Repertorio de Ensayistas y Filósofos

"García Bacca y el exilio republicano de 1939"

Carlos Beorlegui

No cabe duda de que el acontecimiento más significativo de la vida de J. D. García Bacca fue la necesidad de salir de España para asentarse definitivamente en América, como consecuencia de la guerra civil española. Este acontecimiento truncó completamente su vida, reorientándola por caminos que muy poco antes ni siquiera podía imaginar. Ese fue el destino de toda su generación, la denominada precisamente “generación del exilio republicano”, o también “generación del 27”. De ahí que un estudio adecuado de la persona y la obra de nuestro filósofo exige tener como horizonte histórico este traumático acontecimiento para la historia social y cultural de España.

Por otro lado, los más significativos investigadores de la historia cultural española nos advierten que este exilio cultural de 1939 no ha sido el único, sino que la presencia de estos exilios y migraciones constituye desgraciadamente una constante en la historia de los últimos siglos, produciéndose una penosa discontinuidad en la historia del pensamiento español. Diversos acontecimientos históricos, en los que no nos vamos a detener ahora, han producido en nuestro entorno social lo que algunos han denominado una “mentalidad inquisitorial”[1], consistente en la incapacidad de vivir en un clima de pluralidad y de aceptar teorías y prácticas discrepantes. De tal modo que el adversario se veía obligado a traspasar la frontera y vivir fuera de España, si quería mantenerse con vida.

A pesar de ello, el exilio o emigración de 1939 posee unas características específicas que queremos resaltar. "La emigración de la guerra civil de 1936-39 constituye uno de los fenómenos más importantes de nuestra historia y, por la calidad humana e intelectual de sus hombres, es, sin duda, la más señalada de nuestras emigraciones, en un país en que éstas han sido el pan nuestro de cada día"[2]. Esta valoración de J.L. Abellán, uno de nuestros más significativos investigadores y estudiosos de la historia del pensamiento español, y, más en concreto, de esta época que estamos tratando, refleja meridianamente la doble faz del exilio republicano: su trascendencia e importancia cualitativa en sí, y su condición de ser un eslabón más dentro de una larga y desgraciada cadena de exilios.

Todo el brillante trabajo realizado durante tres décadas, primero por los intelectuales de la generación del 98, con Miguel de Unamuno a la cabeza, y posteriormente por Ortega y su grupo generacional, por elevar el nivel de nuestra cultura y modernizar la sociedad española, quedaba segado en flor por la intransigencia de quienes no se habían acostumbrado a vivir dentro de una sociedad pluralista y respetuosa, como empezaba y pretendía ser la sociedad española.

Pero, como hemos apuntado, este episodio no constituye una novedad en nuestra historia más reciente. El exilio del 39 era sólo una muestra más de nuestra peculiar idiosincrasia y endémica intransigencia, que se ha mostrado periódicamente incapaz de vivir pacíficamente con quienes, desde una discrepancia legítima, poseían una mentalidad y cosmovisión diferente. Vamos, pues, a presentar una breve visión panorámica de las emigraciones culturales en España, para centrarnos después en presentar los rasgos más específicos y significativos de la de 1939.

1. Las emigraciones en la historia de España

La historia de España está jalonada por continuas salidas del país de colectivos humanos expulsados a consecuencia de la intransigencia ideológica y política. Vicente Lloréns, exilado también en el 39, ha sido quien más detenidamente ha investigado sobre este fenómeno. De la mano de V. Lloréns, vamos a presentar un breve recorrido a estos tristes capítulos de nuestra historia[3]:

1) La primera emigración fue provocada por los Reyes Católicos, por edicto del 30 de marzo de 1499, en el que se ordenaba salir del país a todos los judíos que no se hicieran cristianos.

2) La segunda emigración estuvo formada por los moriscos. Tras la conquista de Granada, las capitulaciones respetaban la religión y las costumbres de los súbditos de Boabdil. Pero apenas se cumplió lo pactado, decretándose varios edictos de expulsión, entre 1609 y 1613.

3) En el s. XVIII, se producen nuevas expulsiones del suelo español. Dejando de lado los que tuvieron que salir finalizada la guerra de Sucesión por haber apoyado al Archiduque Carlos, el exilio cultural que caracteriza al s. XVIII es el sufrido por los Jesuitas, bajo el reinado de Carlos III.

4) A comienzos del s. XIX, el siglo más pródigo en exilios y emigraciones, se produce una nueva emigración: la de los afrancesados. Tras la derrota de los franceses en la guerra de la Independencia, los que habían simpatizado con el invasor, fueron declarados traidores a la patria por las Cortes de Cádiz, y expulsados.

5) Apenas había pasado un año, nada más volver a España, Fernando VII anula la Constitución de 1812. Los autores del cambio ideológico que se había producido en España a lo largo de la guerra de la Independencia, los liberales, son declarados fuera de la ley. Muchos altos cargos de la política hasta ese momento imperante fueron encarcelados, de modo que "la represión absolutista produjo casi más víctimas en el interior que en el destierro"[4]. Esta etapa se cerró en 1820 con la restauración del régimen constitucional en España, de modo que pudieron volver los expatriados.

6) Pero el nuevo régimen constitucional no duró más allá de tres años. La Santa Alianza actuó y repuso otra vez a Fernando VII como soberano absoluto. Era el año 1823 cuando volvieron los emigrados de antaño a cruzar las fronteras. La gran mayoría volvió a Inglaterra, como la vez anterior, por ser casi el único país europeo que los aceptaba. Los que se quedaron en Francia fueron tratados más como prisioneros políticos que como asilados.

7) De nuevo la guerra civil (en este caso, tres) iba a producir emigraciones. Esta vez fueron las guerras carlistas: la 1ª, en 1833-39; la 2ª, en 1848-49; y la 3ª, en 1872-76.

8) Como represalia al levantamiento fallido del general Prim en 1866, hacia el final del reinado de Isabel II, se produce una nueva emigración. Varios de los exilados de estas fechas iban a alcanzar renombre político algunos años después, como es el caso de Práxedes Mateo Sagasta, Emilio Castelar, Francisco Pi y Margall, y otros, ...

