Celia Peris Peris

Rosario Ferré:
La redefinición de la literatura infantil a través de
"Amalia", "El regalo" y "la muñeca menor"

ROSARIO FERRÉ O LA CREACIÓN DE UN ESTILO:
LO FEMENINO COMO SUPERVIVENCIA Y RECLAMO SOCIAL DE UN ESPACIO

 

“…no existe un estilo femenino, diferente al de los hombres, porque la literatura, como lenguaje y como forma, no tiene sexo.

…[L]a literatura femenina difiere de la literatura masculina en cuanto a los temas que la obseden. …[L]a literatura femenina es mucho más subversiva que la literatura de los hombres, porque a menudo se atreve a bucear en zonas prohibidas, vecinas a lo irracional, a la locura, al amor o a la muerte; zonas que en nuestra sociedad racional, productiva y utilitaria resulta peligroso reconocer que existe. (Heinrich 98-99)

 

El siglo XX nos ha dejado un gran número de escritoras que buscan abrirse paso con una voz propia. Latinoamérica ha sido la cuna de grandes autoras que crean su espacio dentro del ámbito tradicionalmente asociado al hombre. Con un nuevo lenguaje, no por femenino sino por individual, escritoras como Cristina Peri Rossi, Albalucía Ángel, Isabel Allende o Rosario Ferré han construido una voz propia que reclama su lugar en la historia fuera de privilegios de género y más como el derecho ganado a ser escuchadas y tenidas en cuenta.

Cristina Peris Rossi, nacida en Uruguay pero desde 1972 exiliada en España, identifica dos temas principales en su producción de acuerdo con el interés de los críticos, estando ambos relacionados con el tema de la localización: la noción de “universalidad” y su actual situación de exiliada en España. Esta escritora uruguaya habla de “lo universal” en los siguientes términos: “Lo universal sigue siendo varón, europeo y blanco, quiere decir que las mujeres en último término o son fantasías de los hombres o no existen todavía […] Y como la literatura la han hecho los hombres, nos encontramos frente a un universo de fantasías masculinas”. Esta exposición de “lo universal” como algo a lo que la mujer no pertenece porque el discurso utilizado es aún el masculino es revisado en la obra completa de Rosario Ferré pero más concretamente en su cuento “El regalo” a través de protagonistas femeninas que viven en un universo femenino ( el colegio El Sagrado Corazón es sólo para mujeres) que no representan lo europeo, más allá de esto, lo desafían y reivindican lo puertorriqueño a través del personaje de Carlota Rodríguez, la primera alumna mulata en ser aceptada en dicha institución.

Otra de las autoras importantes del siglo XX en Latinoamérica es Albalucía Angel. Nacida en Colombia pero también exilada tanto en Europa como en Estados Unidos, también ella dedica su obra, o gran parte de su temática, a la exploración de su Colombia vista desde fuera: “I talk about Colombian politics, about the history of my country, but as viewed from the outside” (Lindsay 79). Como Peri Rossi, Angel “claims that from an early age she rebelled against familial expectations and cultural conventions. Indeed, it seems to have been precisely her opposition to such conventions that led her to leave the country” (Lindsay 80).

Como Ferré, la lucha de Angel también recae en gran parte en su deseo último de liberarse de las ataduras que el contrato social en el que nacemos y que nunca firmamos impone en cada ser humano y, específicamente, en la mujer. Como Delia V. Galván apunta “Albalucía Angel rompe con el canon para proponer nuevas formas del discurso literario” (Galván 163). Y la manera en la que rompe el canon la lleva a redefinir el discurso patriarcal:

One of the principal features of Angel’s narrative production is her tendency to employ a poyphony of femenine narrative voices that replace the presence of a single tradicional masculine narrador. She represents, through these voices, the women’s control over their lives and their right to be recognized as individuals and not as a homogeneous grouping. For this reason, she has developed experimental narrative forms in which she undermines punctuation and spelling as a means of transgressing the masculine traditional canon. Angel’s works display one of the new thematic tendencies of the Latin American narrative to depict literature as a mirror of reality. In fact, she creates a subversive discourse based in the questioning of gender. (Oscar A. Díaz-Ortiz 1)

La ruptura con el canon, por lo tanto, consiste en la búsqueda y encuentro de una manera personal de escribir, de un método que separe a la mujer del discurso patriarcal que la relega a decir lo que quiere decir pero en la manera en la que el hombre y la tradición literaria eminentemente masculina ha decidido que se ha de decir.

