Leopoldo Zea
 
 
TEXTOS

 

Texto 10

(Filosofar a la altura del hombre (1993). El subtítulo de esta obra es "Discrepar para comprender." Recoge las críticas más destacadas a su discurso filosófico para reiterarlo en un proceso dialógico)

[Al desglosar el logos en razón y palabra, Zea proporciona una dimensión dialógica al discurso filosófico. En este texto de 1987 denuncia lo que él denomina el discurso "magistral", o sea, todo discurso que se articule como imposición.]

"La denuncia del discurso magistral, que pareció esencial a la filosofía, es el punto de partida de la afirmación de otra actitud, lo que la filosofía contestataria llama ‘el derecho al discurso’. Esto es el derecho a expresar el propio discurso, el de los múltiples hombres que forman la humanidad. Es la afirmación de un filosofar en las antípodas de las filosofías magistrales. La afirmación del peculiar filosofar del hombre, de cada hombre en concreto, en una relación ya no vertical de dependencia sino horizontal de solidaridad.

Este filosofar parte de otra interpretación del logos. Logos es razón, esto es capacidad para comprender y hacerse comprender; por ello es también palabra que permite expresarse y, al expresarse, hacerse entender, comprender. El logos es al mismo tiempo razón que comprende y palabra que se hace comprender. En este sentido no puede existir un logos magistral que diga o dicte, pura y simplemente, y al decir y dictar se haga obedecer. El hebreo hace del verbo, de la palabra, un instrumento creador. En el principio era la nada, dice la Biblia, pero Dios dijo hágase esto y se hizo. En la cosmología de Hesíodo, se dice que en el principio era el caos, el desorden, pero fue la palabra la que ordenó, definió, la que a cada cosa le dio un lugar. Es la palabra divina la que pone orden en el caos, creando el cosmos. Aquí la palabra o logos tiene un sentido totalitario. Logos, como razón y palabra, son aquí expresiones de dominio total.

Por el contrario, la palabra o logos como comprensión, no sólo comprende, también se hace comprender en una relación distinta de la del dominio, por el diálogo; diálogo es el logos que relaciona a los entes racionales. Es este filosofar, precisamente, el que nos permite plantearnos el problema de la Filosofía como instrumento de comprensión interamericana y universal. Ello implica el reconocimiento de otros discursos, además del propio, el reconocimiento de lo que hace igual a un hombre a otros hombres. Ya no el logos como instrumento de manipulación de otros hombres, considerándolos parte de la naturaleza que es menester dominar.

En América, en sus diversas regiones, parece serle peculiar este otro filosofar. Es la filosofía ya expresa en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, que es un alegato filosófico del derecho de los hombres al propio discurso. ‘Sostenemos como verdades evidentes —dice la Declaración— que todos los hombres nacen iguales; que a todos les confiere su creador ciertos derechos inalienables entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos, los hombres instituyen gobiernos que dirijan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados; que siempre que una forma de gobierno tiende a destruir estos fines, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla y a organizar sus poderes en aquella forma que a su juicio garantice mejor su seguridad y felicidad’. Se afirma aquí el derecho de todos los hombres a expresarse en una relación de igualdad con otros hombres. Es el reclamo filosófico de una nación marginal, dentro del discurso magistral, reclamando el derecho a propio discurso. El discurso propio frente al centro de poder imperial. El logos, como expresión de poder absoluto es enfrentado por un logos múltiple que reclama su derecho a expresarse. La afirmación del discurso del nómada, del que está fuera del centro de poder, dice la filosofía francesa a que nos hemos referido. Es un filosofar subversivo, contrario a la institucionalización del saber; es el filosofar del nómada, contrario a la institucionalización o civilización del logos. ‘La actividad actual de la filosofía va en sentido de una nomadización del pensamiento’. En Europa, se agrega, la filosofía sufrió varias sacudidas, la más violenta, y muy probablemente la más decisiva, sería la que hizo añicos la omnipotencia del logos. La palabra se ‘liberó’, porque cada quien se apoderó del ‘derecho al discurso’. Aparentemente se regresa al caos original, pero en realidad con las múltiples expresiones del logos y las múltiples palabras que lo expresan, conciliadas a través de la comprensión, se va formando un nuevo cosmos. Es esta la preocupación que se manifiesta en América dentro de un filosofar semejante al expresado" (Filosofar a la altura del hombre, pp. 151-152).

 

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