María Zambrano
Correspondencia

 

La Pièce 25 de agosto de (1975)

Querido Enrique:

La impresión que me hizo la belleza de tu carta está en inversa con la demora en contestarla. O es acaso que no tiene propiamente contestación. Es como un poema y como una historia árabe precisamente —y ya sabes lo que esa tradición despierta en mi más íntimo ser, cómo me conduce a “mi casa”. Me alegra inmensamente que tú hayas ido al fin, de persona, aunque no volvieras, y que hayas recogido algo muy tuyo dejado allá. La patria es ésa, es así ya para nosotros. Volver a recoger lo que se quedó porque de un modo o de otro nos lo arrancaron o se quedó para abrir paso a la patria sucesiva. Muchas patrias tenemos y una sola, el exilio que bien querría acabar de entender o empezar al menos. Mas quiero decirte que por tres veces en un año, más o menos, he retrocedido felizmente —segura estoy— ante la posibilidad de ir a España. Hacerte el relato sería inacabable y casi imposible.

Irá si es que no ha llegado ya a Roma, como traductora temporera a la FAO Joaquina Aguilar, una muchacha española con la que tengo amistad desde hace algún tiempo. Es estupenda persona, ha estudiado filosofía, está muy ávida de saber y de... servir —rara avis— la he definido como “mediadora”. Me he permitido darle una carta para ti y otra para Diego. A los Pinilla los conoció aquí en casa de Valente y por él la conocí. Está muy relacionada con un grupo de muchachos que forman y no forman grupo en torno a un proyecto estupendo: una colección “Visionarios, heterodoxos y marginados”. Y aunque esta última expresión no me plazca, la colección sí. Le había hablado yo de ti, pues que buscan personas que por esos predios anden. Han salido ya 4 volúmenes que tengo —en la Editora Nacional que ahora ha cambiado para grande bien—. Se documentan, van a los archivos y alguno a las... ciudades, Toledo. Y éste descubrió en la provincia de Segovia dos pilones a poca distancia, uno en forma de llave y el otro, creo, en forma de ojo de esa llave. Me acordé enseguida de mi ya lejano sueño “iniciático”: de mi mano que no llegaba a tocar siquiera una llave renacentista mas que servía para abrir puertas de ahora. De ahí partió mi pensamiento acerca de los sueños y el tiempo. Y me acordé de tu Alhambra: “Cuando la mano agarre la llave”... Y por Joaquina, aquí me tienes leyendo las fotocopias de unos legajos de un proceso de la S.I.[1] porque contienen algo extraordinario: los sueños de una doncella —como ella se llama a sí misma en ellos, que comienzan en 1587 y que se refieren según voy viendo al asunto de la Invencible. Ella —Joaquina— tendría que compartir conmigo el trabajo y firmar el libro las dos: es fascinante. Anímala para que se decida, pues que es una persona que no cree que pueda llevar a cabo algo. Y puede. Creo que muy pocos procesos de la S.I. tengan ese interés histórico. [Lo de Angela Selkin no es nada al lado de esto y echaron las campanas a vuelo. Ya sabes: el proceso contra Fray Francisco Ortíz por un amor con Francisca Hernández. Bella historia de la que ella no sacó gran qué][2] Cuando la veas, dile que Lucrecia de León fue presa y también su madre con ocasión de un segundo proceso contra Don Alonso Mendoza [Canónigo de la Catedral de Madrid],[3] que era quien tenía los papeles de sus sueños. Mi capacidad de lectura es poca y mis dolores de cabeza inmensos. Y tengo de urgencia otras cosas que hacer. Todo comenzó porque Joaquina me habló y me dio a conocer el original o copia a máquina de El Tratado o Discurso, creo del Cabo Herrera que va a salir, y allí viene un sueño de Lucrecia puesto por su descubridor, el autor de la edición de esta obra, yo lo interpreté facilísimamente —a Valente le ha gustado muchísimo [Ya sé que supiste, y sabrás sin duda que está en su cosa de (el resto es ilegible)][4]—. La identifiqué —no sé si hallaré comprobación o desmentido— como perteneciente a la tradición islámica. Es evidente para mí.[5]