Por último, Isabel Allende es otra de las destacadas que este siglo XX nos ha ofrecido. También preocupada por el tema de la mujer como ser independiente y cercana a Ferré en su interés por el lenguaje, la palabra y su poder casi sanador como demuestra en su cuento “Dos palabras”, Allende se centra en el amor romántico y el la felicidad como resultado de su consecución. A pesar de que la fama de esta escritora chilena viene de novelas como Paula, De amor y de sombra o La casa de los espíritus, es importante remarcar que una parte importante de su trabajo está dedicada a narraciones breves tales como Cuentos de Eva Luna (1990). En ellas, como en su obra en general, Allende busca reflejarse en lo que escribe, expresarse y ser a través de sus escritos desafiando el discurso impuesto que tiene que género masculino: “Estoy dispuesta a desafiar el discurso literario masculino, que teme cualquier asomo de sentimentalismo como una subversión en el orden sagrado de la razón y del buen gusto. No pienso eludir los sentimientos, aunque para ello tenga que ir del brazo de la cursilería” (Fowler 139).

Junto a estas mujeres, y muchas otras que destacan en este periodo marcado específicamente en Puerto Rico por la generación de los 70 a la que Ferré pertenece, la autora boricua crea también un mundo propio en el que desarrolla su literatura tanto de localización: ella en Estados Unidos, ella en la isla pero siempre ella sobre Puerto Rico, como de desafío al canon femenino. Con las autoras anteriormente nombradas, Ferré comparte el haber vivito en un lugar diferente al que nació, en una cultura diferente que le proporciona una nueva visión de su propio origen.

Es, por ejemplo, el caso del exilio que Cristina Peri Rossi representa en su obra La nave de los locos:

[…] una muchacha que, poco antes de suicidarse, vaga por las calles de Nueva York con un cartel en el que está escrito: ‘Me siento muy sola. Por favor, hable usted conmigo’ (70). Se trata de un gesto desesperado, de una búsqueda de la comunicación y la humanidad de que carece la gran ciudad. Esta muchacha representa la exiliado, a la persona completamente sola, desnuda, ajena al mundo que le rodea, incapaz de sobrevivir sin ayuda. (María D. Blanco-Arnejo 441)

También con estas otras escritoras comparte el deseo de romper, como Ángel, con la sociedad patriarcal, buscando en todo momento la realización personal a través de la fidelidad al deseo personal. Como Oscar A. Díaz-Ortiz indica en su artículo sobre Albalucía Marulanda Angel , esta autora busca: “An analysis of woman’s reality, her silence and her desire to raise the female voice against the masculine word […]”(1)

Sin embargo, además de estas conexiones con otras autoras del periodo pero de países latinoamericanas diferentes, no debemos olvidar que Ferré es una escritora eminentemente puertorriqueña y que esta circunstancia junto al hecho de pertenecer a la generación de los 70 tan importante en la literatura de la isla, la forman como creadora. Una de las características de la generación de los 70 que se dedica a la literatura en Puerto Rico es el interés por el cuidado del lenguaje, por la exposición de las ideas y su desarrollo. Interés especial en este aspecto tiene Rosario Ferré quien mantiene una lucha social y literaria constante por el reconocimiento del lenguaje como algo no marcado sino “utilizado” de maneras diferentes por personas, que no diferenciando hombres y mujeres, diferentes. En su continuo deseo de una defensa personal pero hacia lo colectivo de la literatura femenina como un ente, una realidad con valor propio e independiente del sexo de la creadora, Ferré se acerca a movimientos e ideas expresadas en la Europa de Virginia Woolf[1] o Simone de Beauvoir[2] quienes hablan de ser y crear con independencia de los estrechos principios masculinos que infravaloran la literatura escrita por mujeres.

“El secreto de la escritura, como el de la buena cocina, no tiene absolutamente nada que ver con el sexo, sino con la sabiduría con que se combinan los ingredientes” (Sitio 33). Con esta afirmación, Ferré asocia el proceso de creación a capacidades humanas y no asociadas a uno u otro género defendiendo, con una metáfora que muchos podrían encontrar irónica y básicamente femenina, la capacidad del ser humano de crear más allá de convencionalismos que, al fin y al cabo, no son más que el resultado de una historia fundamentalmente machista.

Esta redefinición de lo que es el escribir, el erigir textos, llega hasta la explicación de lo que, en definitiva, ella misma es en relación a dicha actividad: “ella misma se llama a sí misma “cuentista” en lugar de “escritora” porque dice que cuentista tiene solamente una forma para hombres y mujeres mientras que escritora claramente refiere a una mujer” (Sololiteratura 4)

Así, siguiendo esta profunda creencia del ser humano como uno y su posibilidad de ser e inventar más allá del sexo, Ferré impregna sus obras de un continuo deseo de hablar de la mujer como reivindicación, de lo femenino en Puerto Rico y de lo puertorriqueño en lo femenino, siempre con imágenes cuidadas, en muchas ocasiones con un surrealismo bello y un compromiso social inevitable.

