José Mora Galiana

 

"Para leer a Ignacio Ellacuría"
(En el X aniversario de su asesinato, curso 99/00)

I. Del compromiso universitario al martirio.
I.1. Introducción.

En el décimo aniversario de los mártires de la Universidad Centroamericana (UCA) José Simeón Cañas, de San Salvador, hemos podido comprobar en aquel paraje natural, jardín botánico del antiguo Cuscatlán, que, en la Universidad de los jesuitas, recinto que se comunica por la parte baja con la Avenida de los Próceres de San Salvador, la vivencia y la fuerza de la liberación presiden el compromiso universitario con la sociedad: Ignacio Ellacuría (Rector de aquella Universidad), Ignacio Martín Baró (psicólogo de la liberación), Segundo Montes Mozo (sociólogo y fundador del Instituto de Derechos Humanos), Armando López Quintama (Rector de la UCA de Managua de 1979 a 1983), Juan Ramón Moreno Pardo (humanista y científico, experto en Bioética) y Joaquín López López (promotor de la Educación popular), al ser asesinados junto a la cocinera de la Residencia Universitaria, Julia Elba Ramos, la mujer de Obdulio, quien cuidara las rosas del jardín de la liberación, y junto a la joven Celina, su hija, justo cuando había terminado el primer año de bachillerato comercial, siguen inspirando el conjunto de actividades y servicios, la docencia, la investigación y la proyección social.

Ese espíritu de la fuerza de los mártires lo hemos podido comprobar en el actual Rector José María Tojeira, el que fuera provincial cuando los asesinatos; en Jon Sobrino, que es Director del Centro Monseñor Romero, y no fue asesinado por estar en Oriente dando unas conferencias; en el Vicerrector de proyección social, el historiador Rodolfo Cardenal – que se liberó de la matanza por dormir fuera aquella noche -; en Gaborit, que ha cogido el testigo de Martín Baró; en el Decano de la Facultad de Ciencias del hombre y de la naturaleza, Héctor Samour, que conoce ampliamente el pensamiento filosófico de Ellacuría; en el nicaragüense Rolando Alvarado, que siguió muy de cerca, y muy joven, el trabajo de Ellacuría en su etapa de madurez, en Erasmo Ayala, recopilador incansable, ... y en un grupo de jóvenes, hombres y mujeres que, junto con el personal de servicios, del comedor, de la administración, de la librería, del Centro Monseñor Romero, de los jardines, de la limpieza, de la biblioteca y de los archivos, mantienen viva la llama de la utopía y el espíritu profético de la UCA.

En la UCA, llama la atención la cultura de la austeridad, la pobreza y el trabajo entre profesores, alumnos, y personal de servicios, aunque muchos de los 15.000 alumnos de las Facultades de Ingeniería y Arquitectura, Ciencias Económicas y Sociales, y Ciencias del Hombre y la Naturaleza, sean hijos e hijas de las elites económicas, políticas y profesionales de San Salvador. Y llama poderosamente la atención también, tanto en el Auditórium –con capacidad para mil personas- como en la procesión de los farolillos, en la vigilia del día 16 de noviembre, la presencia multitudinaria de campesinos y campesinas, unidos a los universitarios, profesores y agentes sociales, venidos de todos los países centroamericanos, como si de una manifestación o fiesta se tratara.

El haber comprobado esta realidad palpitante se debe, tal vez, al hecho de que en la actual Sede Iberoamericana de la Universidad Internacional de Andalucía, en la Rábida de Palos de la Frontera, del 25 al 28 de mayo de 1987, justo en tiempos de campaña electoral en aquel entonces, pudimos presenciar también la fuerza espiritual y transformadora de las exposiciones de Ellacuría al hablar de la Teología de la Liberación frente al cambio sociohistórico de América Latina y exponer su pensamiento, en torno al concepto y a la idea de Liberación (Implicaciones.... 1989: 69-109), como momento intelectual, universitario, de la praxis histórica. Nos decía allí que los creyentes, tanto por la condición de seres humanos como por la condición de cristianos, deberíamos intentar poner toda la plenitud de la fe cristiana en las llamadas tareas temporales, puestas explícita y arriesgadamente a favor de los oprimidos y a favor de las luchas de liberación.

Aunque ya en el año 1977, en vísperas del cambio constitucional, se divulgó en España un trabajo suyo, sobre La Iglesia de los pobres, sacramento histórico de liberación, y aunque unos años antes había producido cierto revuelo en Latinoamérica su Teología política, de 1973, en Huelva, el influjo y la presencia de Ignacio Ellacuría no se materializó hasta el año l987. En mi caso, allá por el 1968 (el año de tantas primaveras y también el año de Medellín), andaba yo recién incorporado al mundo negroafricano, un universo totalmente otro y distinto del nuestro, cuando Guinea Ecuatorial iba a lograr por fin, a trancas y barrancas, la independencia política con toda una secuela de problemas.

