Repertorio de Ensayistas y Filósofos

Poema y diálogo:
la presencia de Antonio Machado en el pensamiento de J. D. García Bacca

Cristina de la Cruz

Quisiera comenzar diciendo que, a diferencia de todas las personas que nos han acompañado en este Congreso, no soy una especialista en el pensamiento de García Bacca. No obstante, este encuentro ha supuesto para mi una oportunidad excelente para hallar un hilo conductor a ideas deshilvanadas que tenía sobre su pensamiento, ideas que se fueron conformando fruto de lecturas furtivas, siempre a propósito de otra cuestión, que nada, o casi nada, tenían que ver con el propio García Bacca.

Creo, por lo tanto, obligado ofrecer una justificación que aclare el motivo que me impulsó a aceptar la invitación de Carlos Beorlegui a participar en este Congreso sobre García Bacca en su centenario. Para ello, me van a permitir que dé un pequeño rodeo. Seré breve en la justificación, y además, espero que ésta me sirva para contextualizar el tema de mi intervención.

Hace tiempo me dedique al estudio del pensamiento de María Zambrano. En ella recalé, fundamentalmente, por una cuestión de género: no exclusivamente por su condición de mujer, sino por lo que yo entiendo como una sintonía de ritmos tanto en la palabra, como en la mirada, es decir, en la forma de aproximarse a la realidad con el fin de comprenderla. También había un componente en María Zambrano que me predisponía especialmente a acercarme a su obra y pensamiento. Me refiero a su condición de exiliada. María Zambrano irrumpió con fuerza en el panorama intelectual español de principios de los años 30. Al igual que otros intelectuales, se vio obligada a abandonar España en 1939, adonde no regresó hasta 1984. La experiencia del exilio, largo y traumático, marcó profundamente su pensamiento. Incluso puede decirse que esta experiencia, el exilio, se presenta como una de las categorías metafísicas fundamentales que caracteriza la evolución del pensamiento zambraniano a partir de los años 50, perdida ya la esperanza del regreso a la patria.

El desenvolvimiento de su razón poética transcurre, a partir de entonces, por lo que algunos han venido a llamar los linderos de la filosofía. Con un carácter eminentemente místico, el pensamiento filosófico de Zambrano se transforma en pensamiento religioso, en donde la piedad, otro de sus conceptos más fundamentales (ese saber tratar con lo otro, con lo diferente), se convierte en el asidero de una religión del espíritu que Zambrano fue configurando en ese proceso de reconversión místico-poética de su pensamiento.

Si he reparado en Zambrano es porque, en su momento, fue su vida y obra la que me facilitó el único punto de engarce que yo puedo encontrar para con el de García Bacca. Y el enganche, si me permiten la expresión, se produce por una doble vía:

En primer lugar, he de decir que si bien aquella inicial perspectiva de género no terminó cuajando, al menos no con Zambrano, sí que permaneció y permanece el interés por el estudio de esa razón de los vencidos, en acertada expresión de Reyes Mate, que va conformando una inquietud intelectual de profundo compromiso. Creo que con este congreso que nos reúne hoy aquí contribuimos no sólo a dar a conocer el pensamiento de García Bacca, sino también a reivindicar la memoria del exilio, de todos los exilios, todas las exclusiones y las marginaciones, que nos han asolado a lo largo del siglo XX. Es un hecho que el exilio español, aunque un acontecimiento histórico real, es ya inexistente. Sin embargo, no se puede olvidar. Hay que tratar de rescatar esa memoria rota que forma parte de nuestro legado más inmediato, puesto que su olvido, en cierta manera, nos convierte a todos en huérfanos. Así pues, de aquel compromiso que se fue fraguando a medida que iba conociendo el pensamiento de Zambrano, surge el primer engarce que encontraba para con García Bacca y que justifica mi presencia aquí. Es sencillamente su propia condición de filósofo exiliado y la responsabilidad de dar a conocer el legado de su pensamiento, el mayor empuje que, en su momento, me animó a aceptar el ofrecimiento de Carlos Beorlegui.

