José María Fernández Vázquez
 
 
"EL PERIODISTA RAFAEL BARRETT Y
EL DOLOR PARAGUAYO
"

José María Fernández Vázquez.

Lentamente, nos vamos acercando al centenario de unos de los hitos más importantes de la literatura española, como es el de la generación del 98 y se celebrarán congresos y simposia sobre la generación, se revisarán sus relaciones con el modernismo, se releerán autores y obras, en definitiva, se reflexionará, una vez más, sobre el punto inicial de nuestra literatura en el presente siglo. Es en esta coyuntura de revisión histórica que probablemente se desarrollará en los próximos años, cuando se posibilita la recuperación, que en España es más descubrimiento, del periodista español Rafael Barrett. Es necesario precisar que Barrett produjo su creación literaria en el Paraguay y fue escasa, lo que impidió en cierta medida un conocimiento mayor en la Península.

La relación con la generación del 98 no es casual. En España, mantuvo amistad con Baroja, Maeztu, Valle-Inclán entre otros; en este último caso, la amistad se prolongó con el paso de los años y se tiene constancia de que Valle-Inclán en el periplo americano de la compañía teatral de su esposa, lo buscó en aquellas tierras. Si el quehacer literario de Rafael Barrett se hubiera producido en España, lo encontraríamos ligado a la generación del 98. No como un autor literario, ya que no llegó a escribir ninguna obra claramente artística, pero sí como periodista comprometido. Su obra es claramente combativa, denunciadora de situaciones injustas y ligada al anarquismo ideológico. Ciertamente, no podríamos encuadrar a Barrett dentro de esa línea de anarquismo literario que floreció entre los dos siglos. Así en Revista Blanca del 15-XI-1930 se comenta: "Hubo un tiempo en que el ser anarquista, aunque sólo fuera literario, estaba de moda. Eran anarquistas literarios Martínez Ruiz, Ramiro de Maeztu, Manuel Bueno, Julio Camba, Julio Burell, Salvador Canals, López de Ayala...No quedó uno defendiendo las ideas anarquistas y la emancipación humana" (Lida 360). Barrett, sin embargo, en tierras americanas fue más que un anarquista literario para convertirse en el defensor de las clases más humilladas y humildes del Cono Sur.

Existen vínculos de orden literario e ideológico que también lo aproximan al noventayocho. Francisco Corral en su "Estudio Introductorio" señala como características que lo ligan a esta tendencia, la preocupación por el caso Dreyfus y su adhesión a Zola; los sucesos de 1896 en Barcelona y la tortura y asesinato de sindicalistas y obreros en el castillo de Montjuich; la utilización del nombre Germinal para la revista que dirigió en 1908 en Asunción; la influencia naturalista y, por último, un origen burgués y su acercamiento hasta posturas progresistas. Corral incide también en el papel determinante de "su trasplante a América, que le desconectó del ambiente literario español y dio a su obra una evolución divergente con respecto a los escritores del 98" (Corral, "Estudio" 29). Esta segunda opinión de Corral la suscribimos plenamente, la presencia americana influye en la obra de Barrett decisivamente y lo aleja del ambiente literario español, aunque no necesariamente de su lectura. Sin embargo, disentimos de los vínculos noventayochistas que propone. Ninguno de ellos es definitorio de la generación del 98. No es el momento de plantearse su existencia, en estos años sucesivos aparecerán estudios revisionistas, pero aceptándola como etiqueta literaria, ninguno de los rasgos son exclusivos de ella. Esos rasgos son líneas generales de la literatura finisecular más avanzada estética e ideológicamente, encuadrada en el caso español en el modernismo como movimiento globalizador; aunque tampoco este sea el momento de discutir sobre la dicotomía noventayocho versus modernismo.

Francisco Corral en un libro reciente sobre el periodista, El pensamiento cautivo de Rafael Barrett y hasta la fecha el estudio más completo sobre el autor, analiza otros temas más claramente noventayochistas como son los de España o de Don Quijote. En cualquier caso, Barrett mantuvo un relación personal con varios de las escritores que luego integrarían el grupo conocido por la generación del 98, y también sin duda fue un escritor claramente finisecular de ideología avanzada e inmerso en las corrientes más innovadoras, se llamen noventayocho o modernismo. Para Corral Rafael Barrett "fue un joven del 98. Y que, de no haber emigrado a América, con toda probabilidad sería hoy día un nombre más entre los de esa generación" (El pensamiento 76).

