Repertorio de Ensayistas y Filósofos

El hombre como creador según García Bacca

 

Alonso José Montilla Rivas

El auge que ha afectado a la técnica desde Newton hasta nuestros días ha abierto nuevos rumbos a la concepción del hombre y su relación con el mundo. Podríamos decir que la técnica ha alcanzado un lugar insospechado en la vida y el hacer rutinario del hombre, por ello la filosofía actual tiene un especial interés en el estudio profundo y meticuloso de la técnica haciendo patente sus ventajas, límites y peligros. Pero, es imposible hablar de la técnica sin hacer referencia directa al hombre como principal protagonista en tal empresa. La creación no es algo que ha nacido con el hombre, muy al contrario, es algo que el hombre ha tenido que descubrir manipulando la naturaleza. La creación ha abierto al hombre a la trascendencia y lo ha alejado de la concepción del hombre natural, el cual se mantiene expectante ante las causas naturales.

Para muchos la ciencia y la técnica están poniendo en juego el ser del hombre, pero recordemos con García Bacca que algún riesgo debía padecer el hombre en su intento de alejarse del hombre natural. García Bacca nos mantiene al tanto de que la verdadera transformación de nuestro entorno comienza cuando somos capaces de sabernos diferentes de los demás seres que nos rodean, por tanto, el hombre en su intento de hacerse diferente de lo que comenzó siendo, hombre natural, ha de correr un riesgo, el riesgo de jugar a ser o a no ser. Debemos aclarar que no todo lo que proviene de la ciencia y la técnica es malo, por tanto, hemos de asumir nuestro ser en un mundo orientado por los avances científicos y técnicos. El prevenir los peligros que nos puedan acarrear los avances tecnológicos no es malo, pero hemos de tener en cuenta que este es el rumbo que el hombre ha decidido tomar desde hace algunos siglos, de manera que no hemos de ser pesimistas e intentemos, en fe de la creatividad humana, dar un voto de confianza a la técnica actual. La técnica en sí no es mala, mala pueden ser las intenciones del hombre, pero son riegos que padece la humanidad y que no son ajenos a otras áreas de la vida humana como la moral, la religión, el arte, etc. “Si alguna definición cabe de tecnología es la de organización social de la transformación creativa de la naturaleza.[1]

Uno de los filósofos contemporáneos que ha dejado entrever una cierta confianza por la ciencia y técnica actual es Juan David García Bacca. Podríamos decir que la influencia de Ortega y Gasset se hace notar cuando García Bacca hace referencia a la técnica, ya que se descanta por un elogio de la técnica que para algunos puede parecer un tanto exagerado. A pesar de que la influencia de Heidegger repercute en su desarrollo filosófico e incluso alguna vez escribe manteniéndonos al tanto de los peligros de la técnica, esto no evitará que evolucione de la mano de Ortega por caminos más optimistas que le llevan a elogiar a la técnica, claro está, por su proceso transformador de la naturaleza y del ser del hombre. No se alejará de afirmaciones como: “Es, pues, la técnica, la reacción enérgica contra la naturaleza o circunstancia que lleva a crear entre ésta y el hombre una nueva naturaleza puesta sobre aquella, una sobrenaturaleza.”[2] O, “Un hombre sin técnica, es decir, sin reacción no es un hombre.”[3] De manera que tanto Ortega y Gasset como García Bacca se desenvuelven en una perspectiva más optimista que Heidegger. No parece, a pesar de lo que fue en su momento la influencia de Heidegger, que su visión última de la técnica sea cercana de la de Heidegger, al contrario se aleja de esa mentalidad negativa y catastrófica.

García Bacca, filósofo del exilio español, desarrolló su actividad filosófica en España y América Latina, especialmente, en los países de Ecuador, México y Venezuela. En su desarrollo filosófico destaca, entre otros temas, el planteamiento del hombre como creador donde el elemento constitutivo de transformación es la técnica. Para García Bacca el hombre moderno no se conforma con lo que le ofrece la naturaleza, sino que es capaz de “retarla” y transformar sus componentes en productos útiles para su desenvolvimiento. El hombre moderno no se contenta con ser creatura, quiere hacerse distinto de todo, quiere ser Señor de la naturaleza. De manera que, “el hombre primario o propiamente hombre será aquel que invente la manera de no ser creatura de nada ni de nadie; muestre con obras, con práctica, que se ha hecho diverso de todo, incluso de eso suyo, previo inmediato: ser Señor de lo natural.”[4] El poder que le otorga saberse distinto de los demás seres y el apercibirse como ser pensante le han dado al hombre un poder inimaginable cuando apenas se movía por cavernas e intentaba huir de los grandes depredadores.