Fue, además, en febrero de 1987, gracias a un amigo ceramista de Sevilla, que anduvo en tiempos por El Salvador, cuando pude conocer personalmente a Ignacio Ellacuría, de recia personalidad, hombre equilibrado en las formas, atlético, de mirada penetrante, inteligente sin concesiones y afable en el trato. Fue precisamente en Córdoba, ciudad intercultural por excelencia, donde nos vimos en el Primer Encuentro Abrahámico, del 12 al 15 de febrero.

En aquella ocasión, en el diálogo intercultural de las tres grandes religiones expuso una ponencia titulada "Aporte de la Teología de la Liberación a las religiones abrahámicas en la superación del individualismo y el positivismo" (publicada en 1978). Él compartía con los grandes: Helder Cámara, Roger Garaudy – que nos ha dejado perplejos en su última evolución antisemita y su libro Los mitos fundacionales del Estado de Israel-, Hans Küng, el Secretario General de la UNESCO, etc. Pero no tuvo ningún problema en compartir mesa y mantel sencillo en los altos de un restaurante céntrico, para departir sobre la realidad de la Iglesia Española y su evolución después del Concilio Vaticano II, los problemas de Centroamérica y la problemática sociolaboral y política de España, tras la Transición.

Fruto de aquel doble encuentro, personalmente estuve siempre atento a la realidad y la verdad de aquella realidad centroamericana de la UCA. En La Rábida, en el calor del diálogo, visto hasta dónde llegaba su compromiso, nos atrevimos a insinuarle a Ignacio que pensara en la posibilidad de quedarse un par de años en España. Pero con su fulminante mirada nos dejó bien claro que nadie lo apartaría del pueblo salvadoreño. Para leer la palabra y la realidad de Ignacio Ellacuría conviene tener en cuenta esta dimensión vivencial de la persona y la obra.

Sirva, pues, esta introducción para adentrarse en el compromiso universitario que llevó a Ignacio Ellacuría al martirio, junto a sus más íntimos colaboradores, ofreciendo con total gratuidad el testimonio supremo de su vida.

Ignacio Ellacuría (1930-1989) fue un sacerdote jesuita, filósofo y teólogo de la liberación, fue pensador y analista político de la realidad social, defensor de las mayorías populares – sujeto activo y no sólo pasivo de la historia - que, como Rector de la UCA tuvo una gran incidencia intelectual y sociopolítica, defendiendo en los foros de debate Norte-Sur, frente a la Civilización del Capital y la Cultura Neoliberal, la Cultura y la Civilización del Trabajo y la Pobreza. Su asesinato dejó inconclusa una de sus principales obras: Filosofía de la realidad histórica, que también concibió bajo el título de Filosofía de la Historia y Estructura de la realidad histórica. Aquel año iba a dejar ya el Rectorado que le llevó a la muerte. Su compromiso universitario y su testimonio liberador pueden ayudarnos a formular la pregunta final sobre Huelva ante su joven realidad universitaria, y ante la verdad de su realidad.

Vamos a ver su vida, por sí mismo, y también por medio de Jon Sobrino. Y vamos a aproximarnos a su pensamiento sobre la Universidad para después adentrarnos en una constelación de pensamiento, en torno a la liberación, y captar así el sentido de su personalidad convergente y su obra.

I.2. Ignacio Ellacuría y el espíritu vivo de Jon Sobrino.
I.2.1. Ignacio Ellacuría (1930-1989).

Dice Sols Lucia, en la introducción a la Teología histórica de Ignacio Ellacuría, y tiene toda la razón, que el pensamiento de Ellacuría está marcado por su trayectoria biográfica y es incomprensible sin ella, precisamente porque elaboró una filosofía y una teología desde la realidad en cuanto realidad para interpretar la historia e influir en ella, en un horizonte de liberación y de fe.