Los estudios sobre Barrett y la edición de sus obras han sido pocos hasta la fecha. Podemos citar como el más antiguo, excluyendo naturalmente las ediciones originales, y realizado con un rigor crítico coherente la edición de El dolor paraguayo en la editorial Ayacucho de Caracas en el año 1978; va precedida por un prólogo de Augusto Roa Bastos, gran defensor de la personalidad y la obra del periodista del que se siente deudor agradecido: "Por mi parte, debo confesar con gratitud y con orgullosa modestia, que la presencia de Rafael Barrett recorre como un trémolo mi obra narrativa" (30). Más recientemente en el año 1988, y con la ayuda del Instituto de Cooperación Iberoamericano, se editaron las Obras Completas en cuatro tomos por RP ediciones de Asunción, con estudios introductorios de Francisco Corral y Miguel A. Fernández. No han sido las únicas, desde los años veinte un goteo de ediciones se ha venido produciendo, pero generalmente con carácter de selección y no de globalidad. En España, sólo existe una edición de artículos del libro Mirando vivir en la editorial Tustquets de 1976.

Consideramos que una mínima reseña biográfica no está injustificada como presentación de su obra ante el desconocimiento habitual que existe acerca de este escritor. Nos basaremos fundamentalmente en los datos que ofrece Miguel A. Fernández en el tomo IV de Obras Completas (El libro de Francisco Corral realiza un estudio biográfico de carácter más profundo y detallado).
  

Rafael Angel Jorge Julián Barrett y Alvarez de Toledo nació en Torrelavega, Santander, el 7 de enero de 1876. Su padre era un súbdito británico, llamado George Barrett Clarke, de formación científica y literaria, se dedicaba a vigilar intereses ingleses en España y en otros países; el origen del padre otorga nacionalidad británica a Rafael Barrett, aunque él se consideró sentimentalmente siempre paraguayo y español, antes que inglés. Su madre, Carmen Alvarez de Toledo y Toraño estaba emparentada con los Duques de Alba, grandes de España. Desde su infancia, Rafael Barrett viaja a causa de la profesión de su padre por diversos países, residiendo largas temporadas en París y consolidando una gran formación educativa. De vuelta en España, muere su padre en Madrid el año 1896, su madre moriría en Bilbao en 1900. Empieza estudios de Ingeniería, que le permitirán ya en Paraguay trabajar como técnico agrícola y dar conferencias de carácter científico.

Con un cierto dinero familiar, se dedica en Madrid a una "vida de joven aristócrata, más dado a la ostentación y a la buena compañía que al mundo del placer" según nos cuenta Ramiro de Maeztu (Fernández, 10). Entre impulsivo y romántico, el joven se dedica a batirse en duelos siendo en alguna ocasión apadrinado por otro romántico y bohemio, como es Ramón del Valle-Inclán. Un desgraciado incidente producto de su ímpetu terminó con ese modo de vida y buscó su futuro en tierras americanas. Tras retar a un duelo al abogado José Mª Azopardo Camprodón, pretende llevarlo hasta las últimas consecuencias batiéndose. Esta actitud difería de unas costumbres sociales donde perdón y rectificación lavaban el más ofendido de los honores. Ante el peligroso cariz del asunto el retado propuso un tribunal de honor presidido por el Duque de Arión. En este tribunal se declaró a Barrett deshonrado por pederastra y por tanto sin calidad social para batirse con nadie. Barrett intentó revocar la sentencia de manera infructuosa. Una noche, irritado contra esa injusticia, agrede en el circo Parish al Duque de Arión, formándose un gran escándalo social, y aunque se demuestra que las acusaciones vertidas acerca de Barrett estaban injustificadas no se le devuelve el honor que le permitiría enfrentarse en un duelo. Tras esto, --corre el año 1902--, sale de Madrid y se marcha a París donde trabaja como corresponsal y periodista, lo que demuestra ya una cierta vocación literaria. No será la última vez que Barrett intentará llevar un duelo a su fin último. En Buenos Aires, tuvo un altercado donde un tribunal también lo declaró deshonrado tomando como referencia el tribunal de honor español. El asunto terminó aireándose en las páginas de la prensa bonaerense. En cualquier caso, sorprende, de manera especial en este segundo caso, como un hombre defensor de posturas ideológicas de carácter anarquista tuviera en cuenta de esa manera el honor social. Su obra nos muestra un compromiso con una clase "deshonrada" socialmente, cómo luchó por ellos y pidió una mejora de sus condiciones de vida, lo que le llevó en algunos casos a romper con toda una sociedad, y ser perseguido y expulsado.

