Laura Febres
 

 

Pedro Henríquez Ureña
Crítico de América

3
Situación de Don Pedro después de la caída de Porfirio Díaz.

En mayo de 1911, poco tiempo antes de partir de nuevo para México, Don Pedro había expuesto en Santo Domingo, a través de “Las ideas sociales de Spinoza”, su creencia en la necesidad de la democracia como el sistema político que permite mayor desarrollo de la actividad intelectual.

“No tuvo la fortuna (Spinoza) de vivir, como Kant, en país y época hechos al pensamiento libre, donde su esfuerzo pudiera suscitar desde luego la rica germinación que debería seguir a toda idea nueva y potencialmente fecunda” ( Obras Completas. II. 167. Paréntesis nuestro).

Este artículo puede haber sido motivado por el régimen de la dictadura de Porfirio Díaz con el cual Don Pedro parece no estar de acuerdo, pero de hecho no fue publicado en México, ni influyó en el derrocamiento de este gobernante. Sin embargo, revela este artículo la inclinación democrática de nuestro autor, motivada probablemente por la observación directa de la dictadura.

El 9 de febrero de 1913, es asesinado el General Bernardo Reyes. Este hecho ha debido ser particularmente doloroso para Don Pedro que sentía gran aprecio por la familia Reyes. A finales del mismo mes, por medio de un golpe militar dirigido por Victoriano Huerta, cae la presidencia constitucional de Madero quien es asesinado junto con su Vicepresidente. Empiezan, entonces, los verdaderos problemas para Henríquez Ureña.

En octubre de 1913 nos dice: “En mi casa no saben que no tengo ya la clase de Preparatoria” (Epistolario Íntimo. I, 157) Nuestro autor no soporta más el panorama político mexicano dirigido por Victoriano Huerta y prefiere salir sin ninguna proposición de trabajo concreto, momentos antes de que ocurrieran los incidentes de Tampico y Veracruz. Más tarde, desde La Habana, le hablará a Alfonso Reyes sobre Huerta en su epistolario, en privado, pues tenía la sospecha de que sus cartas eran abiertas secretamente en México: “…creo que puede tenérsele por el más estúpido e infame gobernante de la historia de América…” (Epistolario Intimo. I. 220).

Además de este testimonio confidencial, existen dos artículos de Don Pedro publicados fuera de México que revelan públicamente, aunque no de manera tan directa, el antagonismo entre Don Pedro y Victoriano Huerta: “Hojas” y “Lacrimae Rerum”. En “Hojas” justifica plenamente la violencia que se desata en México en el año de 1913: “…las hojas caen en bandadas, en turbiones, rápidas, como arrastradas por la alegría del sacrificio; y su multitud, y su ligereza, animan el ambiente con raro esplendor. No remedan a la muerte: remedan a la lluvia que va a enriquecer la tierra”. (Obras Completas. II 288).

El antagonismo hacia Huerta hace que Don Pedro y el Presidente norteamericano Woodrow Wilson coincidan en cuanto a la política mexicana de este momento. Esta paridad de opiniones contribuye a que se genere, en nuestro autor, una corriente de simpatía hacia el nuevo Presidente de los Estados Unidos, que se manifiesta abiertamente durante estas fechas del acontecer político mexicano.

Coinciden fundamentalmente ambos en que Huerta es un gobernante que se impuso por la fuerza y que además ofende a los Estados Unidos para mantenerse en el poder. Esto es expresado directamente por Don Pedro: “Su propósito fue siempre –desde hace meses se sabe- provocar la guerra para apoyarse en la simpatía que creyó había de despertar en el pueblo su actitud anti-yankee” (Epistolario Íntimo. I. 219).

Sin embargo, Don Pedro ve un peligro de guerra inminente para México, si continúa su enfrentamiento con los Estados Unidos y dice: “El ideal sería el bloqueo simple, que acabará con Huerta. A desearlo me entregaré en todos estos días” (Epistolario Íntimo. I. 219)

3.1 El término cultura

Se introduce en esta fecha de forma preponderante la mención de la cultura en los artículos de Don Pedro[1]. Este término se hará cada día más importante de la producción y el pensamiento de Henríquez Ureña. Todavía cuando en su artículo de 1910 “Cultura antigua de Santo Domingo” menciona a la cultura lo hace refiriéndose exclusivamente a las publicaciones escritas en Santo Domingo, no va a ser así ya en octubre de 1913, cuando escribe el artículo “Don Juan Ruiz de Alarcón” diferenciando el término cultura del de raza, ocasionalmente usado por él en su período inicial Modernista[2].

