José Mora Galiana

 

"Para leer a Ignacio Ellacuría"
(En el X aniversario de su asesinato, curso 99/00)

II. Teología de la Liberación (TL)

La Teología de la Liberación es una corriente del pensamiento cristiano comprometida con la realización histórica del Reino de Dios, que surge en la década de los sesenta. Es una reflexión cristiana sobre la política y la praxis histórica cuyo horizonte es la liberación integral del ser humano, y se fundamenta en la fe y la esperanza de la salvación del pueblo, y en el valor de la justicia.

Dicha Teología recurre a teorías sociales, políticas y económicas en su análisis de la realidad y en su praxis política. La expresión TL fue al parecer empleada por primera vez en Latinoamérica en 1969 por Rubén Alves y Gustavo Gutiérrez para, partiendo de la realidad social del pueblo oprimido, describir una visión teológica que asume las dimensiones sociales y políticas colectivas, y no sólo individuales, en la realidad de la historia y en la historia de la salvación. Gustavo Gutiérrez publicó en 1972, en Ediciones Sígueme (Salamanca) la primera exposición sistemática de esta concepción en su obra Teología de la liberación. Un planteamiento similar fue realizado a finales de 1973, en Centroamérica, por Ignacio Ellacuría en su obra Teología política –se celebraba entonces el décimo aniversario de la encíclica de Juan XXIII, Pacem in terris. En 1974, en el Instituto Alemán de Madrid, a finales de marzo y principios de abril, tuvo también lugar un ciclo de conferencias, coordinadas por José Gómez Caffarena, en el que intervinieron Rahner, Moltman, Metz y Alvarez Bolado sobre Nuevos planteamientos en Teología Política (lo que puede comprobarse en la publicación Dios y la Ciudad, Ediciones Cristiandad, Madrid 1975).

Su nacimiento histórico

La TL es fruto de una realidad de opresión. Nace del clamor de los pueblos oprimidos y de los movimientos sociopolíticos de liberación, que habían recogido las esperanzas de las clases oprimidas. Gracias al espíritu de la "Gaudium et Spes" del Concilio Vaticano II y de las encíclicas sociales de Juan XXIII, y más concretamente durante el tiempo transcurrido entre los Textos de Medellín (1968) y los Documentos de Puebla (1978), va fraguando una opción liberadora de inspiración cristiana. Dicha opción, se apoya en la experiencia y en la vida del "pueblo de Dios", pues existe una larga tradición bíblica sobre la liberación a partir del acontecimiento descrito en el libro del Exodo.

Conforme a cierta tradición bíblica liberadora, la salvación de Dios se realiza real e históricamente, y no sólo individualmente sino en el pueblo oprimido o pecador. No se trata tan sólo de la liberación de los malos espíritus (del demonio), la culpa original, el pecado personal o social, el dolor y las enfermedades, el fetichismo, la magia o de la condenación eterna; ni se trata tampoco exclusivamente de liberar de la prisión del cuerpo o del yugo de las pasiones —como ocurre en otras religiones y filosofías—, sino que se trata también, desde el supuesto de que todos somos hijos de un mismo Padre-Dios, de la redención de la esclavitud, del enemigo, de la dominación política y de la opresión psicológica o social. En este sentido, en la Biblia, además del ejemplo del éxodo israelita de Egipto (ver dicho libro del Éxodo), podemos encontrarnos con otros ejemplo: el regreso del exilio en Babilonia (en los libros de Esdras y de Nehemías) y la lucha contra la ocupación macedonia (en los libros de los Macabeos), el mensaje de las Bienaventuranzas de Jesús, frente al poder establecido, y el libro del Apocalipsis, frente a la persecución de los cristianos en Roma.

Estas referencias bíblicas, y todo el simbolismo que contienen, han hecho posible, a partir del Concilio Vaticano II, en un contexto latinoamericano sobre todo, caracterizado por una situación de alarmante subdesarrollo, dependencia injusta y neocolonialismo económico, dar un impulso vigoroso a una Teología Liberadora, fundamentada a su vez en una Filosofía de la Liberación.