9) Una nueva emigración se produce al disolver el general Pavía las Cortes en 1874, poniendo fin a la I República y restaurando la Monarquía borbónica. Esta será la primera emigración republicana, compuesta por gente que ya había experimentado la emigración en una ocasión anterior.

Más importante, dentro del ámbito cultural, que esta emigración política de 1874, fue la debida al decreto del ministro de Educación, Orovio, en el que imponía restricciones a la libertad de enseñanza. Ello provocó la destitución de varios catedráticos de Universidad, entre los que figuraban ilustres krausistas como N. Salmerón, Giner de los Ríos, G. de Azcárate, y otros. La nota que caracteriza esta emigración fue su voluntariedad. Los emigrados pudieron pasar la frontera, salvo contadas excepciones, sin necesidad de hacerlo clandestinamente.

10) Y llegamos al s. XX. En 1923, con Primo de Rivera, se produce una nueva emigración. El personaje más significativo del exilio es Miguel de Unamuno, debido a un artículo publicado en el periódico argentino La Nación. Otros emigrados ilustres fueron Eduardo Ortega y Gasset, periodista y hermano del filósofo J. Ortega y Gasset, y José Núñez de Arenas, fundador de la Escuela Nueva[5]. Varios de los protagonistas de esta emigración lo fueron también de la de 1939, cuyas características pasamos a describir.

2. Las peculiaridades del exilio republicano de 1939

El exilio de 1936-39 está caracterizado por una serie de rasgos que lo diferencian claramente de los exilios anteriores. Coincide con ellos en ser un exilio forzoso, consecuencia de una contienda bélica, pero posee una serie de características muy específicas.

a) En primer lugar, el contingente de exilados estaba formado, en su gran mayoría, por gente del pueblo. Las élites intelectuales, políticas o militares, constituían una pequeñísima proporción, dentro de la gran masa restante, que se acercaba al medio millón de personas. En este exilio, pues, aunque el número de intelectuales será mayor que nunca, la proporción en el conjunto será menor. De todos modos, resulta difícil hacer apreciaciones exactas, y los estudiosos no se ponen de acuerdo en las cifras definitivas[6]. Pero sean cuales sean las cifras globales, nadie discute la importancia del contingente de intelectuales que tuvieron que exilarse. En opinión de J. L. Abellán, "se calcula en cinco mil el número de intelectuales que salieron, entendiendo por tales todos aquellos que tuvieran una cierta notoriedad en profesiones liberales, artísticas, literarias, científicas o docentes"[7].

b) El segundo rasgo se refiere al enorme número de componentes del exilio. "Nunca en la historia de España, dice V. Lloréns, se había producido un éxodo de tales proporciones, ni de tal naturaleza"[8]. No existen cifras coincidentes entre todos los historiadores de este acontecimiento, pero, en opinión de V. LLoréns, "puede calcularse sin gran error, que no bajaron de 400.000 los españoles que pasaron a Francia. Al cabo de varios meses (forzados muchos a optar entre la legión extranjera y la vuelta a su país), habían regresado a España más de 100.000 "[9]. Y si tenemos en cuenta que no sólo se dirigieron a Francia los exilados, sino a Portugal y al Norte de África, la cifra global, como señala J. L. Abellán, seguramente no bajó del medio millón de personas[10].

c) El tercer rasgo se refiere al nivel económico de los exilados. La inmensa mayoría de ellos carecían de bienes económicos[11]. En la mayoría del resto de los exilios se trata siempre de élites políticas y militares de un aceptable estatus social y económico. No ocurrió así en 1939, acercándose en este aspecto a lo ocurrido con la expulsión de los moriscos. De ahí que en los primeros momentos, la situación de los exilados, arracimados en campos de refugiados, pasó por momentos de verdadera angustia, sólo paliada por las ayudas de organismos internacionales y la solidaridad mutua.

d) La geografía del exilio también fue diferente en la última emigración. En los éxodos de los siglos anteriores, es Europa (con preferencia para Francia, Inglaterra, Bélgica y Portugal) el lugar de destierro y refugio, y algunos otros casos (los moriscos) el norte de África. En cambio, la mayor contingencia de exilados republicanos se dirigió a los países americanos de lengua española.

e) Si exceptuamos los exilios de los judíos y moriscos, que constituyeron un bloque específico dentro de los restantes, la mayoría fueron de escasa duración, si los comparamos con los cuarenta años que abarca el ocasionado por el franquismo. Los mismos transterrados[12], desde luego, no pensaban que su situación iba a prolongarse tanto. Más bien creían, apoyados en las perspectivas internacionales, que el régimen franquista no duraría mucho[13]. Los más conspicuos se dieron cuenta enseguida de que la aventura iba para rato, y que más que pensar en una vuelta rápida, había que preocuparse de aclimatarse a su nueva patria. García Bacca, según propia confesión, fue desde el principio de esta opinión, a la postre la más certera.

f) A pesar de ser el exilio expresión de derrota, los exilados solían influir poderosamente en la vida interna de España. La mayoría de ellos, tras unos breves años de destierro, derrocado o transformado el régimen contra el que lucharon, se hacían a la vuelta a España, de nuevo, con el poder. El balance político de los desterrados del 39 dista mucho de tener semejante éxito. La espera, como decíamos, ha sido mucho más larga, y sólo unos pocos han sobrevivido al fin de la dictadura franquista. Y dentro de éstos, sólo algunos han podido regresar y pisar de nuevo tierra española, alcanzando incluso algunos el poder con la victoria socialista de 1983.

A pesar de ello, no podemos decir que la influencia de los exilados en el rumbo de la vida española fuera nula. Juan Marichal considera que la influencia del exilio fue positiva, "porque es manifiesto que el exilio republicano ha incidido constantemente en la trayectoria política del Régimen caudillista desde 1939"[14]. Aunque en cierta medida así fue, el régimen franquista puso todo su esfuerzo en borrar toda huella que permitiera ni tan siquiera recordar la existencia de los transterrados[15].

