María Zambrano y Alfonso Reyes
Correspondencia

 

Roma, 25 de agosto de 1954

Piazza del Popolo 3

 

Sr. Don Alfonso Reyes

Admirado y buen amigo:

...Pues ahí va esa larga Carta Abierta sobre Goethe que me he tomado el atrevimiento de dirigirla a usted. Las cosas son así, sus artículos sobre Goethe tan bellos y justicieros me hicieron ahondar en mi examen de conciencia frente a su “caso”. No podía detenerme a pensar en ello hablando con usted a ratos, hasta que por fin, lo fui poniendo en las cuartillas. Pensé en enviárselas a usted para que diera su visto bueno antes de enviarlas a “El Papel Literario”, de donde habrá visto, quizá que soy colaboradora. Pero, caí en cuenta que retrasaría mucho la publicación. Y como por otra parte, nada hay en mi Carta de “personal”, aunque su persona estaba bien presente cuando lo escribía y cuando lo pensaba —no es ningún recurso “literario” el que todas esas reflexiones o lo que sean vayan a usted dirigidas, me he dispensado y le he dispensado a usted de la molestia de tener que ocuparse del asunto. Pero claro está que no querría que usted la conociese por el periódico, y se la envío. Perdone las muchas faltas.

Llevo ya un año aquí en Roma que es muy fascinadora. Y también sobre esa fascinación quisiera un día meditar para que no me devore.

Aunque no necesito de nadie para recordarle, siempre estoy cerca de alguna persona que le quiere y le admira. En La Habana era Mariano Brull; aquí Diego de Mesa y Juan Soriano, continuamente le recordamos.

Con la honda amistad y admiración ya antigua le envío a usted un saludo y si en algo le puedo servir.[1]

María Zambrano

Nota

[1] Esta última oración se encuentra manuscrita.

 

© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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