Leopoldo Zea

El Nuevo Mundo
en los retos del nuevo milenio

"Mi experiencia en el pri"

Mi relación con el Partido Revolucionario Institucional se inicia un 27 de noviembre de l955. El licenciado Rodolfo González Guevara, presidente del Comité Ejecutivo Regional del Distrito Federal del pri, me invita a exponer mis puntos de vista sobre la participación del intelectual en la política. Lo haría en la Primera Asamblea Regional del partido en el Distrito Federal. Estarían los miembros del Comité Ejecutivo Nacional del pri, éste era un reto que no podía rehusar. Hasta entonces, aunque escribía sobre política, me había negado a participar en ningún partido.

Resumiendo, expuse lo siguiente: El intelectual, como tal, deberá mantener para sí dos normas, una no aceptar puestos de representación que no represente y la otra no desempeñar puestos administrativos para los cuales no estuviese capacitado. No se trata de condicionamientos del intelectual a los políticos para su participación, sino de condicionamientos que el intelectual debe de darse a sí mismo para no dejar de serlo. Pues de esto depende su credibilidad como tal. Normas que he tratado de seguir y que creo son la razón del reconocimiento que ahora recibo.

La Asamblea se realizó en el Teatro Lírico y causó extrañeza. ¿Quién es este señor que nos habla de condicionamientos para una participación que nadie le ha pedido? Pero hubo otras reacciones, entre ellas la de Adolfo López Mateos, a quien conocí como secretario general del partido. Él solía leer mis artículos periodísticos, mis libros como El positivismo en México y mis trabajos sobre el mexicano. A partir de esto me honraba con su amistad. Teníamos la misma edad, nacimos en l9l2 y habíamos vivido experiencias sociales semejantes que impulsaron nuestro afán por superarlas. Cuando jóvenes fuimos vasconcelistas y nuestra visión sobre la Revolución Mexicana coincidía. Sin protagonismo, López Mateos se fue destacando en la política nacional. Participó en la campaña electoral de Adolfo Ruiz Cortines para la presidencia de la República y fue designado titular de la Secretaría del Trabajo.

Por ese tiempo se polemizó sobre cómo dar cumplimiento a las metas que se había propuesto alcanzar la Revolución Mexicana, que había tenido un gran costo de vidas y de bienes: la democracia y el desarrollo. Primero, se sostenía, hay que alcanzar el desarrollo, crear riqueza y sólo entonces compartirla democráticamente. Por mi parte hablé de “un equilibrado reparto de sacrificios y de beneficios”, punto de vista que interesó a López Mateos.

El 4 de noviembre de l957 sucedió algo que si bien era deseado no parecía posible, Adolfo López Mateos fue designado por el pri candidato a la Presidencia de la República. Presidencia que asume en diciembre de l958. Al llegar al gobierno puso en marcha cambios destinados a eliminar los obstáculos que impedían el logro de las metas revolucionarias sobre la democracia y el desarrollo. Entre ellas se debía estimular la formación de un sindicalismo que dejara de ser controlador del orden. En este momento me llama y me dice que dentro del pri se va a crear el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales, el iepes, que se encargará de la ideología del partido. “Hemos pensado en usted para director del mismo”, me dice. “Mi filósofo —agrega—, ayúdeme a democratizar al partido”. A lo que le contesté: “Si me da confianza y apoyo lo intentaré”.

Era un reto inesperado para mí. Conté con la ayuda de mi amigo Rodolfo González Guevara. El proyecto se puso en marcha. Se empezaría con una gran discusión sobre el pri. En ella participarían gentes del partido y críticos externos del mismo. De esto informé al presidente López Mateos. El proyecto se inició con una conferencia magistral de Rodolfo González Guevara. El presidente del pri me llamó de inmediato, respetuosamente me pidió explicaciones: “¿No cree usted que el pri es un partido democrático? ¿Qué sentido tiene entonces discutirlo? ¡Suspenda todo esto de inmediato!”. “Lo haré y le entrego mi renuncia”, contesté. “No doctor, no es necesario, siga colaborando como lo viene haciendo”, fue su respuesta.

