Repertorio de Ensayistas y Filósofos

Ernesto Mayz Vallenilla

 

EL HOMBRE Y SU OBRA

Alfredo D. Vallota 
avallota@cantv.net 

Ernesto Mayz Vallenilla nació en Maracaibo, Estado Zulia, el año 1925. Realizó sus estudios de Secundaria en el Liceo de Aplicación, el Liceo Fermín Toro y el Liceo Andrés Bello de Caracas. Su título de Licenciado en Filosofía lo obtuvo en la Universidad Central de Venezuela, como integrante de la Primera Promoción de la Facultad de Filosofía y Letras, el año 1950. También en la Universidad Central de Venezuela obtuvo su título de Doctor en Filosofía y Letras, Mención Filosofía, el año 1954. Hizo estudios de postgrado en las Universidades alemanas de Göttingen, Freiburg im Br. y München. Ha sido maestro de brillantes promociones venezolanas y autor de numerosos libros que representan valiosas y originales contribuciones a la Filosofía de nuestro tiempo. Fue Rector-Fundador de la Universidad Simón Bolívar, Caracas, 1969-1979; Presidente-Fundador de la Sociedad Venezolana de Filosofía; Presidente de la Sociedad Interamericana de Filosofía; Miembro del Comité Directivo de la Federación Internacional de Sociedades de Filosofía (FISP); Miembro del Instituto Internacional de Filosofía; Miembro de la Kant Gessellschaft, Alemania; Miembro de la Gottfried-Wilhelm-Leibniz-Gesselschaft, Alemania; Miembro de la Societé Européenne de Culture, Italia; Miembro de la Comisión Rectoral de la Universidad Central de Venezuela (1958-1959); Miembro Fundador y Miembro del Directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT) (1969-1975); Director de la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela; Miembro del Instituto de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela; Profesor Titular de la Universidad Central de Venezuela; Profesor Titular de la Universidad Simón Bolívar; Jardinero de la Universidad Simón Bolívar (1995); Profesor Titular (1985-2000) y Profesor Emérito del Instituto de Estudios Avanzados (IDEA); Profesor Titular de la Cátedra Unesco de Filosofía (1996).

Desarrollo histórico de su obra

El primer libro publicado por Mayz Vallenilla es un estudio sobre La Idea de la Estructura Psíquica en Dilthey (1949). En 1956 sale a la luz la Fenomenología del Conocimiento, su Tesis Doctoral, que es una minuciosa y rigurosa investigación acerca del problema crucial de la constitución del objeto en el campo de la conciencia, a partir del estudio e interpretación de la Fenomenología de Husserl. Reeditada en 1976, esta obra tuvo una importante acogida entre los estudiosos de la filosofía de Husserl. Ha sido recomendada por Jean Wahl en sus cursos sobre Fenomenología en La Sorbonne y citada como un clásico por Herbert Spiegelberg en The Phenomenological Movement: A Historical Introduction. Alain Guy, en su Panorama de la Philosophie Iberoamericaine, se refiere a ella como una de las obras más fieles al pensamiento husserliano, dedicándole una sección especial. También es citada en varios artículos del Diccionario de Filosofía de J. Ferrater Mora. La interpretación de la obra de Husserl, presentada por Mayz Vallenilla en la Fenomenología del Conocimiento, introduce en el análisis de las complejas estructuras vivenciales que integran la urdimbre de la constitución del objeto en la conciencia. Mayz Vallenilla no trata de abordar todos los problemas relativos a las diversas y posibles constituciones del objeto sino que concentra su investigación en el problema de la constitución del objeto real, entresacando de las cuestiones adyacentes a este tema únicamente aquéllas que se encuentran en relación directa con él, como son los de la verdad y existencia en el objeto constituido.

Esta tarea es llevada a cabo extremando el rigor del procedimiento hermenéutico y atisbando allí donde el indicio textual proporciona ocasión adecuada para el desenvolvimiento del pensamiento husserliano, ya sea interpretándolo textualmente, o vislumbrando y completando lo que apenas se insinúa.

La Ontología del Conocimiento, publicada en 1960, es el primer intento, que al nivel mundial se hizo de una investigación ontológica-existenciaria del conocimiento, basada en el pensamiento de Martin Heidegger. Antes que una mera exégesis, tiene más bien el sentido de un esfuerzo hermenéutico.

El problema que esta obra aborda –el del posible diseño de una Ontología del Conocimiento– si bien está prefigurado en Heidegger, e incluso es posible filiarlo con su propio intento, es sin embargo una vertiente que, a la postre, el pensador alemán no desarrolla enteramente. Heidegger sienta las bases, prepara el terreno, e incluso señala sus posibles metas, pero el problema en cuanto tal no llega a ser tratado en la total dimensión que exige su propia contextura. La investigación de Mayz Vallenilla, por el contrario, se centra rigurosamente sobre el fenómeno en cuestión. En tal sentido, su intención no es otra que la de reasumir el caudal del pensamiento heideggeriano y, desde sus bases, plantear en forma explícita y temática los problemas inherentes a una auténtica y rigurosa Ontología del Conocimiento.

En El Problema de la Nada en Kant, de 1965, Mayz Vallenilla dirige su pensamiento hacia la noción de la Nada, que desde Parménides es una de las nociones fundamentales de la filosofía. Este libro toma como punto de referencia para centrar su análisis el tratamiento de la noción de la Nada que se encuentra en la Crítica de la Razón Pura, al final de la “Analítica Transcendental”. A partir de ello, Mayz Vallenilla intenta fundamentar su propia tentativa de pensar la Nada desde el Tiempo... y, recíprocamente, de comprender el Tiempo desde el horizonte de la propia Nada. Es a partir de esta zona fronteriza, entre ella y los entes, haciendo hincapié en la diferencia ontológica, que la Nada alcanza a manifestar su negatividad positiva, originaria y absoluta. Con ello Mayz Vallenilla va más allá de los horizontes del pensamiento heideggeriano.

En Del Hombre y su Alienación, publicada en 1966, se confrontan las concepciones de Marx y Heidegger sobre la alienación. Con este libro inicia Mayz Vallenilla el tratamiento del tema de la ciencia y de la técnica que, a través de varias etapas críticas y autocríticas, culmina en su pensamiento actual. En ese camino se encuentra el opúsculo titulado Hacia un Nuevo Humanismo –publicado en 1970– que reúne la lección “La Idea de Filosofía” y el Discurso de Orden “Eros y Técnica”.

El Esbozo de una Crítica de la Razón Técnica, de 1974, recoge varios trabajos preparatorios de una “Crítica de la Razón Técnica”, frente a la Crítica de la Razón Pura kantiana, con sus correspondientes nuevas categorías y principios. La “Crítica de la Razón Técnica” aborda también las vinculaciones de la técnica con el Humanismo y con el Eros, temas estos que son desarrollados en obras posteriores.

La cuestión del afán de poder, como raíz de la técnica, es estudiada en El Dominio del Poder (1982), donde Mayz Vallenilla intenta bosquejar una ética frente a los vicios y excesos del afán de poder, esto es, del uso incontrolable por el hombre de los instrumentos de la técnica. La Ratio Technica (1983) completa el tratamiento del tema anunciado en el Esbozo de una Crítica de la Razón Técnica. En ella se muestra el logos técnico como principio ductor y organizativo de nuestro tiempo.

Otra vertiente hacia la cual Mayz Vallenilla ha dirigido su pensamiento es el problema de la Educación y, de manera destacada, el de la Universidad y su vigencia como institución en el mundo contemporáneo. Una pluralidad de obras se ocupa de estas cuestiones: Formas e Ideales de la Enseñanza Universitaria en Alemania (1953); La Enseñanza de la Filosofía en Venezuela (1955); Universidad, Ciencia y Técnica (1956); Universidad y Humanismo (1957); Universidad, Pueblo y Saber (1958); La Formación del Profesorado Universitario (1959); De la Universidad y su Teoría (1967); Diagnóstico de la Universidad (1968); Sentido y Objetivos de la Enseñanza Superior (1970); La Crisis Universitaria y Nuestro Tiempo (1970); Arquetipos e Ideales de la Educación (1971); La Universidad y el Futuro (1972); La Universidad en el Mundo Tecnológico (1972); Examen de la Universidad (1973); Mensaje del Rector a la Primera Promoción (1974); Esbozo de una Crítica de la Razón Técnica (1974); Hombre y Naturaleza (1975); Misión de la Universidad Latinoamericana (1976); Ratio Technica (1983); El Ocaso de las Universidades (1984); El Sueño del Futuro (1984); Pasión y Rigor de una Utopía (1989); Invitación al Pensar del Siglo XXI (1998); Travesías del Pensar (1999). No obstante, la obra fundamental de la reflexión de Mayz Vallenilla en torno a la Universidad es El Ocaso de las Universidades (1984). Allí se propone una concepción radicalmente novedosa de la Universidad, que supera su noción tradicional y los fundamentos de la misma, como consecuencia de una meditación sobre los efectos de la ratio technica en el ordenamiento de las estructuras organizativas de la Universidad.

