José Martí
 
 
2.2. Esbozo del modelo martiano de filosofar

Seguramente no ha pasado desapercibido que en la aproximación a Martí como transformador de la filosofía que acabamos de esbozar, hemos evitado adentrarnos en la exposición de su propia propuesta filosófica. Es cierto que hemos partido de sus opciones fundamentales por los pobres de este mundo y por el respeto a lo particular-diverso; y que, al seguir dichas opciones como hilo conductor para interpretar su relación crítica con la filosofía establecida, hemos podido resaltar la dimensión constructiva de su crítica, interpretándola precisamente en el sentido de una crítica que no quiere destruir sino ayudar a construir una filosofía nueva. Por eso hemos visto en ella justo un intento de transformación de la filosofía; y hemos señalado incluso algunos rasgos indiscutiblemente positivos del mismo, tales como la acentuación de la función liberadora de la filosofía, de su vocación práctico-analítica o de su condición de saber de contextos.

Con todo, sin embargo, hemos evitado conscientemente presentar la propuesta de Martí en términos de una alternativa positiva; de un intento que no solamente busca dibujar la posibilidad de una forma alternativa de hacer filosofía, sino que es ya ensayo de esa alternativa. Esto es lo que queremos hacer ahora en este apartado. Intentaremos entonces rastrear la praxis filosófica de Martí para mostrar cómo esa praxis de la filosofía –que debe, por lo demás, ser vista como el verdadero fondo que motiva la crítica transformadora de Martí a la filosofía –es de hecho articulación explícita de una figura distinta de la filosofía o, si se prefiere, ejercicio real de un modelo específico de filosofar.

Cabe advertir, por otra parte, que, como no puede ser el caso en este estudio limitado rastrear la praxis filosófica de Martí a través de toda su obra, nos habremos de circunscribir aquí al estudio de un texto ejemplar y representativo. Pero este texto martiano, insistamos en ello, es ejemplar y representativo no de su ocupación con la filosofía, sino que lo es de su modelo de hacer filosofía. Y por eso no importa que sea un texto que de suyo no es reconocido como texto estrictamente filosófico por la filosofía profesional. Nos referimos a "Nuestra América".

Para nosotros representa "Nuestra América", en efecto, uno de los textos en los que mejor quedó documentado lo que nosotros llamamos aquí el modelo martiano de filosofar. Así, pues, procederemos a continuación a presentar los rasgos fundamentales de la praxis filosófica martiana a la luz de este texto. Lo que significa, lógicamente, que leeremos "Nuestra América" desde un interés y desde una óptica filosófica; pero lo haremos no por reduccionismo sino por exigencias del tema. O sea que nuestra lectura no pretende, en modo alguno, excluir otras. Al contrario, quiere ser un aporte más al descubrimiento de la polivalente riqueza significativa de texto mayor en la obra de José Martí (5).

En otro estudio calificamos a "Nuestra América" de manifiesto de la inculturación (6); y queremos empezar aquí recurriendo a esta idea porque creemos que ella puede representar el punto de partida para la exposición del tema que nos ocupa. Pues comprender "Nuestra América" como manifiesto de inculturación quiere decir verla como ejercicio de pensamiento creativo. Y esto es precisamente lo primero que queremos subrayar ahora de cara a su significación como texto documentador del modelo martiano de filosofar.

"Nuestra América" es, así, primero, texto fundador de un modelo de filosofar que, porque parte de la experiencia histórica de que "ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoamericano" (OC 6, 20), rechaza como un mal "la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas" (OC 6, 19); y se proyecta, por consiguiente, en el sentido de la alternativa constructiva de un pensamiento que va saliendo de su propio suelo, que encuentra en las tradiciones y culturas de los pueblos de su contexto las fuentes de donde tiene que partir y articularse. Por esto este modelo de filosofar no solamente reclama que "la universidad europea ha de ceder a la universidad americana" (OC 6, 18). Martí va más allá; y, con su modelo de filosofar, empieza a ensayar la alternativa de un pensamiento inculturado. Esto lo documenta, de manera ejemplar, precisamente su "Nuestra América", pues en este ensayo se ensaya pensar América desde sí misma; desde sus profundidades propias, pero también desde sus problemas heredados. De ahí justo la insistencia en la práctica de un pensamiento creativo e inventor: "... pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la solución está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación" (OC 6, 20).