He recibido hoy carta de Octavio Paz, muy cordial diciéndome que hace más de dos años Tomás Segovia y él me escribieron pidiéndome colaboración para “Plural”... ? ¿Te acuerdas de las inacabables huelgas de correos ahí? Aquí también las hubo. Atribuyo este “despertar” a que tú le hayas hablado y te lo agradezco. Las amistades sumergidas sin motivo son una pesadilla. Y no he visto ningún número de “Plural”, creo. Le enviaré lo que mejor me parezca, aunque la tentación de hacer algo siempre o casi siempre acaba por vencerme, algo inédito en cuanto a escrito, mas no en cuanto habitante de mi pobre testa —y tengo tanto inédito—.

El enigma de Laurette se aclaró. Escribí al marido y ¡es increíble!, me contestó por telegrama dándome el número de su nuevo apartado, cuando a él yo le envié la carta al antiguo y no me la devolvieron según habían hecho con la de ella. Y ella me había escrito a continuación.

De si Xirau recibió o no la colaboración pedida, niente. Y niente hasta hora de si han recibido en “Cuadernos para el diálogo” el capítulo que me pidieron para el libro sobre Machado. Y niente del estado editorialicio de “Claros del Bosque” —”magnífico, magnífico... y na’.” Esto de publicar resulta absurdo y tedioso.

A Elena le debo carta. Me anunciaba la tercera navegación de 70.[6] Hoy he recibido una preciosa carta escrita por Diego —Dios se lo premie— y firmada por ella y Tom y por Juan. Y Juan me dio la gratísima sorpresa de llamarme desde París donde está por mor de unas litografías, diciéndome que a su regreso de Roma de nuevo, se pasará a verme algún día y quizás con Diego “¡que ya se jubila!” Mas ¿quién puede creer que se jubile?

Ayer hizo ocho días que vinieron a visitarme Aquilino, Sally y los dos niños chiquitos. Fue un trago. Pero él me cató[7] pleitesía, nada me dijo de sus glorias y no me trajo su libro.

No sé si te dije que a Rafael Tomero le nació, bueno a Judita, una niña, muy preciosa, con inmensos ojos expresivos. Le pusieron, creo, Leonor Araceli Paloma. A mí me ha salido llamarle Chiquitica.

Y no te he dicho, mas sé que por Valente lo sabes, que me subí a la tarima. Y ya ves he recibido una proposición de Sanchis Banus, exégeta de Emilio Prados, profesor en la Sorbona, nacionalizado francés, para ir a la tal y también a Lécole Normal Superieure de Fontenay, a dar sendas. Diré que sí. Y antes otras para Basilea y Friburgo Suizo. Dije que sí. Claro que no repetiré lo de Hora de España que fue, como debía, sobre lo anterior —hasta el 14 de abril.

Y bueno Enrique, tardía pero segura. (Me envío S. Banus transcripción de las cartas de Emilio —más de 60 sobre las que ha hecho la tesis— en que se refiere a mí y en de algunas cosas que yo le decía. Me escalofríe al leerme: “el que ama se engendra a sí mismo”. Y quiere verme Paloma Araoz, la sobrina que tiene todos los papeles, entre ellos sólo dos cartas más. ¿Y las demás?

Bueno Enrique, gracias por tu carta preciosa y por todas tus atenciones. Un abrazo. María.


Notas

[1] Se refiere a la Santa Inquisición.

[2] Esto se encuentra manuscrito al margen de la carta.

[3] Esto se encuentra manuscrito en el renglón superior.

[4] Oración manuscrita insertada al final del párrafo y continuada en el margen derecho.

[5] Al margen izquierdo de este párrafo se encuentra manuscrita la siguiente oración: —Nunca estudié y ni tan siquiera tengo un manual de paleografía.

[6] Se refiere a la revista Settanta.

[7] Literal, suponemos que le rindió pleitesía o que se recató de hacerlo

 

© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

Home Repertorio Antología Teoría y Crítica Cursos Enlaces