Distintas perspectivas de la Teología de la Liberación

En nuestros días, aunque se mantenga el término genérico de TL, dado que existe un horizonte común en dicho pensamiento, existen diferentes perspectivas o enfoques teológicos para, desde una realidad siempre concreta y particular, hacer frente a cada forma de opresión (ya sea histórica o directamente relacionada con la raza, el sexo, la cultura u otras formas de dominación o discriminación). Son variantes de la TL, la ‘Teología feminista’ (desarrollada preferentemente en Estados Unidos y Europa), la ‘Teología Negra’ (con el referente de la no-violencia activa de Martin Luther King, en el contexto negroamericano), la ‘Teología Negroafricana’ (en el contexto del proceso de las independencias y los intentos de aplicar el evangelio en Sudáfrica o en el resto de países negroafricanos dominados por una historia política, social y económica de colonialismo, dependencia y poder absoluto de sus gobernantes, tal como planteara el jesuita historiador camerunés padre Mveng, E: "Teología africana de la liberación". Concilium 219 (1988): 195-216) e incluso la ‘Teología indígena’ (con referencia a Bartolomé de las Casas y algunos misioneros y obispos hispanoamericanos del siglo XVI que, tal como establece el historiador, filósofo y teólogo argentino Enrique Dussel, se anticiparon en cuatro siglos a la experiencia actual de la teología latinoamericana).

Cada una de estas teologías "liberadoras" puede tener su propia peculiaridad, y hasta es posible que no pueda considerarse como una variante de un planteamiento único, pero todas tienen elementos en común: parten de la realidad y vuelven a la realidad con un compromiso liberador y un horizonte histórico de transformación social. Son contextuales en la medida en que se ocupan consciente y explícitamente de una situación histórica y social particular; suelen seguir un método inductivo: parten de las circunstancias concretas de las condiciones de opresión y más tarde proceden a teorizar sobre estos hechos; tienen un carácter militante en tanto que sus practicantes están activamente comprometidos con la conquista de la liberación; y conceden una importancia capital al concepto de praxis y de "praxis histórica". Ésta comienza con la participación en los movimientos populares y las luchas por la liberación y, a través del análisis de esta participación, se fortalece y clarifica. Finalmente, estas teologías son interdisciplinarias porque su práctica requiere el empleo de análisis estadísticos y económicos, sociológicos, antropológicos e históricos, además de filosóficos y teológicos.
  

II. 1.- Latinoamérica y la Teología de la Liberación

Orígenes

Cuando el término ‘Teología de la Liberación’ se emplea en singular y sin ninguna otra aclaración, se identifica con el movimiento iniciado en Latinoamérica y al que se asocian originalmente los nombres de Gustavo Gutiérrez, Rubén Alves, Hugo Assmann, Juan Luis Segundo, José Míguez Bonino, Leonardo Boff, Ignacio Ellacuría, Jon Sobrino y otros teólogos católicos y protestantes de las décadas de 1960 y 1970. Su preocupación inicial se centra en la repercusión de la creciente pobreza estructural y destructiva, que fue considerada como un desafío para el amor y los intereses cristianos, así como un indicador de las formas en que la fe cristiana se ha utilizado y se sigue utilizando para legitimar estas condiciones de opresión. Esta concepción dio lugar al planteamiento de tres cuestiones al menos: cuáles son las causas de esta situación, cómo pueden entenderse e interpretarse estas condiciones y problemas en términos teológicos y, por último, qué puede hacerse al respecto.

Metodología

Para responder a la primera pregunta fue necesario emprender un análisis estructural. Teorías de dependencia, cierta penetración socioanalítica marxista y la crítica de Marx al papel de la religión en la sociedad fueron instrumentos empleados para interpretar la situación. En los últimos años también se ha recurrido a los métodos de la antropología cultural y la psicología social. La utilización de elementos del marxismo ha provocado la crítica de diversos sectores (los evangélicos conservadores y los teólogos y economistas neoconservadores). Pero la TL entiende que sólo desde la praxis (método inductivo) puede hacerse una teología que responda a los interrogantes que se plantean desde la propia realidad histórica.