El dominio de la naturaleza es el propósito del hombre, ya que busca transformar el mundo y hacerlo humano. Al dominar la naturaleza se le supera y cuando ésta es superada, es decir, transformada, el mundo es humanizado. Y, ¿cuándo comienza esto? Cuando el hombre es capaz de inventar distintos modos de ser y cuando logra hacer del mundo un hogar artificial, es decir, transustanciar lo natural en artificial. El hombre va en camino de perfeccionar la naturaleza y la técnica es su herramienta, ella “tiene por fin y final llevar a cabo, terminar lo que la naturaleza dejó imperfecto. La técnica tiene por final y por fin lo natural”.[5] Partiendo de estos presupuestos, el hombre para García Bacca está movido por unas ansias de “sobrenaturalizarse”, lo que indica que la naturaleza no es para el hombre ni finita ni infinita, sino transfinita, es decir, impulso constante para trascender sus límites. Téngase en cuenta que el concepto de transfinito, tomado de las ciencias formales como las matemáticas, será fundamental en el desarrollo filosófico de García Bacca, el cual será aplicado en diferentes niveles, además, “el concepto de “Transfinitud” es central en la concepción de límite de García Bacca”.[6] También se ha de tener en cuenta que las aplicaciones del concepto de transfinito serán referidas normalmente a varias realidades, en especial, a dos que son: la concepción del hombre y la concepción de la filosofía. La filosofía es actividad que supone la consideración de límite y que busca por todos los medios superarla. La filosofía es la misma actividad de la Transfinitud del mismo modo que el hombre es el transfinito por excelencia.[7]

Retomemos el tema de la transustanciación. Cuando el hombre crea e inventa está transustanciando la naturaleza, está “anonadando” al ser en su pretensiones de necesario y suficiente, de manera que, de tal elemento natural surgirá y resaltará la novedad, he aquí la importancia a la hora de crear, producir e inventar.

Se parte, por tanto, del hombre natural que se mueve, vive y es en un “fisiocosmo”, para llegar al hombre sobrenatural que se mueve, vive y es en un “tecnocosmo”. El hombre natural se desenvuelve en un “fisiocosmo”, es decir, para el hombre natural todo está establecido por la naturaleza y él es un “elemento” integrador de esa naturaleza, destacando en él una actitud pasiva y expectante ante lo natural. En cambio, el hombre sobrenatural inquieto ante lo natural busca poseer las cosas naturales y hacerlas suyas, esto lo logra transustanciando lo natural en artificial, produciendo de lo natural enseres para su mundo artificial. “El hombre en cuanto creador en la medida que se va creando se da órganos nuevos – desde telescopio a coordenadas ...; por ello se hace diverso de lo natural, rebajado progresivamente a material en bruto; cada escalón ascendido vuelve a lo real – naturalmente formado – más disponible, más realmente disponible para el hombre productor de si , de los otros y del universo”.[8]

El hombre en busca de trascendencia es capaz de retar a la naturaleza a poseerla, lo que consigue transformando sus elementos en objetos artificiales con funciones propias al servicio del hombre. Constante vital ésta que se hace cada vez más evidente en nuestro mundo tecnificado. El mundo artificial del hombre es muestra de su humanización que busca poseer y hacer suyo lo natural.

