Leopoldo Zea

 

América como conciencia. México: UNAM, 1972. 133 pp.
(Primera edición: México: Cuadernos Americanos, 1953)

VII
Nacimiento de una conciencia americana

34. El contacto con la modernidad

España se esforzará en vano por librar a América de todo contacto con el mundo que había puesto en crisis la concepción del mundo por ella mantenida. A pesar de todas las precauciones por cercar sus dominios las ideas de la Modernidad se abrirán paso en la América hispana. Poco a poco, por debajo y por encima de todos los obstáculos, las nuevas ideas harán su aparición en las Colonias españolas de América. Las ideas de la filosofía moderna se harán presentes en el mismo campo que estaba encargado de mantenerlas alejadas: el de la Iglesia.

La Iglesia, que tanto en España como en América tenía como misión cuidar de que no fuesen contagiadas, sufre el contagio. Se puede observar cómo los próceres de la Independencia en Hispanoamérica son en su mayoría hombres que visten hábito. Algunos de ellos preparan mentalmente a los hispanoamericanos para reclamar su independencia, otros, inclusive, empuñan las armas y mueren por ella. Ahora bien, este hecho se explica si se considera que era la Iglesia la única entidad cultural propiamente dicha en España e Hispanoamérica. Era ella la que determinaba la orientación de la cultura, la que señalaba qué era lo conveniente y qué lo inconveniente. Sus miembros eran, por esta misma razón, los que se encontraban en relación más cercana con el mundo de las ideas, y, por ende, eran también los más expuestos a recibir el contagio de las nuevas en su evolución (1).

Frente a una manera de pensar que ya no creaba, sino que se limitaba a repetir fórmulas que nada decían ya frente a una realidad que iba cambiando, estos hombres empezaron a dudar. Sin dejar de ser creyentes, sin abandonar su catolicidad, empezaron a sufrir la evolución que la mentalidad europea había sufrido al surgir el Modernismo. Al ponerse en contacto con las nuevas ideas para combatirlas, encontraron que en general no estaban reñidas con sus ideas religiosas. No dudaban de Dios ni de sus obras, pero empezaron a dudar que el orden social y político predicado por la Iglesia y la metrópoli fuese en realidad el orden establecido por Dios, obra suya. Empezaron a separar lo divino de lo humano, lo propio de la Iglesia de lo simplemente político. La razón, esa misma razón que se había convertido en el nuevo Dios de la nueva filosofía europea, era, después de todo, obra divina, una de sus criaturas. Era un instrumento donado por Dios al hombre para que hiciese el mejor uso de él. Cada uno de estos terrenos tenía su propia ciencia. Para el primer terreno no bastaba todo el saber del mundo éste tenía que apoyarse en la fe. Era para el segundo de los terrenos que Dios había dado la razón. En esta forma se confirmaba la fe al mismo tiempo que se robustecía la capacidad del hombre para actuar en el mundo.

Establecida la distinción entre lo divino y lo humano, las doctrinas de Descartes, Bacon, Locke y Gassendi servirán de pivote para reformar la educación en el Nuevo Mundo. Dentro de la Iglesia se alzan las más duras voces contra el escolasticismo y sus desastrosos resultados. Se aboga por el estudio de las ciencias experimentales. La misma Inquisición empieza a aflojar su rigor (2). Las polémicas entre los partidarios de la nueva filosofía y los de la escolástica agitan todo el mundo hispanoamericano. Condillac y Newton se suman a las anteriores influencias. A fines del XVIII el mismo Estado español auspicia estas influencias (3). En los centros culturales más Importantes de la América española se discuten y proclaman las virtudes del Modernismo. En México, Bogotá, Lima, Charcas y Córdoba, surgen nuevas mentes en las que la nueva filosofía ha puesto un nuevo afán: el de conocer su propio mundo, el de experimentar y hacer patente su grandeza y belleza y, con ellas, su capacidad para bastarse a sí mismo.