Para Francisco Corral, "los bastonazos aplicados al duque fueron, en realidad, un verdadero vapuleo a toda una clase social atrincherada en sus bandidescos privilegios. ...Es indudable el germen anarquista del episodio del duelo" ("Estudio" 20). Pensamos que una interpretación más comedida de los duelos nos muestra una personalidad vehemente, impulsiva y comprometida hasta las últimas consecuencias consigo mismo, y con los demás, como luego se comprueba en sus artículos. Es más el reflejo de un hombre en quien "palabra y acción son dos pasos sucesivos y complementarios. Su obra literaria no se entendería sin su accionar idealista y resuelto" como afirma acertadamente el propio Corral ("Estudio" 10).

Barrett va camino de Buenos Aires en 1903 donde se dedicó al periodismo. En 1904 es enviado a Paraguay como corresponsal de El Tiempo para cubrir la revolución que allí se estaba produciendo. Su espíritu inquieto e impetuoso se vuelve a descubrir cuando se alista en las filas revolucionarias del general Benigno Ferreira y se queda en Asunción. Su primera ocupación será la de técnico en la Oficina General de Estadística y luego en los Ferrocarriles. Poco a poco, va introduciéndose en los ambientes intelectuales y periodísticos de Asunción.

En 1906 contrae matrimonio con Francisca López Maíz, Panchita, y deja su trabajo para dedicarse plenamente al periodismo y la agrimensura. De este contacto con el campo paraguayo nace la impresionante serie de artículos Lo que son los yerbales (1908) que publica en El Diario y donde denuncia las condiciones de esclavitud encubierta en las que vivían los trabajadores del campo. Estos artículos provocaron que la sociedad respetable de Asunción le rechazara.

El compromiso ideológico iba adquiriendo un fuerza y una forma contundente e inequívoca, lo que le llevó a ser encarcelado y deportado por el Coronel Albino Jara, quien depuso a Ferreira. En Uruguay, trabaja en el periódico La Razón de Montevideo, donde sí encuentra un ambiente propicio para sus inquietudes. Pero ya su tuberculosis empieza a ser demasiado patente y su amor al Paraguay hace que regrese a su tierra adoptiva y se recluya en el pueblo San Bernardino para reponerse. Es el año de 1910, sus fuerzas empiezan a debilitarse definitivamente y va a buscar ayuda a un hospital francés donde el innovador tratamiento, --inyecciones de agua de mar--, no consigue parar la enfermedad, muriendo en Arcachon el 17 de diciembre, a los treinta y cuatro años de edad.

La obra de Rafael Barrett presenta algunos problemas de orden textual al estar recogida su mayor parte en periódicos y revistas. Muchos de los libros de Barrett se elaboraron partiendo de los artículos, con lo cual dependía de la voluntad del recopilador, y tienen de manera general un valor antológico, aunque en 1943 se publicaran unas Obras Completas en tres tomos. Por Barrett sólo se ordenaron los libros Moralidades actuales, El terror argentino y El dolor paraguayo; los dos primeros vieron la luz en 1910, mientras que el último tiene un carácter póstumo en 1911.

Nos vamos a centrar en este trabajo en su libro El dolor paraguayo. Según Miguel A. Fernández este libro es "una revelación desgarradora de las condiciones del pueblo" (19). El hecho de escoger este libro entre todos los de Barrett tiene su origen en varias consideraciones; la primera es que vemos reflejado el profundo amor que sentía hacia el pueblo paraguayo; ese amor, esa preocupación por la gente del pueblo es una constante plenamente noventayochista, al menos tan significativa como las señaladas por Francisco Corral. Dos referentes claramente noventayochistas pueden ser citados en relación con esta obra; uno, Campos de Castilla de Antonio Machado y la preocupación del hombre integrado en la tierra, el otro, Miguel de Unamuno, a quienes pudo conocer personalmente, y su concepción de la intrahistoria. Estos dos aspectos, con las matizaciones precisas, se observan en el libro. No se trata de afirmar que se produzca un trasvase literal de estos autores a Barrett. Entre otras cosas la producción de Barrett es anterior a Campos de Castilla, pero sí es un punto de comparación ideológico donde se advierte como la preocupación por el pueblo se encuentra en ambos lados del Atlántico; aunque la obra de Barrett será siempre más denunciadora y menos poética.