Fundamental en los intentos de elaborar un pensamiento filosófico original de América Latina es El Problema de América (1959). Como respuesta al problema de la falta de originalidad del pensamiento latinoamericano, Mayz Vallenilla sostiene que el único recurso al que pueden recurrir los latinoamericanos para ser originales y originarios en sus creaciones es entregarse a vivir lo más auténticamente posible su propio modo de ser... habitantes de un Nuevo Mundo. En tal sentido, los latinoamericanos sólo pueden alcanzar la originariedad de su propio ser hombres del Nuevo Mundo (y, con ello, un estilo histórico original dentro de la Historia Universal) siendo fieles a su auténtica conciencia histórica de ser habitantes de un Nuevo Mundo, asumiendo tal conciencia con radicalidad y sin traicionarse a sí mismos. Para Mayz Vallenilla el ser americano es un ser histórico que, como tal, sólo puede revelarse pacientemente en el tiempo y en la historia. Por ello, los intentos programáticamente “originales” de descubrir América, o de reconquistar un pasado que no le pertenece, para fijar allí la originariedad de los latinoamericanos, son denunciados por él como ilusorios y equivocados. Fiel a ello, Mayz Vallenilla hace un llamado para que los latinoamericanos permitan activamente que Latinoamérica se manifieste, desde sí misma y por sí misma, en su “originariedad”... logrando, de tal manera, que la experiencia del ser venga a la luz a través de un tiempo extasiado de futuro, lo cual no implica un quietismo, o una actitud únicamente receptiva... sino, por el contrario, una acción, intelectual y práctica, eminente y necesariamente creadora. En tal sentido, la actitud propugnada por Mayz Vallenilla se condensa en el enunciado: “por ser americanos, ya en nuestro ‘ser’ nos está dada la comprensión original de América”. De esta manera, El Problema de América propone una hermenéutica existenciaria del ser americanos –hombres del Nuevo Mundo– pues la vía para buscar una auténtica comprensión de América debe fundarse en el factum de que el “ser” de los americanos tiene ya, en cada caso, una comprensión originaria de América en la que se halla implícita el sentido de ser nuevo –original– del Nuevo Mundo. De acuerdo con esto, el camino a recorrer es “dejar que el sentido del ser original de América venga a la luz mediante la analítica existenciaria de nuestra pre-ontológica comprensión de seres-en-un-nuevo-mundo”.

La obra fundamental de Mayz Vallenilla, hacia la cual conduce el camino iniciado en Del Hombre y su Alienación, e incluso antes, son sus Fundamentos de la Meta-Técnica (1990). Esta obra es, sin duda alguna, tanto por la originalidad de sus planteamientos filosóficos, como por sus proyecciones científicas, culturales y antropológicas, la más importante y fundamental de Mayz Vallenilla. Según el autor, la razón y la racionalidad humanas, cuya genealogía y límites óptico-lumínicos han prevalecido hasta nuestros propios días, se ven hoy radicalmente modificadas y sustituidas por un logos trans-óptico, trans-lumínico y trans-humano, diseñado y construido por el propio hombre con la ayuda de instrumentos técnicos que, a su vez, trascienden y modifican los límites antropomórficos, antropocéntricos y geocéntricos que ostentaban la razón y la racionalidad humanas tradicionales, tanto en lo relativo a sus Principios como en sus Categorías.

Esta radical modificación, de acuerdo con lo que señala el autor a lo largo de su obra, afecta y transmuta paralelamente tanto los Fundamentos de las Ciencias, como los de todas las Instituciones creadas por el hombre con la ayuda de su innata razón y su correspondiente racionalidad tradicional, incluidos en los fundamentos del lenguaje humano y sus sintaxis, como sustentáculos o bases de las creaciones, obras e instituciones humanas. De aquí surge la propuesta de una Nootecnia como disciplina y/o procedimiento traductor de la vieja a la nueva racionalidad... y a sus correspondientes categorías, instrumentos y creaciones.

 

La Meta-técnica: Pórtico del Futuro

En la extensa obra filosófica del Dr. Ernesto Mayz Vallenilla, que abarca tanto temas estrictamente de la disciplina como esfuerzos para dibujar una perspectiva latinoamericana con valor universal, así como preocupaciones educativas, políticas y sociales, es posible destacar tres grandes etapas. La primera, etapa de iniciación y exégesis, fue dedicada al estudio de las grandes figuras de la filosofía, especialmente alemana, que dieron lugar a obras de reconocida valía que no se limitaron al mero comentario. Entre las figuras que ocuparon especialmente su reflexión encontramos a Dilthey, Kant, Husserl y Heidegger en cuyo trato Mayz adquirió las herramientas necesarias para un pensamiento riguroso, aunque sin abandonar nunca la identidad venezolana y latinoamericana, hondamente enraizada en su personalidad. La segunda fue dedicada a su reflexión en torno a la Técnica y, derivada de ésta, la tercera en la que desarrolla su revolucionaria propuesta de la Meta-técnica

Del primer período destacan obras como El Problema de la nada en Kant, que fuera recomendada para su publicación por el mismo Heidegger, de quien Mayz fue alumno y discípulo, y que generara una perspectiva no vista antes en el pensamiento del filósofo de Koenigsberg. En ella, Mayz realiza un verdadero y novedoso aporte a la lectura de Kant, cuyo estudio había iniciado siendo aún estudiante. De su trato con el pensamiento husserliano, motivo de sus estudios doctorales en Alemania, resultó la Fenomenología del Conocimiento, una obra que se convirtió en el tema central del curso que diera Jean Wahl sobre Husserl en La Sorbonne, a finales de la década del 50, y que llevó a Mayz a ser incluido entre los más notables miembros de la tradición fenomenológica en América. El paso siguiente, derivado de un trato personal y académico, fue adentrarse en el mundo heideggeriano y, como fruto de ello, Mayz escribió su Ontología del Conocimiento, un tema cuyo diseño es posible encontrar en Heidegger pero que nunca fuera desarrollado por el filósofo alemán y que Mayz materializa, confirmando su valía como pensador, enraizado fuertemente en la más sólida tradición filosófica aunque, reiteramos, sin abandonar su independencia y sus originales perspectivas.

Por razones de natural limitación, queremos centrarnos en esta presentación de Ernesto Mayz Vallenilla en dos aspectos de su obra que, desde nuestra perspectiva, estimamos de interés prioritario, sin dejar por ello de hacer notar sus aportes destacados en otros aspectos del filosofar, así como rastrear, en su trato y diálogo intelectual con los grandes pensadores, la maestría necesaria para el arte de pensar por cuenta propia. Nos referiremos por ello a una breve presentación de su visión del ser latinoamericano y a lo que constituyen lo que clasificamos como sus segunda y tercera etapas: su desarrollo filosófico del pensamiento en torno a la Técnica, que culmina en su propuesta más lograda: el Logos Meta-técnico.

El ser latinoamericano

En este sentido, los trabajos de Mayz se han constituido en uno de los intentos mejor logrados de delinear el ser del latinoamericano y las posibilidades de generar, desde nuestra propia perspectiva, una filosofía original. Sus ideas están expuestas principalmente en dos obras que son ya clásicas, Examen de nuestra conciencia cultural y El Problema de América,[1] que le acarrearon justa fama, como lo atestigua el homenaje internacional que le hiciera la Sociedad Argentina de Filosofía en el año 2001.[2] En estos dos trabajos Mayz elaboró la fórmula para definir el ser histórico del hombre latinoamericano como el de un no-ser-siempre-todavía, con lo cual intenta captar aquello que nos caracteriza, valga decir, la de ser un ser siempre a la expectativa, con un pasado cuasi-ausente, un presente acongojado por la existencia y la incertidumbre del futuro (1992: 26-30).

Mayz pretende delinear un examen de la conciencia histórico-cultural latinoamericana, a partir de la estructura fundamental del mundo circundante en el que estamos inmersos. Esta conciencia cultural, que se nos presenta con una perfecta espontaneidad, se manifiesta como una voz que nos revela nuestra historia, nuestro problemático puesto en la historia y nuestra historicidad, es decir, la necesaria conexión de nuestro Presente con nuestro Pasado y nuestro Porvenir. Nuestra actitud histórica, la manera en que los latinoamericanos hacemos frente a los éxtasis de la temporalidad, la define Mayz en estos términos:

En efecto, nosotros –los latinoamericanos de hoy que gestamos las obras de un quehacer cultural determinado– con respecto a aquello que pudiera ser considerado como nuestro Pasado cultural (vale decir, nuestras “herencias” culturales) vivimos notando que ellas no están ausentes ni presentes en nuestro quehacer actual, sino que ya se aparecen, ya desaparecen, sin llegar a estar ausentes ni presentes por completo, sino...con una presencia cuasi-ausente (1992: 28. Destacado en el original).

En esta presencia cuasi-ausente del Pasado en nuestro Presente encuentra Mayz la raíz del criollismo, ese fenómeno vital que, sin poder olvidar totalmente el pasado, vive el presente en un Nuevo Mundo que, con sus demandas, impide que el Pasado se convierta en una verdadera tradición que interprete, diseñe o modele nuestras acciones. En consecuencia, lo que actúa poderosa y decisivamente en nuestra acción es el Presente (1992: 30). Este Presente es nuestro Nuevo Mundo, en el cual las cosas del Viejo Mundo se nos presentan como cosas de un museo del pasado, ni ausentes ni presentes, que no terminan por ser totalmente vigentes, actuantes y determinantes para nuestra actualidad, lo que nos hace sentir al margen de la historia y nos pone a actuar con un temple de radical precariedad, es decir, de inseguridad, zozobra e inestabilidad. El Futuro, como condición de posibilidad fundante de un Presente que está al margen de la historia, puesto que adviene desde un Pasado que no es rigurosamente ni ausente ni presente, se muestra entonces como un no-ser-todavía, valga decir, como una expectativa que nos ha de llegar, patentizando el mundo como algo siempre nuevo y por llegar a ser ante nosotros.

En esta radical precariedad histórica, en este siempre no-ser-todavía, Mayz encuentra la raíz de la eventual búsqueda de originalidad, del crear una cultura original, afán que nuestra América persigue para conseguir un puesto en la Historia Universal. Pero esta búsqueda de originalidad, o de originariedad, no debe confundirse con la falta de claridad en el planteo, como un pretendido ser programáticamente originales, ni tampoco con el buscar un pretérito que, a pesar de serlo, nos sea ajeno e implique la renuncia al pasado que nos es propio. Por el contrario, aquélla tensa y paradójica condición debe llevarnos a vivir lo más auténticamente posible nuestro propio modo de ser... hombres de un Nuevo Mundo (1992: 43) puesto que, por ser latinoamericanos, ya en este nuestro ser nos está dada la comprensión original de América, comprensión pre-ontológica que, necesariamente, debemos iluminar nosotros mismos.

