Celia Peris Peris

Rosario Ferré:
La redefinición de la literatura infantil a través de
"Amalia", "El regalo" y "la muñeca menor"

"LA MUÑECA MENOR": REPRODUCCIÓN DE LA
IDEOLOGÍA DOMINANTE COMO OPRESIÓN DE LA MUJER.

 

Legal matrimony is not only prostitution, it is generally a speculation at the other’s expense; moreover, it is always prostitution when the virgin is ignorant of what she does by getting married.
-Luisa Capetillo
“My opinion of the Freedom, Rights, and Duties of Women” (1911)

The Puerto Rican woman, educated today as is the man, is capable of intervening, by God-given and human right, in the working of her country’s government. Her awakening is beautiful and imposing.
La mujer del siglo XX
Journal of the Liga Femínea (1917)

 

“La muñeca menor”, publicado primero, 1972, en la revista Zona de carga y descarga e incluido después en Papeles de Pandora, es el primero de los cuentos escritos por Rosario Ferré y en é la autora desarrolla uno de los temas de mayor importancia en el conjunto de su obra: el matrimonio como cárcel, la mujer como reproductora de la ideología dominante que la convierte en instrumento del hombre que la manipula, engaña y modela a su gusto anulando todos los deseos y las tendencias personales de la mujer.

A pesar de ser una historia basada en la defensa de lo femenino como independiente, a diferencia de “El regalo” no todos los personajes que tienen un papel fundamental en la narración son mujeres: el médico, sobre todo, pero también su hijo, tienen papeles clave en el desarrollo del cuento siendo opresores y controladores del desenlace: el padre, como Dios, decide sobre el futuro de la tía, la dirige y modela para hacerla depender en sus servicios sin ningún tipo de piedad. Esto es representado en el cuento a través de la conversación entre el padre y el hijo el día que éste va a visitar a la vieja tía: “El joven dejó caer la falda y miró fijamente al padre. ‘Usted hubiese podido haber curado esto en sus comienzos’, le dijo. ‘Es cierto –contestó el padre-, pero yo sólo quería que vinieras a ver la chágara que te había pagado los estudios durante veinte años.” (Ferré 280) Es, por lo tanto, no sólo el tema de la falta de independencia por la que Ferré lucha, mucho más allá, es la reclamación de un espacio para la mujer que no sea manipulado ni dependiente del hombre.

 De los tres cuentos analizados, “La muñeca menor” es el que más basa y hace depender su historia de lo fantástico siendo, en realidad, este aspecto el determinante en la narración para marcar su evolución. No obstante y como indica José Miguel Oviedo en su Antología crítica del cuento hispanoamericano del siglo XX (1920-1980) “Como está presentado con detalles perfectamente realistas, aceptamos sin dificultad que el mal que sufre la vieja tía sea producido por un animal venenoso que vive largos años dentro de la pierna de la mujer y que, alimentándose de su carne, ha ‘comenzado a engordar’” (273).

Con demasiada frecuencia, la introducción de fantasía en las historias de la literatura universal ha sido una excusa para infravalorar la calidad de dichas obras:

One consequence of the acceptance of realism was that fantasy was immediately déclassé. Since fantasy can be seen as the antithesis of realism, is seemed to follow, to those who espoused the realist cause, that fantasy was also the opposite of serious, i.e., trivial or frivolous. (Felicity A. Hughes 553)

Las razones para la sencillez argumental y narrativa que Ferré desarrolla en “la muñeca menor son claras: “If children are to have any experience at all, they must be presented with an idealized, simplified version of the world, rather than the highly complex world of reality” (Hans-Heino Ewers 170).

El mundo que presenta la autora de Puerto Rico y, de hecho, la historia que ofrece al lector o lectora de la misma tiene lugar, sin contar con la introducción en la que el/la receptor/a descubre cómo la chágara se introdujo en la pierna de la tía, en las cuatro paredes de la casa. Es, por lo tanto, un universo simplificado, con relaciones claras entre los protagonistas y en el que el tema de la creación de muñecas es incluso mostrado como una tarea mágica que no se sostiene fuera del lugar en el que estas mujeres habitan.