En conclusión, lo que busca el hombre, en su intento desbocado de transformar el universo en mundo, es la humanización de lo natural y, a su vez, hacer suyo lo extraño, identificándolo con su ser. Todo, para que pueda formar parte de nuestro mundo humano, ha de ser transformado a imagen y semejanza del hombre. Lo que intenta el hombre moderno, por tanto, es humanizar; hacer el mundo artificial. “La cultura no existe, no sobrevive, si no es en un medio progresivamente más sofisticado tecnológicamente.”[9] El hombre actual ha renunciado a ser un mero espectador ante lo natural, su inquietud es fiel reflejo de su constante vital, sus ansias de superar los límites de la naturaleza se ven reflejados en cada elemento creado o producido por él. El hombre crea o produce para su bienestar, como nos lo dice Ortega y Gasset cuando distingue entre los términos a quo y ad quem. “La reforma de la naturaleza o técnica, como todo cambio o mutación, es movimiento con sus dos términos, a quo y ad quem. El término a quo es la naturaleza, según está ahí. Para modificarla hay que fijar el otro término, hacia el cual se va a conformar. Este término ad quem es el programa vital del hombre. ¿Cómo llamaríamos al logro pleno de éste? Evidentemente, bienestar del hombre, felicidad”[10]

La antropología de García Bacca centrada en el hombre como creador distingue dos etapas históricas del hombre, la del hombre griego al cual ve como tema y la del hombre moderno al cual ve como problema. El hombre griego se ve como creatura de los dioses, por tanto, su postura es de sumisión, pues todo cuanto posee y le rodea es don de los dioses; en cambio, el hombre moderno se siente producto de la naturaleza, de manera que todo lo que posee y casi todo lo que le rodea es fruto de su creación, reflejando así, no ya su sumisión ante lo natural, sino más bien, su poder como creador y Señor del universo.[11] La intención de García Bacca es hacer ver la distancia o el abismo que existe entre el hombre natural y el hombre artificial. Para él el hombre griego está sumergido en la contemplación de lo patente y lo manifiesto, por tanto, la ciencia será para el griego la mera contemplación de las causas y la apreciación de los efectos que estas producen, lo que hace que su intervención en la naturaleza sea nula. Para el griego la sabiduría exige un respeto integro al universo y puesto que este es don de los dioses ha de ser visto con reverencia y respeto, por ello no se ha de atentar contra él de ninguna manera. En cambio, el hombre moderno se considera a sí mismo producto de la naturaleza con el perfecto convencimiento de que todo lo que él es no se lo debe a nada ni a nadie. El hombre, pues, está sujeto a su responsabilidad. Para el hombre moderno la técnica es impulso desbocado hacia el infinito, y es por esto que no hay límites en la técnica.[12]

Es, pues, la búsqueda de trascendencia lo que desboca al hombre hacia la infinidad enfrentándole no sólo al universo como conjunto de posibilidades diferentes, sino también a sí mismo, fuente de potencialidad y posibilidades que puede hacer patente a través de la creación o producción de enseres. La transformación del Universo en mundo es fruto del hombre ya que se le ha de considerar como el re-creador y transformador del universo porque ha hecho algo distinto tanto del universo como de sí mismo. El hombre se ha inventado miles de maneras de ser hombre, es aquí donde se halla la diferencia entre el hombre y los animales, ya que éste es capaz de inventarse modos de hacerse distinto de los animales.

El hombre como sujeto creador está estructurado internamente -lo que denominaríamos más técnicamente como composición ontológica- por ente y ser, conceptos que se han de distinguir según García Bacca de los antiguos materia y forma, potencia y acto y materia y espíritu. La distinción de ente y ser se establece partiendo de la concepción que se tenga de ellos. Cuando García Bacca habla de ente se está refiriendo al orden corporal e inclusive al orden anímico y cuando se refiere al ser lo presenta como el caos, desde el punto de vista espiritual. Ser, para García Bacca, es realidad en fase y estado inagotable en recursos.[13] El hombre es vertebrado en cuanto ente y es invertebrado en cuanto ser; la primera apunta a la constitución corporal del hombre, siendo vertebrado y especificado. Su constitución corporal es, para decirlo de alguna manera, idéntica en todos los hombres. En cambio, la segunda apunta a su constitución interior, es decir, el hombre es un invertebrado mental. El hombre está interiormente disponible.

