan determinar un único espacio de verdad (de poder) sino que el carácter provisional implicado por el término, subraya el sentido de lo inacabado, de lo que necesita del diálogo con la realidad (lo Otro lacaniano).

Por otra parte, el discurso es claramente coloquial, hay una primera persona identificable con una mujer y se instala una segunda a quien la narradora llama familiarmente "darling".

Si todos los trabajos ensayísticos de Winkler actualizan un tema que es de su competencia en relación con las cuestiones discursivas de tal modo que se problematiza quiénes son usuarios de la lengua, en este ensayo, se hace explícito el trabajo de escritura del ensayo como género literario que posibilita reconsiderar el lugar de ese sujeto –descentrado, fuera de la ley- en busca de su deseo.

La narradora –voz protagonista del ensayo- se sitúa en su condición ontológica: es una mujer. Desde aquí realiza no sólo el ejercicio de escritura sino la reflexión de la misma. Se pregunta por la literatura femenina, “¿qué es la literatura femenina sino un capítulo más de la literatura que se alza orgullosa ante la muerte?” (1) Afirma, luego, que la literatura de mujeres ES y eso basta.

Dimensionados voz y sujetos, se aclara el intento de fijar la escritura por entre los espacios sueltos del otro.

Como lo hace en este ensayo, Winkler detiene su mirada sobre la realidad, en lo cotidiano, para explicar el lugar del sujeto en relación con el poder y la ley. Y para ello se cuestiona y formula preguntas: ¿Cuál es el lugar del sujeto?: ¿La realidad? ¿la Ley?¿lo simbólico? ¿lo imaginario? ¿Cómo se construye ese lugar? ¿Es por lo lingüístico? ¿o por lo semiótico? Paula Winkler se ubica del lado del conocimiento. Es por ello que se acerca al Derecho para interrogarlo y así hacerlo más humano. Educada en la diáspora, su conocimiento es búsqueda y por eso interroga arbóreamente, se proyecta y crece de modo que logra interactuar con otras disciplinas, tal vez, poco pensadas antes.

El lugar del sujeto

El lugar del sujeto es el eje a partir de donde Winkler plantea sus argumentaciones. Y así lo expone en “¿Dónde está el sujeto?” El sujeto, considera, resulta borroneado en la sociedad actual porque ni las acciones ni los discursos parecen atender sus cuestiones tanto en el nivel individual como en el colectivo.

Para poder comprender el lugar que el sujeto ocupa, Winkler resignifica las proposiciones teóricas aportadas por las Ciencias Sociales y por el Psicoanálisis. De ellas busca los elementos convergentes y en ambas reconoce como objeto al "sujeto" que se postula como el modo de comprender/lo/se en el mundo globalizado. Por eso, en la necesidad de comprender, Winkler apela a una teoría literaria que reúne dos disciplinas: la lingüística y la filosofía; se trata de la Hermenéutica.

En “Lacan y el amor al prójimo: una hermenéutica para la vida cotidiana”, Winkler vuelve a trabajar desde la teoría lacaniana para justificar la perspectiva que propone a la hora de comprender la situación subjetiva.

En este ensayo Winkler explica el lugar del sujeto a partir del aspecto relacional ya que como ella afirma no hay subjetivación sin alteridad. Por ello recupera la relación entre lo otro / lo Otro que plantea Jacques Lacan (el primero es lo imaginario real y el segundo se corresponde con el orden simbólico social). Winkler pretende conocer la condición humana desde una perspectiva hermenéutica. Ella expone que el Psicoanálisis permite comprender los aspectos fenoménicos humanos y por él “se devela una concepción o un modo de ver las cosas” (3).

Ese Otro simbólico representa el conjunto de significantes individuales y sociales. En ese Otro podemos reconocer representaciones sociales tales como la Bondad y la Maldad que conducen a ubicar a ese sujeto en perspectiva relacional que en este texto está representada por el amor al prójimo. Más allá de pensarlo como un principio religioso, lo plantea como una práctica social en la que son resignificadas las representaciones.

En oposición a esta búsqueda del sujeto en relación con el otro se revelan dos posturas; por un lado, el temor a la imposibilidad del diálogo simétrico porque se recuerdan los excesos propios y, por otro, la necesidad de regular esas relaciones. Este posicionamiento del sujeto, define, según Winkler, una nueva condición del sujeto: la insularidad.

