José Martí
 
 
3.2. ¿Cómo saldar la deuda con Martí?

Insisto en que no se trata de que Martí sea estudiado por nuestros profesionales de la filosofía ni, tampoco, de reivindicar el título de filósofo para el Apóstol de Cuba. Lo primero se viene haciendo desde hace mucho tiempo (13); y lo segundo es una cuestión debatida; pero que a mi juicio no merece la pena dedicarle mucho tiempo porque el problema no es Martí sino la concepción de la filosofía que se use como criterio. Para ilustrar esto me permito citar este pasaje: "Pues, en primer término, hay que preguntar si en realidad fue Martí un filósofo. Y la respuesta tiene que ser forzosamente negativa: Martí no fue filósofo. No podía serlo, quien como él pretendía idealizar lo real –en la medida de lo posible–, pero jamás aspiró a la utópica pretensión del filósofo de realizar lo ideal" (14). Aquí se evidencia, en efecto, cómo desde una determinada concepción de la filosofía un autor regatea a Martí el ser filósofo.

Pero, como digo, no se trata ni de lo uno ni de lo otro. El reto, tal como he planteado el tema, está en que la "filosofía latinoamericana" incorpore a Martí como una de sus tradiciones. Esa es la deuda que se tiene con Martí. Y debo de precisar ahora que esta deuda de la "filosofía latinoamericana" con Martí no se salda con una vuelta a Martí para repetir su pensamiento. No es esta vía, que conduciría posiblemente a la dogmatización y sacralización de sus ideas, la adecuada para saldar nuestra deuda con Martí como tradición de una "filosofía latinoamericana". Pues recuperar a Martí como tradición no significa, a mi modo de ver, instalarse en un pensamiento hecho, sino que implica más bien integrarlo en nuestra filosofía actual como una línea de trabajo, como modelo de un ejercicio del filosofar que nos puede servir de orientación en las tareas que, a nivel filosófico, nosotros mismos tenemos que cumplir hoy en el presente contexto de nuestro continente.

Insisto en este punto porque, en filosofía, las tradiciones mueren cuando aquellos que recurren a ellas, acaso por comodidad o interés ideológico, las enarbolan como un depósito de saber acabado que debe ser custodiado y preservado en su pureza original. Las tradiciones se convierten de esta manera en bastiones o fortalezas del pensamiento; y sus defensores son, en consecuencia, administradores y guardianes del saber de las mismas. Pero esto significa, como acabo de decir, la muerte de una tradición porque se le roba toda posibilidad de desarrollo, de transformación; ya que no se acierta a ver en ella nada abierto que pueda servir de inspiración o de punto de enlace para ser retomada en perspectiva innovadora. Y significa también, lógicamente, la muerte del pensamiento propio en aquellos que se entienden como guardianes de una tradición; pues, por las razones que sean, creen que dicha tradición les dispensa de la obligación de pensar por si mismos.

Entiendo entonces que recuperar la tradición de Martí es una labor de recreación y de creación. La deuda que tenemos con él, no es otra que la de aprender a pensar por cuenta propia nuestros propios problemas apoyándonos en perspectivas abiertas por su ejercicio de la filosofía. Brevemente dicho: el desafío radica en pensar con y desde Martí, no en recalentar lo pensado por él.

Sin pretender establecer un programa de trabajo acabado, quiero enumerar a continuación algunos campos problemáticos en cuyo tratamiento una auténtica "filosofía latinoamericana" podría recurrir en forma creadora a la tradición fundada por la obra martiana.

La "filosofía latinoamericana", especialmente aquella que se elabora hoy como filosofía de la liberación, podría potenciar su desarrollo actual integrando la tradición martiana que desprofesionaliza la filosofía al reclamar una radical democratización del saber, de la razón y de sus formas de expresión. Recordemos que Martí insista en discursos y procesos históricos en los que se reflejase "la razón de todos en las cosas de todos; y no la razón universitaria de unos sobre la razón campestre de otros" (OC 6, 19). Y que reclamó para cada hombre el derecho a entender todo lo que ve: "... y el hombre no ha de descansar hasta que no entienda todo lo que ve" (15); indicando significativamente que uno a veces no entiende justo "porque no entiende uno las palabras en que se las dicen" (16). Junto a esta tarea que podría resumirse en el sentido de una liberación del lenguaje de la filosofía de rebuscados tecnicismos, está naturalmente la del ejercicio del filosofar como discurso liberador fraguado desde la óptica de los pobres. Aquí también puede ser inspiradora la tradición martiana ya que en ella podemos aprender cómo una reflexión filosófica da cuenta del carácter protagónico de los oprimidos.