“Creo indiscutible la afirmación de que existe un carácter, un sello regional, un “espíritu nacional” en México. Para concebirlo, para comprenderlo, hay que comenzar, a mi juicio por echar a un lado la fantástica noción de la “raza latina”, a que tanto apego tiene el ‘demi-monde’ intelectual. Sólo ha de hablarse de ‘cultura latina’, o en rigor, ‘novalatina’…” (Obras Completas. II. 296)

Este término se irá cargando de significado durante todo el transcurso de la vida de Pedro Henríquez Ureña hasta llegar a su expresión de mayor desarrollo en el año de 1946 con la Historia de la Cultura en la América Hispánica.

No es casual que el término cultura se hiciera frecuente junto con otras dos expresiones que contribuyen a darle sentido y a especificar el sector de estudios de donde proviene: el “espíritu nacional” (Obras Completas. II. 296) y el “espíritu de una época”. (Obras Completas. II. 186).

Aparecen los dos últimos sobre todo en la Ilustración Francesa, con Juan Jacobo Rousseau y el Barón de Montesquieu; y continúan con gran popularidad en el Romanticismo alemán. Don Pedro parece haberlos recibido de Ernest Renan, descendiente directo de la ilustración. A quien lee mucho en México y a quien cita constante.

Los términos “espíritu de un pueblo” y “espíritu de una época” aparecen inicialmente en el artículo “La Inglaterra de Menéndez y Pelayo” donde Henríquez Ureña aplica claramente los dos conceptos a esta obra del crítico español:

“… el espíritu del país y de las épocas, claramente definidos: ‘La extraña mezcla de pasión y espíritu positivo, de sensibilidad reconcentrada, de fantasía ardiente y de sentido profundo de la realidad que caracteriza al pueblo inglés, y que le ha hecho uno de los pueblos más poéticos de la tierra’,….” (Obras Completas. II. 296)

La mención del espíritu de una nación se repite en la conferencia sobre Juan Ruiz de Alarcón, en la que Don Pedro nos revela que el comediógrafo es un representante genuino del espíritu mexicano porque posee una serie de características psicológicas que así lo demuestran: “Artista espíritu clásico (entendida esta designación en el sentido de artista sobrio y reflexivo), Alarcón revela en su orientación misma su carácter nacional” (Obras Completas. II. 311). Y no solamente atribuye al espíritu nacional la grandeza de Alarcón, sino nos dice también que “todas estas cualidades, que en parte se derivan de su propio genio, original e irreductible, en parte de su experiencia de la vida y en parte de su nacionalidad y educación mexicana, todas ellas, colocadas dentro del marco de la tradición española” (Obras Completas. II. 311).

En “Don Juan Ruiz Alarcón” Don Pedro aplica el concepto de espíritu nacional” a una nación hispanoamericana, México. Expresa también, cómo cada nación hispanoamericana manifiesta su espíritu nacional en rasgos psicológicos y estilísticos propios, pero no queda del todo descartado que este espíritu sea común a todas las naciones hispanoamericanas: “Las sociedades hispanoamericanas adquirieron así su espíritu peculiar, el cual sólo espera el auxilio de una cultura más extensa y más alta que la alcanzada hasta ahora para manifestarse en plenitud” (Obras Completas. II. 297).

La noción de espíritu del pueblo manifestada en esta época por Henríquez Ureña, posteriormente se integrará, también, a la noción de espíritu de Hegel. Concepto que se encontrará subyacente en toda la concepción de la unidad hispanoamericana que posee Don Pedro. A los términos espíritu del pueblo y espíritu de una época, se agrega el término cultura, de raíces antiguas, incluso dentro del mundo helénico, pero que adquiere el significado preciso que nos interesa dentro del Romanticismo alemán.

Esto coincide con el hecho de que los trabajos de Don Pedro en esta época contienen innumerables referencias al período de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX en Alemania. Concretamente al período intelectual que corresponde al Romanticismo alemán, pero matizado, en cierta forma, con los posteriores planteamientos de la filosofía neo-kantiana. Esta influencia se demuestra en su artículo “La Cultura de las Humanidades” donde nos dice: “Lejos de mi negar el alto papel que en la reconstrucción de las humanidades vienen desempeñando, como discípulas y colaboradoras de Alemania, las demás naciones europeas (incluso la Grecia actual) y los Estados Unidos” (Obra Crítica 602, énfasis nuestro).