Solicité audiencia al presidente López Mateos y le informé de lo que había sucedido. “No se preocupe —me dijo— lo llamaré en pocos días”. Así lo hizo. Me preguntó si me había llamado don Manuel Tello, secretario de Relaciones Exteriores. “Porque allí se va a crear la Dirección General de Relaciones Culturales que será de gran importancia para nuestra presencia en el mundo. Lo he propuesto a usted para la dirección de la misma. Quiero contar con su colaboración”.

Ni una palabra del iepes, nunca supe qué había sucedido. Si el presidente no me decía nada yo no debía preguntar. Me di a mí mismo una explicación: al parecer no era aún tiempo para la democracia ni para compartir el desarrollo. Había que crear antes la riqueza. Pero hubo algo que me quedó claro: la política no era mi camino aunque sí seguiría reflexionando sobre ella. También aprendí otra cosa, cuando el presidente López Mateos me pidió que aceptase la dirección del iepes le indiqué que necesitaba seguir escribiendo en el periódico. No había inconveniente, lo mismo ocurrió cuando me propuso para Relaciones Culturales. No era un condicionamiento, simplemente era una necesidad personal. El presidente me contestó: “Siga haciéndolo y diga lo que nosotros no podemos decir”.

Aprendí mucho, tanto en el iepes como en Relaciones Exteriores. De todo esto he escrito a nivel nacional e internacional, pero siempre con un punto de vista personal. Considero que ha sido con este peculiar papel que me han invitado, en diversas ocasiones, para hablar en el pri. Siempre con la franqueza con que ahora lo hago ante ustedes. Me han escuchado con respeto e inclusive han aplaudido. En una ocasión relaté cómo, fuera de México, tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica y Europa, me preguntan: “¿Es cierto que puede usted hablar con franqueza en el pri?”. “Por supuesto que sí —contesto siempre— salvo que no me hacen caso”.

Recientemente me han criticado opositores al gobierno, por mis puntos de vista sobre lo que sucede en Chiapas y el indigenismo. “Son enfoques gobiernistas, propios de un filósofo o ideólogo del pri”. Me pregunto, ¿cómo puedo serlo, si en la única oportunidad que tuve para que se discutiese sobre la democracia en el pri fracasé rotundamente? Pienso, por el contrario, que a veces estos puntos de vista no concuerdan con los del gobierno, enfrentando situaciones que en el caso de Chiapas se han internacionalizado.

En l988, fui invitado por el presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez a Caracas, a los actos por los que reasumía este cargo. Allí se me presentó un joven que formaba parte de la delegación oficial mexicana. “Maestro Zea —me dijo—, soy Luis Donaldo Colosio y he sido designado presidente del pri”. “Sé del encargo que le hizo a usted el presidente López Mateos, a quien siempre he admirado por su empeño en la democratización del país y del partido. Ahora esto se hará a nivel nacional y dentro del partido. Los tiempos son otros y son propicios”. Me entusiasmaron sus palabras y le deseé mucha suerte. Sabemos el costo que tuvo que pagar por este intento.

El 6 de julio de l997 los mexicanos fuimos testigos del cambio que no alcanzó a ver Luis Donaldo Colosio. Otro joven desconocido como político, Ernesto Zedillo, puso en marcha la democratización nacional, contando con el apoyo del partido que lo designó su candidato, el pri, y legitimado como presidente de la República por la alta e indiscutible votación que recibió. El pri, partido del gobierno, se transformaba en partido de opción, esto es, de servicio a la nación. El pueblo, al garantizarle el valor de su voto, podía hacer patente su voluntad para decidir sobre su propio futuro.