Nació en Portugalete (Vizcaya, España), el 9 de noviembre de 1930. A los 17 años, ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en Loyola (Guipúzcoa) y en 1949 fue enviado al noviciado de Santa Tecla en El Salvador, siendo su maestro el P. Miguel Elizondo, de quien aprendió la libertad de espíritu. Estudió Humanidades y Filosofía en Quito (Ecuador). Allí conoció al humanista clásico P. Aurelio Espinosa Pólit, y al P. Ángel Martínez Baigorri, poeta. Licenciado en Filosofía, introdujo en su reflexión y en sus tareas formativas el diálogo entre el tomismo, la filosofía vitalista y el pensamiento de Ortega y Gasset. Estudió Teología en Innsbruck (Austria) y obtuvo la licenciatura en esa disciplina, siendo su maestro el profesor Karl Rahner. El 26 de julio de 1961 fue ordenado presbítero en Innsbruck. De 1962 al 1965 realizó los estudios para el doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, donde defendió su Tesis Doctoral: La principalidad de la esencia en Xavier Zubiri (obra inédita). Realizó los cursos de doctorado en Teología en la Universidad de Comillas, pero no llegó a concluir su Tesis sobre Dios y la historicidad, cuyo proyecto retomó en los últimos años de su vida.

En 1967, de nuevo en El Salvador, se incorporó a la UCA aunque mantuvo la colaboración con Xavier Zubiri, en España. La Conferencia de Medellín (IIª Conferencia del Episcopado Latinoamericano, de 1968) marcó definitivamente su compromiso en pro de la praxis de la liberación. Desde 1968 hasta su muerte fué miembro de la "Junta de Directores" de la Universidad de la UCA. Y en 1969, la UCA asumió la revista de Estudios Centro Americanos (ECA).

Del 1970 a 1973, siendo el padre Arrupe General de los jesuitas, fue responsable de la formación de la Provincia Centroamericana; y, en 1972, Director del Departamento de Filosofía, publicando a finales de 1973, su primera obra importante: Teología política, que provocó una controversia con la Nunciatura del Vaticano, retardándose la publicación en inglés hasta 1976. De hecho, el 11 de marzo de 1974, Ellacuría, al escribir a Mr. John Eagleson para agradecer el ofrecimiento editorial, manifiesta: "la Nunciatura y algunos obispos han tramado un ataque contra Mons. Rivera y contra mi libro, mediante el juicio de un teólogo anónimo, juicio sin ninguna altura científica..."

En 1974 fundó el Centro de Reflexión Teológica en la UCA. En 1975 participó en el homenaje a Karl Rhaner sintetizando las denominadas Tesis sobre posibilidad, necesidad y sentido de una Teología Latinoamericana. En 1976 fue el director de la revista ECA. Y el editorial "A sus órdenes, mi capital", ocasionó la retirada del apoyo económico del Gobierno, provocando además una violencia paramilitar contra la Universidad, que Ellacuría quiso autónoma del poder civil y del poder eclesiástico, sobre todo a partir del año 1979.

El año de 1979 fue nombrado Rector, dos años después del asesinato del P. Rutilio Grande. En 1980, el 24 de marzo, fue asesinado durante la eucaristía el arzobispo Mgr. Romero, a quien Ellacuría había respetado como hombre de fe en medio de un pueblo crucificado.

El Salvador viviría entonces una guerra civil de doce años. Y, aunque ya en 1981 Ignacio Ellacuría planteó la solución negociada al conflicto, el 16 de noviembre de 1989 fue asesinado, junto a sus colaboradores, por soldados del propio Ejército Nacional, en la residencia de la Universidad. Diez días antes, Ellacuría recibía en Barcelona el Premio de la Fundación Comín, otorgado a la UCA de San Salvador. En la actualidad, sus restos yacen en la capilla de la UCA o Iglesia de los mártires.

Respecto a si Ellacuría fue más teólogo que filósofo o más analista político que teólogo, conviene recordar que en la UCA comenzó dando clases de Filosofía en 1967, dos años después de defender su Tesis Doctoral en la Universidad Complutense de Madrid sobre La principialidad de la Esencia en Xavier Zubiri, su maestro, también vasco universal, con quien mantendría una colaboración permanente hasta el punto de ultimar la edición de algunas de sus mejores obras.

No obstante, al igual que en sus estudios teológicos en Innsbruck pudo centrarse en la investigación pura -al modo de Rahner, Moltmann o Metz-, tampoco en Filosofía se limitó al trabajo intelectual especulativo, pues entendía que la intelección de la realidad histórica y su actualización sólo pueden realizarse desde la propia realidad y desde la praxis histórica, es decir, desde el compromiso con la propia realidad.

En efecto, ya en su Tesis Doctoral, dejó sentadas las bases de la "principialidad de la realidad", estructuralmente compleja, dinámica y evolutiva en su devenir histórico -con lo que su filosofía apuntaba más allá del Realismo ingenuo y el Idealismo, más allá del Racio-Vitalismo de Ortega, más allá de la filosofía teologal de Zubiri –en Naturaleza, Historia, Dios-, más allá de la Filosofía de la Historia de Hegel y más allá del Materialismo Dialéctico de Marx-, para, postulada como objeto de la Filosofía, afirmar después la Realidad Histórica como el lugar privilegiado de la Ética, exigencia básica de la Política y de la Economía.