La historia, básicamente, gira entorno a una bella joven que perderá todo tipo de oportunidad para ser parte de la sociedad de la manera en la que la mujer debe serlo (como esposa de alguien) al introducírsele en la pierna una chágara es decir, un bicho que jamás la va a abandonar y que le transforma la pierna en tal monstruosidad que, en adelante, su única salida será el aislarse en casa porque el arma que se supone a cualquiera mujer, la belleza, ha desaparecido. Su encarcelamiento es más o menos voluntario: no encaja, y no quiere que la vean no encajar. Sin embargo, su actitud representa una de las mayores críticas que la literatura de Ferré hace: la mujer como reproductora de la ideología que la aparta y relega a un segundo plano.

Dentro de esta tendencia educacional que la literatura infantil favorece, “La muñeca menor” supone un ejemplo claro de transmitir un mensaje, una enseñanza para, principalmente, las niñas que lean el texto. Ferré habla directamente a las futuras mujeres, para que no busquen en la tradición, en la vieja tía y en el deseo ferviente de alcanzar el matrimonio, un espejo en el que verse reflejadas. “[A]nother feature which distinguishes children’s literature from adults’ is its didactic nature. This feature has hitherto been explained primarily on the basis of the pedagogical function of children’s literature” (Hans-Heino Ewers 174). Las enseñanzas de Ferré van dirigidas, sobre todo, al sexo femenino y a la necesidad de éste de liberarse de las cadenas que socialmente se le aplican por su condición de mujer. No obstante, la autora puertorriqueña admite, y lamenta, la inmovilidad social en la que Puerto Rico se ve estancado y es por ello que sus ideas, sus consejos, su deseo de cambio y, mucho más que esto, la forma de presentarlas, tienen una meta clara, un público concreto: las niñas. Rosario Ferré se dirige a ellas ya que su proceso de formación todavía está en marcha y aún es posible que cuestionen la sociedad de la que van a ser parte, que duden de lo establecido y que encuentren, en las líneas de “La muñeca menor”, razones suficientes para negar la herencia cultural que las somete. Es obvia, por lo tanto, la razón por la que Ferré elige el cuento: porque su público, el que tiene que aprender la lección, es un público infantil y, por ello, tiene que dirigirse a estas futuras mujeres como lo que son: niñas y con la sencillez que su edad requiere. Hans-Heino Ewers trata el valor educacional de este tipo de cuentos no sólo desde el punto de vista familiar sino también como instrumento de aprendizaje en las escuelas e incluso en las guarderías:

children’s literature still constitutes a type of literary culture in which stories are told, recited at social gatherings, or read aloud, and they continue to be silently read late into childhood. Stories are not merely told within the family, at kindergarten, or in children’s groups; this traditional art has also been long-since rediscovered in the field of education. (169)

Uno de los factores que acercan más si cabe este cuento a la literatura para niños es su brevedad ya que, de las tres narraciones breves estudiadas “La muñeca menor” es la más corta. No siendo una característica definitiva, sí es importante recordar que si el destinatario es un niño o una niña, será mucho más fácil hacerle llegar el mensaje necesario con una historia en la que lo superfluo, aquello que no sea más que accesorio y desvíe la atención del receptor sean evitados.

A pesar de que la brevedad, el universo sencillo que nos presenta y la utilización de niñas y muñecas como personajes de suma importancia, una vez más Ferré rompe con la estructura habitual del cuento que dice que es necesario asignar a estas narraciones destinadas al público infantil finales felices. Esto puede deberse, como indica Walter Pape cuando trata este tema en su artículo “Happy Endings in a World of Misery: A Literary Convention between Social Constraints and Utopia in Children’s and Adult Literature” a que estos finales supuestamente “perfectos” sólo consiguen reproducir el orden social establecido, el que hace feliz a la mujer con su puesto en la familia, el que forma a las jóvenes diciéndoles que casarse es lo que se espera de ellas para que sus vidas tengan, también, este final feliz. Ferré, a lo largo de toda su obra, ha sido la primera en rechazar dicho orden social y así lo demuestra en esta historia.