3. Las vicisitudes del exilio republicano

Vamos a hacer referencia en este apartado a los principales protagonistas del destierro (reducido al campo de la filosofía), a los lugares donde se asentaron, al trabajo cultural que realizaron, y a los rasgos que definen su pensamiento y su evolución intelectual en sus nuevas patrias americanas.

a) Los filósofos exilados

He señalado más arriba, como nota específica del exilio republicano, la significativa cantidad en números absolutos de intelectuales, aunque suponía un bajo porcentaje relativo, dentro de la enorme masa de exilados. Recogíamos la cifra de cinco mil, dada por V. Lloréns. Pero lo más significativo no es la cantidad absoluta, sino la lista de las figuras de primera magnitud que tuvieron que salir de España con ocasión de la guerra. Me remito a otros trabajos más amplios y precisos, donde se han dado listas bien expresivas de la riqueza humana e intelectual que se perdió, en este lance, para España[16]. Solamente señalo aquí a los representantes más ilustres de la filosofía, entre los que hay que señalar a José Gaos, J. D. García Bacca, Joaquín Xirau, Eduardo Nicol, J. Ferrater Mora, J. Roura-Parella, Eugenio Ímaz, Wenceslao Roces, María Zambrano, Adolfo Sánchez Vázquez, Manuel Granell, Luis Farré, etc.[17].

Si comparamos esta lista con la que se puede formar de los filósofos que se quedaron en España, se advierte claramente la diferencia. Sólo X. Zubiri y Julián Marías pueden señalarse dentro del grupo generacional coetáneo, entre los filósofos con un cierto renombre.

Pero no sólo hemos de fijarnos en los personajes ilustres. Haciendo un balance de la pérdida sufrida, Gonzalo Torrente Ballester señalaba, a poca distancia del suceso (1940), que los intelectuales exilados constituían sin exageración el noventa por ciento de la "intelligenzia" española[18]. E. Díaz calcula que "partieron para el exilio 118 profesores de universidad, 200 profesores de Enseñanza Media, y 2000 maestros"[19].

España se permitía el lujo de prescindir de este espléndido plantel de maestros que habían situado a España en un nivel intelectual envidiable, y cuya ausencia iba a convertir a la España de Franco en un "yermo cultural", como lo ha calificado J. L. Abellán[20].

b) La ubicación de los exilados

El contingente mayor de exilados salió por el Pirineo y se estableció al sur de Francia[21]. Unos regresaron al poco tiempo; otros quedaron allí en paupérrimas condiciones, participando más tarde en la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial; y otros emigraron a diferentes puntos geográficos, sobre todo a la América de lengua castellana[22].

Pero no todos salieron por los Pirineos, sino también por diferentes puertos levantinos (Alicante, Cartagena, etc. ) con destino al norte de África, principalmente Argelia[23]. Los exilados más comprometidos políticamente fijaron su residencia en lugares cercanos a la frontera española, hostigando más tarde al régimen franquista a través de bandas de "maquis"[24]. En cambio, la gran mayoría de los intelectuales marchó a Hispanoamérica.

Son varias las razones que justifican esta masiva emigración a la América hispana. La primera de ellas es la inestabilidad política que se cernía sobre Europa, en vísperas de una conflagración mundial cada vez más cercana e inevitable. La gran masa de intelectuales, aunque habían dado su apoyo a la República, no eran de naturaleza belicosa, y cansados de los años de guerra en su país, buscaron en otras tierras la paz que les permitiera rehacer su vida y continuar su labor intelectual.

A esto se unió una segunda razón, que resultó providencial para todos ellos: la buena disposición mostrada por las gobiernos e instituciones hispanoamericanas para acoger a un contingente humano tan valioso, conscientes del magnífico trabajo cultural que podían aportar para el desarrollo de sus países. La postura más positiva y elocuente corrió a cargo del presidente mexicano, el general Cárdenas[25].

Y hay una tercera razón: la necesidad que tiene el intelectual de apoyarse, para su labor, en un entorno que hable su mismo idioma, para que pueda ser el lector e interlocutor que su obra necesita. Una excepción lo constituyó J. Ferrater Mora, quien, tras permanecer algún tiempo en Cuba y Chile, se instaló en USA, y allí continuó escribiendo indistintamente en inglés y en castellano, hasta su muerte[26].

Fueron muy pocos los países de lengua castellana a los que no se dirigiera alguno de los exilados[27]. Sin embargo, son tres los países a los que se dirigieron la mayoría: México, Argentina y Venezuela. Y dentro de estos tres, México fue el centro preferido de la mayoría de los exilados, debido fundamentalmente a las gestiones de Cárdenas.

En Buenos Aires se establecieron personalidades políticas de primera fila, que formarían tras la guerra el Gobierno Republicano en el exilio, con Luis Jiménez de Asúa, como Presidente de la República, y Claudio Sánchez-Albornoz, como jefe de Gobierno. Poco después, el centro de gravedad de la actividad política de los exilados pasaría a México[28].

El tercer polo de atracción lo constituyó Venezuela, pero no en el primer momento de la emigración, sino en años posteriores. En este polo, la figura de García Bacca va a ser central. Desde México, varios de los intelectuales exilados acudieron a la llamada de la Universidad de Caracas, como profesores invitados, para contribuir a la fundación de la Facultad de Filosofía. Entre los invitados estaban J. D. García Bacca, José Gaos, Eugenio Ímaz y Manuel Granell. Gaos e Ímaz volverían pronto a México, mientras que García Bacca y Granell acabaron quedándose definitivamente en Venezuela, creando a su alrededor un rico e importante movimiento filosófico, desde la Facultad de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela y el Instituto de Filosofía, fundado y dirigido por García Bacca durante muchos años, hasta su jubilación, en 1971.

c) Labor cultural de los exilados

Acoger y dar trabajo a todo este enorme contingente de personas, tan rico en valores humanos e intelectuales, constituía no sólo una acción humanitaria sino también una excelente inversión cultural para los países de acogida. No faltaron recelos por parte de los nativos, que veían en los refugiados unos indeseables y posibles competidores en el mercado de trabajo[29]. Pero los temores se disiparon al poco tiempo, constituyendo la presencia de los exilados un importante revulsivo cultural y social.