El hombre está disponible ante lo diverso, está abierto al caos, por tanto, no se ha de decir que el hombre es algo estático sino más bien se ha de dejar bien claro que evoluciona constantemente y en todos los sentidos. Cuando echamos una mirada a la historia podemos ver que el hombre de la antigüedad veía al mundo de una manera distinta de cómo lo ve el hombre de hoy día. La superación constante de límites es fundamental en el desarrollo de los proyectos y programas humanos, esto gracias a la constante del hombre de tender al infinito.

Otro punto que destaca en su desarrollo antropológico es el hombre como ser definido y el hombre como ser en el mundo el cual enfoca desde un doble complejo propio de la humanidad, por un lado está el complejo de inferioridad que lo enmarca en el ámbito ontológico y, por el otro lado, el complejo de superioridad que lo refiere al auge de la ciencia moderna.[14]

El complejo de inferioridad que vive el hombre en la antigüedad le llevó a creerse cosa definida y limitado a un universo que él no ha creado y que, por tanto, no puede transformar. No se puede transformar porque es atentar contra la integridad de la naturaleza, ya que como es don de los dioses es intocable. En cambio, el complejo de superioridad que nos viene de las ciencia moderna nos conduce a una concepción de un Universo que está ahí y a nuestro servicio, a nuestra disposición, y por tanto, es posible transformar en mundo. “La filosofía y la concepción griega del universo sostenían que el mundo existió desde siempre, y para siempre existirá; creía, lógicamente, que la vista no producía, por ver, nada en el universo; faena suya única era verlo tal como estaba siendo él desde sí. Es muy natural que, en tal caso y con tal convencimiento, surgiera en el hombre el complejo de inferioridad, o el complejo de pasividad ontológica.[15]

La visión del mundo que tiene la modernidad es totalmente distinta a la de la antigüedad. La física moderna nos ha venido demostrando, a través de la historia, que el mundo físico no es realmente como lo vemos, lo que verdaderamente vemos es un mundo físico creado por nosotros de un universo físico, por tanto, el universo físico, según García Bacca, tal como está constituido, no es casa habitable; podríamos decir que hemos dado con la distinción que maneja García Bacca entre universo y mundo.[16] El hombre hace, pues, del universo físico un mundo habitable para sí. Pero no sólo se ha de transformar el universo físico en mundo físico, sino también se ha de transformar el universo humano en mundo humano. Para García Bacca la importancia de la creación no radica solamente en la transformación del universo en mundo, sino que también ha de crear o inventar miles de modos de ser que abran al hombre a nuevos caminos a la trascendencia. “Parecida a la transformación impuesta al universo físico hemos introducido otra en el universo humano. El universo humano – en cuanto sometido a las leyes biológicas, con el animal humano en cuanto bestia –, no sería humanamente habitable. Ha sido menester, para levantar al mundo, inventar toda clase de formas sociales, que nada tienen de naturales; son artificiales.”[17]

La invención de nuevas formas sociales han desmarcado al hombre de su tradicional concepción de mundo, donde lo esencial es la contemplación de las causas naturales y la vida no más que un don de los dioses. El hombre no se da cuenta de su puesto en el cosmos hasta que no se sabe distinto de los demás seres, sólo cuando el hombre se descubre distinto de los demás seres es cuando verdaderamente crea y transforma el universo, esto lo llevará a verse desde el punto de vista corporal como un ser vertebrado, es decir, el hombre se identifica desde el punto de vista corporal con la naturaleza, pero desde el punto de vista espiritual o intelectual se siente distinto lo que le llevará a crear desde lo natural su propio mundo.

Es, pues, necesario que el hombre transforme el universo físico en mundo físico, y el universo humano en mundo humano. El hombre, si quiere ser, ha de crear o transformar o inventar, ya que sus posibilidades de traspasar los límites que le impone un universo físico y un universo humano se reduce al hecho técnico, el cual le hace distinto de los demás seres que integran ese universo. Será la técnica, en definitiva, el recurso al que apelará el hombre para producir de lo natural lo artificial y así poder humanizar, de lo que podemos deducir lo siguiente: mientras más artificial sea el mundo, más humano será, y mientras más humano sea el mundo, más libre será el hombre. Su ansia de trascender será una constante vital.