En la obra inconclusa que nos legó antes de ser asesinado, y cuya edición fue preparada por Antonio González en UCA Editores y en la Editorial Trotta, en 1990, apunta al final dos grandes temas sobre el sujeto de la historia y sobre el sentido de la historia. En ellos, y en sus manuscritos inéditos, puede apreciarse cómo el quehacer intelectual -desde la praxis histórica y el compromiso universitario- entraña graves riesgos cuando se aborda la realidad y sus potencialidades o posibilidades, es decir, cuando se aborda no sólo lo hecho sino lo que queda por hacer y se puede hacer, sobre todo cuando se defienden los derechos de las mayorías populares.

I. 2. 2. Jon Sobrino (1938):

Desde 1969 es sacerdote jesuita, de familia vasca, vinculado a Centroamérica (El Salvador) desde 1957. Es teólogo de la liberación, profesor de la UCA, y Director del Centro Monseñor Romero de dicha Universidad. Se salvó de la matanza de noviembre de 1989 por encontrarse en Tailandia impartiendo una serie de conferencias sobre Religiones orientales y Liberación. Junto con Leonardo Boff es uno de los que más ha contribuido en Latinoamérica a la elaboración metódica de una Cristología de la Liberación.

Nació en Barcelona en 1938. Terminó sus estudios de bachiller en el Colegio de los jesuitas de Indachu, en Bilbao, el año 1956. Siendo novicio, en 1957, lo enviaron –como a otros miembros de familias nacionalistas vascas- a El Salvador. En 1958 estudió Latín y Griego en Cuba. Luego, en Estados Unidos, hizo el "master" en Ingeniería y se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de St. Louis. Es doctor en Teología por la Hochschule S. Georgen (Frankfurt 1975). Pero ya desde 1972, al regresar a Centroamérica, asume plenamente la significación del compromiso y los documentos de Medellín de 1968, que denuncian como violencia primera la violencia estructural del poder establecido.

Con posterioridad al asesinato de Ignacio Ellacuría ha culminado en 1990 la obra iniciada con él, Mysterium liberationis. Conceptos fundamentales de la Teología de la Liberación, y ha prologado el libro Ignacio Ellacuría: "Aquella libertad esclarecida", con una reflexión sobre "Monseñor Romero y la fe de Ignacio Ellacuría".

Como indica Juan José Tamayo Acosta, en su libro Para Comprender la Teología de la Liberación, Sobrino pertenece a la segunda generación de teólogos latinoamericanos de la liberación y destaca por sus aportaciones en cuatro campos fundamentales: la Cristología, la Eclesiología, la espiritualidad y el Dios vivo, frente a la explotación, la pobreza, la dominación, la miseria y la muerte.

Jon Sobrino presidió la eucaristía que, con motivo del décimo aniversario, se celebró en la Iglesia de los mártires de la UCA en memoria de Ignacio, y en la que concelebró y predicó el hermano de Ellacuría, José, jubilado de sus tareas misioneras en China y el lejano Oriente, de donde transmite una sabiduría popular llana y afable aunque esté ejerciendo de asesor laboral en Vitoria, con mirada transparente y cabeza iluminada por el blanco de sus canas divinas.

Con Jon Sobrino tuvimos una conversación en profundidad que desveló aspectos importantes de la vida y el compromiso de Ellacuría.

Jon Sobrino, a quien también amenazaron de muerte el año 1975, conoció a Ellacuría un año antes, en 1974. Subraya en él la fe operativa del cristiano. Lo considera un intelectual y un escritor pero no al modo europeo. Su pensamiento y sus escritos son actualización de la realidad y respuesta a las exigencias de la realidad salvadoreña a todos los niveles. Era el suyo un modo de pensar siendo, un modo de pensar para realizarse y liberar, un modo de pensar para hacer la verdad. En el año 1972 ya le habían amenazado de muerte. Su pensamiento era fruto de un quehacer intelectual comprometido.

¿Por qué no lo querían, por qué lo mataron? Porque denunciaba la injusticia. Lo paradójico, sin embargo, es que fue promoviendo y acompañando el proceso de paz cuando lo mataron. El tomaba postura respecto de las Fuerzas Armadas y el Gobierno, pero tomaba también postura respecto de los guerrilleros y de la guerra. En los últimos años le dedicó mucho tiempo a favorecer la negociación. Pero él mismo era consciente del riesgo que corría. Ellacuría solía decir: "ahora corre más peligro mi vida". Eran muchas las teclas de la realidad que le tocaba tocar.