"Nuestra América" es muestra de esa exigencia; es el lugar donde esa exigencia se hace ya realidad fundadora de una línea de ejercicio del pensar. Es práctica de pensamiento inculturado; y por ello nos encontramos en ella con la realidad compleja de América elevada a la categoría de materia de ese pensar. Es pensar que piensa en, desde y para América: "La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria" (OC 6, 18).

Pero "Nuestra América" no es pensar inculturado sólo porque hace de América el objeto de su reflexión. "Nuestra América" es, además, y acaso fundamentalmente, práctica de pensar inculturado porque se expresa al mismo tiempo como pensar cuyo sujeto es América. En "Nuestra América" se ensaya la voz nuestra-americana; y oímos en ese texto no sólo un discurso sobre sino el discurso de la América que habla ya su propio lenguaje; que es sujeto de su pensar y de la forma del mismo. Es la América que ensaya su ser sujeto de un discurso que se expresa en "español", pero cargado significativamente por los mundos afro-americanos e indígenas. Habla y reflexiona en este texto martiano, para decirlo parafraseando frases de Martí, la América que aprende afro y aprende indio (7).

Para evitar cualquier malentendido de esta propuesta de interpretación de "Nuestra América" en el sentido de práctica de un pensamiento filosófico inculturado, nos parece conveniente intercalar aquí la observación de que la práctica de este estilo de un pensar inculturado y contextualizado en América nada tiene que ver con provincialismo, con regionalismo; o con un intento de nacionalismo intelectual que, cerrado por una mala comprensión de lo particular-diverso, represente un corte en la dinámica de los procesos de comunicación y transculturación de los pueblos. Pues Martí práctica un pensamiento inculturado que es comunicativo (OC 6, 361), que sabe es "comercio", intercambio; y que, por ello, no puede ser sino en la forma de un proceso vivo de comunicación con ... y de apertura a ... Su modelo de pensar inculturado es así modelo para la universalidad del pensar, y no para su encerramiento en una área cultural determinada; porque inculturación designa ahí el saber estar en, pero sabiendo justo que esa "raíz" del pensar es lo que le permite brotar al aire y emerger para la comunicación con las otras manifestaciones culturales. Recordemos que su principio en esto era: "Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas" (OC 6, 18).

En segundo lugar cabe resaltar en el modelo de filosofar practicado por Martí en "Nuestra América" la cualidad de ser un pensar que se presenta y articula como pensamiento desde la marginación; y esto en el sentido fuerte de pensamiento que expresa la perspectiva y los intereses de los oprimidos, de los marginados. Pero para Martí esta marginación no es condición metafísica de exterioridad sino condición histórica, esto es, producto de un proceso de brutal y sistemática destrucción de los elementos "naturales" de América. Así explica: "... entró a padecer América, y padece, de la fatiga de acomodación entre los elementos discordantes y hostiles que heredó de un colonizador despótico y avieso... El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte... El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido ..." (OC 6, 19-20).

Pensar desde la marginación como situación histórica significa para Martí entonces practicar un pensar que entiende su ejercicio en términos de una actividad social incorporada al proceso histórico por el que se quiere cancelar esa situación histórica de la marginación. Se trata, dicho más concretamente, de un pensar que opta por los marginados "para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores" (OC 6, 19).