Con qué método se unen fe y política, evangelio y lucha por la justicia social, nos lo muestran pedagógicamente Leonardo y Clodovis Boff en Cómo hacer Teología de la Liberación.

En América Latina se desató muy pronto una campaña contra la TL por considerarla una Teología de la Revolución con fuerza arrolladora tanto en la sociedad como en la Iglesia. Sólo cuatro años después del apoyo recibido en Medellín, elegido Secretario General de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) el entonces obispo auxiliar de Bogotá Alfonso López Trujillo, se inicia una sistemática persecución eclesiástica contra la TL. Dicha ofensiva se trasladó también a Europa y a partir de 1974, la Comisión Teológica Internacional comenzó a ocuparse de la TL. Se establecía una distinción entre "determinadas teologías de la liberación" que corrían peligro por acoger ciertos conceptos marxistas y una "necesaria y legítima" Teología de la Liberación aceptada por la doctrina de la Iglesia. En el Documento Promoción humana y salvación cristiana, de 1977, advierte en la Introducción K. Lehmann sobre el temor de que ciertos estudios teológicos, entre ellos "diversas teologías de la liberación", lleguen a traducirse en tomas de posición políticas, nocivas para la unidad de la Iglesia.

Posteriormente ha tenido una especial beligerancia contra la TL la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre todo con el cardenal Ratzinger a la cabeza, hasta el punto que se han llegado a seguir procesos formales contra teólogos como el brasileño Leonardo Boff y el peruano Gustavo Gutiérrez. Los teólogos de la liberación suelen alegar a las críticas y censuras del Vaticano que la utilización del análisis y de perspectivas marxistas no implica la aceptación de las interpretaciones materialistas y ateas del marxismo. Entienden que, antes que TL, hubo obispos proféticos y cristianos que participaron en los procesos de cambio y de transformación dando testimonio de su fe; y entienden también que la opción evangélica por los pobres y los desposeidos de este mundo ha de traducirse en una evangelización encarnada, en un testimonio y en una solidaridad efectiva y liberadora.

Concepción teológica

Es evidente que el anuncio del evangelio tiene una vocación universal para todos, pero muy especialmente se dirige a los más necesitados, que en la actualidad vienen a ser las 4/5 partes de la Humanidad. Para fundamentar esta opción preferencial del mensaje evangélico, existen varios temas bíblicos que juegan un papel central en la TL:

  • La preocupación de Dios por la esclavitud y la pobreza tal y como es expresada en el libro del Éxodo y en los libros de los profetas, en la Alianza y en el ministerio y mensaje del Jesús histórico, el Cristo libertador de la fe.
  • La insistencia en el carácter histórico personal y concreto del Dios bíblico, en oposición a las tendencias subjetivas, individualistas y espiritualistas de la religión y la teología modernas.
  • El concepto del Reino de Dios como anuncio de nuevo orden de paz y justicia que Jesús enseñará e iniciará en su ministerio.
  • la esperanza de un Hombre Nuevo y una Humanidad Nueva, "un Nuevo Cielo y una Nueva Tierra", entendidos no sólo como un acontecimiento futuro sobrenatural trascendente o utopía, sino como una realidad profética que está parcialmente presente en la historia, puesto que el propósito y la acción liberadora de Dios es una tarea intramundana, que se logra por mediación del ser humano, aunque trascienda la realidad humana.

En definitiva, podríamos decir con Segundo Galilea (en su ensayo de síntesis Teologia da libertaÇâo) que, la Teología de la Liberación, es una teología ortodoxa que apoya su reflexión crítica en la "ortopraxis" de la Iglesia y de los cristianos en América Latina.