Ellacuría era filósofo puro, cercano a Zubiri, del que sacaba hasta las últimas conclusiones en diálogo con la realidad y con otros autores de la Historia de la Filosofía. Y aunque se enfrentara a los prohombres más actuales de la Filosofía (Kant, Hegel y Marx), tenía cierta predilección socrática [En Filosofía para qué (UCA editores, San Salvador, 1999, artículo de la Revista ABRA, nº 11, del año 1976), sobre Sócrates y la necesidad de filosofar, dice Ellacuría: "Sócrates vivió como ciudadano de Atenas en el siglo quinto antes de Cristo. Fue filósofo porque fue ciudadano, esto es porque fue político, porque se interesaba hasta el fondo de los problemas de su ciudad, de su Estado. Veía todas las cosas "sub luce civitatis", a la luz del Estado, pero no de un Estado que caía por encima de los individuos sino de un Estado, sólo en el cual los hombres podían dar la medida de su plenitud."]. Era, pues, un filósofo de la realidad histórica. Era un analista político. Su pensamiento tenía gran incidencia entre las fuerzas políticas, sociales y culturales. Era un teólogo, un hombre cristiano, y tenía una visión y un pensamiento propio sobre la Universidad.

Medellín (en donde Paulo Freire tuvo también su influjo en los documentos de Educación y Pedagogía Liberadora) supuso un punto de partida para la aplicación del Concilio Vaticano II en toda América Latina. La Teología era un instrumento óptimo y útil al igual que la Universidad. Ellacuría, además de una Filosofía, tenía una teoría estructurada acerca de la Universidad y la función de la Universidad, en el contexto de la realidad salvadoreña y centroamericana.

Bibliografía de Jon Sobrino

  • Cristología desde América Latina. Esbozo a partir del seguimiento de Jesús, CRT, Mexico 1976.
  • Monseñor Romero, verdadero profeta, IHCA-CAV, Managua, 1981.
  • Resurrección de la verdadera Iglesia. Los pobres, lugar teológico de la Eclesiología, Sal Terrae, Santander, 1981.
  • Jesús en América Latina. Su significado para la fe y la cristología, Sal Terrae, Santander, 1982.
  • Liberación con espíritu. Apuntes para una nueva espiritualidad, Sal Terrae, Santander 1985.
  • Jesucristo Liberador. Lectura histórica-teológica de Jesús de Nazaret, UCA, San Salvador, 1991.
  • La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas, Editorial Trotta, Madrid 1999.

La aproximación vital a Jon Sobrino hace imprescindible situar a Ignacio Ellacuría, aunque filósofo que dialoga con Kant, con Hegel, con Marx y con Zubiri, en el contexto de la Teología de la Liberación y de los autores relacionados con este pensamiento.

I. 3. Del compromiso universitario.
I. 3.1. Aproximación a los escritos universitarios.

Los Escritos Universitarios se han publicado en la UCA en un solo volumen, el año 1999. La presentación del libro tuvo lugar a mediados de noviembre. Reproducen la producción intelectual realizada por Ignacio Ellacuría, en diálogo permanente con sus colaboradores, sobre la misión sociopolítica de la Universidad. Comprenden un periodo que va desde octubre de 1970 hasta noviembre de 1989. La injusticia estructural e institucionalizada es lo que caracteriza el contexto histórico político de El Salvador en este periodo.

Los escritos que componen el libro son los siguientes:

  • El Discurso de la UCA en la firma del contrato con el Banco Internacional de Desarrollo (BID), cuya firma se llevó a cabo el 27 de octubre de 1970 en Washington.
  • Un análisis crítico de la "Ley Orgánica de la Universidad de El Salvador" (del 5 de octubre de 1972), dado que el 19 de julio el Gobierno intervenía militarmente en la Universidad para dar un vuelco político y tuvo que ser una "Comisión Normalizadora" la que preparase un Anteproyecto de Ley Orgánica.
  • Un escrito con ocasión del décimo aniversario de la fundación de la UCA, que tuvo lugar el 15 de septiembre de 1965. El trabajo lleva por título: Diez años después, ¿es posible una Universidad distinta?
  • Ponencia sobre el futuro: Una Universidad centroamericana para El Salvador (expuesta en un seminario de junio de 1976).
  • Un planteamiento universitario, muy elaborado desde 1978 y publicado en 1989, que lleva por título: Funciones fundamentales de la Universidad y su operatividad.
  • El artículo de 1980: Universidad y Política.
  • Universidad, derechos humanos y mayorías populares (de 1982).
  • El Discurso de graduación de Ignacio Ellacuría en la Universidad de Santa Clara (California, en 1982)
  • La UCA ante el doctorado "honoris causa" concedido a Monseñor Romero, en 1985.
  • Veinte años de servicio al pueblo salvadoreño (en 1985, a propósito del vigésimo aniversario de la fundación de la Universidad).
  • Los retos del país a la UCA en su vigésimo aniversario.
  • Hacia un desarrollo liberador de los pueblos (Discurso de la Trigésima Quinta Graduación, pronunciado el 16 de abril de 1988).
  • La inspiración cristiana de la UCA en la docencia (Discurso pronunciado en la graduación del 30 de septiembre de 1988).
  • El desafío de las mayorías populares (el último discurso pronunciado por Ignacio Ellacuría, el 6 de noviembre de 1989, en el Salón de Centro del Ayuntamiento de Barcelona, con motivo del agradecimiento a la concesión del Premio Internacional Alfonso Comín, en su sexta edición).