El segundo engarce que me proporciona Zambrano viene de la mano de sus nociones de piedad y razón poética. Estos conceptos zambranianos surgen al calor de la metafísica poética de Antonio Machado. Antonio Machado es para María Zambrano, ante todo, un inspirador. En otros lugares, he dedicado algunas páginas a analizar esta relación, en la que no me detendré ahora. Sin embargo, sí me gustaría destacar en este momento que aquel estudio concluía subrayando la presencia notable del poeta en la obra y el pensamiento de otros pensadores. Especialmente, en aquellos pertenecientes a la generación del exilio. Y, por supuesto, también muy especialmente, en el pensamiento de García Bacca. Un repaso rápido a su extensa obra, enseguida evidencia que García Bacca tampoco escapó al encanto machadiano. Y, consecuentemente, yo tampoco ante el ofrecimiento que aquellas páginas ponían ante mí. Precisamente, lo que aquí quisiera presentar son las reflexiones y los apuntes que durante estos últimos meses he ido desarrollando, según letra y espíritu de García Bacca, acerca de la sintonía de éste con la metafísica del poeta.

El título de esta exposición es Poema y diálogo: la presencia de Antonio Machado en el pensamiento de García Bacca. Me he servido para la presentación del mismo título que Gadamer utilizó en un ensayo sobre los poetas alemanes más significativos del siglo XX[1]. Mi pretensión, en cualquier caso, es mucho más modesta. Si tomo prestado de Gadamer su título no es porque pretenda emular al filósofo alemán. Digamos, sin más, que en estas palabras, poema y diálogo, se resume el modo en cómo se me ha ido presentando la especial y muy personal relación que García Bacca fue entretejiendo en sus textos con Antonio Machado. García Bacca supo ver en el poema machadiano una medida adecuada para las afirmaciones filosóficas, y por ello, siempre en diálogo con el poeta -hasta incluso llegar a confundir sus voces- esa recurrencia pertinente a su poesía y prosa a lo largo de su pensamiento.

Efectivamente, las referencias explícitas a Machado en la obra de García Bacca son muy numerosas. En ella, podemos encontrar continuas referencias a pensamientos, poemas y sentires del poeta, que le sirven al autor para ir entretejiendo un discurso donde la palabra y el estilo adquieren una profunda, original y muy personal significación. En conversación con Carlos Gurméndez y José Bergamín[2], García Bacca señalaba en 1977 que, él fundamentalmente, ha tenido dos maestros: Ortega y Gasset y Machado. Una declaración que sorprende, si tenemos en cuenta que, posteriormente, en su Autobiografía intelectual[3] no se refiere a ninguno de los dos a lo largo de un itinerario donde se pueden seguir las huellas que fueron consolidando su pensamiento.

El raciovitalismo orteguiano está presente de forma insoslayable en una etapa muy concreta de su pensamiento- como Carlos Beorlegui describe en su trabajo[4]-, y existen momentos, a mediados de los años 50, por ejemplo, en que García Bacca sitúa al pensador español entre los más significativos de la filosofía occidental. Sin embargo, las referencias a Ortega desaparecen posteriormente y aún a pesar de esa declaración en la que se refiere a él como maestro, no admite la influencia de Ortega en su pensamiento –como la que tuvieron, entre otros, Kant, Hegel, Marx, Whitehead y Sartre- por no tratarse la suya, en palabras de García Bacca, de una obra rigurosamente filosófica.

Cabría pensar que Antonio Machado corre igual suerte que Ortega en el parecer de García Bacca. Sin embargo, no es así: al poeta le sitúa en aquellas declaraciones de 1977 a la cabeza de la filosofía española. Decía entonces que a partir de Machado, a quien había tardado años en descubrir, se puede construir una filosofía española. Y a pregunta de Gurméndez en esa misma entrevista sobre la posibilidad de una poesía metafísica, García Bacca contesta:

Veo que le gustan las mezcolanzas ilegítimas, pero las estimo necesarias, sobre todo para España, que no ha desarrollado un pensamiento filosófico. El pensamiento griego comenzó con poetas, como Parménides y Heráclito. Nuestra filosofía española también debe comenzar a reflexionar a partir de los poetas, cuya riqueza filosófica es inagotable”.[5]

Quisiera hacer referencia ahora a otra entrevista de García Bacca con Soler Serrano, recogida en la revista Anthropos en el número monográfico que le dedicó en 1982. De allí entresaco una larga nota que transcribo íntegramente[6]. En un momento de la conversación, García Bacca propone que

humildemente, regresen filósofos, teólogos, matemáticos y físicos a leer a Fray Luís de León, el Arcipreste de Hita, el Cantar del Mío Cid, etc..., la gran literatura española en prosa y verso con la conciencia de que eso ha de hacer que reformemos nuestro lenguaje, para que se haga uniformidad de ambiente en todos esos órdenes, desde el pueblo hasta las supremas autoridades, como dichosa y ejemplarmente sucedió en España, en la Edad de Oro. Esa ha sido mi impresión (...) eso es una impresión y una obligación mía, que me surgió como obligación de conciencia cuando yo tenía casi sesenta años.