“La muñeca menor” no acaba con la felicidad de los protagonistas porque el esquema de la narración continua después de lo que sería el punto y final de una historia tradicional dirigida a los/as niños/as: la boda. Más allá de hacer esto, Ferré nos habla de lo que sucede después del matrimonio, de lo que cuentos como Blancanieves y los siete enanitos no nos cuentan y, en realidad, una parte importante del problema que nos presenta comienza en ese momento en el que la mujer pasa a ser objeto del esposo que se convierte en su amo y guardián, muy al contrario de lo que se suele esperar en una historia destinada a niños/as: “Entonces la muñeca levantó los párpados y por las cuencas vacías de los ojos comenzaron a salir las antenas furibundas de las chágaras.” (Ferré en la Antología crítica del cuento hispanoamericano del siglo XX de Oviedo 282)

Ferré no acaba con el matrimonio de la protagonista porque busca, en sus líneas, recalcar que tal vez, sea este uno de los mayores problemas de la mujer y, desde luego, de la educación que las niñas reciben desde su nacimiento con este tipo de historias: con demasiada frecuencia le enseñaron cuando era pequeña que un esposo (el matrimonio) era la felicidad pero no le explicaron lo que sucede cuando ese sueño se ha alcanzado, cuál es el status al que pasa la mujer cuando se ha casado y qué parte de su vida son anuladas a favor de la servidumbre que esta unión representaba y representa todavía hoy en día para muchas mujeres. Si tenemos en cuenta la idea de felicidad que Rousseau[1] defiende: “Until our natural inclinations are dominated by prejudices and human institutions, both the happiness of children and adults consists in their use of freedom” (Rousseau citado en Pape 182), queda claro que feliz no es el final que los cuentos tradicionales nos ofrecen ya que, las protagonistas de estas historias en las que triunfa el matrimonio (con demasiada frecuencia se utiliza la expresión “triunfa del amor”, pero esto simplemente favorece la visión de lo romántico olvidando que lo que realmente nos enseñan estas narraciones es el valor del contrato firmado por los contrayentes) regalan su libertad no haciendo uso de ella: al fin y al cabo, estas jóvenes se casan como manera de escapar de una vida que no las hace felices ( en Blancanieves y los siete enanitos es la manera que la joven tiene para huir de la reina pero, también, cambiar la vida de entrega a otros siete hombres que ha tenido que seguir para no ser asesinada).

En oposición a estos finales felices resultado de la evolución del personaje femenino hasta el matrimonio, Ferré nos habla de un principio feliz que será sustituido por la desgracia al final como resultado de la aceptación, por parte de la mujer, de las convenciones sociales que la atan a lo que “debe ser” y debido a la continua manipulación de la realidad por parte del hombre para adecuarla a una situación en la que ella dependa de él. Desde este punto de vista, el hombre (en “La muñeca menor” representado por el médico) crea en la mujer una necesidad: la de que la asista con frecuencia para no sufrir las consecuencias de tener la chágara en la pierna:

Al cabo de un mes el médico había llegado a la conclusión de que la chágara se había introducido dentro de la carne blanda de la pantorrilla, donde había evidentemente comenzado a engordar. Indicó que le aplicaran un sinapismo para que el calor la obligara a salir. […]Entonces [la tía] se resignó a vivir para siempre con la chágara enroscada dentro de la gruta de la pantorrilla (Ferré citada en Oviedo 276-277).

De esta misma manera, la sociedad patriarcal crea en las jóvenes la necesidad de ser esposas, de tener un hombre a través del cual ser completadas, ser constituidas como seres totales. La autora remarca que cuando las sobrinas se casan, la tía les regala la última de las muñecas: así quedan, entonces, perpetuadas en su último día antes de ser alguien más. Les da una imagen de ellas, de cómo eran hasta ese momento, para que al menos conserven un recuerdo de ellas mismas porque, a partir de ese momento, como seres humanos pasan a ser parte del esposo: “El día de la boda, la tía les regalaba a cada una la última muñeca dándoles un beso en la frente y diciéndoles con una sonrisa: ‘Aquí tienes tu Pascua de Resurrección’” ( Ferré citada en Oviedo 279). Las jóvenes, por lo tanto, resucitan para ser otra persona que ya ni tan siquiera les pertenece.

Rosario Ferré habla directamente a las niñas y, de esta manera, se puede decir que “La muñeca menor” es literatura para niños/as porque se dirige directamente a ellos/as como manera de que aprendan, de ahí el valor didáctico del cuento de Ferré cercano.