Existe otra consideración, tal vez menos importante, que es la ordenación textual realizada por el propio Barrett. Es interesante intentar estudiar y averiguar los nexos y las motivaciones en la clasificación de los textos periodísticos.

Rafael Barrett encabeza la edición de El dolor paraguayo con la siguiente advertencia: "He entresacado de mi labor literaria de los últimos años los artículos referentes al Paraguay y aquí los he reunidos. Resígnese pues el lector a los defectos propios de semejantes recopilaciones".

La obra de Barrett en la edición de Corral y Fernández ocupa cuatro tomos donde se recogen los libros que él mismo preparó Moralidades actuales, sobre temas generales de pensamiento; El terror argentino sobre la realidad argentina y El dolor paraguayo sobre la realidad humana y social del Paraguay, que incluía la serie Lo que son los yerbales. Además los editores incluyen varios apartados más Mirando vivir sobre la actualidad internacional, Al margen sobre crítica literaria, artística y cultural y Del natural cuentos breves y escritos narrativos. Los editores consideran que la clasificación de los artículos que hiciera Barrett era aleatoria y no tenía unidad salvo en Lo que son los yerbales y El terror argentino, por lo cual su recopilación es también aleatoria. Es importante destacar que los artículos de todas las secciones se escribieron simultáneamente, que no existía un afán en principio de una escritura globalizadora, lo que hizo por otro lado tan difícil la edición de unas obras completas definitivas como las de Corral y Fernández con varios escritos inéditos.

Vamos a fijar nuestra atención en El dolor paraguayo, obra que dejó preparada Barrett para su publicación. Nosotros pensamos que la ordenación realizada por Barrett de sus artículos, donde no sigue un criterio cronológico, no tiene una lectura narrativa como artículos periodísticos que son, pero tampoco se escoge el orden de los artículos sin ningún criterio de selección. Veremos cómo se pueden agrupar en una cierta continuidad unos cuantos artículos, a otros, obviamente, al tratar un tema paraguayo concreto, ocasional si se quiere, es imposible encontrarles una relación con el todo. De esa continuidad se puede observar que la preocupación de Barrett por el Paraguay no era solamente afectiva sino que denuncia una y otra vez los temas que le preocupaban.

 

El dolor paraguayo consta en la edición de las Obras Completas de 56 artículos, cinco más que en la edición original de Barrett, probablemente inéditos y que han sido colocados al final del libro. Existen artículos de diversos años: dos de 1905, tres de 1906; veintidós de 1907 --la mayoría y los más combativos--, once de 1908, tres de 1909, tres de 1910 y dieciséis sin fecha y sin origen encontrado. Los diarios donde se publicaron los originales son varios, destaca como fuente mayoritaria Rojo y Azul con diecisiete artículos recogidos en sus páginas; Los Sucesos con diez; El Diario con seis; El Nacional y Germinal con tres cada uno; La Evolución con dos; y La Razón de Montevideo, El Cívico y un Boletín con uno respectivamente; además de los dieciséis sin datar. Si cualquier lector curioso realiza la suma notará que hay 60 artículos, cuatro más, esto es debido a que hay algunos publicados en varios días.

Se puede obtener como importante conclusión tras la revisión del índice que realiza de manera encomiable Miguel A. Fernández, que el afecto, el amor, el "dolor" que sentía Barrett por el Paraguay, sus gentes y sus problemas no era casual ni pasajero, sino que le acompaña durante toda su vida en aquel país desde su llegada en 1905 hasta su muerte en 1910, sin importar los periódicos en los que escribiera.

Nos es difícil admitir que una ordenación de textos realizada por el propio autor tenga como elemento de clasificación el azar. Es verdad que no estamos ante un texto narrativo y por tanto no hay un hilo conductor propiamente dicho y que es casi imposible averiguar cuáles son los motivos elegidos para la ordenación; pero existe un cierto orden en la colocación de los artículos, aunque sea, como es en este caso, el temático.