Refiriéndose a sus obras, García Bacca escoge entre todos en primer lugar Invitación a filosofar según espíritu y letra de Antonio Machado, porque, a su juicio, "ese corresponde a toda la filosofía, e inclusive la matemática y la física moderna, dichas en castellano aprovechándome de diamantes literarios y filosóficos que son frases o versos de Antonio Machado". Y prosigue más adelante:

De esos –refiriéndose a los presocráticos- viene la filosofía. Ellos eran justamente el lenguaje popular, vivían con el pueblo, los entendía el pueblo. Y los grandes filósofos primeros –Platón, Aristóteles y Sócrates- empleaban constantemente las palabras de entonces del pueblo, y les entendían, y se reunían a filosofar en todas partes: (...) o sea, vivían la vida del pueblo. Posteriormente nos entra una especie de aristocratismo falso a los filósofos, en virtud del cual nos hacemos como casta aparte, o bien comienzan a hacernos casta aparte. Y unos, por suerte –atribuyásemosla a la providencia, o al azar, o a la buenaventura, o a la historia-, conseguimos libertarnos más o menos. Pero si uno se liberta, se liberta plenamente cuando vuelve a la raíz o al manantial, que es el agua auténticamente libre (...), y ahí termina el manantial. Todo lo que viene a continuación, todos estos veinticinco siglos, es prácticamente agua encaminada ya hacia una cierta finalidad.

Como en España –por suerte nuestra en conjunto- la filosofía no ha llegado a una especie de lenguaje esotérico, podemos muy bien volver, no a Sócrates o a Platón, (...) sino a la Época de Oro: a releer a Fray Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Fray Luis de Granada, Malón de Chaide, Lope de Vega, etc.

García Bacca apunta a Machado y su Juan de Mairena porque piensa que ahí está acumulada toda la sabiduría de la literatura española. Dice, continuando con la cita:

la faena mía me la simplificó maravillosamente Antonio Machado. Yo a él lo adoró. (...) Tiene Machado cosas que son verdaderos diamantes. Así como es menester que un diamante en estado natural emigre a Ámsterdam o a otra parte en que lo arreglen, yo no he tenido más virtud que la de ser un joyero. De ciertas frases he descubierto que eran verdaderos diamantes. Yo no he hecho más que ponerle un marco a todo eso, para que vean cómo de ciertos versos o ciertas sentencias, que son manantial de filosofía, surge o mana una teoría del conocimiento en unión todavía con su manantial, o una teoría de la democracia en su unión con el manantial, o de lógica... Para todo eso, Antonio Machado me lo simplificó maravillosamente. Así que yo soy un aprovechado. Lo digo un poquito fuerte: soy un vampiro de los poetas.

García Bacca nos revela en primera persona la influencia de Machado en su pensamiento. Es significativo, no obstante, la poca atención que han prestado los estudiosos de García Bacca al estudio explícito de la presencia de la metafísica poética machadiana en la obra del filósofo. En los estudios que he podido consultar, se refieren a la obra más significativa al respecto, la ya mencionada Invitación a filosofar según espíritu y letra de Antonio Machado, como una más de las obras en las que García Bacca expone de forma precisa y sintética su propio pensamiento, y no, como cabría pensar, según lo que el mismo autor nos dice, el correspondiente a Antonio Machado.

Izuzquiza[7], por ejemplo, la engloba entre las obras donde parece expresarse el núcleo más importante del pensamiento de García Bacca. Allí donde se expresa la síntesis de lo más valioso del pensamiento de nuestro autor. Beorlegui[8], por su parte, la encuadra entre los escritos más importantes de madurez, relativos a su etapa sustancialmente marxiana, a finales de los años 60. Ni Izuzquiza ni Beorlegui se detienen a analizar críticamente los posibles puntos de encuentro entre poeta y filósofo. Postura que contrasta, sin embargo, con la de Carlos Gurméndez quién señala que, en contra de la sospecha que acabamos de apuntar,

García Bacca no se sirve de la poesía de Machado, como pretexto para exponer su filosofía. Por el contrario, explica la verdadera filosofía implícita en la obra del gran poeta, y organiza su pensamiento en un sistema de coordenadas marxistas, en una visión completa del mundo, recogiendo las reflexiones dispersas de Machado en un conjunto armónico de belleza incomparable.[9]

Si nos atenemos a esta última consideración y a las declaraciones de García Bacca, cabría cifrar la presencia de Antonio Machado en su obra como un recurso más del filósofo obstinado con abrir nuevos caminos y tender puentes a la palabra. Cabría quizás elogiar la pretensión amable y honesta que se recoge en estos ejercicios, a los que tan proclive era García Bacca. En ellos, él mismo, autor, se nos presenta, eludiendo la escritura en primera persona, a distancia, desde una perspectiva no frontal, a partir de la cual va presentando la poética de Antonio Machado, diamante aislado, en un conjunto lógicamente organizado, donde él, García Bacca, no hace sino ponerle un marco.