Por otra parte, existe también a la idea de la educación no formal que defiende Rousseau: Ferré no apoya las lecturas tradicionales, la formación tradicional que se le ofrece a la mujer a través de historias con jóvenes reconvertidas en princesas por el amor de un hombre porque no consigue más que mantener la marginación y la valoración de éstas como seres de segunda clase frente a la superioridad masculina siempre. Por otro lado, está dispuesta a salvar a la mujer de su propia debilidad. Se dirige a aquéllas jóvenes que aún pueden atreverse a desafiar lo socialmente aceptado, que aún no han sido formadas en la idea de que lo establecido no puede desafiarse, no puede cambiar porque los años dan a la tradición un valor casi sagrado antes, sobre todo, de que las niñas pierdan el instinto natural de cuestionar que el contrato social en el que el ser humano se incluye a su nacimiento borra.

Teniendo en cuenta todos los puntos tratados hasta ahora, parece clara la tendencia infantil del cuento “La muñeca menor” de Rosario Ferré ya que, con él, sigue una de las características básicas de este tipo de literatura: la de enseñar a los o las lectores o lectoras algo decisivo para su evolución como seres adultos. Lo que, por otra parte, queda lejos de este tipo de literatura es que el mensaje de la autora puertorriqueña desafía el mensaje de la mayoría de historias que tienen un papel decisivo en nuestra formación: Ferré huye de finales feliz porque asigna, sobre todo a la lectora, un papel activo en el que tiene que decidir si realmente la conclusión del cuento le satisface y, si no es así, que tome el camino necesario para que su vida no tenga que terminar como la del cuento. Tal vez la estructura parece a primera vista más compleja de lo que se esperaría para una obra destinada al público de corta edad pero la presentación de Ferré es clara: la niña no es feliz con el matrimonio, a pesar de que a lo largo de la historia nos hayan contado tantas veces que esa es la solución para todas las carencias personales que supuestamente tiene el sexo femenino.

Desde el punto de vista de la literatura adulta la diferencia no es tan notable como, probablemente, lo es en “Amalia” o “El regalo” y se puede considerar que ambas lecturas convergen en un punto: el reconocimiento de la belleza como valor equivocado de una sociedad vendida a lo externo. El énfasis, desde este punto de vista, recae en el personaje de la tía y el del médico y no tanto, por otro lado, en el de la joven.

El ataque en este punto se centra en la inacción o, mucho más que esto, en el apoyo total que la tía hace a la ideología machista que a ella misma ha encerrado en casa o que convierte a las sobrinas a las que ha modelado en víctimas de la aceptación de lo patriarcal como “normal”.

Cuando Ferré se dirige a la mujer a través de esta historia, la sitúa bajo la bandera no sólo de víctima sino, y lo que es más importante en esta narración, de culpable del estancamiento que sufre y ejecuta: “se había encerrado en la casa rehusando a todos sus pretendientes.” (Ferré citada en Oviedo 277)

Destacable puede considerarse el hecho de que la autora puertorriqueña ataque no sólo a la conciencia tanto de las mujeres que sufren la marginación como de las que no, sino que el mensaje inicial y que (in-)conscientemente nos acompaña durante todo el cuento es que una señora “no-bella” no puede ni debe ser considerada “casable” lo que, en la sociedad que se nos presenta (patriarcal) supone ser no sólo marginable sino, y lo que es peor, automarginable. Desde las primeras líneas, Ferré deja claro que la vieja tía fue bonita pero que, tras el incidente de la chágara, perdió no sólo la belleza sino la vanidad (una joven fea, por lo tanto, no puede ni debe ser vanidosa): “Había sido muy hermosa, pero la chágara que escondía bajo los largos pliegues de gasa de sus faldas la había despojado de toda vanidad” (Ferré citada en Oviedo 227).

Debido a tal pérdida, la tía, joven todavía, renuncia a cualquier contacto social (se automargina antes de que la marginen porque comprende, acepta y defiende su nuevo papel en la sociedad) y se dedicará, desde ese momento, a lo único que se espera de ella ahora como mujer: ser madre. La paradoja es que, no teniendo hijas propias, cuidará a las de su hermana y no pudiendo parirlas, creará otras a la imagen y semejanza de sus sobrinas (ejerce, por lo tanto, el papel de Dios de manera incompleta: sus creaciones son objetos, no seres humanos, mientras que el papel de Todopoderoso del médico es más completo: tiene un control total sobre la vida de la tía y su decisión de no curarla la marcará para siempre).