La insularidad es definida como la situación del hombre –en tanto que espejea la condición del isleño; subjetividad sometida al vacío de la distancia, a silencios, a ausencias-, es el aislamiento en el que el hombre de la sociedad globalizada vive. Winkler considera que el ser humano de hoy vive en un mundo globalizado –total- pero que, a la vez, está compuesto de fragmentos; ello hace que el sujeto expulse lo diverso porque necesita sentirse seguro.

La isla, topografía-estado, en el que se sitúa el hombre de hoy condena a la soledad donde "nada está prohibido" y, por lo tanto, el hombre está abandonado a sí mismo como un yo autónomo. En esta situación, la circulación discursiva de los hombres es imposible, no se dirige a ninguna parte, así el lugar del sujeto vuelve a definirse no sólo espacialmente sino desde lo semiótico: son los bordes donde el sujeto es y significa. Allí, en el límite, se encuentra el lenguaje social, se trata del límite de la semiosis.

Juntamente con la noción de insularidad, como síntoma de la sociedad de la postmodernidad, Paula Winkler desarrolla la idea del sujeto como un extranjero. Para explicar esta apreciación apela al recurso intertextual y aprovecha las descripciones del hombre moderno que realiza el escritor francés Albert Camus en su novela El extranjero y entonces esgrime sus propias argumentaciones en su “Ser extranjero” (enero 2012)

La condición de extranjero que plantea Winkler, reelaborando lo propuesto por Camus, es aquel que cuestiona lo establecido, es un sujeto distinto del grupo, no identificado en la comodidad de lo construido. El extranjero –dice Winkler- “molesta, sobre todo en tiempos difíciles, y se erige en el chivo expiatorio de todos los males” (2).

El sujeto al vivirse como extranjero padece la exclusión del otro y así, el sujeto lo identifica con el espejo de todos los fantasmas del propio yo.

La percepción del sujeto como extranjero vuelve a plantear el lugar que ocupa el sujeto: es un yo autónomo que interpela el discurso; porque si ese sujeto está descentrado –es un extranjero o insular- también lo es su lenguaje, y desde lo semiótico, hay algo que escapa del signo.

La sociedad y la ley.

Reconocido el objeto de estudio, a saber: sujeto e individuo, Winkler los observa en su rasgo de identidad que ella se plasma en la relación con los otros. El sujeto "es" para la sociedad en tanto que puede establecer vínculos, es decir, lazos sociales. Hoy, reconoce Winkler, ese lazo social está debilitado. ¿El motivo? La forclusión del Nombre-del-Padre (que no es otra cosa que el decaimiento del Padre del Nombre), es decir el desprestigio de las instituciones representadas tradicionalmente por el Padre –representación de la Ley; figuración de la prohibición- y la consecuente devaluación de la palabra.

Tal situación instaura un sujeto descentrado, incapaz de resistir a todo lo que viene de fuera de sí y, por lo tanto, sin poder comprender lo colectivo y, entonces, sumergido en la incomunicación, "enmudecido" porque ha perdido su capacidad de simbolizar y está aislado.

Para explicar la ley y el lugar que ella ocupa en el mundo contemporáneo, Winkler recurre a un mito clásico inscripto magistralmente por Sófocles en la tragedia Antígona. Antígona es la hija de Edipo -"el maldito" y "tirano"-, que, desobediente de la ley social actúa tratando de restituir un orden perdido conforme su "deseo de ley". Recuerda Winkler que la ley es un derivado de "el nombre del padre" considerado como función social.

La ley es legible como el principio de autoridad y como la jurisprudencia. Como principio de autoridad social, está representada por la figura del padre –y de aquí la interpelación que Winkler diseña en sus ensayos del patriarcado y de la fuerza de una única verdad-. Sin embargo, nos anoticia acerca de que el-nombre-del-padre es el peor de los síntomas cuando la autoridad se extravía o, peor aún, si vive en desasosiego por no saber o no querer saber. Lo señala en “Antígona-entre-dos-muertes”

Winkler propone una primera inversión en la consideración del Derecho como manifestación jurídica de la ley, al realizar el cuestionamiento del significado del signo "Derecho".

En su ensayo “Justicia y Ley. Decir Derecho” (noviembre de 2010), Winkler reformula la idea del Derecho al pensarlo en el mundo globalizado, allí dice que el hombre de hoy abandonó la horda, ahora la sociedad se afirma en la prohibición fundante del Estado y, desde un planteo terminológico, describe una problemática de índole semántica y ontológica; se pregunta “¿ley o costumbre, ley o ley justa? ¿ley o justicia?” (1)

La justicia entendida como "decir verdad" -es decir una articulación entre el sujeto y la noción de una ley justa-, problematiza la prescripción de derechos y deberes dados por una autoridad (el padre o el juez) porque hoy no se puede interpretar unívocamente la ley sino vinculándola con el lazo social.