Esto no ha sido ni será fácil. Fuertes resistencias fuera y dentro del sistema, así como internacionales se oponen a cambios que afecten sus intereses. Aún hay quienes piensan que no es tiempo y aducen que el pri, al propiciar las reformas, cavó su tumba. Los resultados muestran su fracaso, no son ya triunfos absolutos. Sin embargo, la votación que dio el triunfo a Ernesto Zedillo y al partido en 1994 sorprendió a quienes auguraban el entierro del mismo. En julio de l997 fue mayoría absoluta frente a cada partido de oposición. No ya el carro completo del organismo concertador, ajeno a la votación. Son los partidos de oposición los que se niegan a ser partidos de opción, de servicio.

Los que se niegan a la democratización son los que prefieren la antigua concertación, ajena al voto. Éstos han unido sus esfuerzos, no para servir a sus electores y al pueblo en general sino para acabar definitivamente con el pri. ¿Dónde está la democracia? Sólo juntos, sin más meta que anular a un partido por otro para alcanzar una relativa mayoría. Mayoría que junto con el pri podía estar al servicio de la sociedad que les ha dado el voto. En lugar del juego democrático para ver quién sirve mejor al país, la lucha partidaria, disputándose el derecho a la manipulación del mismo. El partidismo cuyas nefastas consecuencias se están viviendo en Estados Unidos, la nación que se presentaba a sí misma como el modelo de la democracia por excelencia.

Expresión de la democratización del pri es el surgimiento de voces críticas que permitirán que el partido pueda ser una gran opción para la sociedad a la cual ofrece servir. Esta expresión de democratización dentro del pri anula la posibilidad de que tales voces se transformen, como en el pasado, en resentimiento y pretextos protagónicos. La disciplina en la democracia no implica sometimiento, no tiene por qué ser expresión de sometimiento, sino de capacidad para servir a la nación que acepta este servicio. La disciplina como expresión solidaria de quienes se consideran servidores del país, pero también como expresión solidaria dentro del mismo partido para prestar un mejor servicio.

Las designaciones que para este servicio se hagan, no pueden estar sometidas para obtenerlas a presiones y amenazas de deserciones. De lo que se trata es de servir a la nación y no de servirse de ella. Parte de esta disciplina son los tiempos. Los tiempos para ofrecer servicios no tienen que frenar los que se otorgan. ¿Ansia por dar servicio o ansia por alcanzar el poder o el protagonismo? Los tiempos de servicio no deben quedar subordinados a las pugnas para ofrecerlos. La mejor garantía para el triunfo la dan los hechos. Madrugar no es garantía para un mejor servicio. Tampoco lo es el madrugar para no ser superado por los madrugadores. Lo que vale es lo hecho.

Vivimos ahora tiempos más difíciles que nos obligan a continuos cambios. El que sean positivos o negativos depende de nuestra capacidad para compartir responsabilidades. La ineludible globalización de nuestro tiempo impide asumir responsabilidades personales o de partido. Nadie puede asumir la responsabilidad de lo que no está a su alcance controlar. Todos juntos, por el contrario, uniendo esfuerzos, podemos controlar mejor lo que debe ser controlado y estimular lo que debe ser estimulado.

Agradezco a todos ustedes el reconocimiento con que me honran. Me sorprende, pero me satisface. Me sorprende porque no soy ni he sido un político. Simplemente, como aquí lo he expuesto, he tratado de actuar en el campo que me es propio, de acuerdo con mis posibilidades y conforme a algo que todos tenemos en común: el intelecto. Sigan con su papel de políticos, pero también de críticos sin dejar por esto de ser políticos. Sin olvidar que la función auténtica de la política en una democracia es servir a la nación y tratar siempre de ser la mejor opción. Una gran tarea en la que ya no puedo acompañarlos de otra forma que no sea el compartir con ustedes mi experiencia.

© Leopoldo Zea. El Nuevo Mundo en los retos del nuevo milenio.  Edición a cargo de Liliana Jiménez Ramírez, Septiembre 2003. La edición digital fue autorizada por el autor para el Proyecto Ensayo Hispánico y fue preparada por José Luis Gómez-Martínez. Se publica únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes.

 

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