María Zambrano

 

Entre dos Reyes:
Entrevista con
Alicia Reyes

(y correspondencia de María Zambrano y Alfonso Reyes)

(5 de agosto de 2005)

 Mariana Bernárdez

Viernes 5 de agosto, ciudad de México, estas son las palabras que pienso durante el trayecto hacia la Capilla Alfonsina, traigo una prenda: el haber tenido conmigo durante 10 años parte de la correspondencia de Reyes–Zambrano y no haber logrado otro espacio de reflexión más que mi tesis doctoral, la deuda se me acrecenta en la conciencia del tiempo transcurrido, y me consuelo en el recuerdo de algunas imágenes: las plumas de Don Alfonso, los anaqueles de libros, los muebles, la herrería pintada en azul, la mesa de escritura, la cocina, los domos redondos del techo, y luego vienen otros momentos donde la actividad cultural era excusa para la reunión con los amigos.

Al hacer el recuento de lo vivido en este espacio encuentro un denominador común: la serenidad que habita la Capilla y la generosidad de Alicia Reyes; a simple vista se creería que sólo se encarga de los archivos del escritor, que ya es decir…, pero una vez que se aguza la mirada y se toma una tacita de café con ella, entonces sabemos que se está ante un dintel que distingue entre la oquedad de la vida de quien no se anima a dar un paso al frente y la lumbre que habita en la otra orilla de las palabras; y este rostro que constantemente sonríe aprendió antes de Don Alfonso este preciado don, el sonreír desata los enredos que se van haciendo en el alma, Alicia sonríe y me extiende las manos, como siempre y cruzo el dintel a sabiendas que luego habré de perderme mucho.

La entrevista fracasa en el ámbito de la rigurosidad estadística, pero refleja una charla donde la conversación se centra en el vaivén aparentemente desordenado de comentarios, lectura de textos, cotejo de información, y evocación de recuerdos, y es así como habrá de considerarse, una mayéutica precisa del sonreír y si es atento el lector se dará cuenta que no media principio ni fin…

 

Alicia Reyes (AR): El texto que María Zambrano pronunció durante el Homenaje a Alfonso Reyes que se llevó a cabo en Madrid es una maravilla, y con motivo de esta ocasión fue que la conocí, yo me entusiasmé mucho con ella.

Mariana Bernárdez (AR): ¿La conociste entonces en Madrid?

AR: Sí, era una mujer encantadora, ¿qué material tienes sobre ella?

MB: “La carta particular a la carta abierta sobre Goethe”, “Entre violetas y volcanes”, “La muerte de Alfonso Reyes” que aparece en la compilación de Héctor Perea del Fondo de Cultura Económica; y hay otro texto de un suplemento Semana del 26 de febrero de 1964 “Recuerdo de Alfonso Reyes que no tengo”; también existe el estudio de Anthony Stanton (1998: 93-141), que si no mal recuerdo tiene origen en las mesas redondas que organizamos aquí en la Capilla Alfonsina con motivo de los noventa años de Zambrano: Homenaje a María Zambrano, junto con el Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México, la Universidad Iberoamericana y el CNIPL del INBA, en noviembre de 1994. ¿Lo recuerdas?

AR: Sí, hasta donde sé fue la primera celebración que se hizo en el país en torno a Zambrano, pero aquí esta el texto que te mencionaba, no son muchas páginas, pero es lo que ella leyó, su intervención fue corta.

MB: No lo conozco.

AR: El homenaje que se le rindió a mi abuelo en el 85 en Madrid contó con participantes de primer orden como José Luis Martínez, José Emilio Pacheco, Francisco Giner de los Ríos, Ernesto Mejía Sánchez, Carlos Monsiváis, Manuel Andujar, Alfonso Rangel Guerra y Francisco Ayala, pero conocer y escuchar a Zambrano fue toda una experiencia.

MB: Cuéntame cómo fue ese primer momento.

AR: El Seminario lo abrió Zambrano con sus palabras, luego le tocó a José Luis Martínez, José Emilio Pacheco, en fin, a mí me emocionó mucho lo que dijo sobre mi abuelo, claro que el propio José Luis Martínez me la había presentado antes de empezar, era adorable, ya estaba muy viejecita, pero tenía una chispa en la mirada como pocas veces he visto en alguien.