Se ha de tener muy en cuenta que la humanización del universo no se consigue ipso facto, sino su proceso es histórico, social e intelectual. En cuanto a la humanización histórica, ésta “se compone de acontecimientos de novedades, con vigilia finita y con octava finita. Son fastos, o fiestas. Y fastos o fiestas para la humanidad fueron las invenciones de rueda, de eje, de vara, de buey, de sílice tallada, de aguja, de rueca ...de empalizada...”[18] La humanización histórica está compuesta por una serie de acontecimientos correlativos, es decir, un descubrimiento lleva a otro y este a su vez a otro, y así sucesivamente. Por ejemplo, el proceso que se ha vivido históricamente desde el descubrimiento de la rueda hasta el automóvil está constituido por una serie de novedades o fastos que advienen continuamente uno tras otro uno con miles de años de diferencias otro con centenares y otro con días, lo que nos lleva a reconocer que la distancia temporal no es ni puede ser igual. Lo importante es el progresivo advenimiento de novedades o acontecimientos. Al igual que hay una humanización histórica, hay también una humanización intelectual que apunta a todos los grandes hallazgos matemáticos y físicos de lo cual está lleno nuestro mundo tecnificado. Y por último, menciona García Bacca una humanización social, fruto de todas las creaciones del hombre, no de un hombre individual, sino de un hombre social. “Todos los productos, engendrados y creaciones del hombre lo son por llevar, bien selladas, las huellas de sus manos. Huellas que no son del hombre individual, sino del social: del hombre en cuanto real, y no abstracta especie.”[19]

Finalicemos con la crítica que realiza García Bacca a la técnica en cuanto a los límites y peligros que puede acarrearnos su uso indebido.

Se ha de tener muy en cuenta que la intención de García Bacca no es de absolutizar la técnica sino hacer patente su papel en la transformación del universo en mundo. Para García la capacidad creadora del hombre le define como un ser abierto a la trascendencia y dispuesto a superar los límites que la naturaleza pueda imponerle. Podríamos decir que la técnica es el elemento constitutivo del ser humano.

Para algunos filósofos la ciencia o la técnica pueden conducir al hombre contra su propia vida, es decir, la importancia exagerada que el hombre da a la ciencia o técnica puede invertir la escala de valores colocando a la ciencia o a la técnica por encima de la propia vida, cayendo así la vida en un olvido. Haciendo una distinción entre ciencia y vida nos dice Michel Henry: “De lo que es la vida, por el contrario, la ciencia no tiene ni idea, en absoluto se preocupa de ella, no tiene relación alguna con ella y nunca lo tendrá. Pues sólo la vida se relaciona consigo misma, en la Afectividad de su autoafección... – mientras que la ciencia se mueve entera y exclusivamente en el interior de la relación con el mundo y a él sólo conoce, sólo objetos –. Por eso es objetiva por principio, en razón de sus fundamentos ontológicos últimos.[20]

Para García Bacca la técnica padece la incontinencia aritmética de la naturaleza. Pretende hacer de la reproducción el criterio distintivo de la vida lo que puede traer como consecuencia la valoración del número por encima de la cualidad, anegando así alma en cuerpos. Por tanto, la reproducción es para él la manera como la inercia de la materia se insinúa en la vida, lo que llevará a la vida a caer en la tierra, al número, a la cantidad. Pero a pesar de todo es necesario que suceda, ya que la vida se define por la novedad, estreno de ser, originalidad, unicidad.[21] “La naturaleza no tiende, espontánea o `naturalmente´, a novedad, originalidad estreno; la reproducción, la reedición, la repetición son, al menos, tan ley suya como la producción como o creación de novedad; y se encarga ella misma, de por sí, de aguar novedad con reproducción, originalidad con reedición, estreno con repeticiones: invento, con número.”[22]

