Laura Febres
 

 

Pedro Henríquez Ureña
Crítico de América
  

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La Utopía

“Jauja” y “La Utopía de América” poseen antecedentes literarios en la Utopía de Tomás Moro, el falansterio de Fourier, en la Icaria de Esteban Cabet; sin embargo las vinculaciones más estrechas de Don Pedro parecían ser con el Socialismo inglés y, específicamente con el Socialismo Fabiano.

Los socialistas fabianos se habían distanciado del Marxismo y sus principales líderes pertenecían a la sociedad inglesa. Entre ellos se encontraba Bernard Shaw, figura que nunca va a dejar de tener interés para Henríquez Ureña desde Ensayos Críticos hasta su prolongada estadía en la Argentina.

La Conferencia “La Utopía de América” forma parte de una circunstancia histórica concreta: el México de 1922. Sin embargo fue escrita para ser pronunciada en la Argentina a la que Don Pedro veía como una tierra de promisión y abundancia por las conversaciones que mantuvo con los integrantes de la delegación argentina al Congreso de Estudiantes celebrado en México en 1921. Este trabajo está construido dialécticamente, como también lo estaban ciertos artículos de En la Orilla. Mi España. Citaremos aquí algunos de los opuestos observados: México, América y El Universo que constituyen una trilogía; Libertad y Justicia, pasado y futuro.

Lo original en “La Utopía de América” es que, en el juego de luces y sombras que implica el contraste entre los opuestos, Henríquez Ureña se queda con la luz. El verdadero objetivo del artículo es la síntesis y no los opuestos que la generan.

“¿Y cómo se concilia esta utopía, destinada a favorecer la definitiva aparición del hombre universal, con el nacionalismo antes predicado, nacionalismo de jícara y poemas, es verdad, pero nacionalismo al fin? No es difícil la conciliación: antes al contrario, es natural. El hombre universal con que soñamos, a que aspira nuestra América, no será descastado: sabrá gustar de todo, apreciar todos los matices, pero será de su tierra; su tierra, y no la ajena, le dará el gusto intenso de los sabores nativos, y esa será su mejor preparación para gustar de todo lo que tenga sabor genuino, carácter propio”. ( Obras Completas. V. 239 y 240)

Para Don Pedro, el amor a la Patria, a América y al Universo en su totalidad no se contradecían sino que formaban una síntesis perfecta, donde cada elemento no podía existir sino existía el otro. Ya anteriormente habíamos anotado que no conocíamos a ningún americanista que hubiera amado a América primero, antes de amar entrañablemente a su país de origen. Creo que con este párrafo Henríquez Ureña nos daría la razón, e iría mucho más allá que nosotros y nos diría que no podemos ser universales sin saber en realidad dónde estamos ubicados.

La salvación de América está formulada en este artículo en términos muy hegelianos; el espíritu, esa fuerza definidora y caracterizadora de los pueblos, es la que en última instancia nos salvará: “Me fundo solo en el hecho de que, en cada una de nuestras crisis de civilización, es el espíritu quien nos ha salvado, luchando contra elementos en apariencia más poderosos; el espíritu solo, y no la fuerza militar o el poder económico” (Obras Completas , V, 237).

El espíritu ha tenido en América encarnaciones que lo han representado a plenitud. Para Henríquez Ureña estas encarnaciones son generalmente intelectuales. “Por eso hombres magistrales como Sarmiento, como Alberdi, como Bello, como Hostos, son verdaderos creadores o salvadores de pueblos, a veces más que los libertadores de la independencia” (Obras Completas, V, 237).

En “La Utopía de América” hace mucho hincapié en el posesivo “nuestra” es decir, esta utopía va a ser nuestra, no copiada, aunque el concepto tenga hondas raíces helénicas. Las normas que seguirá el hombre en la utopía vendrán dictadas por tres principios fundamentales: “cuyas normas únicas, después del “neminem laedere” sean la razón y el sentido estético” (Obras Completas, V, 239).

El “neminem laedere”, frase muy corriente del latín, era para Henríquez Ureña el principio fundamental de su Utopía: un hombre que no hiciera daño a sus semejantes, que no les produjera lesión alguna, de “laedere” viene al castellano el sustantivo lesión.

