Repertorio de Ensayistas y Filósofos

Leopoldo Zea

 

El pensamiento latinoamericano

PREFACIO

En 1949, bajo el título de Dos etapas del pensamiento en Hispanoamérica, se publicó la parte central de este trabajo, exclusivamente referida al pensamiento hispanoamericano y a la influencia del romanticismo y el positivismo. Agotada la obra en poco tiempo, no se presentó oportunidad para una reedición inmediata, como fueran los deseos del autor y las solicitudes de algunas instituciones y personas.

Desde la fecha señalada han pasado catorce años en los que el autor ha continuado sus investigaciones y meditaciones sobre el pensamiento y la cultura latinoamericana. Frutos, entre otros, de esta preocupación han sido América como conciencia en 1953 y América en la historia en 1957. El trabajo que aquí se publica permite ampliar considerablemente el anterior, ofreciendo una visión que justifica el título de este libro: El pensamiento latinoamericano. Aquí se analiza el sentido y función de este pensamiento, que incorpora ahora el de la América lusitana, el Brasil, dejado de lado en el trabajo citado. Igualmente el estudio y exposición del pensamiento latinoamericano se extienden hasta nuestros días.

Aquí se tendrá que repetir lo que ya se decía en el trabajo anterior: no se pretende ser exhaustivo. Todo lo contrario; son muchas, posiblemente demasiadas, las lagunas que en él podrán ser encontradas. En realidad un trabajo exhaustivo sobre este pensamiento sólo podrá ser realizado cuando se hayan escrito las historias de las ideas, el pensamiento y la filosofía de cada uno de los países latinoamericanos y, de la comparación de todos ellos se deduzca lo que los caracteriza dentro de una comunidad más amplia, llámese hispanoamericana, iberoamericana, latinoamericana o simplemente americana. Mucho se ha hecho ya en este sentido desde aquella fecha de 1949. Son varios los estudiosos nacionales que han trabajado en tal sentido y mucho, también, lo que ha podido realizarse a través del Comité de Historia de las Ideas de la Comisión de Historia del Instituto Panamericana de Geografía e Historia. Allí están, entre otros trabajos orientados en tal sentido, los de Arturo Ardao del Uruguay, Guillermo Francovich de Bolivia, Cruz Costa del Brasil, Rafael Heliodoro Valle de Centroamérica, Augusto Salazar Bondy del Perú, José Luis Romero de la Argentina, Luis Oyarzún de Chile, Humberto Piñera Llera, Roberto Agramonte y Medardo Vitier de Cuba, Luis Villoro y Abelardo Villegas de México y otros muchos más en cada uno de esos países, que habrán de agregarse a los ya clásicos como los de Samuel Ramos, Ezequiel Martínez Estrada, Gilberto Freyre y otros. Trabajos de conjunto sobre algunos aspectos de este pensamiento han sido hechos por Antonio Gómez Robledo y Víctor Alba en México; otros están por terminarse, como el de Francisco Miró Quesada en el Perú. Una labor exhaustiva corresponderá, así, a los investigadores de los distintos países de nuestra América. El deseo del autor sería que este trabajo ayudase a estimular una labor que viene acrecentándose.

No se analizan aquí todos y cada uno de los pensadores latinoamericanos ni sus diversas obras. No sería posible ni sería suficiente el espacio concedido. No; este pensamiento es tomado en función de una idea que se va siguiendo y expresa, en opinión del autor, lo más característico del pensamiento latinoamericano. Línea que parte de las primeras expresiones de este pensamiento en relación con lo que habrá de ser la emancipación política de los diversos pueblos que forman esta América frente a sus metrópolis. Pensamiento que se orienta en la pregunta acerca del tipo de orden que ha de sustituir al que crearon España y Portugal y de la pugna y que toma caracteres distintos en Hispanoamérica y en el Brasil. Este país decide, con algún sentido práctico, mantener una especie de componenda o conciliación con el pasado, al revés del hispanoamericano que trata de romper definitivamente con él. En Hispanoamérica un liberalismo romántico irrumpe para enfrentarse al conservadurismo; en el Brasil se adopta el eclecticismo, como la doctrina más eficaz para el logro de la conciliación buscada por sus pensadores. Un nuevo paso en la historia del pensamiento latinoamericano lo representa la reflexión por un nuevo orden que sustituya al colonial y evite la anarquía en que han caído los pueblos latinoamericanos al enfrentarse los partidarios de la solución conservadora y los de la solución romántico-liberal. El positivismo ofrecerá el instrumento mental para crear el nuevo orden que sustituya al colonial. En Hispanoamérica vendrá a justificar, en varios lugares, formas de orden al servicio de oligarquías o dictaduras con las que se quiere, simplemente, sustituir a la colonia. Brasil sigue su propia y original línea, y con el mismo sentido práctico que le hizo adoptar el eclecticismo, adopta el positivismo como arma, una vez más, conciliatoria de nuevas fuerzas que surgen en su seno y la llevan por caminos que ya no son los de la vieja oligarquía rural. Una nueva línea será la conciencia, en toda Latinoamérica, del fracaso del positivismo como doctrina al servicio de un nuevo orden social, político, económico y cultural. Y con la conciencia de este fracaso, la asunción de ese positivismo como instrumento para enfrentarse a la propia realidad, conocerla y, conociéndola, buscar la forma de ampliar sus posibilidades. Conciencia sobre sí misma que origina una especie de nacionalismo cultural y filosófico que da sentido a una de las mayores expresiones del pensamiento latinoamericano contemporáneo. Nacionalismo que no es, ni pretende ser, lo que se reprocha a Europa y su cultura, a la cultura occidental, esto es: angostamiento, limitación, sino todo lo contrario, un necesario punto de partida para entender a los otros y actuar a su lado como pueblos entre pueblos, como hombres entre hombres. La conciencia que sobre sí misma toma la América Latina, sobre su cultura y la humanidad de su ser, la de los que decidieron apartarse de la línea heredada de la Colonia, originando lo que hemos llamado lucha por la emancipación mental permite reclamar, como lo hace el mexicano Alfonso Reyes, un puesto responsable en la labor que por el futuro del hombre concreto y su cultura hacen todos los pueblos, sin excepción alguna.

En función de esas líneas del pensamiento latinoamericano que el autor ha encontrado, será como se utilicen las diversas expresiones del mismo para ilustrar lo que no se quiere sean puras afirmaciones en abstracto. Muchos son los pensadores y muchas son, también, las expresiones de su pensamiento que pueden abonar lo que aquí se expone. El autor sólo ha tomado parte de ellas; pero bastarán para mostrar las líneas características de este pensamiento.

No se podrían expresar todos los agradecimientos que se deben a quienes han hecho posible este libro, a maestros, discípulos, amigos, instituciones, etc. Se temería dejar fuera a algunos de ellos, lo que sería imperdonable. Vaya, pura y simplemente, la más alta expresión de esta gratitud a todos.

L. Z.
Chimalistac, México, 1963.

 

 

© Leopoldo Zea. El pensamiento latinoamericano.  Edición a cargo de Liliana Jiménez Ramírez, con la colaboración de Martha Patricia Reveles Arenas y Carlos Alberto Martínez López, Diciembre 2003. La edición digital se basa en la tercera edición del libro (Barcelona: Ariel, 1976) y fue autorizada por el autor para Proyecto Ensayo Hispánico y preparada por José Luis Gómez-Martínez. Se publica únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes.

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