Puesto a dilucidar lo nuevo del Nuevo Mundo, Mayz no lo descubre en el conjunto de cosas y entes intra-mundanos, sino en la propia existencia del hombre latinoamericano, en ese temple de conciencia al que hemos hecho referencia y que define una nueva concepción de mundo, que no es otra que aquella en la que el mundo aparece como nuevo y frente a la cual resulta fundamental el estar a la expectativa. Este vivir a la expectativa no significa, sin embargo, que no somos todavía, sino que nuestro modo de ser-en-el-nuevo-mundo es precisamente un permanente y reiterado no-ser-siempre-todavía, es decir, hombres expectantes (1992: 50). Dice Mayz:

La expectativa como temple fundamental de nuestro ser –al hacer que éste consista en un radical pre-ser-presente que se halla pre-afectado por lo por-venir– obliga a que extasiemos nuestro mundo en torno como un algo advenidero –como mundo por venir o por llegar– y en cuanto tal, como Nuevo Mundo (1992: 64-65. Destacado en el original).

La propia existencia del hombre latinoamericano no se presenta como algo acabado o concluido, sino como algo que se acerca, que llegará a ser, como un no-ser-siempre-todavía, síntoma de una existencia en el temple de la expectativa. Sin embargo, esto no debe entenderse como sinónimo de un no-ser que llegará a ser, sino como siendo un ser en plenitud, plenamente existente, pero cuyo modo de ser-en-el-Nuevo-Mundo es el de no-ser-todavía. En consecuencia, el todavía no tiene una connotación negativa sino un rasgo positivo de nuestro ser histórico puesto que somos realmente de ese modo, extasiados en el advenir por obra de una fundamental y existenciaria expectativa, aunque lo que se expecta no necesariamente anticipa que ello sea mejor, esperanzador, peor o temido, sino que frente al por-venir al latinoamericano sólo le cabe estar preparado (1992: 66).

Aunque parezca extraño, la acción del hombre latinoamericano debe ser un estar preparado, no confiando en el falso optimismo, pensando que lo que se acerca sea un incremento de valores positivos, o en el pesimismo del temor de lo que adviene. Por eso dice Mayz:

Lo que se acerca es el Nuevo Mundo y somos también nosotros sus moradores. El hombre americano debe saber que este Nuevo Mundo no es una realidad ya dada, ni que llegará a ser por sólo azar de fortuna, una especie de “tierra prometida” llena de frutos y bendiciones. Debe saber que el Nuevo Mundo se acerca pero que, incluso, en el caso más extremo, puede hasta no llegar a ser un “Nuevo Mundo”... El Nuevo Mundo resplandece en su existencia y se le ha descubierto mediante su radical expectativa. Pero la expectativa... es sólo el Presente de algo advenidero (1992: 69. Destacado en el original).

La Técnica

La segunda etapa a la que hemos hecho mención inicia lo que podríamos llamar el tema central de la obra de Mayz, que no es otro que sus reflexiones en torno a la Técnica. El interés nace en ocasión de su contacto con los estudios de Ingeniería en la UCV, y tiene un momento importante en su nombramiento como Rector-Fundador de la Universidad Simón Bolívar en Venezuela (USB), una tarea que lo ocupó durante la década de los setenta. Mayz diseñó a la USB con una novedosa estructura organizativa, destinada a formar el grupo de ingenieros y científicos con el mejor nivel técnico y humanístico posible, necesarios para las tareas del desarrollo que se delineaba en Venezuela a comienzos de los años 70 del siglo pasado. En este sentido, hemos de decir que los resultados superaron las expectativas más optimistas y, siguiendo sus lineamientos e impronta, la USB se convirtió prontamente en una de las universidades más prestigiosas de Venezuela por la calidad de sus profesores, estudiantes y egresados, contribuyendo de manera importante a la investigación en los niveles más exigentes de la academia y aportando al país los mejores profesionales.

La reflexión mayziana sobre la Técnica se puede dividir en dos períodos. En el primero, que se plasma en numerosos trabajos, se orientó a la Técnica y sus relaciones con el hombre. Esta etapa tiene uno de sus puntos culminantes con el intento que hace Mayz Vallenilla de delinear las Categorías que rigen lo que denominó la ratio-technica, que se muestran en su trabajo Esbozo de una crítica de la Razón técnica. La segunda, que se deriva de la primera como una consecuencia, incluye la propuesta que hace nuestro autor con lo que denomina Logos Meta-técnico. En razón de su novedad y actualidad, dedicaremos la parte más extensa de esta presentación a estos intereses de E. Mayz Vallenilla.

El tratamiento de Mayz de la Técnica comienza con la constatación de un hecho que requiere reflexión ya que se presenta como un verdadero desafío. En 1966, en “La universidad y la idea del hombre”, dice:

La actual época se orienta hacia el ideal de una tecnificación progresiva del Universo y, por tanto, hacia una paralela y creciente tecnificación de la conducta del ente humano (1974: 54).

A juicio de nuestro autor, el ideal de una vida inspirada en un ingenuo naturalismo ha perdido vigencia frente a los logros de la Técnica, que se traducen en la posibilidad de modificar la Naturaleza originaria y reemplazarla por una diseñada por el propio hombre. Ante este hecho, la Técnica emerge como una verdadera preocupación para el filosofar y Mayz no rehuye el desafío, que progresa con el tratamiento de aspectos y problemas complementarios. Por un lado, indaga acerca de las características de esa Técnica que le permitieron alcanzar tal jerarquía a nivel universal y no ya exclusivamente planetario-terrenal. Por otro, trata de dilucidar los términos de las relaciones que se dan entre ese producto del quehacer del hombre, y el hombre mismo, sobre quien influye al punto de ocasionar una creciente tecnificación de la conducta del ente humano. En el primer aspecto, el resultado será la determinación de los fundamentos y Categorías de la Razón que sustenta el desarrollo técnico, la Ratio technica. El segundo, luego de un largo camino de elaboración, culminará en el Logos Meta-técnico.

La Razón Técnica

La importancia adquirida por la Técnica es el resultado manifiesto del giro producido en la Modernidad, cuya paternidad cartesiana se evidencia en el centro mismo de su concepción. Cuando Descartes enuncia la inmanencia, rompe con ello la inserción del hombre en el cosmos para hacerlo centro ordenador, legislador y constructor del mundo en el que habita, y de sí mismo. A partir de ese momento, el hombre ha de desarrollar, desde su propia subjetividad, un plan o proyecto que le permita alcanzar los fines que, a su vez, desde esa misma subjetividad, se fija como los ejes de su Mundo y de su propia existencia. Ese plan o proyecto se encarna en la Técnica, que no es otra cosa que la manifestación de esa subjetividad, tanto en los fines como en sus logros. En este sentido, la Técnica no es sino el instrumento de una subjetividad que es su dueña y que con su Razón dirige e instrumenta.

Para Mayz esa subjetividad, que así diseña y ejecuta un plan que se concreta en la Técnica, tiene como agente un ingrediente primordial o fundamental, consustanciado al ser mismo del hombre: la Voluntad de Poder, a la que hemos de entender como la respuesta del hombre frente a los asumidos límites de su propia finitud (1974: 17 y 18). El hombre se sabe finito, pero busca expandir los límites de su natural finitud para lo cual se sirve del resultado de su hacer: la Técnica. En otras palabras, para satisfacer esa pretensión de poder más de lo que puede, desarrolla un saber que adquiere la forma de saber hacer. Para ello debe irrespetar lo que hasta ese momento se consideraba el inalterable ser de las cosas a fin de hacer que obedezcan a sus propósitos y se enmarquen en sus proyectos, por lo que adopta una conducta transformadora que hace que los entes del mundo pierdan su innata e inmutable esencia o naturaleza y transmuten en objetos al servicio del hombre y sus intereses, aunque esto terminará por incluir al hombre mismo.

Ahora bien, si la Voluntad de Poder se despliega en una Razón técnica, Mayz formula una pregunta análoga a la que Kant se hiciera respecto de la razón pura, a saber: ¿cuáles son las Categorías que la constituyen y a su vez hacen posible la Técnica? Esta tarea es la que queda asignada a una real Tecno-logía, que pueda legitimar la praxis técnica.[3] Sin embargo, a pesar de la importancia que la Técnica tiene en nuestra cultura, a la que ha determinado en su marcha y desarrollo, no ha habido intentos de responder explícitamente a estas preguntas excepto los de Mayz que estamos esbozando.

La consideración inicial de la Razón técnica y su manifestación, la Técnica, introducen una distinción con respecto a la indagación kantiana referida a la Razón Pura ya que Mayz reconoce que la Técnica es un hecho histórico. La Técnica, con los atributos que hemos delineado, surge en un momento de la historia del hombre y sus características no existieron idénticas a lo largo de todo el devenir humano ni aún se los puede considerar suprahistóricos. De manera que los caracteres que se puedan hallar en la Razón técnica, posibilitadores de la Técnica, no son universales, ni a-temporales, ni necesarios, sino que surgen en un momento dado de la gesta humana, como resultado de un conjunto de circunstancias que los posibilitan y que, en cierta medida, podemos decir que exigen su constitución.

La Razón técnica es, por tanto, tan histórica como la Técnica a la que da fundamento, o a la que explica, por lo que su rasgo no puede ser el de la inmutabilidad que Kant adscribía a sus Categorías sino, en todo caso, el de una cierta constancia, lo que de ninguna manera las hace invariables sino dependientes de su concreta aplicación. Esto anticipa que, cuando surja la posibilidad o la facticidad de nuevas Técnicas, asignando un sentido fuerte a la palabra nuevas, se podrá, o eventualmente se hará necesario, buscar nuevas ratios o logos que puedan dar cuenta de ellas.