En lo que respecta al compromiso y la acción, la TL no funciona como un partido político o un movimiento social, ni tampoco ofrece un ‘programa’. No obstante, propone una síntesis entre teoría y práctica que sea coherente con el objetivo y el horizonte liberador; exige, pues, un proyecto social cuyo objetivo sea transformar la sociedad superando las contradicciones estructuralmente injustas, las condiciones de pobreza, opresión y violencia. En última instancia lo que intenta es encarnar la fe en las cuestiones económicas, culturales, sociales y políticas, teniendo siempre a la vista, como horizonte, la evangelización y la liberación.

Para los cristianos, la inspiración y el sustento teológico para llevar a cabo un plan de transformación social tienen su fortaleza en la fe operante y en la comunidad cristiana. Existe, pues, una concepción de la Iglesia entendida principalmente como una comunidad al servicio del pueblo, y como toda ella "pueblo de Dios" mientras que la organización institucional y jerárquica es considerada como legítima sólo en tanto que servicio prestado a este pueblo, a "la iglesia en su base". En este sentido la TL ha desarrollado una Cristología, una Eclesiología y una Soteriología, desde la perspectiva del Tercer Mundo.

Los temas principales de la TL son: la unidad entre el plano de la historia humana y la historia de la salvación –pues la salvación se realiza en la historia-; la anticipación del Reino de Dios; el significado salvador de las liberaciones temporales; la liberación a partir de las experiencias de la opresión histórica, las injusticias estructurales, el exilio, el cautiverio y la marginación; la dimensión salvadora del servicio a los pobres y la opción preferente por las masas populares; la importancia del amor eficaz u "ortopraxis"; liberación, reconciliación, fraternidad y solidaridad; Jesús Cristo liberador; el pueblo de Dios; y la espiritualidad liberadora, la pedagogía liberadora, la psicología liberadora y la ética liberadora.

De hecho, ya en Medellín, se distinguieron dos formas complementarias de educación: la educación en la fe y la educación liberadora (en orden a la promoción cultural humana). Y los criterios que se establecen en el proyecto de educación liberadora son los que han presidido no sólo las tareas de la alfabetización sino incluso la visión universitaria de los grandes maestros, ya se tratara de Paulo Freire o Ignacio Ellacuría, de Enrique Dussel o de Martín Baró, de los hermanos Boff o de Jon Sobrino. La educación liberadora, según Medellín, debe ser:

  • Humanizante: creadora del hombre nuevo.
  • Abierta: al mensaje evangélico y a las aspiraciones más profundas y auténticas del ser humano (la justicia y el derecho, la paz y la solidaridad internacional).
  • Personalizante: por cuanto que promotora de los valores y capacidades de la persona y de su dimensión humanizadora y solidaria, de participación, colaboración y servicio.
  • Pluralista: atenta a las distintas manifestaciones culturales y a las culturas de otros pueblos.
  • Concientizadora: de modo que convierta al educando en sujeto agente del proceso educativo y humanizador de la sociedad.
  • Renovadora: inspirando, orientando y ejemplificando el cambio social deseable.
  • Crítica: de pensamiento filosófico, objetivo y analítico, capaz de formular los diagnósticos sobre la realidad sociocultural concreta para trazar la búsqueda de soluciones viables.
  • Anticipadora: puesto que la educación liberadora debe anticipar el nuevo orden social.
  • Dialogal: ya que debe tender a realizar en las personas y en las estructuras e instituciones la acción educativa transformadora que haga posible una nueva realidad social y un nuevo talante personal en el educando y en el educador.

En este contexto intelectual práctico de la TL, la peculiaridad de Ignacio Ellacuría abarca cuatro grandes campos: el método de análisis de la realidad, en el campo político; la fundamentación filosófica de la TL y la voluntad de verdad, en el campo teológico; la propuesta de la realidad histórica en cuanto tal, como objeto último del quehacer filosófico; y la concepción de una Universidad al servicio de las mayorías populares, desde la praxis histórica de liberación.