Martí practica un modelo de filosofar que, a este nivel, se expresa, pues, como filosofía comprometida, como filosofía que asume la tarea de contribuir a su manera a la transformación real del mundo histórico. Martí es una práctica filosófica que, precisamos ahora, se distingue por su cualidad de reflexión interventora en los procesos reales. Momentos de esta cualidad son, además, las dimensiones ética y práctica del modelo martiano de filosofar, resumidas en esa densa y famosa frase de: "Pensar es servir" (OC 6, 22).

Pero si Martí nos muestra en "Nuestra América" un modelo de filosofar que interviene en lo real, es porque ensaya al mismo tiempo un pensar previsor. Este es el tercer rasgo fundamental que destacaríamos en el modelo martiano. Y lo entendemos como el momento en que en Martí se conjugan en un único movimiento el aspecto analítico del "veedor" de realidades y el aspecto "idealista" del "visionario" de realidades transfiguradas. Pues el pensamiento "previsor" de Martí no es simplemente el pensamiento del idealista sin freno, sino que es reflexión organizadora y planificadora de realidades. O sea que Martí no aventura ideas sino que propone "planes".

Cierto que afirmó tajantemente: "Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra" (OC 6, 15). Sin embargo no podemos pasar por alto que lo decisivo en esa afirmación está en que se refiere a las ideas que propone el pensar "previsor" que son, en realidad, "planes" de acción. Por eso Martí habla, en propiedad, de la "idea enérgica, flameada a tiempo ante al mundo ..." (OC 6, 15).

Por último queremos subrayar como cuarta característica del modelo de filosofar que ensaya Martí en "Nuestra América" el aspecto de que se trata de un pensar que, por su inserción esencial en la historia, sabe que "las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas" (OC 6, 20). De esta "sabiduría" se desprende para Martí la práctica de un pensar que no es relativista sino relacionador; es decir que busca no imponer una forma de pensar como absoluta, sino hermanar, armonizar e intercomunicar las formas relativas todas; y hacer de ellas un tejido interdiscursivo de relaciones cristalizadores de lo absoluto como expresión última o, mejor dicho, reflejo de una universalidad ecuménica. Tal es, nos parece, el verdadero trasfondo que le llevó a decir que la filosofía que buscaba era una "filosofía de la relación" (OC 19, 367). Pues sólo una filosofía semejante es capaz de potenciar una forma de pensar adecuada a la infinita variedad relacional del universo, tal como lo entendía Martí; esto es, como comunión amorosa y respetuosa de las diversidades, y no como supuesta "versión" absoluta que uniformiza las peculiaridades. Comunión y solidaridad son la clave, según Martí, para llegar a conseguir la universalidad en la que cada humano se siente, a la vez, él y todos.

Notas

(5) Sobre la diversidad de perspectivas desde la cual puede ser leída "Nuestra América" consúltese el tomo colectivo: José Martí. A cien años de Nuestra América, Panoramas de Nuestra América 1, México 1993.
(6) Cfr. Raúl Fornet-Betancourt, "Martí und die Kritik an der etablierten theologischen Vernunft im Kontext der kubanischen Unabhängigkeitsbewegung", en: Raúl Fornet-Betancourt (ed.), Theologien in der Sozial- und Kulturgeschichte Lateinamerikas, tomo 3, Eichstätt 1992, p. 96.
(7) Cfr. José Martí, OC 6, 21-22. Ver además, a título de ejemplo entre otros muchos textos donde Martí reclama la participación activa de los pueblos americanos como configuradores de nuestra historia social y cultural: "Arte aborigen", en: Obras Completas, tomo 8, La Habana 1975, p. 329, donde dice: "O se hace andar al indio, o su paso impedirá la marcha"; y "Autores americanos aborígenes", en: Obras Completas, tomo 8, ed. cit., p. 336-337, donde se escribe: "La inteligencia americana es un penacho indígena. No se ve cómo del mismo golpe que paralizó al indio, se paralizó a América? Y hasta que no se haga andar al indio, no comenzará a andar bien la América."

Raúl Fornet-Betancourt
Aachen, Alemania

 
© José Luis Gómez-Martínez
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