El papel de la razón occidental en toda obra de Henríquez Ureña es fundamental. Sin embargo su preocupación por el “sentido estético” se manifiesta con más insistencia en este período. Tal vez la observación de los monumentos indígenas basados en una estética totalmente diferente a la estética occidental, lo llevaran a una honda meditación sobre los principios de belleza. Sin embargo, la estética de nuestro autor ya había quedado totalmente definida desde que en El origen de la tragedia de Nietzsche había preferido a Apolo antes que a Dionisio. Nunca dejó de dar importancia histórica a las manifestaciones artísticas que se encontraran lejos del concepto apolíneo de la belleza griega; pero desde el punto de vista estético siempre prefirió lo constructivo antes que lo destructivo, la luz antes que las tinieblas. Oigámoslo a él mismo:

“Si no viviésemos ahora en la anarquía ideológica y estética, apenas habría que repetirlo. Naturalmente, instintivamente, el hombre prefiere la luz a las sombras, el espacio abierto a las prisiones, las costas del Mediterráneo a los “fiords” de Noruega”. (Obras Completas, V,70)

Después de escribir “La Utopía de América” en 1922, pensamos que se dio en cuenta de la importancia capital de este artículo para su obra y para el continente. Escribió entonces varios artículos más, que podrían ser considerados como reflexiones sobre ese artículo inicial. Como buen maestro se dio cuenta de que las enseñanzas tenían que repetirse varias veces, de forma que pudieran ser asimiladas por los oyentes y por eso decidió desglosar el tema de la utopía en otros artículos que hicieran hincapié en sus puntos importantes.

“Orientaciones” (1923), como su mismo nombre lo indica, son las pautas a seguir con los países extranjeros para lograr la utopía descrita en 1922. América debe crear su propio modelo cultural y romper la dependencia en que se encuentra con respecto a Europa, sobre todo en el campo de la cultura. El artículo habla también de romper la dependencia cultural con respecto a los Estados Unidos, pero en este punto hace menos hincapié porque en aquella época, nuestra dependencia cultural con respecto a Europa era mayor que hacia los Estados Unidos.

El tema americano aunque está siempre presente en toda la obra de Henríquez Ureña, va a tener un mayor acento en su madurez que en su juventud. A partir de la “Utopía de América” va a suceder con él algo parecido a lo que pasa con el carrete de hilo del que hemos venido cortando hebras cuidadosamente, pero que de repente, por accidente, se nos desata y nos sorprende porque contiene mayor cantidad de hebras de las que hubiéramos pensado.

6.1. La literatura infantil

La mayor parte de su obra infantil es escrita de 1921 a 1924; sus cuentos posteriores, más escasos en número, se alejan del optimismo mexicano. Ya en “La Sombra”, de 1936, observamos cierta atmósfera depresiva, parecida a la que respiramos en los cuentos contemporáneos de José Donoso. En “El peso falso” escrito en 1936 (que recuerda la obra literaria de José Martí) se encuentra un poco en el terreno de la literatura de denuncia demostrando los falsos valores con que viven los hombres deseosos de dinero.

En los cuentos de Henríquez Ureña, realizados en este período, la acción fundamental está lejos del mundo de los hombres, en sociedades o en tierras imaginarias. La distancia lo ayuda a relativizar mejor al hombre, sus valores y su sociedad. El mundo de los hombres no desaparece sino que se conserva como una segunda realidad que debiera ser transformada con las nuevas formas de vida mostradas en el cuento.

“Pero es bueno que pienses que todo lo que nos sucede a nosotros puede muy bien suceder entre los hombres. Los animales no somos los únicos que tenemos defectos. Así que todo lo que me oigas contar aplícalo, y verás que te sirve”. (Obras Completas Tomo V, 152)

Los cuentos generalmente parten, como la mayoría de los cuentos infantiles lo hacen, de realidades conocidas por los niños y de allí entran a un mundo fabuloso. Estas realidades cotidianas son típicamente mexicanas: El paisaje, la escuela, los dibujos de Adolfo Best. Generalmente toda esta literatura infantil está cargada deliberadamente o no, de un fuerte sentido nacionalista, tal vez por eso Henríquez Ureña utilice estos detalles.

Recordemos que la literatura infantil es también uno de los órganos más importantes de difusión del Romanticismo Alemán, movimiento que fue fundamental en la formación de Henríquez Ureña, donde Federico Grimm escribía cuentos mientras su hermano Jacobo investigaba filológicamente los orígenes de la lengua alemana.