Ante todo, el análisis crítico de la Razón técnica supone un ámbito espacio-temporal en la que ella actúa en sus aspectos ordenadores y reguladores. En consecuencia, para Mayz, al par que los fenómenos técnicos concretos, también las nociones de espacio y tiempo han de verse afectados y no debemos considerarlos como meras referencias de los procesos técnicos, receptáculos inertes y homogéneos de los fenómenos. Por el contrario, son integrantes del proceso o, como veremos, funciones del Sistema. Este aspecto, el que nociones tan primitivas como el espacio y el tiempo sean consideradas dependientes de la Técnica, es algo que debemos tener muy presente para apreciar plenamente las propuestas de Mayz.

En su indagación en torno a la praxis Técnica, Mayz identifica tres categorías en la ratio technica que conforman su tríada fundamental, que son: totalidad, finalidad y perfección. Agrega además una 4º, la automaticidad, que puede entenderse tanto derivada como co-esencial con ellas, y una 5º con funciones integradoras que se suma a las otras cuatro, la funcionalidad. Cabe destacar que estas categorías, derivadas de reflexiones en torno a la Ratio technica, no se refieren a la Técnica entendida exclusivamente como los procesos de producción económico-industriales, sino que deben extenderse a la constitución burocrática-administrativa de instituciones Técnicas, como el Estado o el Mercado, y hasta un estilo de vida que podemos llamar tecnologizado. A continuación, presentaremos brevemente cada una de esas categorías.

Totalidad: los procesos técnicos, en virtud de la constitución del sujeto como centro y cuya Voluntad de Poder manifiestan, son el resultado de una autonomía legal y dinámica que los hace autárquicos, es decir, son legislados por leyes de las que ellos mismos son los legisladores. Pero para que esta autarquía sea posible, es necesario que el conjunto se encuentre integrado en un Sistema, en una Totalidad que no sea meramente una suma de partes, sino que se constituya en una unidad estructural que represente una novedad respecto de la partes, unidad que precisamente se expresa en un Sistema. La Totalidad reconoce en el Sistema una novedad cualitativa a la que es imposible acceder desde las partes, un carácter holístico que supera al mero agregado y, en consecuencia, una autonomía derivada de esa Totalidad (1982: 10).

Finalidad: si el mero conjunto de partes constituye una Totalidad, un Sistema, es menester que se constituya una unidad fundamentada, ya que lo que verdaderamente unifica son las relaciones de fundamentación. Mayz encuentra el fundamento de tal unidad en la Finalidad (1974: 24) ya que un proceso técnico cualquiera, o un artefacto, supone una Totalidad que se orienta o implica un fin en cuya prosecución se despliega.

Pero, en algún sentido, también puede decirse que la Finalidad se encuentra subordinada a la Totalidad. En efecto, ese fin no puede involucrar un elemento extraño a la Totalidad, no puede ser determinada extrínsecamente sino que la Finalidad no puede ser otra que el cumplimiento de la Totalidad misma del proceso técnico, o del artefacto, cuyo esbozo y ejecución se apoyan en la posibilidad misma de esa estructura. No cabe en este sentido ninguna entidad o agente metafísico ajeno que establezca la Finalidad del proceso técnico, sino que éste resulta del Sistema mismo, de su diseño y realización, que es lo que regula el desenvolvimiento y la orientación de la expansión Técnica.

Perfección: siendo la Totalidad la que orienta y regula al proceso técnico, no sólo le es inherente una Finalidad por ella determinada, que no es otra cosa que su despliegue. Esta Finalidad, al ser intrínseca a la Totalidad, sólo puede significar un autodespliegue y autocumplimiento del Sistema. En este sentido, la Totalidad y la Finalidad implican a su vez una Perfección, tanto en la unidad de las partes del Todo como en la Finalidad que se persigue, siendo esta Perfección lo que da sentido a la autonomía de la Razón técnica en su persecución de impulsar los asumidos límites de su propia finitud (1974: 25).

Estas tres categorías, Totalidad, Finalidad y Perfección, son las que, a juicio de Mayz, constituyen la tríada de categorías fundamentales en el proceso del trabajo técnico (1974: 25). A pesar de haberse presentado en un esquema de subordinación, estrictamente no les cabe ya que fácil es de ver que la Perfección cobra sentido merced a la Finalidad y la Perfección es inseparable de ambas. Dice Mayz:

En tal sentido, cualquier proceso de trabajo técnico no se orienta sólo hacia una cualquiera de estas categorías consideradas en particular, sino que su desarrollo se encuentra necesariamente posibilitado por la indisoluble funcionalidad operativa de aquella tríada fundamental (1974: 25).

Automaticidad: para lograr el cometido que las tres categorías anteriores imponen al proceso técnico, con las características de autonomía que hemos establecido, es menester que el sistema pueda autorregularse en su despliegue. A esto se refiere la Automaticidad, que no se limita a señalar la repetición mecánica y monótona de los procesos. La Automaticidad es la responsable tanto de la uniformidad del proceso (aspecto estático) como de asegurar y promover la autonomía y autarquía del conjunto en su desarrollo (aspecto dinámico). La Finalidad, diseñada por la Perfección de la Totalidad del Sistema, requiere un cierto automatismo mecánico subordinado a su cumplimiento. Pero a su vez, siendo el Sistema autorregulado por la totalidad, se requiere la posibilidad de incrementar la Perfección funcional del sistema mediante una retroalimentación que permita precisamente el auto-perfeccionamiento de esa Totalidad. Se trata de una Automaticidad que Mayz no duda en calificar de intencional[4] ya que, además de su rol mecánico que es como tradicionalmente se la conoce, promueve la auto-Perfección de la Finalidad que la Totalidad persigue.

Funcionalidad: Mayz ha establecido que el proceso técnico exhibe una unidad que muestra la interdependencia entre los miembros de la tríada categorial fundamental. Pues bien, la Funcionalidad es la categoría que permite tal interdependencia, y logra que las otras Categorías se integren como variables en el Sistema. Más aún, no sólo las Categorías fundamentales de la Razón técnica se interrelacionan merced a la Funcionalidad, sino que cada uno de los momentos de todo proceso técnico se comporta funcionalmente, es decir, como una función del Sistema (1974: 28-29).

La Categoría de Funcionalidad introduce una radical transmutación en las características de los entes, como es la de perder la individualidad e independencia que tradicionalmente se les asignaba. En efecto, todo ente que participe en un proceso técnico, humano o no-humano, deja de ser considerado en su individualidad concreta, independiente, autónoma, para serlo en términos de la función que cumpla dentro del Sistema, transformándose en un miembro del mismo como parte de una Totalidad que pasa a fundar su existencia. Sobre las cualidades que pueda desplegar un ente desde su individualidad, priva su eficiencia anónima en la Perfección del Sistema.

Vista ahora la noción de Funcionalidad, cabe volver sobre lo que expresamos al comienzo de esta sección respecto del espacio y del tiempo. En efecto, en todo proceso técnico el espacio y el tiempo dejan de ser propiedades de los fenómenos, simples coordenadas que fijan la referencia del proceso o límites que la alteridad proyecta hacia el Sistema, para integrarse a él como estructuras cuyo orden y sentido contribuyen a alcanzar la Finalidad de la Totalidad (1974: 30). Al respecto, y para ilustrar este aspecto, cabe pensar en un servo-mecanismo en los que el espacio y el tiempo no sean indiferentes al funcionamiento del Sistema sino que, por el contrario, sean participantes activos en la autorregulación del funcionamiento de la Totalidad en pos de su Finalidad. Para ejemplificar el punto, Mayz establece que el tiempo y el lugar en el que un reloj se detiene no es considerado una meta o intención del reloj, ya que ninguno de los dos afecta al movimiento o la descripción o las leyes que rigen el movimiento del reloj. No podemos decir lo mismo de una célula fotosensible, porque cualquier interrupción espacio-temporal ocasiona una serie de acciones que tienen como meta o intención retornar a la situación original, y la descripción de su funcionamiento o interrupción es indispensable para el proceso en conjunto (1974: 31).

Quedan así delineadas las Categorías de la Razón técnica tal como las expone Mayz, que son las que legislan y regulan a la Técnica como manifestación de la Voluntad de Poder que es el hombre. Es fácil de ver lo que anticipamos acerca de que estas Categorías se aplican no sólo a los procesos técnicos propiamente dichos, sino también a la organización burocrática de las instituciones y a la propia vida social del hombre pues todos nos movemos ejerciendo controladas acciones repetitivas, eficientes, previsoras, útiles al fin del Sistema en el que estamos inmersos, y en el que podemos ser fácilmente reemplazados por otro agente capaz de cumplir esas mismas funciones bajo esas mismas leyes siempre y cuando se mantenga o incremente la Perfección alcanzada.

El hombre y la Técnica

Cuando Mayz desarrolla lo que llamó la creciente tecnificación de la conducta del ente humano señaló una serie de aspectos que contribuirán a delinear su posición respecto de la Técnica, algunos de los cuales ya hemos revisado pero que retomamos en las siguientes consideraciones desde una nueva perspectiva y el conjunto adquiere una unidad coherente en permanente desarrollo.