Debido a la resignación de la que Ferré nos habla a través de la oscuridad a la que se relega la tía, esta mujer recuerda el papel pasivo que tradicionalmente las narraciones infantiles ha encomendado a la mujer. Y no sólo es pasiva la tía sino que su propia sobrina menos ha heredado este rasgo, esta despreocupación por lo interior si el exterior es bello: “El día de la boda la menor se sorprendió al coger la muñeca por la cintura y encontrarla tibia, pero lo olvidó enseguida, asombrada ante su excelencia artística” (Ferré citada en Oviedo 281)

Esto mismo ocurre, por ejemplo, en “La Cenicienta”:

Cinderella plays as passive as a role in her story. After leaving her slipper at the ball she has nothing more to do but stay home and wait. The prince has commanded that the slipper be carried to every house in the kingdom, and that it be tried on the foot of every woman. Cinderella can remain quietly at home; the prince’s servant will come to her house and will discover her identity. (Marcia R. Lieberman 389)

Como la Cenicienta, la tía espera en casa, cumple con sus funciones de madre (aunque ni siquiera son suyas las hijas) y espera, ya no a ser descubierta porque sus circunstancias se lo impiden, sino a que con sus sobrinas ocurra lo que ella quería para ella misma.

La estructura argumental de “La muñeca menor” nos recuerda, en ciertos aspectos, al famoso cuento de Jeanne-Marie LePrince de Beaumont “La bella y la bestia” pero con los papeles invertidos (unas de las características más importantes de Ferré, como he indicado en el capítulo anterior, es la redefinición de las historias tradicionales que han formado a las jóvenes de hoy en día como manera de contrarrestar el papel represivo en muchas ocasiones de la literatura infantil).

La bestia será reinsertada en la sociedad gracias a la confianza, el amor y el apoyo de la joven que lo ama de manera desinteresada. El lector o la lectora deben tener en cuenta que el hombre en esta historia no depende de su belleza ya que, si alguien es capaz de ver en él sus valores interiores, si alguien descubre su calidad como ser humano más allá de lo exterior, alcanzará el status de “ser social” una vez más.[2]

En el caso de la tía, toda esperanza queda supeditada a la total imposibilidad de recuperar la belleza que tradicionalmente se espera de una mujer. Nadie va a poder, a partir de entonces, encontrar en ella los valores interiores que la conforman como ser humano porque, al fin y al cabo, la belleza es una porción demasiado determinante en el sexo femenino como para ser olvidada o simplemente sustituida por otros aspectos que en la mujer pasan a un segundo plano como la inteligencia o la independencia del hombre. Ferré apela a la mujer como primera responsable en la búsqueda del cambio y, directamente, le pide que redefina sus valores y que busque, para sus ambiciones y realización como persona, un apoyo más justo que la belleza.

El problema de lo que es bello y lo que no y cómo esto afecta nuestra percepción del mundo, de la realidad y de las oportunidades que como seres humanos tenemos, es desarrollado por Ferré como una de las barreras que ayudan a mantener la primacía del hombre frente a la mujer en lo que, Naomi Wolf ha dado en llamar “The Beauty Myth”: “Naomi Wolf argues that ‘beauty’ is ‘a currency system like the gold standard. Like any economy, it is determined by politics, and in the modern age in the West it is the last, best belief system that keeps male dominance intact’ (Wolf in Kim F. Hall 461)

Teniendo en cuenta esta definición de belleza, la mujer entonces adquiere el papel de moneda, de cheque en el intercambio que su relación con el hombre supone: ella provee con su belleza y él se encargará de cuidar de su esposa. Lo que la autora de “La muñeca menor” propone es un cambio en los valores socialmente establecidos en el que se exija una nueva representación de lo femenino y que esa nueva representación incluya a la mujer no sólo como elemento afectado sino como elemento reproductor de la ideología que la margina.

El valor económico que la belleza tiene según Wolf es reproducido en la mayoría de cuentos tradicionales para niños:

The immediate and predictable result of being beautiful is being chosen, this word having profound important to a girl. The beautiful girl does not have to do anything to merit being chosen […] Marriage is the fulcrum and major event of nearly every fairly tale; it is the reward for girls, or sometimes their punishment. […] Marriage is associated with getting rich: it will be seen that the reward basis in fairy and folk tales is overwhelmingly mercenary. Good, poor, and pretty girls always win rich and handsome, good but poor men. […] Since girls are chosen for their beauty, it is easy for a child to infer that beauty leads to wealth, that being chosen means getting rich. Beauty has an obviously commercial advantage even in stories in which marriage appears to be a punishment rather that a reward. (Citado en Marcia R. Lieberman 386)