En un primer momento, como es comprensible, la colonia española estuvo bastante centrada en sí misma. Quizá contribuyó a ello el sentimiento de provisionalidad con el que vivieron los primeros meses de su estancia en suelo americano. Al principio, bastantes profesionales (médicos, maestros, etc. ) tenían su propia clientela entre los propios exilados. Son dignos de mención, por ejemplo en México, los centros docentes que fundaron para educar a los hijos de españoles: la Academia Hispano-Mexicana, el Instituto Luis Vives, y el Colegio Madrid[30].

También crearon sus propias revistas y periódicos, tanto los que marcharon a América como los que se quedaron en Europa[31]. La orientación y el contenido de estas publicaciones fue bastante diferente en uno y otro lado del Atlántico. Frente a la orientación pequeño-burguesa e intelectual de las publicaciones americanas, destaca la línea más "popular y sindical" de las publicaciones europeas.

Las revistas que se publicaron en América fueron numerosas, algunas de ellas de una altura intelectual considerable. Las más importantes fueron Cuadernos Americanos[32], Clavileño, España Peregrina, Realidad (Revista de ideas), Romances, Las Españas, Índice, Ínsula,...[33].

Junto a las revistas, hay que mencionar la labor desarrollada en el campo editorial. Los exilados crearon nuevas editoriales o trasladaron a América las actividades de editoriales ya existentes en España. Entre ellas hay que señalar, como más significativas, Séneca[34], Losada, Nova, Argos, Proa, Grijalbo, Vértice, Esfinge, Cénit, etc.[35]. Pero también colaboraron activamente a reanimar editoriales ya existentes, como el Fondo de Cultura Económica y Unión Tipográfica Española e Hispanoamericana (UTEHA), ambas en México[36].

Un capítulo de enorme importancia, situado también en el campo editorial, es el referente a las traducciones que llevaron a cabo[37]. Esta labor traductora ya había comenzado en España antes de la guerra[38]. Al frente de la Ed. Cénit realizó una labor traductora importante W. Roces, traduciendo por primera vez al castellano el primer volumen de El Capital de K. Marx. W. Roces continuó en México su labor traductora, terminando la publicación de El Capital en 1946. Y no sólo se limitó a traducir a Marx, sino también a Hegel, Cassirer y otros filósofos de primera línea[39].

Otros importantes traductores fueron Eugenio Ímaz y José Gaos. El primero tradujo la obra completa de W. Dilthey, en el F.C.E.. Igualmente tradujo varias obras de Dewey y de Cassirer[40]. La labor traductora de Gaos no fue menos brillante. A él debemos la versión de Ser y Tiempo, de Heidegger, Ideas, de Husserl, la Ontología, de N. Hartmann, varias obras de M. Scheler, etc.[41].

García Bacca colaboró también en esta extraordinaria labor traductora, auténtico trabajo de equipo, bien programado y distribuido. El capítulo en el que colaboró, debido a su perfecto conocimiento del latín y del griego, fue la filosofía latina y griega. Desde los Presocráticos hasta Cicerón y Boecio, los textos más importantes de los clásicos del pensamiento greco-latino fueron apareciendo en interesantes colecciones de bolsillo, traducidas y prologadas por él. Aparte de los clásicos, tradujo años después a Descartes, Heidegger, Sto. Tomás, Marx, y varios autores del campo de la lógica, las matemáticas y la física[42].

Pero no sólo fue México el centro de esta labor traductora. Si los refugiados en México se centraron en la filosofía, los de Buenos Aires lo hicieron en la literatura, aunque también tradujeron importantes títulos filosóficos[43]. Este trabajo de traducción se realizó desde instituciones culturales fundadas por los mismos exilados, como la Casa de España en México, creada en 1938 por el mismo presidente Cárdenas, "para que los españoles pudieran continuar en tierras mexicanas las tareas de investigación y enseñanza a que se dedicaban en su país de origen"[44]. Esta institución se transformó a los tres años en El Colegio de México, "donde españoles y mexicanos trabajaron en plano de igualdad en labores concretas de investigación"[45].

Junto a México y Argentina, Venezuela ocupa un lugar importante en la actividad cultural de los "transterrados". Hemos señalado la invitación de las autoridades académicas venezolanas a un grupo de profesores españoles, del grupo de México, entre los que se hallaba García Bacca. Además de su trabajo profesoral y académico, desde la dirección del Instituto de Filosofía, García Bacca lanzó y dirigió la revista Episteme. Anuario de Filosofía hasta su jubilación, en 1971.

Todos estos datos que estamos señalando muestran que la presencia y el trabajo cultural de los exilados republicanos se dejó sentir de un modo espectacular y positivo en la América hispana, constituyendo su labor una digna prolongación, al otro lado del Atlántico, del trabajo emprendido años antes por Ortega, en un intento de presentar al público culto español las principales obras que se iban publicando en el panorama europeo y americano[46].

Es una lástima que de toda esta labor apenas se hayan beneficiado los habitantes de la península, o lo hayan hecho con demasiado retraso, tras el deshielo de la censura impuesta por el régimen franquista.

d) Rasgos característicos de los filósofos exilados

El grupo total de los filósofos exilados conforman un conjunto demasiado heterogéneo como para definirse como una escuela de pensamiento. Nada más lejos de esa realidad. Cada uno de ellos siguió una trayectoria intelectual muy específica[47]. Por tanto, lo único que cabe hacer es presentar una serie de rasgos muy globales, que se refieren tanto a ciertos rasgos comunes de su pensamiento e influencias, como a similitudes en su trayectoria vital e intelectual.

Siguiendo a J.L. Abellán, consideramos que tales rasgos son los siguientes: 1) su creciente despolitización; 2) la incorporación a la España de los valores culturales, tras haber perdido la España concreta que los había visto nacer y crecer; 3) influencia de la Institución Libre de Enseñanza; 4) influencia de J. Ortega y Gasset; 5) la presencia del historicismo y del existencialismo, 6) y un creciente interés por el marxismo[48].

1) creciente despolitización.

Esta despolitización progresiva contrasta con los que se quedaron junto a las fronteras españolas. Tanto los que se marcharon a América como los que se quedaron en Europa, apoyaron el bando republicano. Pero, entre los exilados americanos, los que se habían comprometido directamente en la lucha eran los menos. Tal es el caso de J. Gaos, María Zambrano y Eugenio Ímaz. Pero el resto, entre los más conocidos, apenas hizo política directa.

