Leopoldo Zea

El Nuevo Mundo
en los retos del nuevo milenio

"Toronto, el enredo de la creación y la esperanza"

Entre la minoría étnica y cultural que forma el barrio chino de Toronto —que con otras minorías son la mayoría de la tierra—, circula la leyenda de la creación del Universo y, junto con él, de la Tierra. El Creador, insatisfecho con su eterna soledad, decidió crear el planeta Tierra habitado por una criatura que le diese conciencia de su existencia, el hombre. Creó la Tierra en seis días y el séptimo descansó. El hombre que habitaría la Tierra llevaría una chispa de su Creador. Esto le responsabilizaba de sus actos, de lo que hiciese con ese poder. Tenía que elegir y tomar conciencia de lo que le distinguía del resto de la Creación.

Pero ¿cómo se reproduciría este privilegiado ente? ¡Como el resto de los animales de la Creación! Sin embargo, como no era un animal creó a la mujer y con ella al amor. ¡Más allá de los instintos se amarían como si cada uno fuera el otro! Hasta aquí todo iba bien, pero la mujer decidió reclamar sus derechos de género, la hembra no era un macho.

El Creador se alarmó, se le había enredado la creación de la Tierra, imponiéndose la naturaleza que era también su creación. ¿Qué hacer? Tuvo que crear la esperanza para que esta su privilegiada criatura tuviese conciencia de lo que era y al tenerla darse cuenta de que podía superar sus limitaciones, por muchas que éstas fueran.

De todo esto tenía conocimiento y decidí visitar Toronto porque en ese lugar traté de recuperar la esperanza que a nivel nacional e internacional hemos perdido los que esperábamos los cambios que se anunciaba ocurrirían al terminar el siglo xx y el segundo milenio de la era cristiana.

Tenía dos motivaciones: la primera era conocer la ciudad donde el primogénito de mis nietos, Leopoldo Daniel, había vivido lo que él considera ha sido su más rica experiencia y que brutalmente había perdido por razones familiares. Todos y cada uno de mis nietos, en la medida en que van madurado, me están dando grandes alegrías. La otra razón de mi visita era conocer el lugar en el que el Pontífice de la Cristiandad, Juan Pablo II, llevó a este país y al mundo la esperanza que el nuevo siglo y milenio parecen negar. Los medios de información internacionales trataron de aminorar este hecho, así como su visita a Polonia de donde regresó para continuar su función pastoral.

Conozco Montreal, Quebec y Vancouver. Es la región del extremo norte del Nuevo Mundo. El Nuevo Mundo que Cristóbal Colón no supo ver. Antes de Colón, gente del extremo norte del Viejo Mundo conocieron estas tierras e iniciaron su conquista. Para hacerlo atravesaron la espesa neblina que los rodeaba y llegaron a este nuestro Nuevo Mundo. Esta gesta se encarna en la leyenda de Erik el Rojo.

En plena Modernidad, estas tierras fueron disputadas por británicos y franceses. De esta lucha emergieron los fundadores de Estados Unidos, con su visión maniqueísta para mayor gloria de la Providencia en cuyo nombre han venido actuando. Esta visión maniqueísta que pareció haber sido superada el pasado fin del siglo xx, ha sido resucitada por los estadounidenses para recuperar viejas hegemonías. Este regreso es el que encabeza el presidente George W. Bush.

En la disputa franco-británica por el dominio de esta región, Canadá mantuvo, pese al triunfo británico, el respeto a la diversidad de gente de otro origen. Esto permitió el equilibrio entre la visión latina francesa y la anglosajona inglesa. A esto se suma también la diversidad de etnias y culturas que de diversos lugares llegaron al Canadá.

Como en la América Latina, esta visión prevaleció centralmente por el origen mediterráneo de la gente que la conquistó y colonizó. No fue así en Estados Unidos, a pesar de los esfuerzos de Bill Clinton por el cambio.

Canadá es parte del Commonwealth británico que mantiene la misma postura frente a lo multiétnico y multicultural, sin lo cual la Gran Bretaña no habría hecho el imperio que ha creado. El ser parte del Commonwealth ha permitido a Canadá enfrentar las ambiciones de su poderoso vecino al sur. Ambiciones que Estados Unidos sí ha manifestado brutalmente con México, país que ha sufrido amputaciones y presiones de su parte aún en nuestros días.

Ha sido esta visión maniquea para justificar su expansión por la que Estados Unidos ha generado rencores y odios en el mundo. Son las reacciones que los políticos estadounidenses provocan para despertar deseos de venganza contra el mundo. Así ha sido con los trágicos sucesos del 11 de septiembre del 2001. Su postura supuestamente defensiva le permite intervenir en el mundo para imponer su hegemonía.