Mayz distingue al hombre de cualquier otro ser por su capacidad de forjarse una idea de sí mismo, producto de su autoconciencia y de su autoobjetivación como ente, lo que le permite dar sentido a su existencia (1974: 105).[5] Pero, con una clara influencia diltheyana y fenomenológica,[6] rechaza la concepción sustancialista y concibe al hombre con un dinamismo radical en tanto que admite que su esencia o eidos puede sufrir variaciones temporales.[7] Mayz admite posibles variaciones en la esencia humana, dentro de una constancia que, lejos de ser absoluta, concibe como modificable, lo que se traduce en visiones diferentes de la Historia. Al respecto propone tres, a las que llama racionalista, providencialista y voluntarista (1974: 107).[8]

La vertiente racionalista se apoya en el Ver, y concibe a la Razón precisamente como un ver, como una Razón noética, la Razón Vidente del homo sapiens (1974: 118). La providencialista se apoya en el Creer, en la fe del Homo religiosus y la distinción entre el ver de la ciencia y el creer de la fe la marca Mayz con la sentencia de S. Pablo: La fe es la firme seguridad de lo que esperamos, la convicción de lo que no vemos (1974: 124). Finalmente, la vertiente voluntarista se funda en el Querer del que, según Mayz, surge la capacidad humana de proponerse fines y metas tanto para su existencia como para el mundo que lo rodea. En este caso, su Razón surge como una potencia o poder autónomo, expresión de esa Voluntad de Dominio que requiere de la libertad, como su indispensable condición óntico-ontológica, para garantizar el ejercicio de tal poder que se exprese en una razón ductora de la propia conducta (1974: 124).

Para Mayz esta nueva modalidad de la Razón es la Razón técnica, que no se limita a interrogar a la Naturaleza sino que, sabiéndose autónoma y autárquica, se siente capaz de inventar leyes, de crear nuevos seres, de construir una nueva Naturaleza para el hombre. El hombre de esta razón, el Homo technicus o tecnita, adopta una posición diametralmente diferente a las de las otras visiones de la Historia, y también se distingue de lo que se entiende como Homo faber (1974: 126). El Homo faber es un productor y usuario de instrumentos, lo mismo que el tecnita, pero éste difiere de aquél por esa vertiente característica de la Voluntad de Poder, a la par que la diferente actitud espiritual de su afán de señorío sobre el Universo (1974: 127).

En efecto, Mayz considera que es menester, antes de cualquier indagación acerca de las relaciones entre el hombre, la ciencia y la Técnica, esclarecer la actitud que asume el hombre frente al mundo para determinar por qué, cómo y para qué se dirige a él mediante la ciencia y la Técnica moderna. Y estima, precisamente, que el talante con el que el hombre contemporáneo hace esto resulta de un ejercicio de su Voluntad de Poder, que lo lleva a enfrentarse a la Naturaleza para dominarla, y este proceder es lo que define y sostiene su posición actual frente a la alteridad (1974: 62).[9] Como consecuencia de esta actitud, Mayz considera que el mundo es concebido como el horizonte de sentido en el que se encuentra incardinado el hombre, por lo que no corresponde entenderlo como mera realidad ajena y separada, sino más bien como una instancia co-perteneciente al hombre mismo, correlato de su Voluntad de Poder o dominio (1974: 176).[10]

Resultante de esta actitud que las sostiene, la Ciencia y la Técnica hacen posible la transformación del perfil de los entes que se ofrecen al hombre porque pareciera que el ser de los entes se redujera al aspecto de instrumentos y medios para que el hombre alcance los fines que se autoimpone (1974: 63).[11] Pero sucede que el mismo ser humano no escapa de esta tecnificación de los entes que así se objetivizan resultando que un proyecto creado por el hombre para sus productos termina aplicándose al hombre mismo. A este proceso de tecnificación del hombre, que lo ha convertido en un mero ente al servicio de sus propios designios, es a lo que Mayz llama su alineación (1999: 74 y ss.).[12] En otras palabras, el signo distintivo de la relación del hombre con la Técnica es que la Técnica no sólo transforma el ser de los otros entes sino que transforma al hombre mismo ya que éste deja de ser fin, amo y señor de sus acciones y pensares, para ser un medio, un siervo al servicio de la Técnica que él ha producido, perdiendo en esta alienación hasta su propia libertad (1999: 66). Mayz caracteriza este extrañamiento como abarcando cuatro aspectos: la relación que guarda el ente humano frente a sus productos, en referencia a su propia actividad, en sus vínculos con la Naturaleza y en sus nexos existenciales con los otros hombres (1999: 73).

De manera que Mayz determina que esa alienación Técnica es cuádruple: alienación frente a los productos de la Técnica que se nos imponen en nuestro comportamiento destruyendo nuestra autonomía; alienación de los vínculos con la Naturaleza al constituirse el mundo técnico en una Supra-Naturaleza en la que habitamos; alienación de la propia actividad que se encuentra regida y orientada por la Técnica y nos convierte en instrumentos de los aparatos; alienación de sus nexos existenciales con nuestros semejantes al integrarlos dentro de la estructura Técnica en la que nosotros mismos estamos insertos. En resumen, el hombre se cosifica y su condición de persona entra en el olvido (1974: cap. V).[13] La conclusión que Mayz extrae de este desarrollo se resume en una posición referida a la Técnica que en sus palabras dice:

Su condición de instrumento es la expresión de la Voluntad de dominio que, al desplegarse bajo la categoría de función, desvirtúa en él su dignidad de fin en sí y lo transforma en simple medio al servicio del sistema representado y encarnado en la Técnica en cuanto manifestación de aquel principio metafísico. La función es así... la categoría por excelencia en el total proceso de la alienación a que se encuentra sometido el hombre como agente histórico de la Ratio técnica (1974: 43).

El trabajo humano, al encontrarse inmerso en una Totalidad reguladora, pierde individualidad y autonomía, se convierte en una mera ocupación despersonalizada cuya meta es ser función del perfeccionamiento del Sistema y se aniquila todo atisbo de genuina libertad.[14] Esta concepción alienante de la Técnica será desarrollada por Mayz en varios trabajos, en los que analiza, por ejemplo, el papel tanto de la universidad como de la educación, en su desarrollo y en las posibilidades de evitarla.[15] En este sentido, sostiene que las relaciones del hombre con su semejante, que derivan en un afán de dominio, bien podrían tener una relación Ratio-Eros como alternativa a la relación Razón-Voluntad de Dominio.[16]

Mayz concibe al Amor como un afán de posesión pero no para dominar, avasallar o rendir al objeto amado sino para absorberse en él, plenificándolo y potenciándolo a fin de que alcance su más plena manifestación y resplandezca en su más propio poder-ser. Este Eros, que tiene a la Filo-sofía como una de sus manifestaciones, que lleva al hombre a inquirir por la verdad, es el contrapolo ontológico de la Voluntad de Poder, raíz originaria de la Técnica. Precisamente, el Eros se presenta entonces como la verdadera alternativa para eliminar el efecto que resulta de la Razón técnica que cosifica al hombre imponiéndole un ser que lo aliena. Ante la inevitabilidad epocal de la Técnica, Mayz propone, en esta etapa de su pensamiento, filiar aquella Técnica en ese Amor capaz de generar una nueva relación entre Técnica y Humanismo.[17]

Precisamente, Mayz, al presentar a la Técnica contemporánea con una autonomía que parece independizarla de la Voluntad de Poder que originariamente la sostuvo y de la que emergía, puede proponer fundarla en una raíz alternativa, tal como es el Eros, a fin de evitar los perjuicios que tal concepción ha producido. Pero esto no sería posible si no se concibiera al hombre como capaz de tener modificaciones esenciales, valga decir como posesor de una esencia que es epocal. Mayz, habiendo fundado su interpretación en un comienzo en la diferencia heideggeriana entre una esencia (essentia) en sentido clásico o una esencia (Wesen) que depende de la existencia,[18] concibe al hombre como un ente dotado de una Naturaleza y una racionalidad, que son históricas, que se inventan y recrean a sí mismas con los tiempos y, en consecuencia, el hombre pudiera ser el constructor del hombre; su propio, autárquico y autónomo artífice o demiurgo (1974: 236).[19]

El camino a la meta-técnica

Mientras se desarrollan estas reflexiones, surgidas de la concepción alienante de la Técnica, Mayz realiza una crítica silenciosa a las respuestas que da a sus preguntas. Esta reflexión toma la figura de notas aisladas, que el autor va dejando sentadas privadamente en su diario biográfico-filosófico (que no hará públicas sino parcialmente y años más tarde),[20] pero no constituyen en esta fase una revisión temática de la cuestión, aunque se derivan de ella. Es un desarrollo que toma varios años y podemos señalar algunos elementos que Mayz descubre en las reflexiones en torno a la Técnica, que serán los que conformen esa nueva y radical propuesta que denominó el Logos Meta-técnico.

En sus trabajos de dos lustros han aflorado los elementos centrales de una nueva propuesta y sólo faltaba reunirlos, lo que hizo en ocasión del Congreso de Filosofía de Brighton de 1988, en donde presentó por primera vez las ideas que luego ofrecería, con más detalle, en sus Fundamentos de la Meta-técnica, publicada en Caracas en 1989. Podemos resumir su idea central diciendo que, en lugar de plantearse al hombre enfrentado con la Técnica, alienado por ella, se materializa una conjunción entre el ser humano y el resultado de su propio hacer, en sus modalidades más elaboradas, conformando una nueva esencia o modalidad de existencia caracterizada por una racionalidad a la que llamó el Logos Meta-técnico. De esta forma, como demiurgo de sí mismo, el hombre puede superar sus propias limitaciones ingénitas, que conforman el sustrato de su ser y hacer en el mundo, abriendo la posibilidad de un salto cuali-cuantitativo en la evolución humana, que afecta a la consideración de lo que realmente lo constituye y conforma su posición y comportamiento en el mundo (Vallota 1998: 25-40). Para apreciar esta radical mutación, es conveniente atender a la manera en que Mayz visualiza la evolución de la Técnica.