A pesar, sin embargo, del enlace con Woolf y Beauvoir en su defensa de la mujer, Ferré desarrolla un estilo propio que la aleja de ambas en ocasiones como en el caso de “La muñeca menor” sobre la que ella misma afirma:

Había traicionado a Simone [Beauvoir], escribiendo una vez más sobre la realidad interior de la mujer, y había traicionado a Virginia [Wolf], dejándome llevar por la ira, por la cólera que me produjo aquella historia. […] Han pasado diez años desde que escribí “La muñeca menor”, y he escrito muchos cuentos desde entonces; creo que ahora puedo objetivar con mayor madurez las lecciones que aprendí aquel día. Me siento menos culpable hacia Simone y hacia Virginia, porque he descubierto que, cuando uno intenta escribir un cuento (o un poema, o una novela), detenerse a escuchar consejos, aún de aquellos maestros que uno más admira, tiene casi siempre como resultado la parálisis de la lengua y de la imaginación. (Ferré, “La cocina de la escritura” 5)

Es esta personalidad la que no abandona para sus cuentos “Amalia”, “El regalo”y “La muñeca menor” que no son excepciones dentro de este cuidado estilo de Ferré. Entre los rasgos que la caracterizan, encontramos aspectos como el surrealismo que considera parte necesaria e importante dentro de su obra en su constante intento de crear belleza más allá de la realidad. Ferré siente la necesidad de reflejar la influencia del inglés en la lengua del puertorriqueño. Busca lo híbrido que marca y resume la personalidad social e histórica de la isla o la misma utilización de metáforas cuidadas en la presentación de la infancia como caricatura y microcosmos de la sociedad de una isla que se encuentra en medio de una dualidad maravillosamente terrible, que agrada a unos y asusta a otros.

“En realidad, tengo mucho que agradecerle a la palabra. Es ella quien me ha hecho posible una identidad propia, que no le debo a nadie sino a mi propio esfuerzo”m (Ferré, “La cocina de la escritura” 1)

Y su obra puede, en todo momento, considerarse un homenaje que ella hace a la palabra, a su fuerza y a la oportunidad que le da de expresarse como un ser independiente., que escribe sobre su realidad desde su propia perspectiva: la de una puertorriqueña de clase alta que escribe sobre los tópicos sociales en los que se ve inmersa:

Sus libros impresionan por el ardor (a veces febril) de su mundo interior, su lúcida visión del mundo social de su país y la continua invención del lenguaje con el que los explora. Es evidente para el lector que Ferré no escribe por placer y menos por hábito, sino por una urgente necesidad; no tanto con su razón sino con sus vísceras. (Oviedo 272)

Entre las características anteriormente nombradas, en primer lugar me centraré en la vertiente surrealista de la obra de Ferré.

Si partimos de la consideración de dicho movimiento como un intento de liberación de ser humano de sus propias represiones pero también de las represiones que la sociedad burguesa le impone a través, básicamente, de sus modelos de estado, Rosario Ferré debe entenderse en parte como una cuentista que busca dicha liberación tanto para ella misma como para la sociedad en la que ha sido criada: la puertorriqueña, a través de imágenes surrealistas como la que encontramos al principio de “Amalia”: “rodeada de golpes de sábana y aletazos abandonados que dan vuelta a mi alrededor, sudando caballos blancos y gaviotas que vomitan sal.”(720) De esta manera, el cuento en general de Ferré y más concretamente “Amalia” representan la búsqueda de lo surrealista, de lo onírico como manera de acercarse a lo infantil, de apelar a la imaginación de los niños y niñas a través de la irrealidad que tanto captura la atención de los pequeños pero, también, y como ocurre en el Realismo mágico, de evidenciar más claramente los problemas de una sociedad puertorriqueña que se encuentra entre lo estadounidense y lo boricua, entre la feminidad de las isla y la marginación que de este elemento femenino se hace.

En este mismo caso se encuentra una de las citas que utiliza Ferré en “La muñeca menor” para describir la fuerza incontenible del mar que acabará introduciéndolo en el cuerpo a “la vieja tía” la chágara que tanto la marcará para el resto de su vida: “De joven se bañaba en el río, pero un día en que la lluvia había recrecido la corriente en cola de dragón había sentido en el tuétano de los huesos una mullida sensación de nieve.” (Oviedo 276)

El texto [“La muñeca menor”] comienza como una típica crónica familiar, que describe costumbres y ritos domésticos como formas consagradas por viejas tradiciones pero culmina con una escena sorprendente: todo se traslada a un plano de fantasía o alegoría que supone la violenta destrucción de las reglas de moralidad aceptadas sin discusión (Oviedo 273).

Esta imagen a la que Oviedo se refiere en la cita anterior es un ejemplo claro del surrealismo en el que se apoya frecuentemente Ferré: “Entonces la muñeca levantó los párpados y por las cuencas vacías de los ojos comenzaron a salir las antenas furibundas de las chágaras” (Oviedo 282).

Sin embargo, estas imágenes surrealistas no ocultan la realidad cotidiana que Ferré convierte en eje de las historias que escribe, es más, el surrealismo que desarrolla esporádicamente acrecienta el sentido de lo cotidiano que Ferré imprime a sus obras.