Los virreyes de las colonias españolas que aplaudían esta renovación auspiciada por los reyes borbones en España, nunca pudieron suponer que de ella habría de surgir la lucha que terminaría con la independencia de estos países. Newton había entrado en las universidades, y con él las ciencias experimentales. Con ellas el afán por conocer y experimentar en suelo americano se hizo latente. Se realizaron grandes trabajos científicos. Se construyeron observatorios y se organizaron grandes expediciones para conocer la flora y la fauna americanas. Se escribieron los primeros tratados en estos campos y se inició un estudio racional del pasado americano. En casi todos estos estudios aparecen, como ya se indicó, en otro lugar muy privilegiado hombres de Iglesia. Un grupo de jesuitas hispanoamericanos, desde su destierro en Italia, dan a conocer un mundo hasta entonces oculto. América se hace patente en estos hombres plena en posibilidades.

35. La modernidad enjuicia a América

La cultura occidental en su nuevo aspecto, la Modernidad, volvería una vez más sus ojos a la América para enjuiciarla nuevamente. Pero esta vez de acuerdo con otras ideas, de acuerdo con una concepción del mundo y de la vida distinta a la que imanara cuando realizó el descubrimiento y Conquista de América. Los americanos en esta ocasión se enfrentarán a Europa defendiéndose de sus juicios, no aceptando la nueva condena de que son objeto. La condena se hace ahora partiendo de las nuevas ideas que sobre la Ilustración y el progreso de los pueblos se tienen. América es vista al margen de este progreso y esta Ilustración. Nuevamente es convertida en "reo", en esta ocasión en reo contra el progreso de los pueblos. América nada tiene ya que ver con los ideales del nuevo hombre. En esta ocasión será la ciencia la que se encargue de demostrar la inferioridad de los americanos frente a lo europeo, la inferioridad del Nuevo Mundo frente al Viejo Mundo. Inferioridad no sólo cultural, sino física.

El naturalista francés Jorge Luis Buffon será de los primeros europeos preocupados por hacer este negativo enjuiciamiento de América y de los americano. En sus investigaciones naturalistas mostrará la inferioridad del mundo americano: inferioridad a la cual no escapará ninguna de sus criaturas. Buffon considera al Continente Americano como inmaturo (4); muchas de sus especies animales como imperfectas por degeneradas, y al hombre americano como afligido por una serie de deficiencias que, si bien no le impiden adaptarse al ambiente, le hacen difícil adaptar el ambiente a sus necesidades. No puede dominarlo ni modificarlo, con lo cual se asocia, así, hasta cierto punto, a la triste suerte de otros animales superiores.

En América, sigue diciendo el naturalista francés, los animales domésticos del Viejo Mundo se achican o se hacen estériles. Por lo que se refiere a la fauna americana, las especies son más escasas y las tallas más chicas. En cuanto al hombre, al natural de estas tierras: "El salvaje es débil y pequeño en cuanto a sus órganos de generación. No tiene ni vello ni barba y carece de ardor para la hembra. La naturaleza americana es hostil al desarrollo de los animales. Los únicos animales que se reproducen en gran cantidad y alcanzan tamaños no conocidos en el Viejo Mundo son los reptiles y los insectos, los llamados animales de sangre fría. Frío es el salvaje, fría es la serpiente, fríos son los animales de sangre fría. En América los reptiles e insectos pululan por doquiera alcanzando a menudo formas gigantescas."

América es así un Continente húmedo, con un clima cálido y muelle y, por lo mismo, malsano. América es un Continente Nuevo, pero esto lejos de ser algo positivo es negativo. Es un Continente apenas recién salido de las aguas. Continente nuevo que quiere decir inmaduro. Continente aún intacto, en el cual el hombre no ha podido hacer nada todavía. El hombre no ha podido tomar posesión de él, acaso lo haga en el futuro. Dice Buffon: "Dentro de algunos siglos, cuando se hayan roturado las tierras, talado los bosques, encauzado los ríos y controlado las aguas, esta misma tierra ha de devenir la más fecunda, la más sana y la más rica de todas, como ya parece serlo en todas las regiones que el hombre ha traba

Buffon, como más tarde Hegel, da a la América una existencia en el futuro; pero lo importante es el presente, y en éste sólo existe un Viejo Mundo ya maduro y perfecto, listo para servir de canon, paradigma, punto de referencia para cualquier otra parte del mundo. No va a perder su tiempo en la discusión del futuro de América, aquí lo único que importa son los hechos y, de acuerdo con ellos sólo existe inmadurez, incapacidad para el progreso, incapacidad para alcanzar un alto grado de civilización.