De todos modos, su condición de extranjeros en los países de acogida, les hizo atemperar su compromiso político, fuera mucho o poco. Esta paulatina despolitización les hizo centrarse de lleno en su profesión intelectual, y sólo así se comprende la enorme producción escrita que salió de sus manos, y la ingente labor traductora de que ya hemos hecho mención. Dedicados de lleno a lo intelectual, la postura política que adoptan, se pude "englobar -dice J.L. Abellán- bajo el denominador común de liberalismo, incluso en aquellos que habían mantenido posturas de avanzada izquierda"[49].

2) la idealización de España.

La ausencia física idealiza los rasgos del ausente, sea una persona o un paisaje geográfico. Esto permite comprender que los exilados se dediquen a estudiar a los clásicos y que se remonten a los momentos más gloriosos de la historia de España. Eso ocurrió en cierta medida con los exilados de esta generación.

Pero también es cierto que esta preocupación por lo español y su lugar en el resto del mundo culto, hay que empalmarlo con el ambiente cultural anterior a la guerra. La preocupación por el “tema de España” era objeto de discusiones desde el grupo generacional del 98. Lo que hacen los exilados es continuarlo y profundizarlo desde la perspectiva americana, y ello contribuyó, no cabe duda, a ensanchar y enriquecer el problema. "Es patente -dice J.L. Abellán- que muchos de los filósofos y de los pensadores dedicaron atención a este tema y sacaron fructuosas conclusiones, alejadas tanto del pesimismo novetayochista como del triunfalismo imperial que se manifestó durante aquellos años en la Península, donde se hablaba de "años triunfales", del "Imperio hacia Dios", de "España como reserva moral y espiritual de Occidente", etc."[50].

Cuando los filósofos y pensadores exilados hablan de España, de su significado y papel en la historia de Occidente, hacen también referencia y engloban en el problema a los países hispanoamericanos, como parte integrante de una cultura común. Y viceversa. Así, cuando José Gaos habla de Hispanoamérica, engloba en tal concepto a España[51]. En García Bacca también se advierte esta característica, especialmente durante los años que permaneció en México, plasmando esta preocupación por lo específico del alma española y del modo de filosofar en español en obras como Introducción literaria a la filosofía[52], “Filosofar en universal y filosofar en español”[53], y “El sentido de la Nada en la fundamentación de la Metafísica según Heidegger, y el sentido de la Nada en la fundamentación de la experiencia mística, según San Juan de la Cruz”[54].

3) influencia de la Institución Libre de Enseñanza.

Es ya suficientemente conocida la influencia del krausismo y de la Institución Libre de Enseñanza en las élites culturales españolas antes de la guerra. Los más significativos líderes institucionistas, todavía vivos, sufrieron también la experiencia del exilio. Los casos más llamativos fueron los de José Castillejo y Alberto Jiménez Fraud. En el destierro americano o europeo, continuaron manteniendo el espíritu institucionista Lorenzo Luzuriaga, Luis de Zulueta y Antonio Jiménez-Landi, entre otros muchos[55]. Pero, incluso más allá de los círculos directamente relacionados con la Institución, perduró su patrimonio cultural y el espíritu que la animó, centrado en "conjugar armónicamente la razón y la fe, la ciencia y la vida; y (en) alumbrar un tipo de español culto, amigo de su tiempo, libre de preocupaciones sectarias"[56].

   Podemos, pues, afirmar que el espíritu institucionista se mantuvo vivo entre los transterrados, e incluso se conservó latente dentro de la Península, aunque escondido, en "exilio interior"[57]. García Bacca, dada su trayectoria de formación dentro de la orden claretiana, no experimentó directamente esta influencia, pero no cabe duda que le llegó indirectamente durante su estancia en América a través del resto de sus compañeros de exilio, sobre todo en la etapa mexicana.

 4) la influencia teórica de Ortega.

No podía faltar. Ortega había sido el maestro indiscutido de la intelectualidad española en todos los ámbitos culturales[58]. El les había enseñado a ver y a adentrarse en el panorama filosófico internacional. Ya en el exilio, su influencia no decreció, aun a despecho de la desilusión que produjo entre los exilados el desconcertante neutralismo del filósofo madrileño durante la guerra (la "tercera España"). Ortega deambuló durante varios años por Argentina, Chile y Uruguay (1939-1942), sin atreverse a ir a México, a pesar de ser repetidas veces invitado por la abundante colonia de exilados[59].

Entre los exilados, había varios discípulos directos de Ortega de la Universidad de Madrid, como Gaos, Recaséns Siches, Granell, Ayala y María Zambrano. Pero también en la escuela catalana la influencia de Ortega fue importante, en hombres como Xirau, Roura-Parella, Ferrater, García Bacca, e incluso E. Nicol.

El pensamiento de Ortega, unido al historicismo de Dilthey, fue el suelo filosófico del pensamiento filosófico de los exilados durante casi dos décadas, cediendo poco a poco su influencia al existencialismo y luego, aunque no en todos, al marxismo. La influencia de Ortega en García Bacca fue clara y rotunda durante la primera etapa de su pensamiento ya en tierras americanas, hasta que su pensamiento se situó posteriormente bajo la influencia del ontologismo existencialista de M. Heidegger[60].

5) la presencia del historicismo y del existencialismo.

La filosofía de W. Dilthey, a través de Ortega, tuvo un gran impacto en la España pre-bélica, impacto que continuó durante años en el exilio. Prueba de ello es que el castellano fue el primer idioma que tradujo las Obras Completas del filósofo historicista alemán, de la mano de Eugenio Ímaz, en el F.C.E. de México. El mismo Ímaz escribió una de las mejores introducciones existentes sobre su filosofía[61]. Junto a Ímaz, hay también traducciones parciales y estudios filosóficos de J. Gaos y de J. Roura-Parella[62].

La influencia de Dilthey fue de tal magnitud, que se mantuvo hasta años en que el filósofo alemán había desaparecido de la actualidad y vigencia filosófica en los países europeos.