La tradición martiana del humanismo ético universalizante podría servir de pauta para desarrollar hoy en la "filosofía latinoamericana" una filosofía política concreta que reclame la consecuente aplicación de todos los derechos humanos en todos los hombres y en todos los lugares del planeta.

También en el campo de una renovada filosofía política desde América Latina podría encontrarse otro punto de enlace fructífero con la tradición de Martí, a saber, tomar sus reflexiones críticas del colonialismo y sus argumentos a favor de la autodeterminación de los pueblos como horizonte para desenmascarar los peligros de nueva dependencia que trae consigo la tendencia actual de la globalización del orden económico y político vigente.

Otro campo sería el fomento de la "filosofía latinoamericana" como filosofía de las culturas latinoamericanas. Esto está en cierta relación con lo anterior, puesto que los fenómenos de globalización son también fenómenos de uniformización cultural. Pero lo específico, a este nivel, estaría en recuperar la tradición martiana como la primera forma de filosofía que intentó pensar la realidad cultural latinoamericana desde la base de la observación atenta de su pluriculturalidad y que propuso, por eso mismo, la necesidad de elaborar un discurso polifónico para poder dar cuenta de la compleja sustancia cultural de América Latina. Martí dejó, en efecto, una perspectiva de trabajo abierta en este campo cuya integración actualmente en la "filosofía latinoamericana" ayudaría a que ésta se configure también en una filosofía intercultural de las culturas de América Latina, y responda así a una de las urgencias más graves del momento.

Otro campo de problemas urgentes en el que la tradición de Martí podría y debería ser retomada por la "filosofía latinoamericana" es el relacionado con la elaboración de una moral cívica que atienda tanto al fomento de la libertad individual y social como a la construcción y consolidación de instituciones sociales justas, finalizadas por el criterio último de servicio al desarrollo pleno de la libertad y la solidaridad entre los hombres.

Finalmente quiero mencionar el campo de trabajo que definiría por la tarea de ensanchar el ámbito de lo que luce históricamente posible en la conquista de la plena humanidad del hombre. Es, si se quiere, la labor de mantener viva la función crítico-utópica del filosofar; una labor ésta que, en un contexto histórico donde se quiere vender la tesis del fin de la historia, me parece más actual que nunca. Y también aquí me parece que la tradición de Martí tiene muchos aspectos por desarrollar, precisamente en lo que concierne a la gran utopía de una humanidad reconciliada consigo misma y con la naturaleza.

Esta lista de tareas puede ser ampliada fácilmente. Pero creo que las que he indicado son suficientes para ilustrar cómo la "filosofía latinoamericana" actual podría saldar su cuenta pendiente con José Martí, al integrarlo a su propio quehacer no como un texto sagrado, sino justo como una tradición que no se sigue en su letra, pero sí en su espíritu; y que por eso se la continua en el sentido fecundo de orientar con su ayuda la autonomía y la responsabilidad histórica de nuestro trabajo filosófico hoy.

Notas

(13) Ver, por ejemplo: Aurelio Concheso, „José Martí: Filósofo", en Ibero-Amerikanisches Archiv 11 (1937-1938) 107-120; Wilfredo Fernández, Martí y la filosofía, Miami 1974; Pablo Guadarrama, „Humanismo práctico y desalienación en José Martí", en O. Ette y T. Heydenreich (eds.), José Martí 1895/1995, Frankfurt/M. 1994, pp. 29-42; y Arturo A. Roig, „Etica y liberación. José Martí y el hombre natural", en R. Fornet-Betancourt (ed.), Für Leopoldo Zea/Para Leopoldo Zea, Aachen 1992, pp. 98-103.
(14) Humberto Piñera, „Martí, Pensador", en Universidad de Oriente (ed.), Pensamiento y acción de José Martí, Santiago de Cuba 1953, p. 180.
(15) José Martí, La edad de oro, La Habana 1979, p. 107.
(16) José Martí, Ibid., p. 107.

Raúl Fornet-Betancourt
Aachen, Alemania

 
© José Luis Gómez-Martínez
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