Si desde la infancia la literatura forma a la mujer en la idea de que el éxito económico lo consiguen sólo las niñas bonitas a través del matrimonio con hombres adinerados, es normal que el personaje de la tía sea el reflejo de esos cuentos que también la han educado a ella y que le han enseñado que sin belleza no hay matrimonio y, mucho meno, éxito social. Resulta destacable, también, que este éxito social es generalmente alcanzado por la menor de las hermanas como sucede, por ejemplo, en “La Cenicienta” de Charles Perrault en el que la más joven de la familia será la que sufra las injusticias de la madrastra y la marginada:

The beauty contest is a constant and primary device in many stories. Where there are several daughters in a family, or several unrelated girls in a store, the prettiest is invariable single out and designated for reward, or first for punishment and later for reward. […] Two fundamental conventions are associated here: the special destiny of the youngest child when there are several children in a family (this holds true for the youngest brothers as well as for youngest sisters, as long as siblings are of the same sex), and the focus on beauty as a girl’s most valuable asset, perhaps her only valuable asset. (Marcia R. Lieberman 385)

Ferré mantiene esta estructura argumental en la que el valor de la menor es el que se destaca en la historia frente a sus otras hermanas de las que parece no importar cómo evolucionan sus matrimonios. De hecho, la autora puertorriqueña va mucho más allá dándole, incluso, el título de “La muñeca menor” a su historia haciendo clara referencia a la posición dentro de la familia, de la niña que hereda la chágara que tanto la ha marcado a su tía y que ha determinado la historia desde el principio.

 Ferré habla del matrimonio que la va a destrozar en el futuro con tal anticipación que más parece una profecía que una unión feliz y voluntaria entre una mujer y un hombre: “En adelante fue el joven médico quien visitó mensualmente a la tía vieja. Era evidente su interés por la menor y la tía pudo comenzar su última muñeca con amplia anticipación” (Ferré citada en Oviedo 280).

La tía desea el matrimonio de su sobrina pequeña porque entonces su función de madre que cuida de las niñas y de creadora de muñecas habrá terminado ya que, desde ese momento, sus “hijas” pasarán a pertenecer a un hombre que será el que las cuide en adelante. Ferré demuestra la teoría de que el matrimonio unido al éxito económico sí se cumple en su historia: “Pasaron los años y el médico se hizo millonario. Se había quedado con toda la clientela del pueblo, a quienes no les importaba pagar honorarios exorbitantes para poder ver de cerca a un miembro legítimo de la extinta aristocracia cañera” (Ferré en Oviedo 281) pero que tales beneficios económicos no contribuyen a la felicidad de la menor, no son lo que completan a la mujer, en definitiva cuando lo que ha dejado en el camino para conseguirlos son sus propios ideales. Ferré cuestiona si el precio a pagar por el supuesto bienestar económico a través del matrimonio compensa la total anulación de la personalidad, los deseos y, por lo tanto, de la felicidad, de la mujer. La menor se ha convertido en la propia muñeca que la representa, es el objeto que se espera de toda esposa y ni siquiera la edad parece afectar a su belleza, tal vez porque realmente es lo único que ha tenido realmente suyo, lo único a lo que no ha tenido que renunciar porque es lo único que es necesario mantener de ella, cuestionando aquí la autora de qué sirve tal cualidad cuando el resto están supeditadas al capricho del hombre:

La menor seguía sentada en el balcón, inmóvil dentro de sus gasas y encajes, siempre con los ojos bajos […] Una sola cosa perturbaba la felicidad del médico. Notaba que mientras él se iba poniendo viejo, la menor guardaba la misma piel de aporcelanada y dura que tenía cuando la iba a visitar a su casa del cañaveral. (Ferré en Oviedo 281-282)

Otra de las características que alejan a la menor o a la propia tía de las heroínas tradicionales de los cuentos para niños/as es la manera en la que se nos presentan como sufridoras de su situación: las dos padecen las consecuencias del no encajar pero también del seguir las normas sociales a través del matrimonio pero la manera de sobrellevar esta situación es muy diferente a la que, generalmente, se asigna a las protagonistas de otros cuentos. Como indica Marcia R. Lieberman:

The girl in tears is invariable the heroine; that is one of the ways the child can identify the heroine, for no one mistakenly feels sorry for the ugly older sisters, or for any of the villains or villainesses. When these characters suffer, they are only receiving their “just deserts”. The child who dreams of being a Cinderella dreams perforce not only of being chosen and elevated by a prince, but also of being a glamorous sufferer or victim. (390)

Las protagonistas de Ferré no lloran ni hacen de su tragedia un drama con el que el lector o la lectora se identifiquen a través de la pena: ambas, a su manera (bien a través de la actividad creativa o bien a través de la pasividad) combaten la situación que las anula sin lágrimas pero tampoco sin salida: están hechas a la situación que les ha tocado y ni luchas ni lloran, la soportan.