Solapada e imbricada con la presencia del historicismo y del raciovitalismo orteguiano, se dio la influencia del existencialismo, tanto en la línea de Heidegger como en la de Sartre. Heidegger, como ya es sabido, tuvo una gran resonancia e influencia en Ortega y en sus discípulos más directos, y la confrontación entre ambos pensadores fue motivo de discusión y de estudio[63]. Las obras de Heidegger fueron traducidas por el F.C.E. de México (destacando la traducción de "Ser y Tiempo" por J.Gaos) y otras editoriales mexicanas. En cambio, como ya quedó señalado con antelación, las obras de Sartre fueron traducidas en la Editorial Losada de Buenos Aires[64].

La atención de García Bacca al pensamiento de Heidegger fue determinante ya durante la década de los cuarenta, pero se acrecentó en la de los cincuenta. Ya hemos señalado que llegó a México en 1941, cuando todavía seguía siendo profesor de la Universidad de Quito, invitado por la UNAM para impartir un curso sobre el pensamiento de Heidegger. En principio, ese curso lo tenía que dar Ortega, pero, al declinar esta invitación, se encargó del curso García Bacca[65]. Los trabajos escritos de García Bacca sobre el existencialismo heideggeriano son numerosos, habiendo recopilado los más importantes de cara a la publicación de un volumen conjunto bajo el título de Existencialismo[66].

6) acercamiento al marxismo.

Este fenómeno se irá produciendo al comienzo de la década de los sesenta. La circunstancia favorecedora de este acercamiento, dejando de lado las circunstancias políticas dadas en estos años en América Latina, fue la preparación del centenario de la publicación por Marx de El Capital, en 1967. Este acontecimiento "constituye -apunta J.L. Abellán- la ocasión de una inquietud que tenía antecedentes muy remotos entre algunos de los exilados españoles"[67]. Ya he hecho más arriba referencia a ello al hablar de las traducciones de W. Roces.

La celebración del centenario de El Capital tuvo en ambientes universitarios mexicanos especial relieve, celebrándose actos académicos, y escribiéndose diversos trabajos sobre el marxismo. Era la culminación de un proceso que venía gestándose desde casi una década antes y que dejó frutos interesantes en la obra de García Bacca, como tendremos ocasión de comprobar, y en la Adolfo Sánchez Vázquez[68].

La influencia del marxismo en el pensamiento de García Bacca fue determinante. Si hasta 1960 los suelos filosóficos en los que se apoya su pensamiento habían sido, tras su primera etapa neotomista, el raciovitalismo orteguiano, el historicismo diltheyano y el ontologismo existencialista de Heidegger, a partir de la fecha indicada su referencia fundamental fue el pensamiento de K. Marx. Este salto intelectual se debió a múltiples factares, desde la situación sociopolítica latinoamericana, hasta la invitación de A. Machado a filosofar para el pueblo[69]. Todo ello fue determinante para que desde ese momento las obras de mayor madurez de nuestro filósofo estuvieran impregnadas profundamente del pensamiento crítico del filósofo alemán. Esta influencia se prolongó durante la década de los sesenta y de los setenta, momento en el que García Bacca publicó las obras más importantes y maduras de todo su periplo filosófico.

4. Para concluir

Aunque la trayectoria de García Bacca en América siguió unos parámetros muy personales, comenzando por no asentarse desde el principio en los lugares más concurridos del contingente de intelectuales exilados (México y Argentina), sino que empezó impartiendo sus clases en la Universidad de Quito en los cuatro primeros años de exilio, y posteriormente se asentó en Caracas, otro destino muy poco concurrido por ellos, coincidió con el grueso de intelectuales en los rasgos distintivos generales que hemos indicado más arriba.

Por eso, consideramos fundamental y necesario situar como frontispicio de los diferentes trabajos sobre el pensamiento de nuestro filósofo la referencia al horizonte del exilio republicano de 1939. Sólo en ese conjunto y a partir de esa referencia, aunque salvando su indudable originalidad, se entiende adecuadamente el pensamiento y la trayectoria biográfica y existencial del filósofo hispano-venezolano[70].

 

Notas

[1] Cfr. ABELLÁN, J.L., El exilio como constante y como categoría, Madrid, Biblioteca Nueva, 2001, 27-43.

 [2] ABELLÁN, J.L., Panorama de la filosofía española actual, Madrid, Espasa-Calpe, 1978, p. 108.

 [3] Cfr. LLORÉNS, V., "Emigraciones de la España moderna", en J.L.Abellán (Dir.), El exilio español de 1939, Madrid, Taurus, 1976, 6 vols., vol. 1º, pp, 25-93. Cfr. también MARAÑON, Gr., Españoles fuera de España, Madrid, Espasa-Calpe, 1947.

[4]  LLORÉNS, V., o.c., p. 61.

 [5] Sobre la personalidad de este interesante y desconocido intelectual, cfr. TUÑÓN DE LARA, M., Medio siglo de cultura española (1885-1936), Madrid, Tecnos, 1977 (3ª ed.), pp. 173-184.

[6] Cfr. ABELLÁN, J.L., El exilio como constante y como categoría, o.c., pp. 69 y ss.

 [7] ABELLÁN, J.L., o.c., vol. 1º, p. 17. Cfr. MAESTRE ALFONSO, Juan, "Los intelectuales exilados", Informaciones, 14-II-1976.

 [8] o.c., pp. 99.

 [9] Ibidem, p. 99-100.

 [10] Cfr. El exilio español de 1939, vol. 1º, p. 15. Diferentes autores han dados cifras aproximativas sobre todos estos movimientos de masas durante la guerra. Cfr. la entrevista de RODRÍGUEZ, R. a J.L. ABELLÁN, en Triunfo. XXXIII (1979), nº 844, pp. 48-49.

 [11] Cfr. OJEDA, Germán, "Notas comunes y específicas: Exilios en nuestra historia contemporánea", Tiempo de Historia, IV (1978), nº 40, pp. 60-71.

[12] Neologismo propuesto por J. GAOS, “Los transterrados españoles de la filosofía en México”, Filosofía y Letras. Revista de la Universidad de México, 1949, nº 36, octubre-diciembre, recogida después en Filosofía mexicana de nuestros días, México, 1954, pp. 313-316. Cfr. ABELLÁN, J.L., El exilio como constante y como categoría, o.c., pp. 47-48; 116-117.