Así es que Winkler planta en una definición de ley según la entiende el hombre actual en el ensayo “La encrucijada de las democracias de principios de siglo en Occidente. ¿Crisis en la representación o representación constante de la misma crisis?” (noviembre 2011) donde subyace la idea de representación en relación con la figura de Antígona. Allí expone que los hombres están disconformes con el mundo y ello conduce a la ira. Señala dos encrucijadas en las que se encuentran las democracias del siglo XXI: por un lado ¿qué es el representado?, y por otro, si es necesario transformar o mantener las instituciones. Lo que sucede es que la autoridad del pueblo no está legitimada y que el hombre ha sustituido esa falta de autoridad por el poder como modo de relacionarse. Los dos mandamientos básicos: no matarás y amarás a tu prójimo, no se cumplen y se han reemplazado por ejercicios del poder brutal -lo que repite la acción de Antígona- femicidios y filicidios reales y simbólicos.

En dos ensayos donde vuelve a pensar la relación entre el Psicoanálisis y el Derecho -“Aportes posibles del psicoanálisis al derecho penal y a la criminología cuando la ley –en sentido lato- deviene inconsistente” (octubre 2009) y “Una articulación (casi)imposible: Derecho y Psicoanálisis” (diciembre 2009)- Winkler revisa la relación entre la primera prohibición familiar: la del incesto, aquella que se representa en "el-nombre-del-padre"; y la ley institucionalizada. Si no ha habido una incorporación de aquella primera ley, la ley no tiene efecto; es entonces que el Derecho Penal debe mediar entre el sujeto y la institución ya que el sujeto no ha logrado hacerse responsable de lo que no pudo nombrar. El Derecho Penal expone claramente la relación entre el sujeto y el Derecho ya que en el delito es donde se ve la tensión entre la regla social y la pulsión individual.

El lugar del Derecho

Considerar al sujeto como un ser en tanto capaz de establecer el lazo social y que, está atravesado por el concepto de "ley", le permite a Winkler reflexionar en su área de trabajo: el Derecho.

En “El derecho aduanero y la argumentación jurídica. Apuntes sobre filosofía” (enero 2007), ella dice que, como abogada es consciente que debe trabajar con la palabra, “Los abogados tenemos la palabra como principal forma de expresión” (3), de aquí la advertencia acerca de los límites que deben ponerse en marcha a la hora de hacer uso de esa semiosis jurídica. La razonabilidad, la excepcionalidad y la prudencia son las que permiten que el lenguaje funcione en relación con los sujetos y sus contextos, haciendo de lo universal una actualización pertinente, por ello la importancia de la hermenéutica como teoría analítica. Vuelve sobre estas ideas en “La labor jurisdiccional: entre la argumentación y la hermenéutica”, un ensayo publicado en Tribunal Fiscal de la Nación. A los 50 años de su creación, en 2010.

El interés de Winkler es repensar el Derecho, para ello, va a vincularlo con algo más allá de la pura teoría; y entonces lo observa como fenómeno social, como un síntoma y no como un mero sistema normativo. En su ensayo “La labor jurisdiccional: entre la argumentación y la hermenéutica” dice que “Lo propiamente jurídico se va haciendo en el entramado social y la historia” (4)

En “La costumbre del Derecho y el Derecho en la costumbre” (2007) plantea nuevamente la necesidad de revisar el significado de la palabra Derecho para, así, resignificarlo. Dice que en la semiosis jurídica –en el lenguaje del Derecho- se establece una relación con lo convivencial. La experiencia jurídica, afirma, es una experiencia de lo humano.

Desde esta posición, la respuesta de Paula Winkler es subrayar la relación que existe entre el Derecho y la lengua, expresa: “El Derecho se presenta, así, con su propia moral interna: lo real (hechos, sujetos, objetos) pasa a "ficcionarse" desde el imaginario de la legislación en otro simbólico, es decir en un lenguaje…” (“La costumbre en el Derecho…” 4)

El Derecho tiene una función clave: mediar entre la ley simbólica que es la prohibición del incesto; la regla social (los roles, las identificaciones grupales, etc.), pero por otra parte, está presente también la corporalidad del sujeto.

