Leopoldo Zea
 
 
TEXTOS

 

Texto 3

(El positivismo en México (1943-1944). Originalmente publicado en dos volúmenes: el primero, "origen y desarrollo," fue proyecto de investigación para la maestría; con el segundo, "apogeo y decadencia," se le otorgó el doctorado. Se desarrolla en ambos una filosofía de la historia y su aplicación a un periodo concreto mexicano)

[El influjo del historicismo de Dilthey y de Ortega que permea todo este texto, llega a Zea a través de la obra de José Gaos. La influencia de Gaos en este pasaje de 1943 es directa y fundamental para legitimar la posibilidad y necesidad de un discurso filosófico mexicano.]

"El problema de las relaciones de la filosofía con su historia está íntimamente ligado al problema de la verdad. Según sea el concepto que de la verdad se tenga, será la idea que se tenga respecto a las relaciones entre filosofía e historia. Si la verdad es concebida como algo intemporal, eterno, las relaciones entre la filosofía y la historia serán puramente accidentales. Las verdades de la filosofía serán verdades con independencia de cualquier realidad histórica. En cambio, si la idea que se tiene sobre la verdad es la de que ésta es de carácter circunstancial, las verdades de la filosofía estarán ligadas entonces a un determinado espacio y tiempo. Las verdades serán históricas.

Una filosofía que considera a sus verdades como eternas, verá en éstas sus verdades, soluciones para todos los posibles lugares y tiempos. Se hablará de una Filosofía con mayúscula, de la Filosofía en oposición a las verdades de las otras filosofías. Porque lo grave es esto: que cada filosofía, que cada sistema filosófico, pretende ser la Filosofía, pretende tener la Verdad, viendo en las demás filosofías, eso, filosofías, así, con minúscula; y en sus verdades, simples verdades accidentales, ceguera, error, ignorancia, incapacidad para alcanzar la verdad eterna, la única.

Frente a una filosofía con pretensiones de poseer verdades eternas, no cabe otra filosofía. No puede haber sino una Filosofía, las demás serán filosofías, es decir, errores. El error estará precisamente en lo circunstancial, en lo histórico, en lo que cambia. Lo eterno está sobre toda historia, sobre toda circunstancia. De acuerdo con este criterio, la historia de la filosofía no será sino la historia de los mayores o menores errores filosóficos, según que se aproximen menos o más a la filosofía que profesa el autor de la historia. [. . .]

A sido en nuestros días cuando la filosofía, consciente de este su carácter contradictorio, ha buscado una solución a su problema, al problema de la verdad, que es el problema propio de la filosofía. La conclusión a que se ha llegado es la de que no existen tales contradicciones. Que lo que parecen contradicciones no son sino diversas soluciones dadas en otras tantas diversas situaciones. [. . .] Los problemas que se plantea el hombre son problemas que tienen su origen en su circunstancia; de aquí que sus soluciones sean también circunstanciales. Las verdades de la filosofía aparecen como contradictorias porque se quiere que las verdades, las soluciones de una determinada circunstancia histórica valgan para todas las circunstancias que se presenten" (El positivismo en México, pp. 22-3).

 

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