Laura Febres
 

 

Pedro Henríquez Ureña
Crítico de América

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HENRÍQUEZ UREÑA Y EL MODERNISMO

Estudiaremos primero a nuestro autor en el Modernismo, ya que mantiene un contacto epistolar y vivencial con la mayoría de las figuras representativas del movimiento[1]. También escribió un libro de ensayos típicamente modernista como Ensayos Críticos y respira y actúa dentro de todas las aspiraciones más características de esta corriente. Es Pedro Henríquez Ureña uno de los críticos más acertados en la descripción del fenómeno modernista, y no sólo del Modernismo, sino de toda la Literatura Hispanoamericana.

Pensó y expuso con lucidez, pocas veces igualada, cuales eran los logros y las carencias de nuestra expresión artística como representación de las contradicciones históricas de Hispanoamérica. Así que, además de convertirse en un “expositor doctrinal” del Modernismo llegó a ser, uno de los críticos más importantes de toda la literatura Hispanoamericana. Sin embargo, en su capítulo “Literatura pura” contenido en su libro Las corrientes literarias en la América Hispánica (1940) las opiniones que Henríquez Ureña formula sobre el movimiento son distintas a las que tenía en los primeros años del siglo XX en Ensayos críticos. La actitud juvenil modernista es juzgada por el hombre maduro de 1940 que es capaz de reflexionar sobre su propia posición dentro del movimiento. Empecemos entonces por analizar su posición frente a la América Sajona, rasgo que en cierta forma define a los modernistas:

“La crítica modernista no pocas veces dirigió su lente enfocando los problemas de América Latina, que se veía invadida por la “nordomanía”, como dice José Enrique Rodó. Invasión cultural, económica y política de los Estados Unidos, como fue el caso típico de Santo Domingo en 1905.”[2]

Sin embargo, en ese mismo año (1905), escribe Don Pedro su crítica a Rubén Darío y le parecen exageradas las afirmaciones del poeta en contra de lo América Sajona:

“su latinismo, su hispanismo actual, acrecen su americanismo antes indeciso: su oda A Roosevelt es un himno casi indígena, es un reto de la América Española a la América Inglesa. No que esta actitud me parezca totalmente plausible”. (Obra crítica, 102)

Lo mismo le sucede con José Enríquez Rodó, ya que en el ensayo sobre Ariel, escrito en 1904, se ve la misma actitud: “Cabe, en mi sentir, oponer reparos a algunos de sus juicios severos sobre la nación septentrional” (Obra crítica, 26 y 27). Nunca pudo condenar a la totalidad del pueblo norteamericano por las injusticias de sus gobernantes. Más tarde verá la posibilidad de la rebeldía individual de los hombres de la “Otra América” frente al sistema mercantilista: “En los Estados Unidos del siglo XX el pensador y el artística, si son genuinos, son rebeldes: instinto y razón les avisan que la aquiescencia los hundiría en la mediocridad” (Obra crítica, 314). Los intelectuales que poseen “espíritu crítico” no pueden fomentar el fanatismo y ver solamente el lado oscuro del enemigo. Están obligados a comprender la luminosidad que, a veces, él expresa.

Producto de esta necesidad de diferenciación de Hispanoamérica frente a la América Sajona, surge el imperativo de exploración de nuestras propias raíces que hizo que la mayoría de los Modernistas rindieran culto a España. En este sentido Don Pedro conservó esta inquietud del movimiento durante toda su vida. Sin embargo, España tampoco se libera del ojo crítico que señala sus cualidades, pero también sus principales defectos:

“No, no creo que está en el espíritu el mal de España. Creo que está en la deficiencia de las técnicas, en la insuficiencia de las máquinas. Sigo impenitente en la arcaica creencia de que la cultura salva a los pueblos”.(Obra crítica, 194)

Debemos señalar que el interés de identificación que manifestaba Don Pedro por España nace relativamente tarde, en 1907, cuando ya está en México y escribe su artículo sobre José María Gabriel y Galán. Más aún, Don Pedro piensa que el Modernismo lo distanció un poco de ese amor a España que sentía desde pequeño por la influencia familiar. Otro rasgo que podemos señalar a Henríquez Ureña y que proviene de su iniciación modernista puede ser observado en la siguiente estrofa:

“El cielo no responde; esta vacío;
pasó la edad del noble caballero.
¡Sea tu paladín en la batalla
el sol de tu radioso pensamiento!”.
(Obras completas, I: 30)

Estos versos son característicos de la secularización que más tarde él mismo señalará en Darío. Rasgo que le acompañará toda su vida y que hará decir a Alfonso Reyes: “Se revelaban en él indicios de santidad laica, más bien del tipo protestante que católico”. “Era hombre recto y bueno como pocos, casi santo” (citado en Nolasco). Don Pedro va a ser un santo sin Dios. Lo califican de santo porque su moral tan estricta no puede recibir otro apelativo; “Mi moral, en la parte pragmática, sigue siendo la del Imperativo categórico” (Correspondencia, Tomo I: 41).

La independencia que manifiesta Don Pedro frente a la religión, fruto tal vez de las teorías del Kantismo y el Liberalismo Económico, se expresa también frente al sector político. La actitud de los modernistas hacia la política de Hispano-América, según Don Pedro, se ejemplificaría en el siguiente párrafo:

“Nacida de la paz y de la aplicación de los principios del liberalismo económico, la prosperidad tuvo un efecto bien perceptible en la vida intelectual. Comenzó una división de trabajo. El timón del Estado pasó a manos de quienes no eran sino políticos; nada se ganó con ello, antes al contrario”. (Las Corrientes literarias 165)

La división del trabajo, consecuencia de los principios del liberalismo, posiblemente influyó en Don Pedro como individuo inmerso dentro de una circunstancia histórica, para ejercer con exclusividad la función intelectual distanciándolo de la labor política. Pero esta actitud modernista no es formulada en este párrafo de una manera divulgativa sino con toda una connotación crítica y reflexiva: “nada se ganó con ello, antes al contrario”.

Del Modernismo pensamos nacen también su interés por el estudio profundo del fenómeno de la expresión y la necesidad que sentía de estudiar la versificación, aspectos que serán estudiados con más detalle en otros apartados de este trabajo.

Laura Febres
Universidad Metropolitana
Caracas, Venezuela

Notas

[1] “Cualquier esfuerzo de labor sincera y entusiasta halla acogida simpática, venga de donde viniere, en una multitud de serios y amables espíritus, esos se llaman… Rubén Darío, César Zumeta, José Enrique Rodó…” para mencionar los nombres más importantes. Henríquez Ureña, Obras completas, I, 318.

[2] “En enero de 1905, el gobierno dominicano de Morales concedió al de los Estados de Unidos, que ahora respaldaba las gestiones de los acreedores, el derecho de designar funcionarios (norteamericanos) que administrasen las aduanas del país (Receptoría General de Aduanas); este anómalo sistema, que ponía a la República virtualmente en situación de protectorado, tuvo confirmación en el Convenio (Convention) de 1907…” Henríquez Ureña, Obras completas, VIII, 89.

© Laura Febres. Pedro Henríquez Ureña, crítico de América. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Se trata de una versión modificada del libro del mismo título publicado en Caracas: Ediciones la Casa de Bello, 1989 y de la obra Transformación y firmeza. Estudio sobre Pedro Henríquez Ureña, presentada en 1984 en la OEA con motivo del centenario del nacimiento de Henríquez Ureña. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez. Actualizado: febrero de 2003.

 

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