Pero Ferré, no culpa única y exclusivamente a la mujer y su complicidad con el sistema que la anula: la autora hace clara referencia al autoritarismo del hombre a través de la figura del médico que decide, sin consultar con ella, el destino vital de la tía. El doctor que la atiende en los primeros momentos en los que la chágara se ha introducido en la pierna de la joven no hace nada por curarla, por evitarle la separación social a la que se va a ver sometido medio voluntaria medio obligatoriamente. Traiciona la confianza que la tía pone en él y la hará, de por vida, depender de sus cuidados para poder pagarle la carrera de médico a su hijo: estudios que le valdrán al joven para llegar a ser médico, ganarse un nombre en el pueblo y conseguir los clientes necesarios para alcanzar el bienestar económico que, supuestamente, constituye el premio que la belleza de la menor debería recibir en su intercambio matrimonial. Al final, todo confluye en la infelicidad de ambas mujeres (la tía y la sobrina menor) porque o no llegan a realizarse con un hombre y el la satisfacción económica de los hombres.

Mediante la figura del tío, Ferré analiza la presencia masculina en muchos de los cuentos para niños/as en los que la mujer, sea de la edad que sea, necesita a un hombre (ya sea en el papel de padre, hermano, amigo o pareja pero, especialmente, en este último) para que la salve de cualquier situación en la que pueda verse involucrada: “The Sleeping Beauty is totally a passive wife and mother and […] depends on a man to rescue her” (Marcia R.Lieberman 394). La autora puertorriqueña recuerda que no es bueno formar a las niñas en la idea de que el hombre es el que tiene que salvarlas porque ellas mismas no pueden y que, por lo tanto, de la aparición o no de éste en sus vidas depende su felicidad. Por esto el matrimonio no lleva a la menor al estado de perfección que dicho sacramento supuestamente ofrece o que parece que estamos obligadas a creer que ofrece y en el que coinciden todas estas historias: más allá de esta idea, lo que su unión con el hijo del médico consigue es convertirla en la heredera de la chágara, en una muñeca que sólo sirve por bella pero que se deshace en la soledad de su casa. En el proceso de adaptarse el uno al otro como pareja tras el matrimonio, la menor pierde todo tipo de opinión, toda opción de ser ella misma y de no ejercer este derecho llegará a ser el objeto que su marido y la sociedad prefieren: “El joven médico se la llevó a vivir al pueblo, a una casa encuadrada dentro de un bloque de cemento” (Ferré citada en Oviedo 281). No sólo eso, la convierte en el centro de su vanidad (la vanidad que pierde la tía al principio de la historia): no por los valores interiores de la joven sino porque su unión representa un matrimonio que le otorga el apellido que él no tiene y porque su esposa posee una belleza que puede, y debe, ser exhibida más que para orgullo de ella, para satisfacción de él:

La obligaba todos los días a sentarse en el balcón, para que los que pasaban por la calle supiesen que él se había casado en sociedad. Inmóvil dentro de un cubo de calor, la menor comenzó a sospechar que su marido no sólo tenía el perfil de silueta de papel sino también el alma. (Ferré citada en Oviedo 281)

El valor que el médico joven concede a su esposa no pasa del de un objeto que sirve si no se mueve, si simplemente puede mostrarse con orgullo pero sin personalidad propia, si no molesta. En definitiva, es el mismo valor que concede a la muñeca menor que la tía regaló a su sobrina el día de la boda: sólo mientras pueda sacar dinero de las diferentes partes que la componen será feliz con el juguete: “Un día él le sacó los ojos a la muñeca con la punta del bisturí y los empeñó por un lujoso reloj de cebolla con una larga leontina. Desde entonces la muñeca siguió sentada sobre la cola del piano, pero con los ojos bajos.” (Ferré en Oviedo 281)