Sin embargo, queda abierto el interrogante de por qué esta obra sigue siendo considerada como una de las más capitales de García Bacca. Por eso, cabe preguntarse ¿qué es lo que realmente encontró García Bacca en Machado? ¿Cuál fue su pretensión? El único recurso que queda para clarificar esta cuestión, es recurrir a los propios textos, a los de Machado y García Bacca, para realizar un estudio riguroso, crítico y analítico que permita contextualizar y profundizar la influencia machadiana en el proyecto filosófico de García Bacca. Lógicamente, no es este el momento de llevar a cabo dicho desarrollo. Me voy a limitar a esbozar únicamente algunas consideraciones previas que podrían servir de hilos conductores para esa posible investigación. Así pues, lo que voy a llamar puntos de encuentro y desencuentros surgen al hilo de un itinerario bosquejado a partir de tres trabajos de García Bacca en los que, de forma expresa, dedica una especial atención a Antonio Machado.

El primero de ellos es un artículo publicado en noviembre de 1975 en Cuadernos para el Diálogo[10]. Con motivo del centenario del poeta, esta revista dedicó un número extraordinario, en cuya edición, a cargo de Tuñón de Lara y Aurora Albornoz, colaboraron los más importantes estudiosos de la obra de Machado. García Bacca contribuyó entonces con un importante ensayo titulado Antonio Machado ¿poeta o filósofo?

El segundo texto que he tenido en cuenta es la traducción de García Bacca de Hörderlin o la esencia de la poesía[11], especialmente al prólogo y los comentarios finales, en donde de forma expresa se refiere el autor, muy significativamente, a Machado.

El tercero, finalmente es Invitación a pensar según espíritu y letra de Antonio Machado[12], un librito en donde el autor –según sus propias palabras- busca imitar a Antonio Machado, siguiendo como se indica en el título, no sólo la letra, sino, sobre todo y especialmente, el espíritu del poeta.

Sin duda, los estudiosos y especialistas de la obra y el pensamiento de García Bacca, ya se habrán dado cuenta que en este itinerario no se sigue un orden rigurosamente cronológico. Efectivamente, como ya he señalado, la contribución de García Bacca en Cuadernos para el Diálogo corresponde a 1975.

Con respecto a la segunda referencia, cabe señalar que la primera edición de la traducción del ensayo de Heidegger data del año 1944 y apareció en México, en la editorial Séneca. La segunda edición de este libro se realizó en Venezuela en el año 1968.

Finalmente, Invitación a pensar según espíritu y letra de Antonio Machado fue recogido en libro y editado por primera vez en Venezuela en el año 1967, aunque parece, tal y como Javier Muguerza se encargaba de recordar en su intervención, fue publicado por entregas periódicas en la Revista Venezolana de Filosofía, y posteriormente publicadas, como ya he señalado, en libro. Por tanto, es fácil darse cuenta que la ruta no es muy ortodoxa. Sin embargo, tampoco es desacertada porque, como indica Izuzquiza,

la verdadera presentación de la filosofía de García Bacca no puede ser nunca un estudio ordenado sobre su pensamiento, sino una realización de las sugerencias que se muestran en él. Es la única respuesta válida a una filosofía, que se concibe, esencialmente, como un reto.[13]

Puntos de encuentro

Voy a señalar solamente algunos aspectos que considero debieran tenerse en cuenta a la hora de abordar un análisis crítico sobre la presencia de la poética machadiana en la obra de García Bacca en los textos a los que me he referido anteriormente. Probablemente existan más, pero lo que aquí señalo son lo suficientemente significativos para abordar una primera aproximación a los textos de García Bacca. En ellos, el filósofo se refiere a la poética machadiana de forma expresa, y también en ellos podemos encontrar esos puntos de encuentro que sirven igualmente para identificar la aproximación de García Bacca a Machado como una fuente de inspiración para su pensamiento o, por el contrario, para establecer una clara línea divisoria entre uno y otro. Esos aspectos a los que me refiero son los siguientes:

  • El primero sería la influencia en García Bacca del humanismo socialista y la “mística” de lo popular de Antonio Machado, y que el poeta denomina comunitarismo cordial.