Los cincuenta y seis artículos que tiene el libro se pueden agrupar por el tema que se trata en ellos. Los primeros catorce artículos son aquellos que se ocupan de asuntos de la tradición popular paraguaya, la descripción de los paisajes, de las personas del pueblo y de las supersticiones y elementos más integrados en la mentalidad del pueblo. Destacan cinco artículos donde se refleja la unión del hombre y la naturaleza, y la explicación de los fenómenos superticiosos dentro de la cultura paraguaya y guaraní. Son los artículos "La poesía de las piedras", "Herborizando", "Las bestias-oráculos", "Sueños" y "Diabluras familiares"; estos artículos se escribieron en Rojo y Azul en números relativamente correlativos, los números 92, 93, 98, 99 y 100 del año 1908. Son los únicos los que tienen esa ordenación temporal en todo el libro. En este bloque de catorce textos primeros se observa una visión del Paraguay claramente afectiva, casi mítica y salvaje, es el Paraguay alejado del contacto con la civilización, donde la denuncia no está presente.

El resto de los artículos se puede dividir en varios bloques temáticos, como veremos a continuación. En casi todos ellos hay un componente crítico importante. Para Barrett, los males del Paraguay provienen en su mayoría del choque que supone la civilización burguesa, entendida como aquella que tiene los medios de producción económica, pero también como la que habita en la ciudad, y las clases populares, el pueblo que es explotado, utilizado e ignorado por los poderosos.

Hay una primera serie donde combate el abuso de los inocentes, de los locos, de los desheredados, "Hay 50.000 pesos oro para alojar un batallón. Para aliviar la suerte de los desheredados, locos o no, jamás habrá nada" (76). La infancia es uno de los temas que más preocupaban a Barrett quien opinaba que los niños eran la riqueza verdadera del Paraguay. Así arremete constantemente contra la explotación de los niños y su situación, "Y he visto a los niños, los niños que mueren por millares bajo el clima más sano del mundo, los niños esqueletos, de vientre monstruoso, los niños arrugados, que ni ríen ni lloran, las larvas del silencio" (77). Reclama junto a la queja desoladora de la situación de la infancia en el país, "Aquí los niños no lloran: gimen o se lamentan. No ríen, sonríen" (84), una mejora en la educación a veces con un contenido utópico, "cien maestros, cien hombres de corazón, capaces de ser estimados por los niños, y resueltos a sembrar en las almas auroras del germen de la sinceridad y de la libertad" (82).

Los últimos treinta artículos son, en su mayoría, una denuncia de la violencia del estado y de la burguesía sobre el pueblo y los trabajadores. Así critica la guerra que se plantea desde la capital pero donde combate el pueblo y el campesinado sin conocer casi nunca los motivos de la lucha, "Es preciso declarar infame la agresión internacional, más infame que cualquier otra, porque se hace víctima de ella a miles de seres inocentes que sucumben sin saber por qué. [...] Amemos a los pueblos, aborrezcamos a los gobiernos" (Barrett 118), donde se observa los planteamientos anarquistas que iluminan gran parte de sus artículos, en especial los de este bloque.

Otra situación contra la que clama en varias ocasiones son los prestamos internacionales que arruinan al Paraguay y no crean en ningún caso riqueza, nada más que para unos cuantos, "Habrá que pagar bastante más de lo recibido, y, como siempre, unos recibirán y otros pagarán. Recibirá el rico y pagará el pobre" (Barrett 97). Cercano a estos artículos se encuentran aquellos donde acusa a los empresarios de la explotación de los obreros y la vejación a la que se ven sometidos, "No trabajo porque no hay esperanza. Nada me seduce más que escapar de este mundo por una puerta cualquiera: alcohol, juego, lujuria, contemplación, sueño, muerte" (Barrett 101).

Dentro de esta serie de artículos se encuentran aquellos en los que se critica el poder político que favorece la corrupción, el despotismo, la tortura sin que ofrezcan ni esperanzas ni soluciones, "No hay más que una amistad posible con los poderosos: la esclavitud. Los tiranos antiguos la sellaban con sangre; los modernos acaparadores, de casi todas las naciones civilizadas, la sellan con oro: algunos, tontamente románticos, amordazan el pensamiento. Violentan las ideas, mil veces más preciosas que el oro y la sangre" (Barrett 115); también critica a una sociedad adormecida que ha perdido su capacidad de reacción, pero que debe cambiar, "Es forzoso desinfectar la generación presente, y educar la generación venidera en el alejamiento de la política y en el desprecio del poder" (Barrett 111).