 [13] Cfr. SAMPELAYO, C., "La postguerra en el exilio de América: En enero "Juan Tercero", Tiempo de Historia, VIII (1982), nº 92-93, pp. 54-65.

 [14] MARICHAL, J., "30 años de exilio", Historia 16, nº 5, p. 36.

 [15] Cfr. ILIE, Paul , Literatura y exilio interior, Madrid, Fundamentos, 1981, Introducción.

 [16] Cfr. DIAZ, E., Pensamiento español, 1939-73, Madrid, EDICUSA,1974, pp.15-22; ABELLÁN, J.L., Filosofía española en América (1936-66), Madrid, Guadarrama, 1966, pp. 13 y ss.; ABELLÁN, J.L. (Dir.), El exilio español de 1939, 6 vols., o.c.

 [17] Para una visión suficiente del pensamiento filosófico de cada uno de ellos, cfr. ABELLÁN, J.L., Filosofía española en América (1936-1966), o.c.

 [18] Cfr. Revista Tajo, Madrid, 3 de agosto de 1940. Dato tomado de DÍAZ, E., o.c., p. 18.

 [19] DIAZ, E., o.c., p. 18. Para una clasificación de los exilados según su especialidad intelectual, cfr. DE ALBORNOZ, A. , "La España peregrina", Triunfo, nº 507, Extra, dedicado a "La cultura en la España del s.XX", 17-junio-1972, Madrid.

 [20] Cfr. ABELLÁN, J.L, La cultura en España, Madrid, EDICUSA, 1971, p. 19.

 [21] Cfr. HEREDIA SORIANO, Antonio, Exodos. Historia oral del exilio republicano en Francia (1939-45), Barcelona, Crítica, 1989.

 [22] Cfr. ABELLÁN, J.L.(Dir.), El exilio español de 1939, o.c., vol.II, "Guerra y política".

 [23] Cfr. Ibidem, vol. 1º, pp. 114 y ss.

 [24] Cfr. SANZ, M., "La verdadera estructura de la resistencia española en Francia", Tiempo de Historia, VI(1980), nº 67, 24-37; FERNANDEZ, A. , "La aventura del exilio. 1. Españoles en la prisión central de Eysses. 2. Guerrilleros españoles en el maquis "Sir-Hakeim", Tiempo de Historia, 1(1975), nº12, 4-23; LLORÉNS, V., La emigración española en 1939, o.c., pp. 99-114.

 [25] Todos los exilados mexicanos coinciden en sus palabras de elogio y agradecimiento al presidente Cárdenas y a la nación mexicana por su oportuna y generosa acogida en 1939. Cfr. LLORENS, V., o.c., pp. 125 y ss.

 [26] Cfr. ABELLÁN, J.L., Panorama de la filosofía española actual, Madrid, Espasa-Calpe, 1978, pp. 117-118.

 [27] Cfr. LLORÉNS, V., o.c., donde describe el cuadro completo de la ubicación en América de los exilados más importantes (pp.94-200).

 [28] Cfr. para el itinerario del Gobierno Republicano en el exilio, MENENDEZ ASENSIO, Luis, "Francisco Giral: pasado y presente de la República", Tiempo de Historia, VI(1980), nº 62, pp. 4-21.

 [29] El caso de México fue bien patente: cfr. LLORÉNS, V., o.c., vol. II, p. 125;  SAMPELAYO, C., o.c.

 [30] Cfr. LLORÉNS, V., o.c., vol. 1º, p. 138.

 [31] Cfr. ANDÚJAR, Manuel  y  RISCO, Antonio , "Crónica de la emigración en las revistas", en El exilio español de 1939, o.c., vol. III, pp. 11-150.

 [32] Fue la revista que mayor altura e importancia llegó a conseguir, en el campo de la filosofía: cfr. ANDÚJAR, M.,o.c., p.28; DÍAZ, E., o.c., pp. 45-46; LLORÉNS, V., o.c., p. 177; ABELLÁN, J.L., Panorama de la filosofía española actual, o.c., 139-140; RAMA, Carlos Mª , "Cuarenta años de Cuadernos Americanos", El País, 8-1-1982.

 [33] Para una información más pormenorizada sobre las revistas, cfr. ANDÚJAR, M., o.c., pp. 62-92.

 [34] "La Ed. Séneca, fundada en México con fondos del SERE (Servicio de Evacuación de Republicanos Españoles) y dirigida por J.BERGAMÍN, tuvo muy corta vida, pero en su haber cuenta con varios de los volúmenes mejor presentados hasta entonces en Hispanoamérica", LLORÉNS, V., o.c., p. 149. García Bacca fue, durante su estancia de cuatro años en México, presidente del Consejo de Administración de la Editorial: cfr. El País, 22 de septiembre de 1977, p. 27.

 [35] Cfr. ANDÚJAR, M. y RISCO,  A., o.c., p. 19; LLORÉNS, V.,o.c., pp. 149-150.

 [36] Cfr.ABELLÁN,  J.L., Panorama de la filosofía española actual, o.c., pp. 134-136; "Entrevista con el editor Arnaldo Orfila", El País, 15-octubre-1978, p. I, IV-V.

 [37] "Entre 1939 y 1955, los refugiados vertieron al español, sólo para el F.C.E más de un centenar de obras de un total de 179 en el campo de la sociología, la filosofía, la historia y la política. Obras fundamentales no pocas de ellas y de gran extensión", LLORÉNS, V., o.c., p. 147.

[38] Para un panorama completo de la labor traductora de los exilados españoles, cfr.JIMÉNEZ,  A. “García Bacca y su labor como traductor”, dentro de estas mismas ACTAS.

 [39] Cfr. ABELLÁN, J.L., o.c., p. 137.

 [40] Cfr. Ibidem, pp. 136-137. Sobre la vida y la obra de E. Ímaz, cfr. ADURIZ OYARBIDE, I. , Eugenio Ímaz: Conciencia y espiritualidad en su vida y en su obra, S. Sebastián, Universidad de Deusto, 1990 (Tesis doctoral); ASCUNCE, J.A., Eugenio Ímaz: hombre, obra y pensamiento, Madrid, FCE, 1990.