El devenir de la Técnica

La Técnica, en su desarrollo histórico, ha adquirido características que le permiten a Mayz distinguir tres grandes etapas, cuya consideración va a permitirnos iniciar el acercamiento al Logos Meta-técnico:

1.- Una primera etapa es aquella en la cual los artificios técnicos expanden y prolongan las capacidades naturales humanas, que puede remontarse a épocas anteriores al registro histórico. Tienen como modelo al propio hombre y tratan de superar los límites que a éste le impone su Naturaleza somato-psíquica innata, inmersa en el ámbito de la vida terrena, para tratar de alcanzar los fines que derivan de su Voluntad de Poder. Se trata de una Técnica que se puede calificar como antropomórfica, antropocéntrica y geocéntrica. Antropomórfica en tanto tiene como modelo al propio hombre; antropocéntrica en tanto es el resultado de la persecución de fines que manifiesten la Voluntad de Poder del hombre; y geocéntrica en tanto su aplicación está confinada al planeta en el que habitamos y se funda en las particularidades que lo distinguen de otros cuerpos celestes.[21] Se trata, verbigracia, de la Técnica destinada a movernos más rápido, lanzar más lejos, golpear más duro, apresar más firmemente, levantar cuerpos más pesados, saltar más alto, ver lo más pequeño o lo más lejano y movernos de la mejor manera en nuestro planeta, superando nuestras ingénitas limitaciones. Esta etapa alcanza su culminación en la Revolución industrial y en ella se inscriben los principales logros culturales y sociales (lenguaje, instituciones, organizaciones socio-políticas, ciencia) del mundo moderno.

2.- Una segunda etapa es aquella en la que la Técnica se amplía, trascendiendo y superando la naturaleza humana, para copiar las naturalezas de otros seres con los cuales vive y se relaciona. Se trata de una etapa en la que la Técnica mimetiza las capacidades de otros seres, manteniendo, sin embargo, el carácter de antropocéntrico y geocéntrico de sus creaciones o instrumentos, pero superando su carácter antropomórfico. Es el caso de la Técnica destinada a expandir el rango de longitud de las ondas electromagnéticas que percibimos, utilizar nuevas fuentes de energía como la solar, equiparnos para mejorar nuestro desplazamiento en el aire y en el agua, como peces y pájaros, o entender nuestra conducta desde el conocimiento de las conductas animales. Esta etapa tiene su culminación en nuestro días.

3.- Una tercera etapa, que Mayz califica estrictamente de Meta-técnica, es aquella en la que se superan los límites no sólo antropomórficos sino también antropocéntricos y geocéntricos y que será el tema de una próxima sección.

Pero antes de llegar allí, merecen destacarse algunos aspectos. El carácter antropocéntrico traduce la concepción de la historia de la Técnica como una sucesión de logros en la que el orden está dado por la eficiencia en alcanzar esas metas propuestas por la Voluntad de Poder. El conjunto constituye lo que denominamos progreso, entendiendo por tal el incremento en las posibilidades de superar nuestras limitaciones. En ese aumento de la eficacia, Mayz señala la singular importancia que cobran los inventores, es decir hombres o pueblos que producen cambios técnicos destacados que significan cambios radicales en la marcha de la historia y, en ocasiones, verdaderas revoluciones como el salto de la Edad de Piedra a la del Metal, el dominio de la fuerza animal, la maestría en el arte de navegar, el control de la energía atómica.

El carácter antropomórfico de la Técnica que Mayz destaca se manifiesta en la adecuación de los instrumentos y procesos técnicos a las características innatas del hombre, en la conformación a sus fines y se explica con los conceptos y esquemas que tienen al hombre como centro y como modelo. La Técnica se acomoda tanto a la concepción epistemológica tradicional de las relaciones Ciencia/Tecnología, que hace a la Técnica la aplicación de la ciencia, como a la nueva concepción que sostiene una relación más estrecha entre la epistemología y la Tecno-ciencia.

En todo caso, y como consecuencia de la natural configuración somato-psíquica del hombre, el sistema ordenador del mismo tiene un carácter preeminentemente visual, óptico-lumínico, que se erige en el fundamento de la Razón técnica. Claro es que los otros sentidos aportan su contribución, pero es innegable que la visión constituye el sensorio natural humano más importante y es el eje de la actividad ordenadora de la alteridad, al punto que Mayz dice:

Asimismo, a partir de semejante hecho, [el establecimiento de lo óptico-lumínico como fundamente exclusivo de la razón humana] idéntica y complementaria jerarquía se le ha otorgado a la luz –así como, derivadamente, a todo el Universo luminoso– convirtiendo a sus estímulos y manifestaciones en agentes o exponentes de aquella fulgurosa ratio.

Testimonios de ello se encuentran –reiterados desde diversas perspectivas– a lo largo de la historia de la filosofía occidental... el binomio de lo óptico-lumínico –sea en forma metafórica o real– actúa como raíz o fundamento, primario o primigenio, de lo racional (1990: 28).

Mayz dedica parte importante de su trabajo a mostrar esta dependencia que con respecto al principal sensorio humano (la visión) tienen las categorías ordenadoras de la alteridad en la Ratio técnica, en lo que no podemos detenernos más explícitamente en esta breve presentación. Lo que si queremos dejar claro es que la Técnica, en tanto manifestación de esta razón así dependiente de lo óptico lumínico, conservará esta aludida dependencia y sobre este punto girarán algunas futuras consideraciones.

A modo de resumen de estas consideraciones podemos señalar los siguientes aspectos: para Mayz la subjetividad está consustanciada con la Voluntad de Poder, que hemos de entender como la respuesta del hombre frente a los asumidos límites de su propia finitud y la Razón técnica no es otra cosa que la manifestación de la subjetividad así entendida. La Técnica es la concreción de ese afán de poder. La Razón técnica tiene, como base y eje, la constitución natural del hombre, en la que se destaca el predominio de la visión, que hace de lo óptico-lumínico el eje principal de su actividad ordenadora, tanto en lo sensorial como en el entendimiento, razón o intelecto al que se le asigna una índole noética derivada de sus raíces ópticas. Así también se la descubre en sus productos, fenómenos, intuiciones, fantasías, ideas, evidencias y todo su sistema inteligibilizador en cuyas etimologías y contenidos epistémicos se descubre, tácita o explícitamente, la impronta óptico-lumínica.

La Técnica que de tal razón resulta tiene como características destacadas ser antropomórfica, antropocéntrica y geocéntrica. En tanto antropomórfica tiene su eje en la potenciación de las características somato-psíquicas naturales del hombre; en tanto antropocéntrica la Técnica se mide en términos de eficiencia para lograr las metas que la Voluntad de Poder impone; y en tanto geocéntrica el ámbito primero de su aplicación es la Tierra, en la que el hombre natural ha habitado hasta este siglo.

La técnica contemporánea

Dice Mayz en sus Fundamentos de la Meta-técnica:

Efectivamente: frente a la modalidad hasta ahora prevaleciente de la Técnica –de estilo y límites antropomórficos, antropocéntricos y geocéntricos– comienza a insinuarse, en nuestros propios días, un nuevo proyecto y modelo de ella cuyo logos pretende transformar y traspasar aquellos límites –modificando eo ipso el estilo del quehacer técnico– con la finalidad de acrecentar el poder de que dispone el hombre más allá de las fronteras que establecen su ingénita constitución somato-psíquica y la capacidad cognoscitiva sustentada en ésta misma (11).

A partir de la Modernidad, al realismo epistemológico se impone la concepción de que los estados de orden, o de desorden, con que se nos presenta la alteridad no son estados de la cosas que hayamos descubierto, sino el resultado de la actividad ordenadora de nuestra racionalidad congénita (Foerster 1991, cap. VI: 109-121). Destaca Mayz que el carácter de tal ordenación resulta de la actividad de un logos ingénito que, dada nuestra peculiar organización somática, se nutre de un conjunto de sensorios naturales con predominio de la visión, que ha marcado todas las instancias del instituir humano, tal como se traduce en el lenguaje, y en toda nuestra actividad inteligibilizadora, desde nuestras nociones de espacio y tiempo, pasando por las teorías del conocimiento, la concepción de la conciencia y de la Naturaleza, las instituciones, la ética y las relaciones entre los hombres, hasta las de la divinidad, las cuales ostensiblemente están determinadas por ese fundamento óptico-lumínico.[22]

Sin embargo, los logros técnicos, que esa misma racionalidad ha permitido alcanzar, hacen que la mencionada limitación óptico-lumínica sea superada y podamos entonces ordenar la alteridad de muy diversas maneras, sin que la visión tenga necesariamente un rol dominante en todas y cada una de ellas.[23] Más aún, la Técnica no sólo ha permitido optimizar nuestras capacidades innatas o mimetizar la de otros seres vivos, sino también desarrollar formas nuevas de ordenación y anuncia otras impresionantemente impredecibles. De esta manera, los aparatos e instrumentos técnicos dan lugar a una trans-formación y trans-mutación radical del perfil de los entes y del Universo en total comparado con el derivado de nuestras capacidades congénitas, lo que a su vez supone el progresivo desvanecimiento y la paralela superación de los límites y caracteres antropomórficos, antropocéntricos y geocéntricos de la Técnica tradicional y conduce al desarrollo de un nuevo logos inteligibilizador, no limitado a su innata dependencia óptico-lumínica y que Mayz llama Logos Meta-técnico (1990: 23). En otras palabras, la posibilidad de ordenar la alteridad mediante sistemas, que no son los congénitos, acarrea la superación de la natural capacidad inteligibilizadora por lo que, de la actividad ordenadora transmutada por la Técnica, resulta la construcción de un modelo o proyecto que difiere radicalmente de la Naturaleza tal como la concibe la Ratio-technica, y conforma una Supra-Naturaleza Meta-técnica, que supera los límites que establece el predominio óptico-lumínico de aquella, y cuyos efectos se proyectan sobre todo el instituir humano.

Varios autores han anticipado el problema, pero sin darle solución ni llevarlo a sus últimas consecuencias.[24] En este sentido, quizás Locke fue uno de los que, en los albores de la Modernidad, previó la situación con mayor alcance:

Pero si los sentidos cambiaran y fuesen más agudos y despiertos de lo que en la actualidad lo son, tendrían un aspecto muy distinto para nosotros las apariencias y la forma de las cosas; aspecto que no convendría, según me imagino, a nuestro ser...