En los Escritos Universitarios, y más concretamente al hablar de las funciones fundamentales de la Universidad, Ellacuría define la identidad propia de la UCA en los siguientes términos:

"La UCA busca ser una respuesta institucional universitaria a la realidad histórica del país, enfocada históricamente desde una perspectiva ética como la realidad injusta e irracional que debe ser transformada. Parte, por lo tanto, de una finalidad: la de contribuir al cambio social del país. Lo hace universitariamente y tipifica esta modalidad universitaria con la inspiración cristiana" (Escritos universitarios 106).

En cuanto a esa inspiración cristiana dice, entre otras cosas, las siguientes:

"Ciertamente, la inspiración cristiana debe afectar no sólo a la docencia y a las personas que se forman en la UCA, sino también a la investigación, a la producción y a la proyección social... Sería bueno que en la UCA se propiciase, como un servicio más, muy cualificado, una mayor atención religiosa, tal vez a través de una parroquia universitaria. Pero reducir a eso el carácter cristiano de la UCA, sería eludir el problema fundamental de cómo la universidad, en tanto que universidad, deba cumplir con su cometido cristiano" (Escritos universitarios 288).

En Ellacuría, el carácter cristiano de la Universidad se forja sobre todo en torno a lo que es el concepto evangélico y la realidad "Reino de Dios", es decir, la historicidad de la verdad, la libertad y la justicia entre los seres humanos. De ahí sus palabras a los universitarios: "Una Universidad de inspiración cristiana lo será tanto más cuanto más contribuya a que se vaya haciendo realidad esa utopía anunciada y prometida por Jesús, que es el reino de Dios... Este reino necesita de ingenieros... Este reino necesita de economistas...Este reino necesita de especialistas en la computación, químicos, psicólogos, sociólogos, filósofos, letrados, juristas, políticos... para que la sociedad se enriquezca...

No basta con esto... Los profesionales de la UCA tendrán inspiración cristiana cuando, además de hacer el mayor bien posible a los demás desde la profesión adquirida, tomen como tarea prioritaria la de buscar su bien, el de su familia y el de todos los demás poniendo los ojos en lo que las mayorías populares necesitan para superar la pobreza, la marginalidad, la injusticia, la falta de libertad y de participación..., tarea eminentemente cristiana..." (Escritos universitarios 290-292).

I. 3. 2. El Decálogo Universitario

En los Escritos Universitarios no figuran los contenidos de unas fichas que en los archivos personales de Ignacio Ellacuría encontré redactadas de su puño y letra. Me permito, pues, ofrecerlas como primicia, bajo el título de Decálogo Universitario, indicando que éste debe leerse bajo el prisma primero de Ellacuría según el cual La Universidad debe reestructurar drásticamente su docencia desde lo que es la realidad y en dirección de lo que debe ser la realidad, lo que exige una estricta selección de carreras, cuyo criterio no puede ser la demanda por parte de la sociedad establecida, sino la demanda racionalmente calculada de la sociedad por establecer. Esto supuesto, el Decálogo universitario de la reestructuración es el siguiente:

  • La Educación Superior, especialmente la estrictamente universitaria, es condición indispensable para el desarrollo del país y para la capacitación y perfeccionamiento de los ciudadanos.
  • La Sociedad y el Estado deben promover y velar porque se imparta aquella Educación Superior requerida por las necesidades del país conforme lo más posible a criterios de excelencia académica.
  • La Autonomía Universitaria en lo docente, administrativo y económico, no obstante su articulación con otras instancias de la Sociedad y del Estado, es un bien que debe ser propiciado en orden a conseguir una mayor participación y una mayor creatividad pluralista en la Educación Superior.
  • Siendo importante una docencia realmente universitaria, ésta, no podrá ser tal, si no está vinculada con un serio esfuerzo de investigación, el cual no es posible desarrollar sin haber alcanzado los conocimientos y técnicas congruentes y sin contar con instalaciones y bibliotecas adecuadas.
  • La Universidad, por ser la instancia científica más alta del país y estar sostenida directa e indirectamente por todo él, debe contribuir a su desarrollo y liberación integral en una permanente proyección social que tenga en cuenta el interés general y las necesidades de las mayorías populares.
  • La Educación Universitaria debe estar abierta a todas las corrientes de pensamiento y debe promover el conocimiento y asimilación de los logros científicos y culturales de alcance universal, a la vez que procura un mayor conocimiento, valoración y desarrollo de la propia identidad nacional.
  • Es indispensable para el desarrollo de la labor universitaria y el logro de sus fines el contar con un conjunto de profesores debidamente preparados y titulados, a los que se les asegure un modo de vida y a los que se les facilite una constante superación.
  • Los escasos recursos disponibles en el país, el limitado aporte del presupuesto nacional al sistema educativo en su conjunto y el carácter de privilegio relativo que supone en El Salvador el acceso a la Educación Superior y la obtención de un título profesional, exigen un aprovechamiento óptimo del sistema de Educación Superior.
  • La condición de estudiante universitario es un derecho al que corresponden obligaciones correlativas en el mejor aprovechamiento de lo mucho que la sociedad entera invierte en su formación.

Es evidente que la UCA es una Universidad de gran prestigio en toda Centroamérica, de modo que todo su ser y su actividad se configuran universitariamente. Y es también evidente que se entiende a sí misma en función del cambio social y que quiere contribuir a la configuración estructural de la convivencia tomando partido social por la causa del sector mayoritario –el sector oprimido- de la sociedad. Pero esa opción la UCA no la toma como una organización directamente política, que busca el poder para conformar un nuevo orden social, esa opción la toma universitariamente. Y ese carácter universitario lo describe la UCA como conciencia analítica y crítica, creativa y productora, entendiendo conciencia como saber científico sobre y a partir de la propia realidad. Es la conciencia como saber y como ciencia. Pero "esa ciencia quiere estar dirigida a conseguir un saber consciente sobre el pueblo, su realidad y sus problemas, que sea al mismo tiempo un saber útil para que ese mismo pueblo pueda caminar hacia la liberación" (Escritos universitarios 108-109).

El espíritu del equipo rectoral sigue vivo en la UCA. En palabras de Jon Sobrino Dios pasó por el Salvador en Monseñor Romero. Y el pueblo así lo vive. Y, según José Ellacuría, ni su hermano ni el resto de los mártires eran dioses, pero sí las pisadas de Dios. Ellos, sin duda, marcaron un camino y una opción liberadora.

Para leer la realidad y la obra de Ignacio Ellacuría es lógico distinguir, al menos, entre:

  • Escritos Políticos: Veinte años de historia en El Salvador (1969-1989).
  • Escritos Filosóficos
  • Escritos Teológicos
  • Escritos Universitarios.

Estamos ante una personalidad convergente.

A sabiendas, pues, que nos enfrentamos a una personalidad compleja que parte de lo real y actualiza la realidad en su inteligencia para actuar en un horizonte de liberación, desde una praxis liberadora y desde una motivación de fe cristiana, puede también haber una aproximación cronológica a su obra que debería integrar, tal vez, los pasos que a continuación se indican.