Sin embargo, en este período, como lo indica el nombre mismo del artículo, no existe todavía en Don Pedro una definición delimitada de cultura, independiente del fenómeno de las Humanidades. Con “Humanidades” no se refiere nuestro autor al concepto que proviene de las artes liberales, común durante la Edad Media y El Renacimiento, sino a un sentido más amplio concedido a éstas por las investigaciones alemanas e inglesas. En este nuevo concepto de las humanidades se va a recalcar la unión que existe entre las humanidades y la filosofía moral; tomando una frase de Matthew Arnold nos dice:

“Ya lo veis: las humanidades cuyo fundamento necesario es el estudio de la cultura griega, no solamente son enseñanza intelectual y placer estético, sino también, como pensó Matthew Arnold, fuente de disciplina moral. Acercar a los espíritus a la cultura humanística es empresa que augura salud y paz”. (Obra Crítica 600)

Para Don Pedro las humanidades no van a ser conocimiento exclusivamente intelectual, sino algo que debe ser estudiado y aprendido para perfeccionar moralmente al hombre. Como en esta época las humanidades parecen ser una parte importante de la cultura, es inevitable que éstas se carguen también de un cierto contenido (no necesariamente religioso) impregnado de la secularización del pensamiento, de la cual hablamos en nuestro capítulo del “Modernismo”: “De toda esta inmensa labor humanística, que no cede en heroísmo intelectual a ninguna de los tiempos modernos; que tiene sus conquistadores y sus misioneros, sus santos y sus mártires hemos querido ser propagadores aquí” (Obra Crítica 603).

3.2 La Universidad

La tesis sobre la Universidad fue el último trabajo que Don Pedro realizó en México y puede ser consideraba como la culminación de sus ideas en esta última etapa Mexicana. En 1912 se había creado en México la Universidad Popular, la cual es considerada por Don Pedro como la obra “mejor del Ateneo” (Epistolario Intimo. I, 168). Según Don Pedro la función de la Universidad Popular, consistía en “la ‘extensión’, la Universidad Popular, que lleva la cultura media o superior a los grupos sociales separados en ella principalmente por razones económicas” (Obras Completas. II. 324).

Como vemos se manifiesta aquí un interés por incorporar las clases inferiores al conocimiento de la “cultura profesional” y de la “alta cultura” que pueda mejorarlas. El problema social preocupaba a Don Pedro desde su primer libro Ensayos Críticos, donde nos dice: “El problema del porvenir inmediato es poner la riqueza al alcance de todos, y las soluciones propuestas por Henry George y por los socialistas van pareciendo cada día menos ilusorias” (Obra Crítica 26).

Es en la Universidad Popular donde él ve una posibilidad inmediata de solucionarlos. Para Don Pedro la cultura tiene un poder revolucionario que puede equilibrar y mejorar la estructura social. El ideal de Don Pedro, en cuanto a organización de la comunidad universitaria, va a ser la universidad alemana donde se cultivan la investigación y la enseñanza al mismo tiempo. Por supuesto que esta preferencia remite nuevamente a la orientación germánica de este período, en Henríquez Ureña.

Hace hincapié en el hecho de que la Universidad Mexicana surgió en medio de un gran idealismo y no se fijaron ni los principios legales, ni las características económicas de la Institución, lo que permite que haya sido objeto de intervenciones directas del Estado. La Universidad debe ser totalmente autónoma con respecto al gobierno del momento. Es curioso que Don Pedro no incluyera dentro de esta autonomía al recinto o espacio físico de la Universidad: “La Universidad, como persona jurídica, ¿tiene, por ejemplo, los mismos derechos que la persona privada a la inviolabilidad del domicilio? Pienso que no” (Obras Completas II. 345).

Esta tesis tiene una gran relación con la circunstancia histórica de la vida mexicana. Don Pedro veía la inestabilidad política del país y temía que gobernantes poco éticos y pocos instruidos interfirieran en los fines de la institución. La única manera de evitar esto era intentando que la declararan persona jurídica con sus propios deberes y derechos:

“No hay para que discutir la noción de “persona jurídica” o moral. En último término, aquellos sobre quienes han de recaer los efectos reales y prácticos de la actividad de la ‘persona moral’ son hombres, individuos, personas ‘naturales’. Ihering es irrefutable en este argumento. (Obras Completas II. 344)

En esta tesis las opiniones de filósofos y juristas que se citan, generalmente siguen la orientación del pensamiento neo-kantiano como Fichte, Ihering, Jellinek. Aunque parezca extraño escoge también una cita del Presidente Thomas Woodrow tal vez esto no hubiera tenido relevancia en otro contexto, pero sí tiene relevancia en éste, ya que es uno de los principales enemigos de Victoriano Huerta. Citar al enemigo de un dictador en esta forma constituía un acto de rebeldía: “La educación es necesaria para la conservación de aquellas condiciones de libertad política y social que son indispensables al libre desenvolvimiento del individuo” (Obras Completas II. 344).