II. 2.- Perspectivas de futuro

Los acontecimientos recientes de la política y la economía mundial, con posterioridad a la caída del muro de Berlín (en 1988) han planteado nuevos inconvenientes y desafíos: la teoría de la "globalización", es decir, los planes económicos neoconservadores o neoliberales, la economía de libre mercado y el uso de las nuevas tecnología o las comunicaciones internacionales, aplicados en Latinoamérica y a escala mundial, parecen haber empeorado la situación de las relaciones de dependencia, creando nuevos conflictos estructurales relativos a la pobreza, el desempleo masivo y la marginación de muchas personas. Preguntas como ¿Qué queda de la Teología de la Liberación? o sobre el futuro de la TL en el post-socialismo, presente y futuro de la TL , han sido objeto de estudio y debate.

En realidad, la ideología neoliberal conservadora, contraria a toda revolución cultural y a todo planteamiento contestatario o regulador del libre mercado, aduce que sólo el reformismo es la expresión del modo cristiano de hacer frente a los problemas del hombre. Esta circunstancia ha provocado que la TL se imponga una doble tarea:

  1. iniciar el debate sobre la justificación teológica e ideológica de los neoconservadores, para desenmascarar sus planteamientos más formales que reales y,
  2. desde el punto de vista pastoral, ofrecer apoyo religioso, social y político a los grandes sectores de la población históricamente marginados y excluidos.

En la actualidad se ha tratado de responder a la pregunta sobre qué significa, después de todo para la TL la desaparición del socialismo real. Pues la injusticia e inhumanidad, como ya se ha dicho, crece también en los países industrializados y la globalización de la economía lleva claramente a la insolidaridad. En consecuencia, la respuesta es clara: el análisis de la realidad, desde la experiencia alienante y dependiente, obliga una vez más a profundizar en el sentido integral de la liberación humana a la luz de la Buena Nueva del evangelio como valor universal, por cuanto que, con ello, se afirma una vez más la fraternidad de todos los seres humanos.

De hecho, Jon Sobrino, en un artículo sobre "Qué queda de la Teología de la Liberación" (publicado en la Revista Éxodo 38 (1997), los meses de marzo y abril) afirmaba, apoyándose en Moltman, que la TL latinoamericana es la primera teología alternativa al capitalismo. Y González Faus, a la pregunta de ¿qué queda de la TL tras el triunfo del capitalismo?, responde: queda el método, queda Dios, quedan los pobres y la opción por ellos, y quedan los mártires; no los mártires "secundum ius canonicum" sino "secundum Iesum", los mártires que trataron de conformar su vida con las exigencias de la vida de Jesús, tal como se ha transmitido en los evangelios. El mismo Jon Sobrino nos lo recordaba en el artículo ya citado: Óscar Arnulfo Romero murió en el altar en San Salvador porque defendió los derechos de los pobres. Esta es la nueva dirección.

El estado actual de la TL, como ha indicado Rolando Alvarado, es de renovación. El cambio de época ha lanzado ya nuevos desafíos. La "irrupción de los pobres" en el escenario mundial de la historia es el gran signo de la presencia interpeladora de Dios, proclamada por Jesús en las bienaventuranzas evangélicas. ¿Acaso no es esa realidad un momento especial de gracia? ¿Acaso no vivimos un momento propicio para la liberación de la miseria y para la humanización de la sociedad y de la cultura? Ya no estamos sólo ante un compromiso transformador. Estamos ante una realidad que irrumpe en nosotros y que nos ofrece la gran oportunidad histórica de construir un mundo nuevo de solidaridad internacional. La gracia interpela a la libertad responsable. En la actualidad se trata de acoger ese gran don y esa gran oportunidad, evitando las trampas del mercantilismo insolidario. Se trata de devolver a todos los seres humanos su dignidad de hijos de Dios, dignidad que ya tiene el ser humano en Cristo Jesús, según la fe. Se trata de actualizar en verdad lo que ya es de suyo.

II. 3. Bibliografía sobre Teología de la Liberación

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José Mora Galiana
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© José Luis Gómez-Martínez
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