El paso de esta realidad cotidiana y nacionalista al mundo de la imaginación, que está iluminado —generalmente— por un sol brillante, se hace con bastante naturalidad en los cuentos de nuestro autor y la enseñanza no está explícita como la moraleja de ciertos cuentos, sino que el contenido moral está inmerso dentro de la totalidad de la pequeña obra.

En las fábulas, los animales ridiculizan constantemente el mundo de los hombres que está lleno de venganza y de violencia “Francamente dijo el león —no sé por qué los hombres acusan tanto a las fieras. Los leones no nos matamos unos a otros, ni los lobos; pero el hombre es lobo para el hombre ¡Y vanidosos!” (Obras Completas, V,162).

En cambio, en el mundo de los animales todo es ordenado y con finalidad. “Eso de matar a quien no nos hemos de comer, no lo hacemos los animales: esas son cosas de los hombres” (Obras Completas, V, 204). En los cuentos referentes a “Jauja” nuestro autor nos muestra una sociedad ideal: “Jauja se fundó para no tener comunicación con el mundo de los hombres, que hacen vida desgraciada por sus ambiciones de poder y de dinero…” (Obras Completas, V, 109).

Allí todos los hombres poseen lo suficientes para vivir en paz. Como en los inicios de la Revolución Rusa, los hombres no son propietarios de nada. Sin embargo “Jauja” se ha desarrollado independientemente, sin conocer los objetivos de ella:

“Entonces ustedes son como los bolcheviques.
—No sé qué será eso – dijo el repartidor.
—Pues dicen que en Rusia gobiernan los bolcheviques, y que ni compran ni venden, ni dejan que nadie sea dueño de nada, sino que quieren que todo sea de todos y que todos trabajen para todos” (Obras Completas , V, 115)

“Jauja” es una sociedad autónoma, libre de influencia extranjera, nadie la molesta; cuando mundos extraños a ella intervienen en su desenvolvimiento, le ocasionan serios trastornos.

“… Pero precisamente Jauja se estableció en una isla que tenía minas de azúcar. El día que se enteraran las grandes naciones, ya las veía yo mandar barcos a conquistarnos; pero nunca podrán saber dónde queda nuestra isla”. (Obras Completas , V, 128)

Los cuentos, a veces reflejan la problemática que Henríquez Ureña vivía en ese momento: La escasez de recursos económicos. Problemática que era común a los escritores honrados de México. Oigamos el diálogo entre dos ratones:

“¿Entonces los escritores honrados no tienen buena despensa?
No. Se mantienen con muy poca cosa”. (Obras Completas , V, 217)

Es cierto que hemos analizado los cuentos de nuestro autor con ojos de adulto para entender mejor la subjetividad de Pedro Henríquez Ureña en el momento de escribirlos. Sin embargo, la complejidad de ciertos temas no es obstáculo para que los niños comprendan la totalidad del cuento leído. Henríquez Ureña está en desacuerdo con la literatura infantil demasiado sencilla que no le muestra al niño las verdaderas complejidades de lo real. Oigámoslo en Argentina en 1930:

“Pero además el maestro debe vencer el prejuicio de que la buena lectura resulta siempre difícil para el niño y de que sólo pueden dársele la deplorable “literatura infantil”, en cuya fabricación —no hay otro modo de llamarla —se ha suprimido todo jugo y todo vigor. Grandes escritores han sabido producir libros que realmente interesan a los niños” (Obra crítica, 667)

Como vemos al niño se le puede mostrar temas complejos como la justicia, la felicidad, la violencia, la venganza, lo importante es saber trabajarlos, adaptarlos a su sensibilidad, y esto lo logró Henríquez Ureña. Sin embargo, pensamos que todavía sus cuentos infantiles no han encontrado al ilustrador adecuado que ayude a comunicar el contenido temático que esos poseen. Si “Jauja” fuera acompañada de las imágenes que el cuento sugiere, los niños estarían constantemente leyéndolo.

 

Laura Febres
Universidad Metropolitana
Caracas, Venezuela

© Laura Febres. Pedro Henríquez Ureña, crítico de América. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Se trata de una versión modificada del libro del mismo título publicado en Caracas: Ediciones la Casa de Bello, 1989 y de la obra Transformación y firmeza. Estudio sobre Pedro Henríquez Ureña, presentada en 1984 en la OEA con motivo del centenario del nacimiento de Henríquez Ureña. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez. Actualizado: febrero de 2003.

 

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