Resultaría que ese hombre [uno con un oído mil veces más penetrante o una visión mil veces más aguda] se hallaría en un mundo totalmente diferente al de las demás personas: nada sería lo mismo para él que para los otros, las ideas visibles de todas las cosas serían distintas, de manera que dudo que ese hombre y los demás pudieran comunicarse sobre los objetos que vieran...[25]

Saltando varios siglos, contemporáneamente, H. Putnam dice que si un organismo ha de exhibir lo que llamamos inteligencia, obviamente es útil, y quizás necesario, que tenga, o pueda construir, algo que funcione como un mapa de su ambiente, con señales que representen los variados aspectos distintivos del mismo (26). Precisamente, lo que la Meta-técnica avizora es que, como en la cartografía contemporánea, la Técnica permite dibujar, construir, representar, diferentes tipos de mapas de la alteridad, atendiendo a distintos tipos de ordenaciones, dependientes de los instrumentos y aparatos que utilicemos y de la manera en que amplíen nuestros sensorios naturales y/o incorporen información radicalmente nueva respecto de ellos. El conjunto de mapas es lo que constituye la representación de esa alteridad, que adquiere un carácter mudable y dinámico, ya que ninguno de ellos es privilegiado (como hasta ahora ha sido el caso del predominio del logos óptico-lumínico en nuestra pintura o imagen del mundo y sus relaciones), y que, a su vez, se modifican constantemente con cada avance de la tecno-ciencia. La premonición de Locke se ha hecho realidad gracias a los logros de la ciencia y de la Técnica, por lo que es muy distinto para nosotros las apariencias y la forma de las cosas y ya no convienen a nuestro ser, o al menos a cómo se lo concebía, tal como Mayz nos lo muestra:

Si tal ordenación y construcción se realizara ...sería posible entrever entonces la simultánea posibilidad de que esa nueva alteridad trans-óptica estuviese dotada de una racionalidad no restringida simplemente a la videncia y evidencia (meramente ópticas) que alimentan el logos técnico tradicional. Semejante trans-racionalidad –sea dicho desde ahora– no sería por ello i-rracional o a-rracional, sino expresión de un logos trans-humano que trascendería los ingénitos límites del tradicional (1990: 26).

En otras palabras, ya no se trata de entender a la Técnica como una colaboradora en la cuestión de encontrar respuestas a las preguntas, ni como un instrumento de la Voluntad de Poder, sino como integrante, en estrecha relación con el hombre, de un nuevo logos capaz de formular nuevas preguntas.

Se establece así un círculo de mutua y dinámica irradiación entre los avances epistemológicos, las innovaciones ontológicas y la creación instrumental. Semejante tríada se despliega a veces en forma coetánea y metódica, aunque también, en otras, sin continuidad ni coherencia (1990: 25).

Una propuesta de este carácter abre infinidad de preguntas, cuestiones y terrenos de indagación en todos los ámbitos de la filosofía y señala la desaparición de lo que podríamos llamar la última gran discontinuidad (Freud 300). La primera, de Copérnico y Galileo Galilei consistió en romper la barrera entre el mundo sublunar y el mundo supralunar, demostrando que los cuerpos celestes eran de la misma Naturaleza que nuestra Tierra y están sujetos a las mismas leyes; la segunda fue la de Darwin que estableció la continuidad entre el mundo animal, el de los restantes seres vivos, y el hombre; Freud anunció la continuidad entre lo arcaico y lo civilizado, entre la enfermedad y la salud, entre nuestras primeras experiencias y la conformación de la personalidad adulta; Max Planck eliminó la diferencia entre una materia concebida como discontinua, atómica, y una energía estimada como continua al postular los cuanta que recibirían su consagración cuando el joven Einstein los usó para dar cuenta del efecto fotoeléctrico en 1905.[26]

Sin embargo, se mantenía otra discontinuidad vigente, la de hombre y la máquina, cuyo origen se remonta a la distinción natural-artificial de nuestros padres griegos (Mazlih 272) reafirmada por la Modernidad, de la que la Ratio técnica es su resultado. Descartes estableció una clara separación entre el hombre y todos los otros seres de la Naturaleza, sean animados o inanimados, en tanto que estos últimos constituyen la Res extensa y el hombre es Res cogitans, es decir, son sustancias diferentes. Precisamente, esta distinción es la que abre la posibilidad de que el hombre avance sobre el resto de la creación con su afán de poder, de la que tanto el hombre mismo, como Dios, están sustancialmente separados de una manera insalvable (Descartes, VI, 56-57). La propuesta de Mayz promueve la desaparición de esta discontinuidad entre el hombre y su creación, la Técnica, estableciendo una continuidad, cuya ignorancia ha sido el germen de las relaciones conflictivas entre el hombre y la Técnica. Es innegable que la historia reciente nos muestra una interconexión, cada vez más estrecha, entre el hombre y la máquina, en la que se desdibujan progresivamente los límites de una y otra.

Para apreciar esta progresiva integración recordemos que en la década del 50, North llamó a esta relación un hombre mecánicamente prolongado.[27] En este caso, la prolongación es algo que se le suma al hombre natural, pero el operador humano sigue proporcionando la iniciativa, la dirección, la integración, el criterio y la meta. En otras palabras, el hombre mecánicamente prolongado sigue siendo un hombre y el conjunto sigue siendo antropocéntrico y antropomórfico, en tanto las partes mecánicas tienen el carácter de ser meras extensiones de los órganos humanos. Claro es que, con el desarrollo de estos sistemas, fue posible observar que, si bien en su origen la meta era ayudar al hombre, progresivamente es el hombre el que los ayuda en lugar de ser ayudado. Como ya decía Samuel Butler en 1872, ésta es la habilidad de las máquinas, sirven a los que ellas pueden dominar (228).

Posteriormente surge la noción de una simbiosis hombre-máquina de J.C.R. Licklider (418). Una simbiosis es una actividad cooperativa entre dos organismos diferentes en íntima asociación, incluso estrechamente unidos, que se traduce en una vida en común al punto que, si uno de ellos falta, el otro no puede cumplir plenamente sus acciones vitales. En este caso los organismos unidos no sólo resuelven de manera conjunta sus problemas sino que son capaces de formular nuevas cuestiones, plantear alternativas de resolución, y es factible descubrir inesperadas direcciones de razonamiento, que es lo que planteó Poincaré como piedra de toque del desarrollo de la computación. Sin embargo, en la simbiosis hombre-máquina se mantiene la identidad de ambos organismos aunque, sin duda, la unión es más fuerte que la que presenta el hombre mecánicamente prolongado de North.

Pero después de lo señalado por Licklider, estamos frente a un paso más en esta integración, como es la formación de un híbrido hombre-máquina, entendiendo que en el híbrido no hay ya dos organismos sino que se constituye una verdadera novedad. Usamos la palabra híbrido para nombrar a la conjunción hombre-máquina dando a entender que con ello surge una nueva entidad. No creemos equivocarnos que esta secuencia, discontinuidad radical - hombre mecánicamente prolongado - simbiosis hombre-máquina - híbrido hombre-máquina, culmina en la radicalmente revolucionaria concepción de una nueva racionalidad, el Logos Meta-técnico que propone Mayz.

Vertientes de la meta-técnica

Habiendo establecido la posibilidad de un Logos Meta-técnico y algunos de sus fundamentos, pasemos a considerar lo que Mayz propone como las tres direcciones que harían que el operar técnico sufriera la transmutación a las que nos hemos referido reiteradamente. Mayz identifica estas tres vertientes como:

A) Un conjunto de instrumentos y aparatos que al modo de sentidos artificiales construidos por el hombre, alteran y transmutan los límites y funciones de los sensorios humanos ingénitos... introduciendo radicales modificaciones en la aprehensión, organización e inteligibilización de la alteridad en general (1990: 22).

B) La segunda vertiente que señala Mayz se halla representada por instrumentos o aparatos que al introducir cambios o modificaciones en la disposición, grados y códigos de las propias estructuras somáticas y psíquicas del hombre... alteran el congénito o connatural funcionamiento de ellas (1990: 23).

Esta vertiente, que no se refiere a la alteración de los inputs de nuestra actividad intelectual sino a cambios o modificaciones en la disposición, grados y códigos de las propias estructuras somáticas y psíquicas del hombre, resulta de un muy reciente desarrollo técnico e implica una real integración entre el constructor y lo construido. El fruto ha sido una serie de organismos que han recibido variados nombres, tales como sistemas biónicos, máquinas vitales o cyborgs (cybernetic organisms, organismos cibernéticos). Cuando se menciona cyborg se piensa inmediatamente en los personajes de ciencia ficción, pero son mucho más cotidianos que estos extraños personajes y el espectro es mucho más amplio. Cada persona con un marcapaso, con un dispositivo de liberación lenta de drogas para mejorar su fisiología/pensamiento/sentimientos o con una prótesis mioeléctrica, cada piloto de bombardero con los últimos adelantos del arte de la guerra, es un cyborg. No sin cierta ironía los editores de El Manual del Cyborg sostienen que a la trilogía tesis, antítesis y síntesis debería agregarse actualmente una cuarta, prótesis (Grey, Mentor y Figueroa-Sarriera 13).

Claro es que no debemos limitarnos a estas hibridizaciones tecno-humanas porque también pudiera darse, como de hecho ya se ha logrado, la posibilidad de crear seres vivos multi-específicos, resultado de la combinación de características biológicas de varias especies que pudieran conformar un nuevo ser vivo diseñado con fines específicos a partir de material biológico, incluyendo al hombre mismo. En estos desarrollos se trabaja e investiga activamente y puede decirse, avalando empíricamente la afirmación de Mayz, que ya no hay una sociedad entre el hombre y la máquina sino una verdadera fusión y/o comunión que deberá manejarse con un lenguaje común a lo orgánico y a la máquina. En este marco surge casi espontáneamente la necesidad de pensar la conformación de un nuevo logos que resulte de esta novedosa y sorprendente situación.