Además hay que decirlo, merece nuestra admiración, porque como señalas en tu libro, la metáfora del corazón como forma en la que se vierte la razón poética, le brinda un lugar a la poesía en el ajetreo vertiginoso de la vida, es una lección para los que intentamos ser poetas, lo digo por mí, la poesía sin duda tiene que ser algo más, y creo que en eso, desde que te conozco hemos coincidido, no puede haber poesía sin una razón, como tampoco puede haber razón sin poesía.

MB: Algo que llamó mi atención es que Alfonso Reyes y María Zambrano, coinciden por un periodo breve en 1924 en Madrid, pero es como si estuvieran en calles paralelas. Reyes tiene la relación con la tertulia del café del Pombo, la generación del ’98, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez entre tantos otros; Zambrano está apenas llegando a Madrid, decidiendo su vocación, vamos aún es muy niña, y no ocurre encuentro alguno; luego vienen los años universitarios donde María conoce a Ortega y Gasset, y acude a los lugares que Reyes frecuentaba. Después el periplo de la Guerra Civil y el exilio. En el trabajo de Stanton (1998:95) se reproduce el telegrama breve que permite su traslado: “Favor de entregar María Zambrano giro telegráfico trescientos dólares enviado nombre usted Gracias Casa España México.”

No puedo evitar recordar el texto de Francisco Giner de los Ríos, evocando el encuentro en la Casa de España,de Don Alfonso,  Cosío Villegas y Zambrano:

El encuentro en la oficina de La Casa de España cuando ella se presentó al presidente Alfonso Reyes, y a Daniel Cosío Villegas, Director del Fondo de Cultura Económica y Secretario de La Casa. [...] Aquella fría, por oficinesca, oficina del banco Hipotecario en que se alojaba la cálida Casa de España, se llenó de gracia de María y de su voz. Todos —y Alfonso Reyes el que más— quedamos fascinados. Como estuvimos fascinados unos días después en el Palacio de Bellas Artes, cuando María Zambrano dio sus memorables tres conferencias antes de marcharse para Michoacán. [...] El texto de aquellas conferencias [...] se recogió en su primer libro mexicano: Pensamiento y poesía en la vida española. [...] Ese libro fue inolvidable para mí en la amistad con María Zambrano, porque fue uno de mis primeros ejercicios de corrector de pruebas y editor de poesía y tantas otras cosas. (Todas las erratas de aquella edición son de Diego Mesa y mías, que lo corregimos al alimón [...].("Recuerdos de María Zambrano y su destierro en México", 1991: 147-148)

AR: ¿Cómo pasar por alto el artículo “Entre violetas y volcanes” donde se recrea la figura de Reyes como mediador?

Después conocí a Don Alfonso, que acababa de llegar de Buenos Aires, donde había terminado su mediadora acción de gran diplomático; esa acción que le caracterizaba de desatar nudos, que fue su vida y que él llevaba en su sonrisa. Verle sonreír era saber ya de él profundamente. Era un mediador porque sabía sonreír y sonriendo había resuelto tantos conflictos, al parecer irresolubles, tantos desatados nudos había desatado. (Zambrano María, 1989: VIII).

MB: Tampoco es posible olvidar esa carta donde lo señala como médico, capaz de brindar una medicina de piedad e ironía:

Quería enviarle desde aquí un saludo muy cariñoso y decirle una vez más cómo le agradezco aquellas sonrisas que usted hizo brotar en el turbio ambiente del Congreso, que no es otro que el de esta negra hora. Le nombraría a usted médico y con su medicina de piedad e ironía las cosas irían mucho mjero. Pero… («Carta 22 de Zambrano a Reyes», 1998: 131).