El surrealismo, además, no se queda en el lenguaje o en las imágenes utilizadas por la autora puertorriqueña sino que también parte del mensaje lo dibuja con acontecimientos o situaciones que van más allá de la realidad. Es el caso de “La muñeca menor” cuento cuyo eje y base para el posterior desarrollo de la historia viene de un contexto no posible: una chágara se introduce en la pierna de una joven y, a partir de entonces, jamás podrá librarse de ella. Este tema no es nuevo en la literatura latinoamericana ya que en “El almohadón de plumas” Horacio Quiroga ya trataba la posibilidad de ser destrozada, aunque esto no conlleve la muerte inmediata en el caso de “La muñeca menor” por una alimaña que se introduce en el cuerpo de la protagonista:

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente, Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó la funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron y la sirvienta dio in grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós: - sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca. Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca – su trompa, mejor dicho – a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. (4)

Surrealistas también son los aspectos que rodean el castigo que Merceditas Cáceres recibirá por haber escondido un mango que Carlota, su amiga mulata en la escuela, le regala. A partir de entonces, un horrible olor la perseguirá por los pasillos del Sagrado Corazón:

Fue para aquellos días que Merceditas comenzó a percibir un olor extraño, al desplazarse por los interminables pasillos del colegio. […] El olor no era parejo sino desigual, y la alcanzaba en los momentos más inesperados cuando menos se le ocurría pensar en ello. Carlota también lo había notado, y le había preguntado a Merceditas si tenía alguna idea de su procedencia sin que ella hubiese podido dar una solución. Ambas amigas habían estado de acuerdo, sin embargo, en que su estela parecía más fuerte al encontrarse cerca de alguna monja, como si el olor tuviese misteriosamente algo que ver con las lúgubres emanaciones de sus velos. (Ferré, “Maldito amor” 114)

Ferré nos habla de una situación irreal dentro del desarrollo de la vida típica de cualquier colegio de monjas. Así, este surrealismo destaca dentro de la mediocridad cotidiana al que se ven sometidas, no sólo las estudiantes del Sagrado Corazón, sino todos y cada uno de sus protagonistas. Es, por lo tanto, una manera de hacer lo rutinario más monótono y lo imaginario más fantástico.

Este interés por lo no real, por la creación de mundos fantásticos dentro del más cotidiano de los mundos puertorriqueños le viene, como ella misma admite en “La cocina de la escritura” por dos razones básicamente:

Por el curioso escepticismo que a menudo descubro, entre el público en general, en cuanto a la existencia de la imaginación […] La dificultad para reconocer la existencia de la imaginación tiene en el fondo un origen social. La imaginación implica juego, irreverencia ante lo establecido, el atreverse a inventar un posible orden, superior al existente, y sin éste juego la literatura no existe. Es por esto que la imaginación (como la obra literaria) es siempre subversiva. (9)

Ferré juega con la imaginación para crear mundos que desafíen y denuncien la realidad con la que siente en enorme compromiso social, la realidad del Puerto Rico que se mueve entre una burguesía dominante y la marginación de la mujer como ser de segunda clase, como adorno social. El lenguaje, por lo tanto, como instrumento para la creación de paraísos (surrealistas, obviamente) que dejen al descubierto la necesidad de superar una realidad que clasifica, ignora y mantiene la tradición más como escudo para la reproducción de la ideología dominante que como nostalgia o recuerdo del pasado.

Pero el escape de la realidad de Ferré no es constante, sólo esporádico e ilusorio y más bien puede considerarse una pequeña ventana que ella abre a un medio en el que se mueve que no la satisface y contra el que se rebela. Es este medio el que defiende y representa continuamente en sus obras: el Puerto Rico de las dos culturas o, mejor dicho, la isla de la fragmentación cultural. Este aspecto no lo olvida, claramente, en la temática pero tampoco lo aparta a la hora de decidir cómo transmite lo que quiere decir. Así, por ejemplo, en sus obras encontramos dispersas, expresiones del Puerto Rico de los dos idiomas, de la isla que habla en un español americanizado o en un inglés españolizado.

Por ejemplo, en “Amalia” encontramos las siguientes frases:

“INCESTO. IN-cesto, in the basket, encestó, señora, el cesto de la basura, el vicio de los pobres, en el diez por ciento de las familias puertorriqueñas se comete incesto […] winstotastesgood like a cigarret should, pero también es el vicio de los pobres”. (721)

“It happens in the best of circles, or baskets, perdón”. En esta cita de su cuento “Amalia”, Ferré demuestra su constante deseo de crear un mundo nuevo, lo que por supuesto incluye un lenguaje nuevo, que no es ni el estadounidense ni el puertorriqueño tradicional. Es la cultura de lo híbrido, del surrealismo paralelo que es espejo de la realidad pero, más allá, es realidad en sí mismo. Ferré nos envuelve en sus historias en un mundo con reglas propias, que transforma lo que se espera para convertirlo en lo que hay. dejando claro que sus personajes comparten esta fragmentación o, tal vez, este desdoblamiento socio cultural en el que ambas lenguas sirven y son una, que pueden utilizarse al mismo tiempo y transformarse la una a la otra en una ínter lengua totalmente diferente, en un híbrido que resulta de la colonización de español por parte del inglés, no sólo como resultado sociocultural de la situación de la isla, sino como creación personal de la autora.