A Canadá nadie lo odia porque es un país que no agrede a nadie. No hay en Canadá cacería de indocumentados porque no hay indocumentados. Los trabajadores que van allí lo hacen mediante convenios. Y al terminar todos ellos regresan a sus hogares.

¿Qué es lo que une a la diversidad de gente que habita Canadá? Los une la naturaleza, la misma naturaleza que nuestros vecinos al norte han tratado de manipular en su exclusivo beneficio. Para los estadounidenses la explotación de la naturaleza depende de la capacidad para hacerlo. Y sus vecinos al sur no han aprendido.

Quienes han alterado el orden ecológico han sido los países ricos, no los pobres que no saben o no han sabido hacerlo. Dicen que éstos prefieren el ocio y sólo esperan que la naturaleza les dé todo naturalmente. ¿Por qué ahora buscan problemas, si no los tienen?

Estados Unidos se ha negado a suscribir acuerdos para mantener el orden ecológico tanto en Brasil y Kioto y se han negado a ir a Johannesburgo. ¡No van a frenar su propio desarrollo y menos a compartir lo que ellos han logrado! Por eso dentro de este país se escuchan voces que dicen: “¡Ustedes los latinoamericanos son locos si esperan que Estados Unidos renuncien a los frutos de su esfuerzo y lo compartan con gente a la que sólo le gusta el ocio! ¡Si se someten a nuestro liderazgo acaso aprendan a hacer lo que no saben o no quieren hacer!”.

¿Cómo entonces enfrentar estas exigencias de subordinación, si se nos considera como parte de la naturaleza para explotar o desechar? ¿Cómo eludir la permanente amenaza de sus armas? La respuesta y la esperanza está dentro de los propios Estados Unidos. Su presidente, George W. Bus, ha ido demasiado lejos en el afán por recuperar el poder hegemónico de su país logrado en la Guerra Fría.

Esta hegemonía se perdió al terminar la Guerra Fría y empezar la Guerra Sucia que acompañaba a la primera. En ambas guerras la injerencia la sufren los mismos estadounidenses que se están convirtiendo en sospechosos por no estar de acuerdo con esta política.

Los estadounidenses enfrentaron la Guerra Fría y ahora también lo hacen porque sus derechos se ven afectados. No sólo los estadounidenses que emergieron bajo el gobierno de Bill Clinton, también los demócratas y republicanos que ahora se saben espiados por la cia y el fbi. Sus derechos están siendo cuestionados porque se les exige sometimiento absoluto.

George Bush, padre del actual presidente, enfrenta al hijo en su insistencia por llevar la guerra a Irán para destruir a Saddam Hussein. George Bush padre no lo hizo porque era una pieza que había que sostener para mantener el equilibrio de la región rica en petróleo. Entonces el enemigo era Irán.

Ahora Irán se integra con la Alianza del Norte en Afganistán, que enfrentó a los talibanes; a esa alianza se incorporará Irak. También se hace patente la emergencia del viejo imperio ruso que integró Pedro el Grande, la de China y la de otros países asiáticos que enfrentan las injerencias estadounidenses.

¿Renunciará George W. Bush a destruir Irak y a la guerra en Tierra Santa? Su intención es limitarse a América y enfocarse a Cuba argumentando que Fidel Castro fabrica gases letales para atacar a Estados Unidos.

Otros locos, como Hitler y Stalin, han desaparecido de la historia. Espero ser testigo del fin de la nueva locura. Es la esperanza que busqué en Toronto y que se renueva. Creo que esto cambiará también el enfoque de nuestro actual gobierno. Un gobierno que hizo emerger la misma locura estadounidense, justificado por la corrupción de los mexicanos que debían ser los realizadores de las metas que con su sangre abonaron los que hicieron la Revolución política y social iniciada en 1910.

¿Será el fin del protagonismo empresarial de nuestro presidente? Espero ceda ante la realidad emergente y no espere a que suceda lo que ha de suceder en Estados Unidos.

Lo importante no es competir, dice Carlos Slim, sino crear mercados porque la gente pobre no consume. Crear empleos que impidan que el gran desarrollo alcanzado se derrumbe, como amenaza derrumbarse el de Estados Unidos.

(Excelsior, 13 de octubre de 2002)

© Leopoldo Zea. El Nuevo Mundo en los retos del nuevo milenio.  Edición a cargo de Liliana Jiménez Ramírez, Septiembre 2003. La edición digital fue autorizada por el autor para el Proyecto Ensayo Hispánico y fue preparada por José Luis Gómez-Martínez. Se publica únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes.

 

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