AR: Esta idea de la mediación irónica, que recuerda la ironía socrática, es recreada en las palabras del homenaje, pero de verdad creo que ha sido una de las mujeres más inteligentes del momento, hubo otras con una trayectoria creativa, pero pocas con esa profundidad, tiene la capacidad de ser el pulso de un tiempo, puede hablar de Grecia como del romanticismo; de la violencia como del papel de la mujer en la obra de Galdós, en fin, hay algo que leo de tu libro que me pareció interesante:

La dificultad estriba en que Zambrano no realiza una disección de ideas y conceptos, sino que los aborda simultáneamente y muestra su entrelazamiento. Si se pretende separar la razón poética y decir qué es, se entra en la profundidad del corazón, y si se trata de explicitarla con relación a otro «elemento» se corre el riesgo de perder el horizonte al cual la pensadora trata de llegar: el acercamiento a la Realidad a través de la experiencia; pareciera que la razón poética es sistema y método, camino y lugar, descenso al ínfero y ascenso, que bordea tanto la vía negativa de la mística como la vía positiva... (Bernárdez Mariana, «El Método», 2004: 21).

MB: ¿Después de la conferencia imagino que habrás podido intercambiar algunas palabras con Zambrano?

AR: En realidad hablamos un poco sobre mi abuelo porque ella ya estaba cansada, ella decía que Alfonso Reyes era luz, le contesté que había mucha similitud en la luz de ambas miradas, y se emocionó toda; no sólo estaba cansada sino además estaba acosada por el público, por lo que no se dio la ocasión de charlar largamente.

MB: Tengo la impresión, porque no la conocí, de que era una persona de gran presencia.

AR: Sí, la tenía, pero con todo y lo profundo de su pensamiento, de su filosofía, poseía una virtud importante que pocos refieren: su sonrisa, un reflejo verdadero de todo lo que había dentro de ella.

MB: Recordaba el viaje a Chile a inicios del 36, que hace María con su marido Alfonso Rodríguez Aldave, a raíz de que él había sido nombrado secretario de la Embajada de la República Española, justo cuando llegan se enteran del estallido de la Guerra y regresa. ¿Te das cuenta la cantidad de cosas que pasaron, la misma Guerra Civil incluso, para que finalmente se conocieran en México en la Casa de España?

AR: Si, pero volviendo al texto de Stanton dices que señala que se desconoce porqué Cosío Villegas envía a Zambrano a la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo Nicolaita en Morelia, lo cual obliga una relación epistolar entre ellos.

MB: Un detalle es la insistencia de la autora para que le hagan llegar libros y mantenerse al día de lo que ocurre; regresa a la ciudad a dictar las conferencias que Giner de los Ríos señala se dan en el Palacio de Bellas Artes aunque ocurren en el edificio de la Sociedad de Geografía e Historia, una vez reunidas se convierten en el libro de Pensamiento y poesía en la vida española editado por El Colegio de México, y luego la Universidad de Morelia le publica el libro de Filosofía y poesía que también le hace llegar a Reyes. Te leo lo que recoge Héctor Perea:

Cuando de persona lo conocí al fin en México, en los primeros años de mi exilio —o sea, hace más de veinte años—, me produjo esa impresión en modo tan sutil, tan suyo, que sólo lentamente se me fue descifrando: merecía la vida don Alfonso. Y ya cuando le encontré por última vez en La Habana, dos años más tarde, sabía yo bien que era de esos elegidos, de esa restringida “élite” que vive de cara y desde el fondo; de cara a la realidad ya lo que sobrepasa: del fondo de sí mismo. (María Zambrano: 1960, en Héctor Perea: 1977, 692).

AR: Creo que es similar a lo que dijo en el Homenaje en Madrid, mira:

Después, conocí a Don Alfonso, que acababa de llegar de Buenos Aires, pues que había concluido, terminaba su mediadora acción de gran, de ese gran diplomático que fue, de esa acción de desatar nudos ultrapolíticos y metapolíticos, que fue su vida y que él llevaba impresa en su sonrisa. Verle sonreír era saber ya de él, profundamente, de su acción constante. Era un mediador, porque sabía sonreír y sonriendo, tantos conflictos al parecer insolubles, habría resuelto. Tantos apretados nudos habría desatado. (María, Zambrano, "Alfonso Reyes, mexicano universal", 16).

