Leopoldo Zea

El Nuevo Mundo
en los retos del nuevo milenio

"Marcha y su maravillosa prole"

Al finalizar el año 1945, procedente de Buenos Aires, lugar donde dio inicio mi viaje para conocer la región del continente del que México es parte, llegué a Montevideo; ahí me esperaba Arturo Ardao, quien sería mi hermano en las tareas que estaba iniciando. Mi visita era anticipada por mi sombra protectora, Francisco Romero de la Argentina. Sus contactos me abrían las puertas con gente que en esta parte del continente americano estaba, como yo, tratando de conocer lo que José Martí llamó “Nuestra América”.

1945 fue un año crucial para esta región. En la Argentina fui testigo del nacimiento del peronismo, como en Brasil del varguismo; ambos movimientos reconocían su origen en la experiencia de la Revolución Mexicana. Arturo Ardao me esperaba en el muelle del barco que cruza de la Argentina al Uruguay.

En Ardao vi de inmediato al hermano con quien, junto a otros que conocí en esta peregrinación, integraríamos nuestros esfuerzos para hacer una extraña filosofía que denominaríamos americana. Me colmó de atenciones y también de trabajos, conferencias, entrevistas, pláticas tarde y noche para volver a empezar cada día. Así conocí a Carlos Vaz Ferreira, uno de los patriarcas del pensamiento uruguayo que se transformaría en ese filosofar que busca al gran patriarca de lo nuestro, y a otros muchos que buscaban lo mismo, mucha gente que no quiero enumerar para no cometer olvidos.

Personaje central en estos encuentros fue Carlos Quijano, fundador de la revista Marcha en 1939. Ardao me llevó a la redacción donde conocí a varios de sus colaboradores, entre ellos a Ángel Rama que me entrevistó para un diario y para la misma Marcha.

La Guerra Sucia de la Guerra Fría originó el cierre de este oasis de libertad de expresión con el que se buscaba forjar el futuro del continente. Los golpes militares en Uruguay en 1975 y en otros países que me tocó presenciar en mis viajes, dejaron la región, como expresaba una hija de Arturo, “aterrada, desterrada y enterrada”. Mi hermano y su familia tuvieron que exiliarse, Marcha fue cerrada. Yo había vuelto otras veces a Montevideo antes de este violento cierre.

Carlos Quijano vino al exilio a México. Me encontré con él, estaba desolado, desubicado, había que empezar de nuevo desde el exilio la publicación que había estimado la integración latinoamericana como la soñaron y pensaron Simón Bolívar, José Martí, José Vasconcelos y José Enrique Rodó. Se continuó en pequeños oasis de libertad con Cuadernos de Marcha, siempre enfrentando las resistencias totalitarias. Esta empresa le correspondió realizarla al nieto del creador de esta publicación, Carlos Vargas Quijano, a quien conocí en México junto con su esposa mexicana Fanny del Río. Este matrimonio hacía expresa la anhelada integración de México, al borde de la potencia más grande de la tierra, con el Uruguay, al extremo sur de nuestro continente. Llegaban otros tiempos, Carlos Vargas puso en circulación la tercera época de Cuadernos de Marcha que debía seguir hasta el final del exilio y de la Guerra Sucia de la Guerra Fría.

Fanny me comunicó, hace unos días, la trágica muerte de su compañero ocurrida el pasado 16 de junio y con ello el fin de esta etapa. Marcha y su maravillosa prole debe continuar. Debe continuar en la nueva etapa que se abre para esta nuestra América, en este nuevo siglo y milenio.

Nuestra América Latina ha tomado dimensiones universales, ha puesto fin a la nordomanía y ha latinizado a todo el continente, asimilando a la que parecía su antítesis, la sajona. Ariel ha sometido a Calibán. El espíritu del primero pone a su servicio al segundo. Es el sueño cumplido de Bolívar, Martí, Vasconcelos, Rodó, Quijano y sus hijos.

“Yo quisiera —decía el presidente de Estados Unidos, William J. Clinton—, que Estados Unidos sean la más grande nación de la tierra, por la diversidad de sus razas y culturas”. Es el fin de la fracasada nordomanía y el triunfo de Carlos Quijano y su prole, una América integrada por la diversidad de sus razas y culturas a lo largo del continente, para llevar esta integración al resto de la tierra, como profetizaba Bolívar imaginando una “Nación de naciones, la federal, cubriendo el Universo entero”, poblado por la Raza Cósmica, raza síntesis de José Vasconcelos.

Para México, la presencia de Quijano y su prole como la de otros muchos transterrados —como diría mi maestro José Gaos—, es un gran triunfo. México recibió como gente suya a los Quijano y tantos otros que buscaban la libertad que les negaban en su tierra.

¿Quién se encargará de Cuadernos de Marcha del siglo xxi y tercer milenio? Habrá ahora que enfrentar los retos que implica este cambio. La obra debe continuar. Creo que mi hermano Arturo Ardao estará satisfecho, como yo, de poder ser testigo y parte de esta historia sin fin.

México, D. F., junio de 2001.

© Leopoldo Zea. El Nuevo Mundo en los retos del nuevo milenio.  Edición a cargo de Liliana Jiménez Ramírez, Septiembre 2003. La edición digital fue autorizada por el autor para el Proyecto Ensayo Hispánico y fue preparada por José Luis Gómez-Martínez. Se publica únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes.

 

Home Repertorio Antología Teoría y Crítica Cursos Enlaces