 [41] Cfr.ABELLÁN,  J.L., o.c., p. 137.

 [42] Cfr. BEORLEGUI, C., La filosofía del hombre en J.D. García Bacca, Bilbao, Univ. de Deusto, 1983, tesis doctoral, cap. 2º. 

 [43] En la Ed. Losada de Buenos Aires, se publicó la traducción de las obras de Sartre y de otros filósofos de lengua francesa. Cfr. LLORÉNS, V.,  o.c., pp. 166-167.

 [44] ABELLÁN, J.L., o.c., p. 133.

 [45] Ibidem, p. 183.

 [46] La mayoría de los estudiosos del exilio, reconocen la importante labor cultural que realizaron en América, de modo que "la llegada en masa, dice GARCIA DURAN, J., de los refugiados republicanos a México, así como a otros países de la América Latina, fue, desde los tiempos de la colonización, el hecho más significativo en la influencia española en América": "Los exilados en México", Tiempo de Historia, 1977, nº 37, p. 33. GERMÁN OJEDA, J., aunque considera exagerado afirmar que con la operación de los transterrados se operase un "mestizaje espiritual", como hay quien así lo afirma, reconoce "la inestimable aportación cultual de los muchos intelectuales republicanos a estos países": o.c., pp. 67-68.

 [47] Para el estudio del pensamiento filosófico de los más importantes representantes, cfr. ABELLÁN, J.L., Filosofía española en América, o.c.

 [48] Cfr. ABELLÁN, J.L., Panorama de la filosofía española actual, o.c., pp. 124 y ss.

 [49] Ibidem, p. 124. Abellán considera a J. Gaos como paradigma, en este punto, de esta generación de pensadores.

 [50] ABELLÁN, J.L., "Filosofía y pensamiento: su función en el exilio de 1939”, en El exilio español de 1939, o.c.,vol. III, p. 161.

 [51] Cfr. ABELLÁN, J.L., “La contribución de José Gaos a la historia de las ideas hispanoamericanas" Dianoia (México), 1970, pp. 205-237.

[52] Caracas, UCV, 1964. Es la segunda edición del libro que tituló, en su primera edición, Filosofía en metáfora y en parábolas.

[53] Revista de Indias (Bogotá), 25 (1945), nº 79, pp. 59-72.

[54] Cuadernos Americanos (México), 1944, nº 6, pp. 87-100.

 [55] Cfr. LUZURIAGA, L., La Institución Libre de Enseñanza y la Educación en España, Buenos Aires, 1957.

 [56] HEREDIA SORIANO, A., "El krausismo español (Estudio histórico-bibliográfico)", en VV. AA., Cuatro ensayos de historia de España, Madrid, EDICUSA,1975, pp. 75-150.

 [57] HEREDIA SORIANO, A. así lo sostiene, advirtiendo herencias institucionistas en diferentes movimientos culturales innovadores de la España franquista: o.c., pp. 125-148.

[58] García Bacca lo denomina, por esta labor, el “ojo de España”. Cfr. BEORLEGUI, C., “Le presencia de Ortega en el pensamiento de J. D. García Bacca”, Letras de Deusto, 18 (1988), nº 40, 93-117.

 [59] García Bacca, en diálogo personal, me señaló que en 1942 fueron invitados, desde México, Ortega y él para impartir sendos cursos sobre al filosofía de Heidegger. García Bacca acudió, y fue el primer contacto con México para quedarse allí durante cuatro cursos. En cambio, Ortega no aceptó, debido, en opinión de García Bacca, al reparo permanente que tuvo a tener que justificar su postura ante el grueso de los exilados, asentado en México.

[60] Cfr. BEORLEGUI, “La presencia de Ortega en el pensamiento de J. D. García Bacca”, o.c.; id, García Bacca. La audacia de un pensar, Bilbao, Universidad de Deusto, 1988, cap. 2º. 

 [61] El pensamiento de W. Dilthey. Evolución y sistema, México, F.C.E, 1946. Cfr. también, ÍMAZ, E., "Asedio a Dilthey", Jornadas del Centro de Estudios Sociales de El Colegio de México, nº 35, 1945.

 [62] Cfr. GAOS, J., "La jornada de Dilthey en América", y "El Dilthey de Ímaz", ambos trabajos en Sobre Ortega y Gasset y otros trabajos de historia de las ideas en España y América Española, México, UNAM, 1957, pp. 139-146 y 147-163.

 [63] Cfr. REGALADO GARCIA, A., El laberinto de la razón: Ortega y Heidegger, Madrid, Alianza, 1990.

 [64] Como resumen significativo de la influencia en los exilados de estas dos corrientes de pensamiento que estamos analizando, cfr. NICOL, E., Historicismo y existencialismo, Madrid, Tecnos, 1960.

[65] Cfr. GARCIA BACCA, J.D., Confesiones. Autobiografía íntima y exterior, Barcelona, Anthropos, 2000, p. 77.

[66] Xalapa (México), Universidad Veracruzana, 1962.

 [67] Panorama de la filosofía española actual,  o.c., p. 153.

 [68] A. Sánchez Vázquez tenía sólo 20 años cuando estalló la guerra, disponiéndose a estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. Acabó sus estudios en México y se incorporó como profesor a la UNAM en 1955. Sus intereses intelectuales se centraron en la estética, vista desde la óptica marxista, destacando entre sus obras Filosofía de la praxis, México, Grijalbo,1967; y Ciencia y revolución (El marxismo de Althusser), Madrid, Alianza, 1978.

[69] Cfr. BEORLEGUI, C., García Bacca. La audacia de un pensar, o.c., cap. 4º.

[70] Para los diferentes detalles biográficos de su trayectoria en suelo americano, cfr. GARCIA BACCA, J.D., Confesiones, o.c.

Carlos Beorlegui
Universidad de Deusto

 

[Fuente: Carlos Beorlegui, Cristina de la Cruz y Roberto Aretxaga, Editores. El pensamiento de Juan David García Bacca, una filosofía para nuestro tiempo (Actas del Congreso Internacional de Filosofía: Centenario del nacimiento de Juan David García Bacca). Bilbao: Universidad de Deusto, 2002.]

 

© José Luis Gómez-Martínez
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