Sin embargo, un caso más representativo de tal relación de influencia lo representa Ferré en un párrafo perteneciente, también, a “Amalia”:

Después hacía que se sentaran con ellos a darles conversación, como son extranjeros es bueno que nos conozcan mejor y que vean que aquí también hay muchachas bonitas que se hacen tipping en el pelo, usan pestañas postizas y covergirlmakeup, use Noxema shaving foam, take it off, take it off, Saxi Boom! Executives intimate clothing fashion show Sexi Boom! Churrasco served en La Coneja, Avenida Ponce de León No.009 next to Martín Fierro Restaurant y ellos yes how nice, are these girls daughters of the american revolution? All, But much more exotic of course, the flesh and fire of tropical fiestas, of piña colada and cocorum, lets Stara screwing together the erector set girls, mi daddy wanted me to be an engineer and every year he gave me for christmas a yellow erector set.(722)

En un solo párrafo, Ferré nos habla del dejar entrar invitando al nuevo colonizador, al estadounidense que viene para hacer negocios y con el que conviene llevarse bien. Y no sólo aceptan su lengua, sus reglas para los intercambios culturales y económicos sino que se les dice que las mujeres de la isla, son como las suyas: se comportan igual y disfrutan de la misma manera: se americaniza en mundo puertorriqueño para que se sientan como en “su casa”. Y todo esto con un español americanizado que vende la imagen del progreso que Estados Unidos va a comprar a la isla. No es sólo la venta de lo material, es la exposición y regalo del espíritu de sus gentes a través, en este párrafo, de las mujeres expuestas de la isla. Sin olvidar, desde luego, que estas maravillosas mujeres son mucho más que las hijas de una revolución: son exóticas y eso es algo con lo que las estadounidenses no pueden luchar. El exotismo como mercado, como adorno de una sociedad que mezcla sus valores con los del colonizador cogiendo lo que, a éste, más le interesa: lo suyo pero con un aire exótico. Su obra, su lenguaje, es el reflejo de la realidad que ve y disfruta, o sufre, pero siempre su propia realidad, como ella misma indica en “La cocina de la escritura”:

Había, pues, escogido mi tema: nada menos que el mundo; así como mi estilo, nada menos que un lenguaje absolutamente neutro y, ecuánime, consagrado a hacer brotar la verosimilitud del tema, tal y como me lo habían aconsejado Simone y Virginia. Sólo faltaba ahora encontrar el cabo de mi hilo, descubrir esa ventana personalísima, de entre las miles que dice Henry James que tiene la ficción, por la cual lograría entrar en mi tema: la ventana de mi anécdota. (3)

Así, a pesar de que las directrices que se auto impone para la escritura sean claras, al estilo le dará la personalidad necesaria que necesita no sólo ella como creadora de literatura, sino las circunstancias en y sobre las que escribe. Puerto Rico, su idiosincrasia, su cultura, historia, gente y las metas por las que lucha no son las del contexto de la francesa Simone de Beauvoir o la británica Virginia Wolf. Una literatura híbrida para una cultura híbrida pero no simplemente fruto de la unión de lo “español” y lo “estadounidense” sino por la cultura criolla tan ignorada a menudo y que Ferré recuerda, por ejemplo, en “El regalo” cuando introduce el personaje de Carlota: “seré la primera reina verdaderamente criolla” (Ferré, Maldito amor 91). En esta sencilla frase, la autora del cuento incluye el adverbio “verdaderamente”como manera de resaltar la procedencia criolla de Carlota como una esencia pura que viene de la mezcla. Es este tipo de adverbios los que busca para remarcar lo puro de lo prefabricado, lo que es de lo que pretende ser. Es destacable, además, la manera sutil en la que remarca la identidad criolla de Carlota cuando en su boca pone como respuesta a la pregunta de Merceditas sobre si no le tiene miedo a la Madre Artigas, una respuesta perteneciente a la tradición popular: un dicho: “El que quiere azul celeste, que le cueste” (Ferré, Maldito amor 92)

Ferré, a través del personaje de Carlota, recuerda que el idioma es propiedad del que lo mantiene y que el orgullo le viene a Carlota de la conciencia de su diferencia, una diferencia que no se avergüenza de mostrar mediante comentarios propios de lo popular. Es también en boca de Carlota que Ferré pone términos como: “morochitas” (del quechua muruchu: con cruce de moro y moreno) y términos pertenecientes a la cultura criolla como “guaracha y mambo” (Ferré, Maldito amor 109), en oposición a la “danza y el vals” (109) marcando así las diferencias entre la cultura importada y la tradicional o términos pertenecientes al campo de la alimentación: “sahumados con laurel y culantro y dorados con la sabiduría milenaria de las fritangas de friquitín”(Ferré, Maldito amor 109). Ferré combina términos criollos como mecanismo para resaltar esta cultura dentro de un contexto (el colegio) y de un texto (el cuento en sí mismo) en los que gobiernan las ideas y palabras no criollas.

