María Zambrano
Correspondencia

 

La Pièce 17 de julio 1975 (como no eres italiano escribo el 17)

Querido Enrique:

Te escribo para decirte que no te escribo. Pero antes —lo primero se suele decir en segundo lugar— quiero darte las gracias por tu bellísima carta. Un verdadero regalo que he saboreado leyéndola más de una vez. Y aún la he de leer. ¿Qué si eres un Imán?, te preguntó la niña, que de no haber creído que lo eres, no te lo habría preguntado. Procedemos así, los de por allá. He estado un tantico agobiada entre sol y sombra o más bien sombras. Y tenía a mi vez que contarte de mi “Experiencia” de haber vuelto a encararme a la tarima. Y cosas que escribir a plazo fijo —entre ellas mi contribución al libro colectivo sobre Antonio Machado, que no he terminado ni terminaré, que enviaré, sin embargo. Y a este término, me refiero.

Había dicho a Valente una de las pocas veces que ha venido por aquí que te dijera, puesto que me dijo que hablaba contigo telefónicamente que había yo recibido tu bellísima carta y que esperaba poder escribirte [con—dignamente hablando en (ilegible)][1] Mas ahora, me acaba de decir por teléfono que no se había acordado de saber esto, al hablar ayer, creo contigo. ¿Cómo llevarle a mal esta des-memoria? Y a él te ha dicho, creo. Qué curioso que ciertas persecuciones extrañas vengan a darse como el fin y remate —así lo espero— de periodos de tormentos extraños.[2] Todo sucede como si un Director de orquesta de desconciertos actuara ciego y sordo,... Bien, o mal o mediocre, que es peor. Me dice que te vas enseguida a México y es a tu inolvidable dirección de allí donde te quiero escribir. Me ha hablado de una versión de algunos poemas de Montale con una prosa tuya y que se la vas a entregar directamente a Don Octavio Paz. —¿Qué mosca chismosa, envenenada, pienso, le habrá picado contra mí? Olvido... no puedo creerlo, estuvo demasiado cerca o próximo a decisivos, en fin... ninguna falta de amistad ni en el territorio de la literatura puedo descubrirme.

Si acaso vieras a Ramón Xirau, dile que querría saber si recibió la colaboración que tan conmovedoramente para mí, me pidió. Recibí vía Diego dos libros suyos con dedicatoria fechada el 24 de diciembre y en uno o una de ellas me pedía colaboración para “Diálogos”. La envié creo que en abril. Los libros me los trajo Pinilla en marzo. Y nada he sabido. [Le envié antes del envío una carta acerca de los libros.][3]

Y otro enigma mexicano: Laurette Sejourné me escribió una carta inestimable el 12 de septiembre que llegó aquí por correo aéreo, a primeros de diciembre del mismo año, eso sí. Le contesté y al no recibir respuesta acerca de algo sumamente interesante, le volví a escribir en febrero. Y bien, el correo me la ha devuelto desde allí. Como se trata de un apartado ¿qué pensar? He escrito a Orfila. Veremos.

Bien Enrique te repito las gracias y me con-gratulo contigo por tu árabe coránico, y de tu viaje esencial, y tu “situación”. Sí. No puedes dudar de mi alegría honda.

Un abrazo

             María

[ilegible]

He recibido una carta de Vittoria maravillosa a la que no he contestado[4] diciéndome de la muerte de Héctor Murena. Lo he sentido.

[Por no sé cuál imperativo hace unos tiempos que he de escribir con lápiz verde para mí y para los amigos, y el verde no fue nunca color mío (¿Islam?)]


Notas

[1] Manuscrito en el margen superior del párrafo e insertado al final de esta oración.

[2] Se marca con una “x” para introducir esta oración: Claro que si él no te dice o alude, tú no sabes nada, nada de que las entrañas han de dolerle, y ¡cómo!

[3] Oración manuscrita

[4] En este punto se inserta el siguiente comentario: “estoy contestando una carta de entonces, de los años 60,61,62 ¡con idéntica voz! ¿Todo vuelve o vida pasa?” El siguiente párrafo también está manuscrito.

 

© José Luis Gómez-Martínez
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