Pero más duras que las críticas de Buffon lo serán las del prusiano Cornelio de Pauw. Éste es un ilustrado cien por ciento con una gran fe en el progreso y una gran falta de fe en el hombre. No cree, como Rousseau en la bondad natural del hombre y, por lo mismo, en la bondad natural de los americanos de que tanto se habla en el siglo XVIII. Según De Pauw el americano no es débil por ser bueno, como quería Las Casas, sino por ser un degenerado. En su fobia contra la utopía americana llega a decir que "en el clima americano muchos animales pierden la cola, los perros va no saben aullar, la carne de buey se torna correosa y los órganos genitales del camello cesan de funcionar". Dice que los peruanos son como esos camellos y, por eso, impúberes. Llama al Cuzco un "hacinamiento de chocitas, sin buhardillas y sin ventanas". En esta "aldehuela", dice, existía una universidad en "donde ignorantes diplomados, que no sabían ni leer ni escribir, enseñaban filosofía a otros ignorantes que no sabían ni hablar". Hablando del hierro que se obtiene en América, dice: "Es infinitamente inferior al de nuestro Continente, de tal manera que sería imposible fabricar clavos con él."

Sin embargo, congruente con su ilustración, De Pauw tendrá que aceptar la idea del progreso para América; desde luego, un progreso traído a este Continente por los europeos. La degeneración de los americanos es aplicada, más que a nadie, a los hombres que la habitaban antes de la Conquista. Si algo ha progresado América se debe al contacto que con ella ha tomado Europa. Este contacto la hará cambiar también en el futuro: "Al cabo de trescientos años se parecerá tan poco a lo que es hoy día —dice—, cuanto hoy se parece poco a lo que era en el momento del descubrimiento." Pero dice más, que esta América se podrá llegar a independizar de Europa. América hasta ahora, dice De Pauw, es un continente pobre, explotado y dominado porque tiene que recibir de Europa todos los artículos manufacturados y porque no está suficientemente poblado. América es, "hablando en términos políticos, el país más desgraciado del mundo: pues siempre está enteramente a discreción de los extranjeros". Se encuentra tan esclavizado a Europa "que su completa independencia es una cosa moralmente imposible; pero no lo será con el tiempo".

36. América contesta a Europa

Los americanos, tanto los del Norte como los del Sur, no podrán aceptar estas ideas. Los primeros, que va habían alcanzado su independencia, y los segundos, que conspiraban por alcanzarla, verían en estas ideas una justificación del dominio europeo que sobre ellos se había venido ejerciendo. Tomás Jefferson, por el Norte, tomaba con gran calor la defensa de América. En sus Notas de Virginia hace una brillante defensa del suelo y fauna americanas. Allí estaba el mamut como un ejemplo en contra de la tesis de Buffon de que en América no se podían dar grandes especies. En cuanto a la humedad de que se acusaba a la América era también algo falso. Benjamín Franklin hacía notar cómo Londres y París eran más húmedos que algunas ciudades de América. La pretendida humedad de América se debía más al hecho de que ésta había sido descrita por españoles y portugueses oriundos de países que figuran entre los más secos. "Posiblemente un irlandés, un sueco o un finlandés habrían encontrado probablemente que Sudamérica es una tierra seca y árida", decía Jefferson.

Los hispanoamericanos, por su lado, contestarán a los "errores" de Buffon y a las "calumnias" de De Pauw con diversos estudios sobre la fauna, la flora, el suelo y la historia de América. Entre estos trabajos se destacará el del mexicano Clavijero en que hace una apología del calumniado indígena, mostrando la superioridad de muchas de sus costumbres y, por lo que se refiere a sus defectos, lo poco que los europeos podían criticarlos dados los que ellos tenían. El padre Molina se encargará de hacer la rehabilitación de la naturaleza chilena mostrando que esta naturaleza no es inferior a la europea, sino simplemente distinta.