El sujeto y el deseo

La idea de una única verdad concedida a la figura del padre según lo entendía Freud, es invertida por el pensamiento lacaniano cuando Winkler la explica en la intención del sujeto de "decir verdad". En junio de 2011, Winkler lo plantea en “El psicoanálisis como envés de la ley”. El sujeto hace uso de la norma para abordar lo real. No se puede disociar la ley del deseo.

La mirada de Lacan, a diferencia de la teoría del Psicoanálisis de Freud, instaura la "imago materna" por la cual resulta liberado el relato familiar de la función cultural del padre. La madre representa la atemporalidad y el terror del goce narcisista, así el sujeto cobra una nueva dimensión.

El deseo es el que necesariamente articula con el otro y habilita la consolidación del lazo social con este (5). Así el sujeto atraviesa el "deber ser" de la norma jurídica y se expone como corporalidad: frente a la ley está el sujeto deseante; el sujeto y el deseo. Frente a este está el goce como expresión de un imperativo social como el propio de la globalización: nada está prohibido, que no significa que todo está permitido sino que la ley circula como circulan los objetos, resulta deslegitimada.

Hoy, la ley resulta inconsistente, el imaginario jurídico no condice con el imaginario social; el sujeto considera que la ley tiene consistencia cuando el deseo funciona, caso contrario, el sujeto está perdido, ausente, es un extranjero.

Winkler analiza dos situaciones contemporáneas que parecen explicar la situación del sujeto en relación con el deseo (con la ley y su cuerpo): la publicidad y la consecuente construcción de simulacros en la sociedad globalizada.

En “La globalización y la construcción social de la apariencia: una lógica del sujeto como objeto” (2009) se pregunta si en la nueva organización mundial los sujetos se relacionan, si esa relación es un simulacro mediado por los objetos.

Explica que la globalización ha instalado una práctica narcisista que es el consumismo, plantea que el "yo" no registra al otro, dice que el cuerpo es el territorio donde se inscribe la cadena significante del consumo de modo que los deseos proyectados infinitamente se vuelven “puro goce tanático, pulsión” (“Aportes posibles del psicoanálisis al Derecho penal y a la criminología cuando la ley (en sentido lato) deviene inconsciente” 5).

En las sociedades contemporáneas la ley está desvanecida, no obstante nombra, afirma Winkler que cuanto mayor es la crisis o la anomia social, más se excede en nombrar y tipificar. Así es que hoy “la función social del nombre la cumple la marca. Su ícono, el logo” (“Aportes posibles..." 9) Se ha llegado al punto en que el producto está ocupando el lugar del sujeto enunciador del mensaje publicitario. La publicidad construyó un universo de orden. En consecuencia la palabra resulta vaciada de contenido.

En la proliferación de objetos, de mercancías, en el puro goce, el sujeto resulta afantasmado; en su lugar, el universo de orden construido es un simulacro, el "como si". Hay un doble fetichismo de la mercancía, hay una nueva lógica del cuerpo, los elementos interactúan sin que aparezca en el discurso el sujeto.

Afirma Winkler que “la construcción de la apariencia pone en riesgo al sujeto…” (“Aportes posibles..." 14) Para evitarlo “es la palabra la que debe restablecer en su riqueza y para ello no se puede bucear sino en el sujeto que se debe a su lengua y a la lalengua” (15).

El sujeto y el discurso

La intención de Paula Winkler es resignificar la palabra en esta sociedad en la que la palabra está vaciada de sentido y por lo tanto, el sujeto no puede reconocerse. Por eso elige trabajar rescatando el inconsciente, allí reconoce la lalengua que se opone a la lengua y que se consolida en el dialogismo bajtiniano, que impone un murmullo, un idiolecto contra el glosario oficial, que recoge el vínculo social y opera en dos direcciones: hacia el lector y hacia sí.

Para poder comprender el papel que juega el discurso en relación con el sujeto Winkler estudia, además del Derecho, la literatura y el cine y para ello elige a la Semiótica más que como disciplina como una metodología, “un sistema organizado de pautas operativas que proporcionan un modo de explicar el signo” (“El quiasmo epistemológico de la Semiótica con relación a las Ciencias Sociales” 2005:3)

El reconocimiento de la palabra como constructora de sentidos, de subjetividades, empuja a Winkler a acercarse a las teorías del signo, sobre todo la que propone la semiótica de Peirce que, desde una concepción triádica evalúa lo relacional entre cosa nombrada, representamen e interpretante.