Esta oposición entre lo criollo y no “blanco” forma parte de las muchas oposiciones que Ferré desarrolla en sus cuentos en un esquema narrativo que la lleva a comparar a través de las historias y diferentes visiones del mundo, del Puerto Rico que es y del que quiere ser. Así, por ejemplo, este esquema de oposiciones se traslada al campo del matrimonio en “La muñeca menor” a través de los personajes de la tía soltera que vivirá para crear vidas y realizarse a través de sus creaciones y la sobrina pequeña que alcanzará el “sueño” que tradicionalmente se le ha asignado a la mujer más como presión que como deseo personal, del matrimonio: Ferré toma los polos opuestos en la estructura una vez más para denunciar que la felicidad que se le presuponía a “La muñeca menor” por conseguir un buen matrimonio jamás la va a alcanzar precisamente como consecuencia de tal unión y que la amargura que se espera de una mujer que no llegará a casarse, tampoco existe porque la realización del ser humano va más allá de su estado civil. Ambas mujeres están sometidas pero la oposición viene de la manera en la que se las reduce a personajes dependientes de otros: la tía, ya mayor, lo será por imposición externa a su persona: una enfermedad la lleva a un encierro en casa del que el médico se aprovecha, mientras que será la relación con su marido, un buen marido porque es médico, la que aparte de la realización personal a la pequeña sobrina. Es la perpetuación de la abnegación femenina vista desde la diferencia generacional y las muñecas que la tía hace para las sobrinas.

Este esquema de oposiciones también se desarrolla en “Amalia” a través de varios personajes. Sin embargo, una de las diferencias más destacables se relaciona con uno de los mayores problemas a los que Puerto Rico, incluso hoy en día, se enfrenta: abrirse a una mayor relación con los Estados Unidos o mantenerse independientes de tal influencia porque dicha dependencia les daña. La niña, siempre representada a través de su muñeca que actúa como espejo de sus propios sentimientos y dolores, pertenece al Puerto Rico de la resistencia, al que se queda dentro porque fuera muere, al que el sol hace daño, al que se viola y utiliza. Por otro lado, el tío representa esa apertura a lo extranjero que vende y facilita la entrada de dinero: es el Puerto Rico del inglés que hace negocios, que invita a la salita a los “extranjeros” para que los conozcan mejor. Esta relación de opuestos se basa en el control de la primera por parte del segundo y de la violación de la inocencia puertorriqueña por parte del deseo expansionista del viejo tío.

Otro de los puntos clave en el desarrollo de sus cuentos es la manipulación del punto de vista consiguiendo, de esta manera, llevar al lector al campo, a la perspectiva que ella quiere dejar clara, que ella defiende: ya sea la de la mujer como sujeto encarcelado en su condición femenina y lo que socialmente esto representa o la del Puerto Rico híbrido, marcado, en demasiadas ocasiones, por lo que es o no es en relación a los Estados Unidos. Tanto “La muñeca menor” como “Amalia” o “El regalo” manejan la tercera persona que resulta ser, en los dos primeros casos, representada por elementos inanimados: las muñecas. Amalia no es la niña, sino el juguete. Incluso el título del primero de los anteriormente nombrados cuentos no es el de la tía o el de una de las sobrinas sino que con él se hace referencia a un objeto: a la muñeca. Resulta curioso que, bajo la intensa defensa feminista por la que Ferré se caracteriza en su literatura, los elementos que canalicen los principios, las luchas, dudas e incomodidades de una sociedad carcelaria sean muñecas que, tradicionalmente, han sido asociadas con la mujer como adorno. Esta es parte de la ironía que la cuentista puertorriqueña imprime a su obra ya que la función de dichas figuras no es simplemente figurativa sino que en ellas esconde los sentimientos, los problemas y las actitudes que rodean y sumergen en una sociedad no igualitaria a la mujer. Irónico es, por ejemplo, el énfasis que pone en las manos de sus creaciones en el cuento “La muñeca menor”: ya que, constantemente, recuerda que tienen que ser translúcidas, característica que sería propia de cualquier mujer de alta sociedad ya que este dato indica que pasan poco tiempo al sol, es decir, que no trabajan con sus manos lo que eleva su categoría social. Es la ironía con la que juega constantemente Ferré y no solamente a través, como en este caso, de la mujer. En “El regalo”, por ejemplo, la ironía de la autora va más encaminada hacia lo histórico:

Los habitantes de la Metrópoli le habían cogido el gusto a aquel son exótico, que se producía en sus colonias y se sentían enormemente orgullosos de él, como prueba fidedigna de su ascendencia en el mundo, como joven nación que se aúpa. Francia bien podía tener su Ron Negrita martiniquense e Inglaterra su Tío Pepe, embotellado y empacado en Dover, sin que eso les quitara el sueño. Ahora ellos tenían su ron Don Quijote, que conquistaría el mundo desde la altura de su Rocinante famélico. (Ferré, Maldito amor 99)

Ferré, a través de una intertextualidad con “El Quijote”, desarrolla su ironía sobre el supuesto orgullo malherido de la isla que se recupera a través de un ron representado, nada más y nada menos que por un hidalgo cuya definición es la de una persona de noble nacimiento que, tradicionalmente, se asocia con el rancio abolengo de los que tienen más apellido que posesiones.

La ironía ayuda a Ferré a resaltar con más fuerza los aspectos sociales de los que no se siente satisfecha. En los dos primeros casos se trata de la clasificación de la mujer como objeto y en el último de los cuentos, tratando el tema del orgullo como sentimiento que se mide por las botellas de ron que se venden y la satisfacción que la Metrópoli tiene de tal producción.

Destacable, en cuanto al estilo que escoge para desarrollar estos temas, es la utilización del cuento, actualmente asociado más a la literatura infantil que a la destinada a un público adulto y más concretamente la figura de la niña como representación de los valores que intenta imprimir a cada una de sus obras. Sin embargo, como Alicie Byrnes indica en su libro The Children: An Archetypal Symbol in Literatura for Children an Adults “A curious thing about children’s literature is that often it is appealing to adults, while an interesting thing about adults’ literature is that sometimes it is adapted for children” (1) y, más allá del cuento como estructura, el niño, en este caso las niñas, como eje de la acción en los tres cuentos.

La función de la infancia, su representación y la imagen que se pretende dar a través de estas figuras ha cambiado a lo largo de la historia de la literatura:

During the Romantic Movement the child appears as a symbol of innocence and renewal, and in the Victorian Age the disadvantaged youth exerts a redemptive influence on the disheartened adult. In the literature specifically designed for children during the nineteenth and twentieth centuries, the foundling effects a charismatic influence on the surrogate parent and the extended community. The child savior may become a champion of democracy in the modern desire for social reform. With the increasing complexity of the twentieth century, the archetypal symbol of the child becomes more sophisticated and appears in an array of romantic figures ranging from animated toys to extra-terrestial creatures (Byrnes 1).

En los casos que nos ocupan (“Amalia”, “El regalo” y “La muñeca menor”), Ferré utiliza la infancia como caricatura de los adultos yendo más allá de su función como personajes secundarios. En los tres cuentos, las protagonistas son niñas y sus acciones, sus problemas son una caricatura, un microcosmos de la sociedad puertorriqueña del momento. Un ejemplo claro de esta idea de la infancia como espejo de la edad adulta lo tenemos en la relación que Ferré nos ofrece entre Carlota, la primera niña mulata aceptada en el Sagrado Corazón y Merceditas, digna representante de la infancia puertorriqueña más “pura”. Así, desde las primeras líneas, Ferré deja claro que Merceditas, como Carlota, no se comportan diferente por su edad sino que son espejos claros de lo que la sociedad puertorriqueña es: “Nadie esperaba que Merceditas Cáceres […] saliera por los portales del colegio del brazo de su amiga, con la cabeza en alto y sin dignarse mirar hacia atrás una sola vez, con aquel gesto de altanería común en todos los de su clase.”(Ferré, “El regalo” 89)

Desde un principio, Ferré deja claro que los personajes que nos presenta, a través de los cuales nos cuenta la historia, son pequeños proyectos del Puerto Rico adulto, que se comportan como ellos y que, por lo tanto, representan el microcosmos de la sociedad a la que ella se refiere en todas sus obras. Merceditas tiene el orgullos y la “altanería” de los de su clase de la misma manera que Carlota Rodríguez sufre la marginación que cualquier otro mulato padece, independientemente de la edad.

En resumen, Ferré desarrolla un estilo propio, marcado por la redefinición de la cultura puertorriqueña no como una suma de lo español y lo estadounidense con ingredientes de lo criollo sino como algo diferente, que mezcla realidad y surrealismo como lo hace su propia literatura, sin marginar, adaptando y redefiniendo. Los personajes de Ferré, las circunstancias que trata en “Amalia”, “EL regalo”o “La muñeca menor” no son cuestiones infantiles aunque sus personajes lo sean: sus historias hablan a través de niñas pero sobre adultos de la misma manera que van destinados a un lector mayor pero sin dejar de lado al receptor más pequeño.