Bibliografía de Ignacio Ellacuría

  • "Ortega y Gasset: hombre de nuestro ayer" (mayo de 1956), "Ortega y Gasset desde dentro" (junio de 1956), "Quién es Ortega y Gasset" (noviembre de 1956), y "Técnica y vida humana en Ortega y Gasset: Estudio de Meditación de la técnica" (1958-1962) en Escritos filosóficos, vol. I, UCA editores, San Salvador, El Salvador, 1996.
  • Teología Política, Ediciones del Secretariado Social Interdiocesano, Arzobispado de San Salvador, El Salvador, 1973.
  • "La antropología filosófica de Xavier Zubiri", Laín Entralgo, P. (ed.), en Historia universal de la medicina, vol. VII, Barcelona 1975, y en Escritos filosóficos, vol. II, UCA editores, San Salvador, 1999.
  • "La Iglesia de los pobres, sacramento histórico de liberación" en ECA 32 (1977): 707-722; en Selecciones de Teología 70 (1979): 119-135, y también en Misterium Liberationis, vol.II, Trotta, Madrid 1990.
  • "La Teología de la liberación frente al cambio sociohistórico de America Latina", y "En torno al concepto y a la idea de la liberación" en Implicaciones sociales y políticas de la Teología de la liberación, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, Sevilla, 1989.
  • "El objeto de la Filosofía" (1981), "Filosofía y Política" (1972), Función liberadora de la Filosofía" (1985), y "Universidad y Política" (1980), en El compromiso político de la Filosofía en América Latina, editorial El Buho, Santafé de Bogotá (Colombia), 1994.
  • "Filosofía y política" (1972), en Veinte años de historia en El Salvador (1969-1989). Escritos políticos, vol. I., UCA editores., San Salvador, El Salvador, 1991 (los tres volúmenes de los Escritos políticos han sido recopilados bajo la dirección del historiador Rodolfo Cardenal bajo el título Veinte años de historia en El Salvador:1969-1989).
  • Filosofía de la realidad histórica, A. González Fernández (editor), Trotta y Fundación Xavier Zubiri, Madrid, 1991.
  • "Salvación en la historia", en Conceptos fundamentales del Cristianismo, Floristán, C., y Tamayo, J. J., (editores), Trotta, Madrid, 1993.
  • "La superación del reduccionismo idealista en Zubiri" en Razón, ética y política. El conflicto en las sociedades modernas, Palacios, X. y Jarauta, F. (editores), Anthropos, Madrid, 1989.
  • "Universidad, derechos humanos y mayorías populares" (ECA 406, 1982), en Universidad y Cambio Social (los jesuitas en El Salvador), Magna Terra Editores, Mexico 1990.
  • Ignacio Ellacuría Teólogo mártir por la liberación del pueblo, Juan – J. Tamayo (editor), Nueva Utopía, Madrid, 1990. "Historicidad de la salvación cristiana", "Utopía y profetismo", en Mysterium liberationis.Conceptos fundamentales de la Teología de la liberación, tomo I, I. Ellacuría y J.Sobrino (coeditores), UCA y Trotta, Madrid, 1990; y "El pueblo crucificado", en idem op. cit., tomo II.
  • Escritos universitarios, UCA editores, San Salvador 1999.

Bibliografía sobre Ellacuría

  • Alvarado Pisani, J. L.: "Vida y obra de Ignacio Ellacuría (1930-1989)", en Voluntad de vida. Ensayos filosóficos, Seminario Zubiri-Ellacuría, UCA editores, Managua 1993.
  • Alvarado, R.: "Ignacio Ellacuría: de la liberación de la filosofía a la filosofía de la liberación", en Voluntad de arraigo. Ensayos filosóficos, Seminario Zubiri-Ellacuría, UCA editores, Managua 1994.
  • Armada, Pedro y Doggett, Martha: Una muerte anunciada en El Salvador, PPC, Madrid 1995.
  • Mora Galiana, José. "Perfil biográfico. Pensamiento y praxis histórica." Proyecto Ensayo Hispánico (http://www.ensayistas.org/filosofos/spain/ellacuria/), 1999.
  • Samour, Héctor: "Introducción a la Filosofía de la Liberación", en El compromiso político de la Filosofía de América Latina, Edit. El Búho, Santafé de Bogotá (Colombia), 1994.
  • Senent de Frutos, Juan Antonio: Ellacuría y los derechos humanos, Editorial Desclée de Brouwer, Bilbao 1998.
  • Sobrino, Jon: "Ignacio Ellacuría, el hombre y el cristiano", en Fe y Justicia, Desclée de Brouwer, S.A. 1999.
  • Sobrino, Jon y Alvarado, R (eds.): Ignacio Ellacuría, aquella libertad esclarecida, Sal Terrae, Santander 1999.
  • Sols Lucía, J.: El legado de Ignacio Ellacuría (para preparar el decenio de su martirio), Cristianisme i justicia (número 86), Barcelona, 1998, y Teología histórica de Ignacio Ellacuría, Editorial Trotta, Madrid 1999.
  • Tamayo Acosta, Juan-J.: "Ignacio Ellacuría. Fundamentación filosófica del método de la Teología de la liberación", en Para comprender la Teología de la liberación, Editorial Verbo Divino, Estella (Navarra), 1989.
  • Whitfield, Teresa: Pagando el precio: Ignacio Ellacuría y el asesinato de los jesuitas en El Salvador, UCA editores, San Salvador, 1998.

Evidentemente, sería bueno leer a Ellacuría al contraluz de un compañero vivo, Jon Sobrino, ocho años posterior a él pero con quien departió desde 1974.

 

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José Mora Galiana
Universidad de Huelva
galiana@uhu.es

  

© José Luis Gómez-Martínez
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