  • El segundo podría ser la crítica al racionalismo que ambos comparten, aprisionado en un callejón sin salida”, y que necesita ser superado encontrando una “puerta de salida”.

  • El tercero y último, quizás el reconocimiento en la obra de García Bacca de la poesía, la metáfora, como una vía de conocimiento.

Pienso que García Bacca cuando reclama la palabra del poeta como necesaria para un pueblo, la palabra poética y su capacidad de transformación, se hace eco de la idea machadiana de sentimentalidad colectiva, un sentimiento de profunda responsabilidad que en el caso de Machado pone en evidencia fundamentalmente su compromiso histórico-político. Escribir para el pueblo -dice Machado- es escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres cosas inagotables que no acabamos nunca de conocer.[14]

En estas palabras de Machado existe una clara reivindicación de un sentimentalismo comunitario, una vivencia comunitaria, que reclama una cultura popular, militante y comprometida. Sin duda, los conflictos de la guerra civil, permitieron canalizar esta posición espiritual que en sus últimos años Machado reclamaba en su poesía y también en su prosa. Será, como señala Abellán,

un poeta que se busca a sí mismo a través de una superación del individualismo romántico, mediante una poesía social y localista, folklórica, en la cual el "compromiso" con la comunidad adquiere cada vez más los caracteres de una creciente solidaridad con su pueblo. Es pues, social, porque el poeta se siente comprometido con su sociedad, y es popular, porque el poeta canta para el pueblo y aspira a ser la voz del pueblo.[15]

Sin embargo, este humanismo socialista de Machado tiene una doble raigambre, y es precisamente en este aspecto en el que los caminos de uno y otro, Machado y García Bacca, se separan. La lectura e interpretación que García Bacca realiza de Machado la hace desde las coordenadas marxistas y, sin embargo, la poética machadiana muestra una razón comprehensiva e integral de doble raíz: es, por un lado, caritativa, es decir, amorosa y cristiana, y por otra, racional, socrática. El socialismo de Machado, no fue ateo ni marxista, sino de signo profundamente cristiano.

Desde esta razón cordial es desde donde hay que entender también la propuesta de Antonio Machado como alternativa a la razón occidental y como medio para superar el solipsismo y el subjetivismo del siglo XIX: una razón caritativa que es considerada como una síntesis entre el platonismo y el cristianismo.

García Bacca acertó al referirse al poeta, no tanto como un filósofo, sino como un pensador. Este estuvo siempre yendo de lo uno a lo otro, de la poesía a la filosofía. Como señala Cerezo Galán, no se trata de un poeta que más tarde se contagia y malogra por la filosofía. Tampoco de un filósofo, al estilo clásico, que por así decirlo, vertiera en forma poética sus reflexiones y meditaciones. Ni la poesía ha entrado en crisis por obra de la filosofía, ni ésta a su vez utiliza la poesía como un instrumento extrínseco de expresión. Machado no abandona lo uno por lo otro, sino que va de lo uno a lo otro constantemente, porque en este ir y venir, como se ha señalado, se cifra la condición humana, puesta entre estos dos altos montes.[16] Machado es, en uno, poeta y filósofo de la poesía: es Hörderlin y Heidegger, nos dice García Bacca.

El punto central de su metafísica tiene como punto de partida la esencial contradicción entre lo que él mismo denominará lógica racional y lógica poética. Lógica o fe racional que más tarde nombrará homogeneidad del pensar en clara contraposición con la lógica o fe poética que también llamará heterogeneidad del ser, un concepto que en Machado tiene una doble concepción: en lo que respecta a su idea de ser como algo cambiante. Y también, en ese impulso o tensión hacia la otredad, hacia los demás.[17] La dialéctica entre uno y otro será el gran tema de la metafísica machadiana, de la que poco o nada explícitamente nos dice García Bacca, y que poco o nada tiene que ver con su pensamiento de finales de los años 60: un humanismo que –como indica Beorlegui- va dejando atrás el marxismo, y, más comprometido, se acerca a la problemática del hombre y el mundo actual, dominada por un clima cultural científico-técnico.

