Miguel Vicente Pedraz

 

"EL IMAGINARIO CORPORAL DEL LIBRO DE LOS ESTADOS.
Representaciones somáticas de la sociedad y representaciones sociales del cuerpo
en la obra política de Don Juan Manuel"

Miguel Vicente Pedraz
Universidad de León

La Edad Media española, enmarcada cronológicamente por el transcurso de la denominada Reconquista, posee una determinación política y, más concretamente, bélica que por su incuestionable importancia en el proceso de configuración de los estados y de las culturas hispánicas ha interesado tradicionalmente a los historiadores. Sin embargo, la orientación de los estudios hacia cuestiones de esa índole, con ser algo de primer orden, ha tendido a presentar una visión parcial y, hasta cierto punto, sesgada de una época cuyos rasgos se han convertido a menudo en el paradigma de la barbarie y el primitivismo.

Sólo en las últimas décadas, la agudización de la sensibilidad historiográfica universal ha cristalizado en la aparición de innumerables estudios medievales orientados hacia el conocimiento de otra serie de aspectos capaces de proporcionar una visión más completa de la sociedad de aquel tiempo. Una visión que no sólo abarca el estudio de las estructuras económicas, jurídicas o ideológicas sino que trata de profundizar en los mecanismos psicológicos y sociológicos sobre los que se fueron construyendo las formas comportamentales y de mentalidad; una perspectiva que trata de comprender no sólo la realidad social y material sino también las formas en que los hombres se representaban estas como un aspecto o como una categoría más de la propia realidad.

Una de estas categorías, cuyo estudio aún no goza en España de gran desarrollo, es lo que en este artículo se denomina representaciones del cuerpo o imaginario corporal, es decir, el conjunto —y a la vez síntesis— de las imágenes sociales del cuerpo humano sobre las que, en definitiva, se construyen los modelos de comportamiento y sensibilidad corporal. Una categoría que comprende, entre otros aspectos, las técnicas de presentación corporal (formas del vestido y de la higiene, hábitos cosméticos, gestos modales y expresivos que rigen las formas de convivencia), las técnicas y hábitos alimenticios, las técnicas y hábitos de relación sexual, las prácticas recreativas y festivas, las técnicas y hábitos de expresión escénica (litúrgica, administrativa o, propiamente, artística), las prácticas de recreación, las prácticas curativas, la emotividad somática (representaciones del pudor, la vergüenza, la intimidad, etc. así como las actuaciones que de ellas se derivan), la aprehensión estética del cuerpo (representación de la belleza y la fealdad, la mesura y la vehemencia, la soltura y la torpeza, la armonía, y la disarmonía, etc.), la aprehensión ética (representaciones de la honestidad, la virtud, la deshonra, el vicio, el pecado, etc.), los modos en que los poderes sociales son ejercidos desde el cuerpo y sobre el cuerpo (prácticas de dominación directa como la coerción, la vigilancia o el castigo físico y prácticas de dominación indirecta como la inculcación ideológica o moral a través de la acción educativa), los mecanismos por los que los ideales morales toman cuerpo sobre simbologías somáticas, etc. todo ello, en tanto que elementos imprescindibles y siempre presentes de la cultura simbólica y física que mediatizan la autopercepción y experiencia del cuerpo y, con ellas, la propia materialidad corporal. Se trata de unos elementos que, si ofrecen datos de interés irrenunciables en el esclarecimiento de las categorías de cualquier cultura, mucho más en el caso de la cultura cristiana medieval que, frecuentemente, ha sido calificada como una cultura contra el cuerpo —fruto de la tradición ascética— y que, sin embargo, encuentra en el carácter visible y aparencial de los signos corporales, en la ética y en la estética gestual o en el ordenamiento somático, alguno de sus principales modos de expresión (1).

En efecto, siendo la materialidad corporal la referencia más inmediata, la más real, la más popular y la más accesible sobre la que el hombre medieval podía configurar su economía afectiva, aunque la mayor parte de las veces tuviera que ser mediante su negación y renuncia, el cuerpo no podía sino manifestarse en el medioevo cristiano como un eje, siempre presente, en torno del cual giraba una buena parte del imaginario teológico, político, ético y, en general, filosófico; había de presentarse como una constante del pensamiento al margen de cuyo andamiaje simbólico —ya fuera que lo ensalzara o que lo negara— parecía difícil pensar cualquier categoría social, cualquier objeto cultural o material y, mucho más difícil aún, organizar la actividad práctica y la experiencia. Piénsese, por ejemplo, en la recurrencia de la representación antropomórfica del universo, en la interpretación y medición del espacio y del tiempo a partir de dimensiones y labores corporales o, asimismo, en la representación organicista de la sociedad civil y eclesiástica; repárese, especialmente, en la importancia de la noción de cuerpo místico —cuerpo de Cristo— como objeto por excelencia del ritual cristiano y, a la vez, paradójicamente, en la sospecha y acecho constante de los que es objeto la carne —cuerpo del hombre— en la configuración del imaginario moral del cristianismo; obsérvese la importancia del gesto litúrgico y el gesto cortés —manifestaciones excelentes de la corporeidad junto con la gesta— en tanto que ingredientes insustituibles de todo ritual de pasaje religioso o profano; obsérvese también como la gesticulación, reverso del gesto reducido y virtuoso, constituye el recuerdo permanente de un desorden que emerge del interior del cuerpo y que precisa de vigilancia, etc. todo lo cual pone de relieve que el cuerpo era más que un simple recurso de figuración literaria y su presencia discursiva más que un mero instrumento metafórico o didáctico.

Pues bien, en este artículo se pretende avanzar en esta línea de estudio de la cultura simbólica, el imaginario corporal, de una pequeña parcela de la cultura medieval hispánica, la que toma como referencia inmediata, aunque no exclusiva, el discurso Don Juan Manuel lleva a cabo en Libro de los Estados; una obra que constituye un documento literario cuyos valores histórico, sociológico y político, no suficientemente resaltados hasta hace muy poco, empieza a ser puesto de relieve por la historia y la sociología de la literatura no sólo española sino también europea como lo demuestra la ya prolija lista de estudios al respecto (2). Una lista en la que, sin embargo, no hemos constatado ninguna aproximación al concepto o imágenes del cuerpo como objeto de estudio principal sino, tan sólo, alguna rápida referencia como elemento de apoyo circunstancial en el estudio de otras variables de la producción literaria de Don Juan Manuel tales como su pensamiento moral, teológico, político o científico.

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© José Luis Gómez-Martínez
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