MB: Hay que recordar que Zambrano retomaba textos anteriores y prolongaba su escritura. Te leo la última parte del texto recogido por Perea:

Y ya cuando lo encontré por última vez en La Habana, dos años más tarde, sabía yo bien que era de esos elegidos, de esa restringida “elite” que vive de cara y desde el fondo; de cara a la realidad y a lo que la sobrepasa: del fondo de sí mismo. (María Zambrano: 1960, en Héctor Perea: 1977, 693)

Sé que Joaquín Xirau viajó a Cuba en 1945, porque en una entrevista con Ramón Xirau me comentó que él festejó su cumpleaños en La Habana, supongo que se habrá dado algún congreso, esta fue la última ocasión que Zambrano se encontró tanto con Don Joaquín como con Don Alfonso, y claro, se prolongó la relación epistolar.

AR: Debe haber material de sobra en Cuba, no sólo de artículos, sino de cartas, además de los alumnos cuyo testimonio habría que recoger.

MB: Sí, lo que estamos tratando es empezar a recoger los testimonios de personas que la conocieron con la finalidad de lograr transmitir un sentir y desear que poco a poco se sumen otros al proyecto.

AR: Quisiera conocieras al director de archivos de El Colegio de México, Alberto Enríquez Perea, quien estuvo conmigo la semana pasada en la presentación del libro de la correspondencia de Antonieta Rivas Mercado y Alfonso Reyes, porque él ha trabajado entre otras cosas la correspondencia entre Reyes y María Zambrano. Hay otra persona que sería ideal que conocieras se trata de Alfonso Rangel Guerra, cuando se llevó a cabo el homenaje en Madrid, él era el agregado cultural en la Embajada de México, seguramente la conoció, también están los alumnos de Morelia, en fin que hay mucho por andar…

 

Bibliografía y hemerografía

  • Bernárdez, Mariana. María Zambrano: acercamiento a una poética de la aurora. México: Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana. Colección Alter Texto: Teoría y Crítica, 2004.

  • Giner de los Ríos, Francisco. «Recuerdos de María Zambrano y su destierro en México». Philosophica Malacitana. Número Monográfico dedicado a María Zambrano. Málaga, España: Departamento de Filosofía, Facultad de Filosofía y Letras, y Universidad de Málaga. Vol. IV. 1991.

  • Gómez Blesa, Mercedes, editora y presentación. Las palabras del regreso. España: Amarú Ediciones. Colección Mar Adentro, 1995.

  • Rivara, Greta. María Zambrano, crítica literaria. España: Devenir, Aula de Letras de la Universidad de Cantabria, Concejalía de Educación y Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Málaga y Fundación Gerardo Diego. Colección Ensayo, 2004.

  • Stanton, Anthony. “Alfonso Reyes y María Zambrano: una relación epistolar”, en Valender, James; Stanton, Anthony, et.al. Homenaje a María Zambrano. México: El Colegio de México. Serie Literatura del Exilio Español, 1998.

  • Zambrano, María. “Alfonso Reyes, mexicano universal”, en Martínez, José Luis; Pacheco, José Emilio et.al Alfonso Reyes en Madrid. México: Fondo Editorial de Nuevo León. Colección Ancorajes.

  • Zambrano, María. “Entre violetas y volcanes.” Diario 16. Culturas. Suplemento Semanal. Madrid, España. XIV.208 (13 de mayo de 1989): VIII.

  • Zambrano, María. “La muerte de Alfonso Reyes”, en Perea, Héctor. España en la obra de Alfonso Reyes. México: FCE, Tezontle y Senado de la República, 1977.

 

 

Correspondencia entre María Zambrano y Alfonso Reyes[1]

 

Cartas de Alfonso Rodríguez Aldave

Morelia, 15 de mayo de 1939

La Habana, 12 de mayo de 1940

 

Nota

[1] Las siguientes cartas fueron otorgadas por la Dra. Alicia Reyes, directora de la Capilla Alfonsina, pertenecen al inmenso acervo que resguarda sobre los diversos “epistolarios” de Don Alfonso Reyes con los intelectuales de su tiempo. Las cartas comienzan en octubre en 1940 a enero de 1959, reflejan aspectos de la admiración mutua y los “ires y venires” de Zambrano por su obra.

 Mariana Bernárdez
Actualizado, septiembre 2006

 

© José Luis Gómez-Martínez
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