Leopoldo Zea

El Nuevo Mundo
en los retos del nuevo milenio

"Mario Vargas Llosa:
dictadura perfecta, democracia imperfecta"

La visita del escritor Mario Vargas Llosa en estos días ha sido de especial importancia para México. Vargas Llosa es uno de los más destacados escritores en lengua española de América Latina, con dimensiones internacionales que rebasan su origen. Ya antes ha estado en México y ha enfrentado críticas por sus afirmaciones respecto de la política mexicana. La visita del escritor tiene por objeto la presentación de su nuevo libro, La fiesta del Chivo, una obra que es algo más que la expresión efímera del discurso político, un mensaje para reflexionar y no para discutir.

En la Cátedra con la que en Monterrey se honra permanentemente a otro gran escritor, Alfonso Reyes, Mario Vargas Llosa hizo la historia de su paso por la política. Historia en la que juega un papel especial el existencialismo de Jean Paul Sartre. Éste, como Vargas Llosa, pensó hacer de la fuerza que le daba su capacidad creativa, instrumento político para cambiar la sociedad, sin embargo Sartre fracasó. Vargas Llosa aprende que la fuerza creativa de su literatura puede ser instrumento más amplio, en el espacio y el tiempo, que la política de circunstancias.

Cuando conocí a Mario Vargas Llosa en el Perú hace años ya era un destacado escritor. Le preocupaban las dolorosas experiencias históricas de su pueblo y de América Latina, materia de su creación. Un día Francisco Miró Quesada me dijo: “Mario va a entrar en la política, quiere hacer algo más que ficción creativa sobre política y desea tratar de cambiar lo que debe ser cambiado”. “¿Vamos a perder al escritor?”, le pregunté.

Vargas Llosa vino a México poco después, convocado por Octavio Paz, a un congreso de creadores con preocupaciones políticas. Llegaba molesto por el resultado de su experiencia política en la que había triunfado un desconocido candidato. “¡Te felicito Mario —le dije—, se ha salvado el escritor que eres!”. De esta etapa habló ahora en Monterrey y en la ciudad de México.

Los políticos sólo trataron de convertir la experiencia de Vargas Llosa en leña para sus fogatas. Le recordaron lo que había dicho en la reunión convocada por Paz. Y lograron que hablara de lo que esperaban oír. La democracia en México depende de la destrucción de la dictadura perfecta que se ha impuesto en el país y que se inició en l929. Vargas Llosa pareció incongruente con lo expresado en sus conferencias respecto a su propia experiencia.

¿Qué dijo en el congreso convocado por Paz que originó la ruptura con el poeta mexicano? Habló del sistema político mexicano como de la dictadura perfecta. ¿Perfecta por qué? Porque no ha necesitado, como otras dictaduras, aterrar, desterrar o enterrar. Simplemente corrompe, con estímulos e instrumentos de creación a los intelectuales y artistas; reparte tierras a los campesinos, organiza a los obreros y a los jóvenes les da gratuidad en sus estudios. Con ello los mexicanos estaban quietos y votaban por el sistema, y así se evitaban las dictaduras imperfectas de nuestra América.

¡Dictadura, pero no al servicio de un tirano! La formaba mucha gente, de diversos nombres y épocas, desde su inicio en l929. Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y ahora Ernesto Zedillo. Tres militares y el resto civiles. Nadie se reeligió.

¿Qué surge en l929? Algo que la Revolución iniciada en l910 necesitaba: reposo. Había que poner fin a las matanzas que se hacían entre sí los caudillos de la revolución triunfante. Había que instaurar un organismo concertador de los encontrados intereses de los dirigentes revolucionarios. Dicho organismo implicaba la concentración del poder pero delegado por el pueblo en armas, en un grupo capaz de imponer la necesaria concertación.

Plutarco Elías Calles, contando con tal poder, se declara Jefe Máximo de la Revolución para imponer con esto su dictadura. Lázaro Cárdenas frenó el intento e hizo de este mismo poder el instrumento para dar al pueblo el desarrollo y la democracia por los que había luchado y dado tanta sangre. El poder debería estar al servicio del pueblo.

Gobernantes como Adolfo López Mateos y dirigentes como Carlos A. Madrazo consideraron que ya era tiempo de que el poder regresase al pueblo para que se hiciese cargo de su propio futuro. Miguel de la Madrid ensayó la democracia dentro del mismo pri. Pero fue Luis Donaldo Colosio, candidato del sistema a la presidencia de la República, quien se propuso hacer del instrumento concertador un partido de opción, al servicio de los mexicanos. Su sacrificio en l994 fue la respuesta.

Dentro del organismo concertador había gente que sólo aspiraba a usarlo en beneficio propio, así como a tener un lugar privilegiado. Esta ambición originó la expulsión de varios miembros y generó rencores, venganzas y protagonismos frenéticos. No se trataba de cambiar el sistema, sino de hacerse su propietario.

Fue el presidente Carlos Salinas de Gortari quien puso en marcha el cambio al desarticular el viejo organismo concertador y activar el desarrollo de la nación, aunque hizo esto bajo su conducción e intereses. Los vacíos de poder los concertó con el conservadurismo heredado de la Colonia e hizo de los expulsados instrumento desestabilizador.

Colosio buscó transformar al organismo concertador en partido. Sin embargo, los imponderables de la historia hicieron de un hombre ajeno a la política del sistema, Ernesto Zedillo, el sucesor de Colosio. Como tal, asumió el proyecto avalado por la ciudadanía, que le dio así un indiscutible triunfo.

Sería el fin de la dictadura perfecta y el inicio de la democracia imperfecta. El partido que surgió con Zedillo logró el cambio político que garantizaría el respeto de la voluntad del pueblo que se manifestaría en las urnas. No obstante, la sana distancia del presidente con su partido y la renuncia a dar consignas y a designar a su sucesor origina que gente que está acostumbrada a que le den directivas no sepa cómo actuar, y los jóvenes, como buenos demócratas, se vuelvan contra su partido. La gente resentida insiste en destruirlo. El conservadurismo proclama la decisión de hacerse del control de la nación.

Éste es el México que ha encontrado Mario Vargas Llosa. Lo cual da suficiente material para un nuevo libro donde se muestren los límites entre la dictadura y la democracia. Sin embargo, Vargas Llosa insiste en que, a pesar de los cambios, la dictadura imperfecta siempre lo será y que la mejor opción democrática será anularla y votar por el conservadurismo. El novelista parece que no ha superado la experiencia política peruana. Pero, ¿qué tiene que ver ella con México?

(Excelsior, 25 de junio del 2000)

© Leopoldo Zea. El Nuevo Mundo en los retos del nuevo milenio.  Edición a cargo de Liliana Jiménez Ramírez, Septiembre 2003. La edición digital fue autorizada por el autor para el Proyecto Ensayo Hispánico y fue preparada por José Luis Gómez-Martínez. Se publica únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes.

 

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