José Enrique Rodó
 
 
"Las 'moralidades' de Barrett"
 
Su libro no es nuevo para mí, porque hace muchos meses que cada día doblo una página de él en la lectura de La Razón. Y como mi memoria es buena para las cosas que me impresionan bien, puede decirse que dentro de mi existía ya un ejemplar de sus Moralidades, antes de que usted las hiciera reimprimir; y un ejemplar más completo que los que se encuentran en las librerías, porque no le faltan páginas que en éstos he buscado en vano.

Yo no sé si tengo derecho a envanecerme de haber contribuido a aumentar el número de sus lectores; pero, en cuanto a la intención, hace tiempo que, apenas tropiezo con persona a quien se pueda pedir este género de albricias, le pregunto, venga o no a cuento: -"¿Lee usted La Razón?... ¿Se ha fijado usted en unos artículos firmados por R. B.?"... Y cuando me contesta negativamente, me doy el placer, entre vanidoso e interesado, del que revela, a otros que también lo son, dónde pueden gustar una ignorada golosina; y cuando me contestan afirmativamente, el placer consiste en la fruición del comentario acorde y entusiástico.

Ha enaltecido usted la crónica, sin quitarle amenidad ni sencillez. La ha dignificado usted por el pensamiento, por la sensibilidad y por el estilo. Hay cronistas de fama europea que, escribiendo fuera del bulevar, no tendrían nada interesante que decir a nadie, y que, aun escribiendo desde el bulevar, son incapaces de comunicar a una página más que el interés de la novedad que cuentan y comentan. Usted escribe desde una aldea de los trópicos, y para el público de Montevideo, y, devolviendo en impresión personal los ecos tardíos de lo que pasa en el mundo, produce cosas capaces de interesar en todas partes y siempre porque tienen una soberbia fuerza de personalidad.

Su crítica es implacable y certera; su escepticismo es eficaz, llega a lo hondo; y sin embargo, la lectura de esas páginas de negación y de ironías hace bien, conforta, ennoblece. Y es que hay en el espíritu de su ironía un fondo afirmativo, una lontananza de idealidad nostálgica, un anhelante sueño de amor, de justicia y de piedad, que resultan más comunicativos y penetrantes así, en el tono de una melancolía sencilla e irónica, que si se envolviesen en acentos de entusiasmo y de fe, o de protesta declamatoria y trágica. Su actitud de espectador desengañado, en el teatro del mundo, tiene toda la nobleza del estoicismo, pero con más una vena profunda de caridad.

... Y nada de vulgar en la intención ni en la forma, ni en la manifestación de la vasta cultura intelectual, que se percibe en la base, en el sustentáculo de lo escrito, y nunca en apariencia inoportuna u ostentosa.

Una de las impresiones en que yo podría concretar los ecos de simpatía que la lectura de sus crónicas despierta a cada paso en mi espíritu, es la de que, en nuestro tiempo, aun aquellos que no somos socialistas, ni anarquistas, ni nada de eso, en la esfera de la acción ni en la de la doctrina, llevamos dentro del alma un fondo, más o menos consciente, de protesta, de descontento, de inadaptación contra tanta injusticia brutal, contra tanta hipócrita mentira, contra tanta vulgaridad entronizada y odiosa, como tiene entretejidas en su urdimbre este orden social transmitido al siglo que comienza por el siglo del advenimiento burgués y de la democracia utilitaria.

Otras dudas y preocupaciones más hondas que las relativas a determinado orden de la sociedad, porque tocan lo esencial y permanente de las inquietudes humanas, remueve también en el espíritu el contacto fugaz de esas páginas, aparentemente ligeras. Es una inagotable excitación para pensar ese idearium, inconsecuente y errabundo, como la vida misma, que componen sus crónicas...

José Enrique Rodó

(Carta abierta a Rafael Barrett con motivo de la publicación de su libro Moralidades actuales (1910). Texto publicado como apéndice en Rafael Barrett. Lo que son los yerbales paraguayos. Montevideo: Claudio García, 1926. Recogido en Obras completas de Rafael Barrett. Asunción: RP-ICI. 1988-90. Vol. IV, p. 343; y en José Enrique Rodó. Obras completas. madrid: Aguilar, 1967, pp. 653-654. Edición digital para Proyecto Ensayo Hispánico de Francisco Corral Sánchez-Cabezudo. Instituto Cervantes)

 
© José Luis Gómez-Martínez
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