En la defensa que los hispanoamericanos hacen de su realidad se deja ya adivinar una finalidad política: la de la independencia de esta tierra que tan violentamente es atacada y que es objeto de tanta incomprensión, no sólo de parte de los naturalistas sino de parte de quienes la mantienen en dominio. No sólo ha cometido errores de apreciación europeos como Buffon y De Pauw, también los cometen a diario los europeos que tienen bajo su dominio político estas tierras. El sacerdote catalán Benito María de Moxó, arzobispo de Chuquisaca en el alto Perú, escribe unas Cartas Mexicanas que siendo una especie de respuesta a De Pauw son también una invitación a la Corona española para corregir los males de su administración. "Que la América no es una colonia —dice— sino una parte integrante de la monarquía."

Contra De Pauw se alzan otras voces hispanoamericanas como los peruanos José Manuel Dávalos e Hipólito Unanue, la del granadino Caldás que será sacrificado al iniciar con otros patriotas la lucha por la independencia de su patria, Nueva Granada; así como la de José Cecilio del Valle, libertador de Centroamérica. Las ideas de De Pauw son vistas por los hispanoamericanos como contrarias a su afán de independencia. Pues al afirmar la degeneración de los habitantes de América está proporcionando argumentos a la metrópoli española para mantener su dominio. El mexicano fray Servando Teresa de Mier decía: "Después que el prusiano Pauw trabajo nueve o diez años como un escarabajo para formar su pelotilla de cuanto malo habían dicho de la América y sus habitantes, sus tiranos, los españoles, han dado en regodearse con esta putrefacción, para echárnosla en cara como si todavía fuésemos los antiguos indios."

Los americanos tenían más de una razón para hacer la defensa de su fauna, flora y suelo. Pueblos sin historia propia, dependientes de naciones europeas, no podían, en ninguna forma, fincar su orgullo en un pasado que no había sido obra de ellos y que, por el contrario, era un obstáculo para sus fines libertarios. Los hispanoamericanos eran los que menos orgullo podían sentir por un pasado colonial y teocrático. En cambio sí podían sentirse orgullosos de su suelo, de su geografía; de una naturaleza vigorosa y fecunda, llena en posibilidades para el hombre que en ella vivía. Esta tierra tenía lo necesario para garantizar la independencia del americano. De aquí que chocasen tan vivamente en ellos las tesis de un Buffon y un De Pauw que envilecían la naturaleza en la que habían puesto toda su fe y esperanzas.

Mientras tanto, otros americanos se preocupaban no sólo por defender la fauna, flora y suelo americano, sino por ofrecer al mundo la visión de un pasado cultural que poco o nada tenía que envidiar al impuesto por Europa. Se hacen historias como la del mexicano Clavijero en las que se ofrece la visión de un pasado propio de estas tierras. Al hacer la historia de los habitantes naturales de estas tierras va ofreciendo a sus compatriotas un arsenal de glorias y tradiciones que oponer al mundo del cual tratan de independizarse. América tiene un pasado, no sólo un suelo rico y generoso. Ahora puede continuar su lucha por la independencia. Puede situarse ante Europa como su igual y exigir se la respete. América toma conciencia como nacionalidad.

37. América inicia su historia

La naciente conciencia americana apoyada en la nueva filosofía y sus métodos llevarán al americano no sólo al conocimiento de lo que le era propio, sino también al conocimiento de sus posibilidades. La ciencia experimental al ponerle en contacto directo con su realidad física le hacía amar ese mundo que con tanta atención y cuidado observaba. América entraba por sus ojos, manos y todos sus sentidos. Se había convertido en el objeto principal de sus desvelos. Se le presentaba como el dato más inmediato de su conciencia, como lo que le era más cercano. América era el mundo que contestaba a los estímulos que sobre ella ejercían sus experiencias. En esta forma iba convirtiéndose en el fin último de su vida.

Pronto, por esta América tan acariciada por sus ojos y manos, daría el americano gustoso la vida. Una tierra que tan rica en posibilidades se mostraba bien valía todas las vidas que se diesen para alcanzar su independencia. Con gran sorpresa para la metrópoli española, como apenas ayer para la inglesa, un buen día los telescopios, con los cuales el americano acariciaba el cielo que le rodeaba, se convirtieron en fusiles y cañones. Los tratados científicos en que se exponían acuciosas experiencias, se convirtieron en proclamas libertarias. Y el hombre, científico ayer, en guerrero.