Y si bien, en diferentes oportunidades a la hora de la escritura de sus ensayos, Winkler apela a representaciones literarias para acuñar ejemplos, la búsqueda para explicar al sujeto según lo plantea el Psicoanálisis la lleva a cuestionar al mundo globalizado o a la mundialización de los sujetos también en la literatura y el cine; asimismo estudia y analiza la obra de la escritora hispanoamericana Iris Zavala desde donde refuerza las nociones trabajadas por los filósofos de la sospecha –Freud, Lacan, Bajtin- para proponer una práctica de lectura que requiere un diálogo con el Otro y que busca aunar la lengua con la lalengua –ese espacio vacío de banalidades, propio de la ilegalidad que cargue al texto de un poder alejado del "deber ser" que cercena el texto.

Winkler como escritora se construye en aquello que escribe. En la escritura de sus ensayos, la escritora asume una postura de autofiguración. Superada la noción foucaultiana de la muerte del autor, Winkler cristaliza en sus palabras su situación subjetiva –el ser mujer- en torno a la ley y a la palabra. Con este "retorno al autor" puedo observar las variantes y modulaciones de lo autobiográfico o íntimo. Dice Julio Premat que: “la problemática del autor plantea por lo tanto la concepción colectiva del sujeto: su percepción, su funcionamiento, su estructura, su metafísica. Es uno de los espacios privilegiados para analizar la manera en que una sociedad piensa la subjetividad” (23).

La inquietud de sí.

Paula Winkler tiene como primera profesión la abogacía. No obstante ello, Paula Winkler es, en tanto que usuaria crítica de la lengua, una escritora, instauradora de "lalengua". Tanto en sus textos ficcionales –me refiero especialmente a sus dos novelas El vuelo de Clara y La avenida del poder- como en los ensayísticos, Winkler trabaja para construir no sólo un universo epistemológico sino un espacio subjetivo en el que pueda reconocerse como autora.

El recorrido que realiza desde el Derecho, por la palabra, para explicar al sujeto en todo momento vuelve sobre ella misma. Intenta colocar su palabra en diálogo, su mirada, su reflexión sobre los temas que la ocupan y de esa manera, construirse subjetivamente. Porque cuando habla del Derecho habla de ella en tanto que sujeto del Derecho, trabado por el lazo social en representaciones –el Otro simbólico lacaniano-. Cuando habla de discurso habla de ella como usuaria de la lengua; cuando habla de goce y deseo se sitúa en relación con la Ley –la simbólica del Derecho y la del padre: el social y el discursivo-.

Deberíamos pensar en lo que los ensayos -la voz- de Paula Winkler representan no solo dentro del universo ensayístico sino en el marco de la jurisprudencia: la fundación de un nombre propio, tal vez, el de la madre: ausencia de narcisismo provocada por la solidaridad social y el poder del imaginario en cuerpo y palabra.

 

Bibliografía citada.

  • Cháneton, July. Género, poder y discursos sociales. Buenos Aires: Eudeba, 2007.

  • Foucault, Michel. La hermenéutica del sujeto. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2006.

  • Premat, Julio. Héroes sin atributos. Figuras de autor en la literatura argentina. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2009.

  • Winkler, Paula. Ver la ficha completa de sus obras en Bibliografía de Paula Winkler.


Notas

[1] Profesora universitaria en Letras (UM), Licenciada en Letras con orientación en Lingüística (UM), Especialista en Estudios de las Mujeres y el Género (UNLu), doctoranda en Estudios de las Mujeres y el Género. Docente universitaria, investigadora, narradora y dramaturga. Publicó, entre otras obras de estudio: Escribir para chicos. La infancia y las escritoras. Una aproximación a las poéticas de tres autoras argentinas. (Nueva Generación 2011). Las otras miradas: Historias de mujeres. Sobre textos de C. Bajo, S. Molloy, E. de Izaguirre, L. Valenzuela y J. Cruz. (Nueva Generación 2009) y La voz abismada: el espacio y la palabra. Hacia una teoría semiótica para la consolidación de un género latinoamericano. (Nueva Generación 2007). Y de ficción para chicos: colección de cuentos de terror Aunque parezcan mentiras (GEA 2010); Lo que ellos no saben y Cuentos increíbles (GEA 2007) y “Decires de la palabra perdida. Trilogía en un acto” (Macedonia 2008).

[2] Entrevista realizada el 4 de enero de 2012.

[3] Entrevista realizada el 4 de enero de 2012.

Valeria Badano
Universidad de Morón
Actualizado, Mayo de 2012

 

 

© José Luis Gómez-Martínez
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