El joven no es capaz de encontrar el verdadero valor de la muñeca más allá de los beneficios económicos que le reporta (como tampoco es capaz de encontrar y llegar a conocer el verdadero valor de su propia esposa) y los ojos bajos que permiten y ocultan un interior vacío serán los que, en un futuro, guarden las chágaras que inundarán a la muñeca como inundaron a la tía. Este joven médico no será en ningún momento capaz de reconocer en su propia esposa a la mujer completa e interesante con la que se casó, por eso la pierde como pierde a la muñeca: infravalorándola, convirtiéndola en suya cuando no le pertenece como tampoco le pertenece la muñeca.

En resumen, en los dos casos de la tía y del médico mayor, los personajes responden a la situación que la vida les ofrece de maneras diferentes: la primera aceptando y, como Ferré indica en su cuento, resignándose a encerrarse en casa y a esconder sus deseos tras la ocupación de cuidar a sus sobrinas y crear muñecas. Es una actitud semipasiva porque, a pesar de que crea, no lucha por superar la situación que la mantiene al margen de la sociedad, simplemente se acomoda o adapta a ella. Por otro lado, la función del hombre a través del personaje del médico es más activa: decide no curarla para mantenerla bajo sus auspicios, para hacer de ella la muñeca que puede controlar a su gusto y según sus necesidades. A través de estos personajes, Ferré representa los diversos papeles de culpabilidad del hombre y la mujer en el proceso de marginación de la segunda: la mujer margina por inacción (aunque no debemos olvidar que margina también a través de la educación que da a sus hijos/as), por el simple hecho de no luchar contra lo que se le asigna. Por otra parte, el hombre toma el papel de creador de esta dependencia: crea en la mujer la necesidad de su persona como hombre.

Ferré destruye todo tipo de tópico que en los cuentos conviertan a la mujer en el objeto de un matrimonio y que ello suponga felicidad de la misma manera que acaba con el mito del hombre como salvador del sexo femenino, como escapatoria única de la mujer para conseguir sus sueños siempre, por supuesto, relegados al interés del esposo.

Desde esta perspectiva, la literatura de Ferré encaja en su meta con la meta que Walter Pape afirma que busca “Modern Fiction”: “Modern Fiction, in its attempt to avoid tradicional illusions, only apparently supplants the happu-ending structure” (180)

La autora puertorriqueña busca más allá de lo tradicional, y consigue con “La muñeca menor” una historia de advertencia, de aviso a la mujer que se convierte en muñeca que las chágaras no entran sólo a la piel, van mucho más allá, a la conciencia destrozando los valores esenciales y reafirmando en el miedo y la indefensión a la mujer. Ferré habla del matrimonio que oprime y de la inmovilidad de una sociedad que pasa por bajo del balcón de las jóvenes recién casadas para verlas convertirse en nada: en jaulas de chágaras que las mantienen por fuera pero las destruyen por dentro.


Notas

[1] Jean-Jaques Rousseau (1712-1778), filósofo nacido en Ginebra y famoso, sobre todo, por su obra El contrato social (Du contract social 1762) y por sus ideas sobre el ser humano que defienden que la existencia de éste es un continuo proceso de evolución que lo lleva desde el ser natural hasta convertirse en un ser social. En el campo de la educación, Rousseau ataca la enseñanza formal de la que él mismo careció encontrándola en parte culpable de la falta de libertad del ser humano.

[2] Como indica Marcia R. Lieberman en su artículo “‘Some Day My Prince Will Come’: Female Acculturation through the Fairy Tale”: “[…] the girl who marries a beast must agree to accept and love a beast as a husband; the girl must give herself to a beast in order to get a man. When she is willing to do this, he can shed his friendship, rough appearance and show his gentler form, demonstrating the softening agency of women (as in the story of Jane Eyre and Mr. Rochester). These heroines have an agentive role, insofar as they are responsible for the literal reformation of the male” (387).

 

© Celia Peris Peris. Rosario Ferré: La redefinición de la literatura infantil a través de “Amalia”, “El regalo” y “La muñeca menor”. Tesis de Maestría, Universidad de Georgia, 2004. Edición revisada, aumentada y autorizada por la autora para Proyecto Ensayo Hispánico, 2006. Edición digital preparad por José Luis Gómez-Martínez. Se publica únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes

 

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