En cualquiera de los casos, desde la descripción del Paraguay selvático, mágico, desde la denuncia de la situación de la infancia o en sus textos que herían y gritaban contra los mecanismos del poder y del estado, Barrett amaba al Paraguay, y por ese amor sufrió cárcel, exilio; "Oídme. Yo hablé aquí cuando callabais, yo callé en el destierro, yo no arrojé contra el Paraguay, desde seguro, mi puñado de lodo. Yo he vuelto a vuestra tierra y no puedo sufrir que la ensangrentéis de nuevo. Os digo a los de dentro y los de fuera. Tened piedad. ¿Estáis ciegos?. ¿No veis estas mujeres escuálidas, estos siervos con hambre, esta carne desnuda, estos niños tristes?. ¡Si conocierais los países donde los niños ríen y juegan!" (Barrett 131).

Ideológicamente, los escritos de Barrett se podrían encuadrar dentro del anarquismo más formalista con la eliminación del estado y sus elementos, "Un buen médico, un buen ingeniero, un buen músico, he aquí algo mucho más importante que un buen presidente de la República" (Barrett 108), la supresión de los elementos represivos del poder como el ejército y la tortura, "Si la guerra nos es aún necesaria, es que todavía estamos malditos. La guerra en sí es odiosa, y sobre todo la guerra moderna. No nos extrañemos de la facilidad con que el sable, en tiempos de paz se convierte en látigo de Oblolensky" (Barrett 121). Pero este anarquismo literario pasa en Barrett por distintas posturas y así se pueden encontrar párrafos que incitan a la violencia contra todo símbolo de opresión, "Jamás leemos en los diarios uno de esos buenos homicidios que refrescan el alma; uno de esos casos en que la víctima se vuelve verdugo, y el verdugo, víctima. Se matan, cuando han bebido, pero entre iguales. Borrachos y todo, no se les borra el tradicional respeto al padre jesuita, luego al delegado del dictador, luego al sargento del mariscal, ahora al patrón y al jefe político, siempre al tirano o tiranuelo, grotesco señor feudal en cuyo blasón no hay más armas que el látigo" (Barrett 99), hasta un anarquismo cercano a la solidaridad internacional obrera de espíritu comunista, "No son los que se pavonean y gozan, sino los de abajo, los que trabajan, sueñan y sufren, son los que realizarán la fraternidad humana" (Barrett 117), sin olvidar ciertas reflexiones cercanas al socialismo utópico, "Acudir siempre a las fuentes fundamentales de riqueza y trabajarlas sin desmayo.[...] ¡Bendita crisis descentralizadora! ¡Caballeros elegantes y tronados, id a rascar la tierra fecunda! ¡Señoras empolvadas, no contempléis más tiempo los figurines de Buenos Aires; id a criar gallinas! La tierra nos salvará, la tierra en que retoñan las razas" (Barrett 94). En Barrett, el esfuerzo individual es necesario, e imprescindible para la salvación colectiva, en especial el estudio que iguala, "No basta ser hijo o reputarse hijo de doctor para ser doctor. He aquí una gran conquista de los tiempos.[...] Es humillante la corona adquirida por el hecho de haber nacido; al lograr el honor en virtud del propio esfuerzo, introducimos en nuestra existencia la lógica, la unidad indispensable a los bellos destinos.[...] Dichoso el día en que ni la fortuna ni la miseria se hereden" (Barrett 127-8).

Para Roa Bastos el anarquismo de Barrett tiene un componente redentorista, "En él, las ideas políticas, su pensamiento, sus intuiciones y premoniciones acerca de la transformación de la sociedad, confluyen, se entrelazan y se identifican plenamente con los sentimientos de un humanismo redentorista, mucho más cercano Barrett, en esto, a Tolstoi que a un Kropotkin o a un Bakunin" (26). Para Francisco Corral el anarquismo de Barrett es "algo mucho más serio, más profundo y también más eficaz y temible que los explosivos" (El pensamiento 261); además según el mismo autor se puede observar en su ideología anarquista una evolución "desde un individualismo radical en el que confluyen tanto rasgos vitalistas e irracionalistas de cuño nietzscheano como elementos de un liberalismo competitivo e insolidario, hasta llegar a un anarquismo solidario y altruista plenamente asumido, lo que no es un caso precisamente común entres sus contemporáneos noventaiochistas" (El pensamiento 121).