La codiciada autonomía de la universidad mexicana sólo se logra en el año de 1929, cuando es declarada libre de la intervención del Estado. La tesis de Pedro Henríquez Ureña debe ser considerada como uno de los primeros pasos para el alcance de dicha autonomía.

3.3 Primera Guerra Mundial

En Cuba permanece Don Pedro desde fines de Abril de 1914 hasta mediados de noviembre del mismo año, período de escasos siete meses.En Septiembre José Vasconcelos le ofrece la dirección de la Escuela Preparatoria (el verdadero ofrecimiento era la Sub-dirección pero el telégrafo se equivocó). Sin embargo, inteligentemente Don Pedro se niega; al poco tiempo el mismo Vasconcelos es destituido por el gobierno. La mayoría de sus amigos se encuentran escondidos en prisión o en el exilio. Santo Domingo tampoco parece un sitio seguro y estable para trabajar, porque su situación política está muy convulsionada.

Aunque Don Pedro se declara germanófilo, piensa que el ejército alemán no tiene posibilidades de ganar la guerra. Lo que él respeta de Alemania es fundamentalmente la cultura, como quedó ya demostrado en el capítulo anterior. Sobre esto no dice:

“Creo que tú eres el que se equivoca al no ser alemán, y que, aunque Bernard Shaw diga algo parecido, la Alemania de Hauptmann y de Richard Strauss y de Eucken no ganará nada con que salga vencida la Alemania del deplorable Kaiser. No es enemistad contra la literatura francesa, que es quizás hoy lo más aceptable que tiene Francia: es contra la moral francesa, contra la filosofía francesa, contra la vida francesa. La derrota del ejército es también (por imperfección de la sociedad humana) derrota de las ideas del pueblo que tiene ese ejército. Lo que ha ganado el mundo con el triunfo de Alemania en 1870 es inconcebible(*), Gracias a ese triunfo tenemos en los países latinos cierta dosis de cultura moderna: por ej., la verdadera cultura histórica en Francia, antes de 1870, era desconocida, apenas Renan la vislumbraba, y eso por sus solitarias aficiones alemanas”. (*) (“Ouvré on batalla de Salamina?” Epistolario Intimo II, 49, énfasis nuestro)

Reconoce aquí nuestro autor que la cultura está inmersa dentro de una circunstancia histórica que la hace más débil o más poderosa de acuerdo al juego de la política. Don Pedro no permanece solitario e inactivo en la Habana y crea una verdadera “capilla” donde discute e instruye (Epistolario Intimo, Tomo I pág. 234), a ella pertenecieron José María Chacón y Calvo, Gustavo Sánchez Galarraga, Mariano Brull y Luis Baralt y Lacharie.

Con su hermana Camila, se acerca al medio ambiente universitario cubano y conoce a sus profesores y la forma de hacer los exámenes; sin embargo no puede entrar a trabajar en la universidad porque no tiene el título, ni la nacionalidad cubana.

Observa muy de cerca el famoso proceso judicial seguido al líder del partido liberal, general Asbert, por matar a tiros al jefe de policía de La Habana, general Armando Ribas, cuando aparentemente, trataba de cerrar unas casas de juego de aquella ciudad.


Notas


[1] Anteriormente menciona pocas veces la palabra cultura; una de ellas es en su artículo “Vida Intelectual de Santo Domingo” cuando dice: “…la cultura crece con el desarrollo material, y éste es lento en Santo Domingo”. Obra Crítica 132.

[2] Este término aparece en: “… toda el alma de nuestra raza y de nuestra naturaleza…”. Obra Crítica 18. Sin embargo “raza” tiene más una connotación espiritual que biológica, en Don Pedro.

Laura Febres
Universidad Metropolitana
Caracas, Venezuela

© Laura Febres. Pedro Henríquez Ureña, crítico de América. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Se trata de una versión modificada del libro del mismo título publicado en Caracas: Ediciones la Casa de Bello, 1989 y de la obra Transformación y firmeza. Estudio sobre Pedro Henríquez Ureña, presentada en 1984 en la OEA con motivo del centenario del nacimiento de Henríquez Ureña. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez. Actualizado: febrero de 2003.

 

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