Una etapa de optimismo acompañó al movimiento de independencia hispanoamericano, como antes había acompañado al norteamericano. La filosofía ilustrada les ofrecía los argumentos filosóficos que justificaban sus afanes. Por fin se iba a iniciar la construcción de una historia propia de América. Una historia de carácter universal. La misma historia que se había iniciado en Europa con la Revolución; pero esta vez con la participación del hombre americano que era un hombre sin más, con igualdad de derechos ante sus semejantes. La América hispana, libre ya de las cadenas coloniales entraba a formar parte de la marcha de la cultura por el camino del progreso.

La Europa retrógrada, representada por España, sería ahora objeto de un enjuiciamiento y condena. Se la enjuiciaría en forma semejante como antes ella había enjuiciado al mundo indígena americano. A la luz de las nuevas ideas el mundo colonial por ella forjado no era otra cosa que un mundo en "pecado" contra el progreso, en pecado contra la humanidad. Mundo oscuro, tenebroso y negativo. Último reducto de las fuerzas negativas que en vano habían tratado de mantenerse en Europa. La revolución de independencia americana venía a completar la obra de la Revolución Francesa. Un hombre libre de todo pasado iniciaba su historia. Al fin se realizaban los sueños sobre América. La utopía se convertía en realidad. La cultura impuesta quedaba al fin rota, surgiendo por tanto un hombre nuevo y, con él, una nueva cultura racional y universal.

La idea de inmadurez y juventud de América volverá a resurgir en Europa con los románticos; pero ya no para denigrar a los americanos, sino para hacer nuevamente, como ya lo había sido dos siglos antes, un mundo del futuro, un mundo heredero de la vieja Europa que volvía a decepcionar a sus hombres. Bernardino de Saint-Pierre al hablar de América dice: "La naturaleza parece haber asignado a América el carácter de la infancia. Ha hecho su temperatura en general suave y húmeda como la de los niños." "La naturaleza ha provisto a los habitantes de las Américas de un alimento fácil de recoger y están éstos bien protegidos contra la intemperie y las aves..." En América son rarísimas las bestias peligrosas, en tanto que abundan los monos los cuales "se abandonan a mil juegos inocentes". También abundan las deleitosas aves canoras. En otras palabras: América es vista por los románticos europeos como un paraíso, como una nueva tierra de promisión. La inmadurez ha perdido su carácter negativo y se ha convertido en símbolo de todas las esperanzas.

Esta nueva forma de presentar la juventud de América sí sería aceptada por los americanos que iniciaban su vida como pueblos independientes o estaban a punto de alcanzar esta independencia. La exaltación de una naturaleza plena, exuberante, no estaba en contradicción con la idea de juventud. Pueblos sin historia aspiraban a hacer una historia contando con las posibilidades de su naturaleza. El pasado no era sino aquello de que tenían que independizarse, la justificación de su lucha. El hispanoamericano Vidaurre en su Discurso a la Asamblea de Panamá, siguiendo estas nuevas ideas decía: "Los habitantes de las Américas que fueron españoles . . . restituidos al estado de la naturaleza, libres e independientes. . . son más perfectos que en los días próximos de la creación." Paine en Norteamérica se enfrentaba a las ideas conservadoras de Burke con ideas parecidas al negar éste a los pueblos de América a ser libres e independientes. Con todo esto se venía a sostener que con la Independencia de América se iniciaba una nueva historia, la que era propia de estos pueblos. Se iniciaba una historia racional, planificada, de la cual los únicos responsables habían de ser los americanos. El pasado era aparentemente cortado de un solo tajo.

NOTAS

  • 1 Cf. Olga Victoria Quiroz-Martínez, La introducción de la filosofía en España.
  • 2 Cf. Monelisa Lina Pérez-Marchand, Dos etapas ideológicas del siglo XVIII en México, a través de los papeles de la Inquisición. México: El Colegio de México, 1945.
  • 3 Cf. Bernabé Navarro, Introducción de la filosofía moderna en México. México: El Colegio de México, 1948. Pablo González Casanova, El misoneísmo y la modernidad cristiana en el siglo XVIII. México: El Colegio de México, 1948.
  • 4 Esta parte ha seguido lo expuesto por Antonello Gerbi en su libro Viejas polémicas sobre el Nuevo Mundo. Lima, Perú: Banco de Crédito del Perú, 1946.

 

© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

Home Repertorio Antología Teoría y Crítica Cursos Enlaces