La conciencia de Barrett, su implicación en el esfuerzo colectivo del Paraguay, en el amor al Paraguay como veíamos anteriormente, le obliga a ser crítico consigo mismo; "¿Y yo qué soy? El caballero andante de los pobres...¡Ah! El apóstol bien abrigado, bien alimentado, en su cómoda vivienda; el rebelde que se permite el lujo de cantar las verdades a los jueces y que no consigue correr riesgo alguno; el feliz revolucionario que tiene amigos en la policía y mira desde la ventana al lamentable ejecutor del código, al esclavo con casco y machete y polainas [...] Y sin embargo, humillados y a ciegas, nos es preciso seguir luchando, y hacernos la ilusión de que nuestra vida no es completamente inútil" (Barrett 106-7).

Como todo escritor comprometido, Barrett se enfrenta a la tesitura de sus propias palabras, a la utilidad de su obra. Los lectores reales de Barrett no eran los lectores ideales, él escribe para un pueblo inculto y para un pueblo por concienciar. Los editores Corral y Fernández cierran con evidente acierto El dolor paraguayo con un inédito en la versión original "No mintáis" que concluye con el siguiente párrafo: "Y dejadnos hablar a los que sufrimos, a los enfermos, sí, a los que hemos conocidos el hospital y la cárcel. Pero no escribo para vosotros, sino para aquellos de mis dolientes hermanos paraguayos que han aprendido a leer" (Barrett 142).

La preocupación de Barrett por sus lectores ideales y no los reales no le impide que continúe escribiendo en los periódicos. En este sentido, la obra de Barrett es bastante precaria al ser el diario el único medio de difusión de la misma y su recopilación en posteriores libros. Su obra fue poco conocida en comparación con la de otros escritores que pudieron desarrollar su labor en mucho más de los escasos siete años de Barrett.

Cuando desembarca Barrett en América es el momento del modernismo literario y también del nacimiento de los grandes periódicos donde se cobijaron muchos escritores. José Olivio Jiménez describe la situación con precisión: "El progreso económico de los países más adelantados de Hispanoamérica al favorecer la aparición de los grandes periódicos, como se dijo, les dio entrada a ese mercado, al menos como escritores, y devinieron en "cronistas", asegurándose así el nivel mínimo de subsistencia que les permitiera continuar paralela y a veces casi secretamente el ejercicio de su labor poética" (545). Muchos fueron los escritores que realizaron esta labor periodística, Martí, Darío, Nervo, Urbina, Casal, Gutiérrez Nájera y como el mayor exponente Enrique Gómez Carrillo. Entre todos ellos inaguran la crónica en Hispanoamérica como género literario. En esta lista de precursores Barrett tiene un puesto; sin embargo, como ocurre en tantas ocasiones, una labor exclusivamente periodística limita el acceso a cualquier gloria literaria.

Si esa obra truncada prematuramente por la muerte le negó un reconocimiento posterior, no le impide que sea una obra vinculada a América y en contacto, que no es casual sino fruto de la observación permanente de Barrett, con la novelística del siglo XX. Así la novela indigenista donde se narran la explotación del pueblo indígena, como sucede en la obra de Icaza, se acerca a la defensa constante que realiza del pueblo guaraní y de su lengua que Barrett emplea en algunos artículos con la inclusión de frases o léxico guaraní. También se pueden encontrar relaciones entre la novela de la selva y varios de sus artículos. La novela que más se le aproxima es sin duda La vorágine de José Eustasio Rivera donde la descripción de los caucheros recuerda en ciertos momentos, y salvando las distancias que supone la narración y el periodismo, a la descripción de los yerbales paraguayos.

Hemos ligado a Barrett con el Modernismo americano; al principio lo uníamos a la Generación del 98. Probablemente, lo correcto sea separarlo de los dos grupos y al tiempo vincularlo a los dos. Su formación es noventayochista pero su desarrollo es modernista, en cuanto que el Modernismo es el movimiento literario que recorre la América hispana de principios de siglo. Como en otros aspectos la brevedad de la obra de Barrett impide una definición precisa de la misma. Es cierto que los cuentos breves recogidos en Del natural tienen un cierto aire de brillantez y sonoridad modernista en su estilo, aunque también mezcle rasgos naturalistas como su título indica. Pero El dolor paraguayo tiene una escritura distinta.