En los próximos capítulos analizaré tres de los cuentos en los que tales características se desarrollan: en “Amalia” presentaré la idea del incesto, de lo híbrido, de la inocencia y de la creación de una nueva cultura a través de las influencias externas en una doble lectura adulta e infantil. En ambos casos, “Amalia” representa los sentimientos de una niña que carece de nombre porque no es necesario, porque su historia es la de la muñeca y, lo que es peor, la de su propia madre. En una lectura más infantil, la imaginación de la autora transporta al lector a un mundo en el que los juguetes tienen vida propia.

En el caso de “El regalo”, trataré el tema de la marginación de lo criollo, de la diferencia cultural como obstáculo y de la fidelidad a las raíces que representan Merceditas y Carlota en su relación. Para un niño, “El regalo”es la historia de un colegio en el que la amistad, por encima de los valores culturales, sobrevive a los ahogos de la enseñanza formal.

Finalmente, en “La muñeca menor” desarrollaré el tema del matrimonio, de la familia, de lo establecido y, sobre todo, de lo que se espera de nosotras, no como seres humanos sino como mujeres a través de los personajes de la tía, la sobrina menor y los dos médicos en un intento de mostrar a reproducción de la ideología dominante como única manera de conseguir que el patriarcado se mantenga.

En una lectura infantil, “La muñeca menor” habla de la imaginación, de lo imposible (la introducción de la chágara) como real en un cuento en el que lo fantástico, para los niños, supera la realidad. El cuento está impregnado de lo imaginativo hasta el punto que se cierra con una imagen más propia, casi, del cine de terror: chágaras saliendo de los ojos de la última muñeca que la tía creó.

Como indica María M. Solá en su libro Aquí cuentan las mujeres:

A través de situaciones y personajes puertorriqueños, ha construido la vida de la mujer dentro de la cultura de los sectores burgueses del Caribe hispánico y de América Latina, en toda su paradójica opresión. La conciencia conflictiva de la mujer de hoy surge como significado saliente en el conjunto de textos que van, como ha dicho la autora, “de la ira a la ironía”, de la tragedia al humor macabro, en un lenguaje rico y variadísimo, que combina eficazmente lo popular y lo culto, lo regional y lo general, lo obsceno y lo profundo. (64)

En esta mezcla continua de los diferentes valores en los que ella cree y los que descarta se encuentra la literatura que nos ofrece, llena de matices, de lecturas y de superposiciones. Todo esto con el deseo de presentar lo que, para ella, es lo puertorriqueño. Ferré utiliza en el cuento para contar historias para adultos pero con personajes para niños sin descartar ninguna de las posibles lecturas de la misma manera que no aparta ninguna de las culturas que conforman el Puerto Rico de hoy en día.


Notas

[1] Virginia Woolf (London, 1882 ). […] With To the Lighthouse (1927) and The Waves (1931) Woolf established herself as one of the leading writers of modernism. […] I these works, Woolf developed innovative literary techniques in order to reveal women’s experience and find an alternative to the male-dominated views of reality. […] Virginia Woolf concern with the feminist thematics are dominant in A Room of One’s own (1929). In it she made her famous statement: ‘A woman must have money and a room of her own if she is ti write fiction’. The book originated from two expanded and revised lectures the author presented at Cambridge University’s Newham and Girton Colleges in October 1928. it deals with the obstacles and prejudices that have hindered women writers, and analyzes the differences between women as objects of representation. Woolf argued that a change in the forms of literature was necessary because most litedrature has been ‘made by men out of their own needs for their own uses.’ In the last chapter it explores the possibility of an androgynous mind. Wool refers to Colerige who said that a great mind is androgynous and states that when this fusion takes place the mind is fully fertilized and uses all its faculties. ‘Perhaps a mind that is purely masculine cannot create, any more that a amind that is purely feminine…’ Three Gineas (1938) examined the necessity for women to make a claim for their own history and literature. […] Characteristic for Woolf’s essays are dialogic nature of style and continual questioning of opinion – her reader is often directly addressed, in a conversational tone, and her rejection of an authositative voice likns her essays to the tradition of Montaigne. (Blacklog Media 1-6)

[2] Simone de Beauvoir (París 1908). In Le Deuxième Sexe (The Second Sex) (1949), de Beauvoir traced the development of male oppression through historical, literary, andmythical sources, attributing its contemporary effects on women to a systematic objectification of the male as a positive norm. This consequently identifies the female as Other, which commonly leads to a loss of social and personal identity, the variety of alienation unique to the experience of women. Her works of fiction focus on women who take responsibility for themselves by making life-altering decisions, and the many volumes of her own autobiography exhibit the application of similar principles in reflection on her own experiences. (Garth Kemerling 1)

 

© Celia Peris Peris. Rosario Ferré: La redefinición de la literatura infantil a través de “Amalia”, “El regalo” y “La muñeca menor”. Tesis de Maestría, Universidad de Georgia, 2004. Edición revisada, aumentada y autorizada por la autora para Proyecto Ensayo Hispánico, 2006. Edición digital preparad por José Luis Gómez-Martínez. Se publica únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes

 

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