Finalmente, y para concluir, me referiré al tercer punto señalado: el reconocimiento de la poesía, la metáfora como vía de conocimiento. García Bacca encuentra en el conjunto de la obra machadiana una dirección que nos permite abrir una nueva perspectiva, novedosa y original, de interpretación de la realidad. Pero hay que señalar que Antonio Machado se sirve de dos formas de expresión de la palabra que distingue claramente. El poema, expresión de lo inefable, y la prosa, explicitación de la metafísica que subyace a la poesía: dos formas distintas de aprehensión de la realidad y de expresión del ser.[18] García Bacca no respeta, si así cabe decirlo, esta frontera tan nítida en el discurso machadiano. Por el contrario, entreteje, ordena y expone su pensamiento filosófico, a partir de palabras, poemas y conceptos del poeta que termina por disolver radicalmente en el discurso propio.

La filosofía de García Bacca es una filosofía muy personal, humanista y liberadora -como señalaba Carmen Bohórquez- audaz, un pensamiento sin miedo a la verdad ni al error -en palabras de Carlos Beorlegui-. Aunque eso si, -permítanme recordar también las palabras de Aranguren- un tanto macarrónico en el estilo. Quizás yo destacaría su resolución y compromiso en la reivindicación del castellano como lenguaje y ámbito de problemas filosóficos. Quizás para hacer valer el lenguaje propio como un modo vital de hacer y plantear la filosofía, se sirvió de la poesía y la prosa de Antonio Machado. Para ello, quizás también, hubiese sido suficiente con señalar, sin desdibujarlo, al poeta lírico, aquel que fue capaz de crear una nueva forma de lógica integral de aprehender las “realidades vivas” en su continuo y perpetuo cambio y expresarlas en un poema que transmite un mensaje “silencioso” y sentido.[19]

 

Notas

[1] Me refiero a Gadamer, H.G. (1993) Poema y Diálogo. Barcelona: Gedisa

[2] Diálogo con Carlos Gurmendez y con José Bergamín, publicado en El País (Madrid) el 22-9-1977 y recogido en Anthropos (Barcelona), nº 9, 1982, pp. 152-153.

[3] En Anthropos (Barcelona), nº 9, 1982, pp. 18-24.

[4] Beorlegui, C. (1988). García Bacca. La audacia de un pensar. Bilbao: Universidad de Deusto.

[5] o.c., p. 152

[6] Entrevista de J. Soler Serrano con Juan David García Bacca, grabada el 6-6-1979 para el programa A fondo de RTVE y emitida el 19-8-1979. Recogida también en Anthropos (Barcelona), nº 9, 1982, pp. 24 y ss.

[7] Izuzquiza, I. (1984). El proyecto filosófico de J.D. García Bacca. Barcelona: Anthropos, p. 62.

[8] o.c., p. 166.

[9] Gurméndez, C. en Anthropos (Barcelona), nº 9, 1982, pp. 164-165.

[10] "Antonio Machado, ¿poeta o filósofo?". Cuadernos para el Diálogo (Madrid) XLIX, nº extraordinario, noviembre (1975): 14-21.

[11] Heidegger, Martin: Hoelderling y la esencia de la poesía. Seguido de Esencia del fundamento. Versión, prólogo y notas. México: Editorial Séneca, 1944

[12] Invitación a filosofar según espíritu y letra de Antonio Machado. Mérida (Venezuela): Universidad de los Andes, Facultad de Humanidades y Educación, 1967. Edición revisada: Anthropos: Barcelona, 1984.

[13] Izuzquiza, I.; o.c., p. 492.

[14] Poesías Completas, op. cit.; pp. 2315-2316

[15] Abellán, J.L.; El filósofo "Antonio Machado", Pretextos, Valencia, 1995, p. 23

[16] Cerezo Galán, P. (1975) Palabra en el tiempo. Poesía y Filosofía en Antonio Machado. Madrid: Gredos. p. 38.

[17] Bundgaard, A. (2000) Más allá de la filosofía. Sobre el pensamiento filosófico-místico de María Zambrano. Madrid: Trotta, p. 111.

[18] Bundgaard, A. o. c. p. 114.

[19] o. c. p. 110.

Cristina de la Cruz
Universidad de Deusto

 

[Fuente: Carlos Beorlegui, Cristina de la Cruz y Roberto Aretxaga, Editores. El pensamiento de Juan David García Bacca, una filosofía para nuestro tiempo (Actas del Congreso Internacional de Filosofía: Centenario del nacimiento de Juan David García Bacca). Bilbao: Universidad de Deusto, 2002.]

 

© José Luis Gómez-Martínez
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