El dolor paraguayo está escrito con una sintaxis precisa, clara, exacta donde la estructura tiende a seguir el orden lógico con el sujeto oracional en primer lugar. Los periodos oracionales son largos con tendencia a la subordinación en infinitivo. La enumeración y la repetición de carácter efectista también son frecuentes, aunque no se pretenda alcanzar ni la musicalidad ni el colorismo propio de una estética modernista, pero sí la precisión descriptiva, "Tiene los ojos negros, chicos, iluminados; le deben llamar loco porque mira cara a cara, con intensa plenitud. Dientes sólidos, apretados como una barricada; labios largos y movibles, mejilla enjuta; pelo salvaje. Un tórax de gorila y altas piernas. Camiseta y pañuelo al cuello (nada de política), bombachas" (Barrett 51).

Los sustantivos suelen ir acompañados de adjetivos o de adjetivos de discurso, pero sin buscar resultados brillantes, sino pretendiendo alcanzar la mayor matización posible, "Os sentaréis en un pedazo de madera, beberéis agua fangosa en una calabaza, comeréis maíz cocido en una olla sucia, dormiréis sobre correas atadas a cuatro palos" (Barrett 77). Las palabras son utilizadas con habilidad buscando siempre la exacta y causando a veces diferentes contrastes por el empleo de diminutivos y otros recursos, así como el alejamiento semántico entre los distintos sustantivos, "Una niña morena y humilde se acercó trayendo el famoso coñac en una bandeja, flanqueado de copas diamantinas. La criadita tropezó, y botella y copas se hicieron añicos. El doctor, olvidándose súbitamente quién era, se levantó y descargó su manaza de carretero en la morena carita de la niña asustada. Contemplé marcadas de sangre las cinco uñas de la zarpa, y comprendí que no sólo hay inteligencia en X, sino emociones naturales. Es un intelectual completo" (Barrett 73).

Esa ironía que se observa en el fragmento anterior es otra característica estilística de Barrett que tiene tendencia a finalizar sus artículos con párrafos ahora moralizadores, ahora irónicos, pero siempre con palabras que dejan en la memoria la esencia de lo dicho, de lo criticado. De hecho, muchos de los textos citados en este trabajo pertenecen a esos últimos párrafos comprometidos e intranquilizadores.

Roa Bastos escribe que Barrett inaugura la literatura moderna paraguaya, "en el Paraguay, la influencia de Barrett es mucho más definida y reconocible. Puede decirse que sus escritos constituyen el hito inicial de una literatura como actividad distinta a la de la simple producción historiográfica, predominante hasta entonces" (30). Su influencia no es mayor en toda Hispanoamérica debido a una obra inconclusa, donde estilo literario y vigor ideológico hubieran creado uno de los corpus textuales más interesantes del continente americano.

José María Fernández Vázquez.

Bibliografía de obras citadas

  • BARRETT, Rafael. Obras completas. Tomo I. Asunción: RP Ediciones, 1988.
  • CORRAL, Francisco. El pensamiento cautivo de Rafael Barrett. Crisis de fin de siglo, juventud del 98 y anarquismo. Madrid: Siglo Veintiuno España, 1994.
  • CORRAL, Francisco. "Estudio Introductorio". Rafael Barrett. Obras completas. Tomo I. Asunción: RP Ediciones, 1988.
  • FERNANDEZ, Miguel Angel. "Introducción". Rafael Barrett, Obras Completas. Tomo IV. Asunción: RP Ediciones, 1988.
  • LIDA, Clara E. "Literatura y anarquismo". Nueva Revista de Filología Hispánica 19 (1970): 360-381, 364.
  • OLIVIO JIMENEZ, José. "El ensayo y la crónica del modernismo". Historia de la Literatura Hispanoamericana. Tomo II. Madrid: Cátedra, 1987.
  • ROA BASTOS, Augusto. "Prólogo". Rafael Barrett, El dolor paragaguayo. Cáracas: Biblioteca Ayacucho, 1978, págs. 9-33.

[Ficha bibliográfica de su publicación original: José María Fernández Vázquez, "El periodista Rafael Barrett y El dolor paraguayo". Cuadernos Hispanoamericanos. 547 (1996): 89-100.]

 
© José Luis Gómez-Martínez
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