Para García Bacca la naturaleza es, pues, la tentación de la técnica. La producción, reedición, repetición, son tentaciones naturales, no tendencias naturales de la técnica. Esta conducta de la técnica puede reducir al hombre concreto, individual, singular a un cualquiera, un Don Nadie. El plan de la técnica es dominar la naturaleza, es decir, las cosas en cuanto naturales tienen esencia; la técnica por constitución, tiene plan, y el plan domina la esencia.[23] Son estos algunos de los puntos clave de la antropología de García Bacca, la cual está orientada en función de la acción creadora del hombre; estos puntos nos pueden ayudar a entender la actitud del hombre moderno ante la naturaleza y ante sí mismo. Por ningún motivo hemos de olvidar la importancia que tiene la técnica en nuestro mundo moderno, la humanidad ve en ella su recurso para conquistar grandes metas y para solucionar grandes problemas. De sus grandes descubrimientos surgirán nuevos modos de ver el mundo y de verse el hombre a sí mismo; esperemos que estos sean favorables al plan de realización del hombre. “Por ser empresa la técnica, y empresario el hombre, de novedades, toda novedad reorganiza, de original manera, en estela, o retrospectivamente lo anterior. La técnica y el hombre – el técnico –, son, por constitución, históricos porque hacen historia.”[24]

El acto creador es en la historia, como lo es el hombre, ya que determina el curso evolutivo tanto del hombre como de la técnica, tal evolución depende de la concepción que el hombre tiene de sí mismo y del mundo. Es una necesidad imperiosa que el hombre transforme el universo, su saberse distinto se lo exige, así como la concepción de mundo que tenga. El hombre es transfinito, impulso desbocado al infinito; su progresión es en la historia, es social e intelectual.

 

Bibliografía

BRONCANO, F.; Nuevas meditaciones sobre la técnica, Trotta, Madrid 1995.

GARCÍA BACCA, J.D.; Antropología filosófica contemporánea, Anthropos, Barcelona 1987.

GARCÍA BACCA, J.D.; Curso sistemático de filosofía actual, Alfadil, Caracas 1991.

GARCÍA BACCA, J.D.; Elogio de la técnica, Anthropos, Barcelona 1987.

HENRY, M.; La Barbarie, Caparrós, Madrid 1997.

IZUZQUIZA, I.; El proyecto filosófico de Juan David García Bacca, Anthropos, Barcelona 1984.

Notas

[1] BRONCANO, F.; Nuevas meditaciones sobre la técnica, Trotta, Madrid 1995, p. 19.

[2] ORTEGA y GASSET, J.; Obras completas, tomo V, Ediciones Castilla, Madrid, 1964, p. 324.

[3] op.cit., p. 326.

[4] GARCÍA BACCA, J.D.; Elogio de la técnica, Anthropos, Barcelona 1987, p. 74.

[5] Ibid., p. 19.

[6] IZUZQUIZA, I.; El proyecto filosófico de Juan David García Bacca, Anthropos, Barcelona 1984, p. 249.

[7] op. cit., p. 255-257.

[8] GARCÍA BACCA, J.D.; Curso sistemático de filosofía actual, Alfadil, Caracas 1991, p. 76.

[9] BRONCANO, F.; o. c., p. 10.

[10] ORTEGA y GASSET, J.; Obras Completas, tomo V. Ediciones Castilla, Madrid, 1964, p. 345.

[11] Cfr. GARCÍA BACCA, J.D.; Antropología filosófica contemporánea, Anthropos, Barcelona 1982, p. 31.

[12] Cfr. Ibid ., pp. 15-21.

[13] Cfr. Ibid., p. 51; 54-55.

[14] Cfr. Ibid., p. 66.

[15] Ibid., p. 69-70.

[16] Cfr. Ibid., p. 71.

[17] Ibid., p. 71-72.

[18] Ibid., p. 108.

[19] Ibid., p. 116.

[20] HENRY, M.; La Barbarie, Caparrós, Madrid 1997, p. 33-34.

[21] Cfr. GARCÍA BACCA, Juan David, Antropología filosófica contemporánea, Anthropos, Barcelona 1982, p. 145.

[22] Ibid., p. 146.

[23] Cfr. Ibid., p. 147.

[24] Ibid., p. 149.

Alonso José Montilla Rivas
Universidad de Salamanca

 

[Fuente: Carlos Beorlegui, Cristina de la Cruz y Roberto Aretxaga, Editores. El pensamiento de Juan David García Bacca, una filosofía para nuestro tiempo (Actas del Congreso Internacional de Filosofía: Centenario del nacimiento de Juan David García Bacca). Bilbao: Universidad de Deusto, 2002.]

 

© José Luis Gómez-Martínez
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