C) La tercera vertiente Meta-técnica se refiere a instrumentos o aparatos que transustancian ilimitadamente la energía (y/o la materia) trans-formando y trans-mutando el perfil de los entes y del Universo en total con un propósito aparentemente alquímico... que preside los potentes y complejísimos procesos técnicos de la desintegración, conversión y utilización de la energía atómica o sub-atómica (1990: 23).

Mayz señala que ésta es la vertiente más compleja y reciente, por lo que no es fácil todavía delinear claramente sus perfiles. Sin embargo, para los intereses de esta presentación y aunque en el momento de escribir estas líneas no se tienen resultados firmes de las investigaciones que estudian tales aspectos, caben algunas reflexiones acerca de esta última vertiente. Las dos anteriores, referidas al aumento de nuestras potencias sensoriales y el desarrollo de seres trans-humanos, se presentan como una íntima unión entre máquinas y hombres, lo que llamamos un híbrido. En cambio, la última parece no hacerlo pues se trata de instrumentos mediadores entre el hombre y las fuentes energéticas/materiales originarias, en procesos en los que no estaría involucrada la directa transformación del hombre mismo, sino la de los entes que conforman el Universo. Se trata de los esfuerzos por intervenir en la estructura más íntima de la materia, no sólo las de liberación de la energía atómica o nuclear sino las de las fuerzas primarias (Rogers 42-43).

El logos meta-técnico

Mayz enfrenta el conjunto de problemas contemporáneos en forma franca y plena en su Fundamentos de la Meta-técnica[28] y los coloca en una situación radicalmente nueva. Considera al logos humano como histórico, no sólo en su contenido sino en sus categorías y actividad inteligibilizadora pero no sólo con un carácter evolutivo sino que son posibles giros irreversibles en la conformación de un ser, el hombre, que por Naturaleza es inacabado, indeterminado, al que no podemos considerar establecido definitivamente en su carácter sino como una posibilidad nunca plenamente realizada (Castillo, Jiménez y Vallota 37). Esta posibilidad de construir nuevos modelos de racionalidad se concreta gracias al actual desarrollo de la Técnica en que, habiendo superado su carácter antropomórfico, antropocéntrico y geocéntrico, propicia e impone radicales y decisivos cambios que inciden sobre la epistemología y la ontología de nuestra propia época así como en el instituir humano en general. Esto, a su vez, provoca la invención de nuevos aparatos, como respuesta al desafío que presenta lo desconocido, y se establece un círculo de mutua y dinámica irradiación entre los avances epistemológicos, las innovaciones ontológicas y la creación instrumental (Mayz 1990: 25). En otras palabras, se rompe la discontinuidad entre el hombre y la máquina para constituir una unidad sinérgica, una fusión hombre-máquina, que constituye una verdadera novedad de cuya dinámica interacción emerge un nuevo logos inteligibilizador que trasciende el natural humano, el Logos Meta-técnico (Castillo, Jiménez y Vallota 54-58). Mayz lo expone con toda claridad:

Frente a la modalidad hasta ahora prevaleciente de la Técnica –de estilo y límites antropomórficos, antropocéntricos y geocéntricos– comienza a insinuarse, en nuestro propios días, un nuevo proyecto y modelo de ella cuyo logos pretende transformar y traspasar aquellos límites –modificando eo ipso el estilo del quehacer técnico– con la finalidad de acrecentar el poder que dispone el hombre más allá de las fronteras que establecen su ingénita constitución somato-psíquica y la capacidad cognoscitiva sustentada en ésta misma (1990: 11).

Esta novedad se traduce en amplias y radicales transformaciones en la actividad fundante y ordenadora de la alteridad que constituye el meollo de la metafísica. Uno de los cambios inmediatos es la pérdida de la dependencia que el hombre tiene de su dotación ingénita, especialmente de sus sentidos naturales. En efecto, Mayz destaca, con todo vigor, la dependencia que ha tenido de la Visión, como principal sensorio humano, toda la actividad ordenadora del logos humano innato (y de la metafísica tradicional que de esa actividad resulta). Dice Mayz:

Destacando su preeminencia... lo óptico se ha erigido en fundamento exclusivo de la ratio humana... haciendo de la videncia y la evidencia no sólo rasgos definitorios de la misma, sino protofundamentos privativos de su genealogía (1990: 28).

Todas las categorías inteligibilizadoras, el eidos platónico, el nous aristotélico, la contemplación tomista, la evidencia cartesiana, la dualidad fenómeno-nóumeno kantiana, las posiciones de Husserl o el descubrir heideggeriano, tienen una raigambre óptico-lumínica y una dependencia con la visión que la Técnica contemporánea obliga a superar. La primacía de lo óptico-lumínico ha llevado a considerar al logos como una luz (con una función iluminadora, especular o reflexiva, descubridora, develadora), al que se le asignaba una índole noética o eidética. El planteamiento Meta-técnico asume la pérdida de este predominio que resulta del quehacer técnico, examina los protofundamentos del logos óptico-lumínico natural y propone que el mismo sea reemplazado por otro que parta de la superación de las innatas limitaciones humanas de su origen.

Más aún, la Técnica no sólo ha permitido librarnos de las limitaciones de nuestros sensorios innatos, sino que también permite transformar la propia constitución somato-psíquica del hombre natural que, con alcances inimaginables, puede ser alterada, modificada, transmutada, abriéndose caminos nunca transitados en las relaciones del hombre consigo mismo (expresión que queda abierta en tanto su referente también ha de ser revisado) y con la alteridad (Vallota 2001).

En consecuencia, estos cambios presentan una circunstancia desconocida para la cual carecemos de fundamentos y herramientas para interpretarla, una situación de crisis y una vía para superarla. Nuevamente se abren ante nosotros el abismo y el caos que atemorizan pero que, a la vez, en tanto verdaderas instancias originantes, nos desafían a buscar una filosofía primera con fuerza hipnótica y necesidad vital (Mayz 1998: 12). Se trata de establecer nuevos fundamentos, es decir, buscar una nueva metafísica en tanto que el mismo hacer del hombre ha disuelto, llevando a la obsolescencia, al conjunto de categorías a partir de las cuales cobraba significación y sentido su vida, o las discusiones que en torno a ella se daban.

Esta nueva búsqueda de fundamentos descarta, por inadecuados, todo tipo de conceptos, categorías y hasta el lenguaje, de origen óptico-lumínico. El nuevo Logos Meta-técnico es el resultante de una radical novedad, la conjunción hombre-máquina, que obliga a superar la inteligibilización derivada de la dotación humana congénita.[29] Con más fuerza que nunca el hacer del hombre se transforma en una hacerse que no se limita a ideas, nociones o fenómenos sino que alcanza su misma constitución somática. En consecuencia, se requieren constructos de nuevo carácter, meta-técnicos, que puedan conducir a una nueva sintaxis trans-humana, en el sentido de que está más allá de lo que el hombre natural puede alcanzar, pero que sin que por ello se la entienda como divina, mística o irracional. Se trata de una nueva racionalidad cuya función logificante se inscribe y despliega en una alteridad trans-óptica, trans-racional, trans-finita, que no responde, ni es equivalente, a la efectuada por el logos óptico-lumínico, sustentada en parámetros y horizontes de la misma raigambre propios del hombre natural que señalaban un horizonte que la Técnica contemporánea ha permitido superar.[30]

De forma que la propuesta de Mayz de la aparición de un nuevo logos ordenador, el Logos Meta-técnico, constituye un inédito fundamento o, más bien, protofundamento, que comporta una radical novedad en la actividad orientadora del hombre en el mundo y en sus relaciones, por lo que prioritariamente ha menester desarrollar su lenguaje, que no sólo ha de incidir en el campo científico sino en la totalidad del instituir humano y todo cuanto se relacione con una verdadera antropogonía Meta-técnica.[31] Toda racionalidad queda circundada por un Mundo y la irrupción de la Meta-técnica plantea la trans-formación humano en trans-humano, de óptico en trans-óptico, de finito en trans-finito. Se trata de un Nuevo Mundo que requiere de un nuevo Logos que reimplante la conexión y el sentido del hombre con ese Nuevo Mundo frente al cual solo cabe estar preparado en el talante de la expectativa (1998: 275).

Esto permite hablar de una nueva filosofía primera, en tanto que la propuesta abarca todos los aspectos de la ordenación humana de la alteridad, provocando profundas alteraciones en las concepciones epistemológicas, ontológicas, éticas, institucionales, lingüísticas y hasta religiosas (Vallota 2001: 190). De esta forma, tal como lo afirma Mayz en reiteradas oportunidades:

El hombre es –con todos los riesgos que esto pueda acarrear para sí– el gran demiurgo del mundo y de la vida; proyectista y constructor de sus medios y fines... incluyendo los de su existencia y razón. Ello es el postulado fundamental de la Meta-técnica (1998: 181).

Final

Para concluir esta breve y parcial presentación quiero hacer mención del trabajo elaborado por Zdenek Kourím “Hacia una filosofía del futuro presente: itinerario de Ernesto Mayz Vallenilla”, publicado en Cuadernos Americanos, Nueva Época, UNAM, Vol. 3, Nº 93, 2002, pp. 21-67, que expone exhaustivamente, con comprensión y maestría, una visión del pensamiento de Ernesto Mayz Vallenilla, del que hemos ofrecido algunos de los aportes que consideramos más destacados.

Caracas, Venezuela
Mayo 2003.

Bibliografía

  • Butler, S. “La destrucción de las máquinas de Erewhon” en E. Pylyshyn (Sel) Perspectivas de la revolución de las computadoras, Madrid: Alianza Editorial, 1975.

  • Castillo, A., D. Jiménez y A.D. Vallota. Técnica y Meta-técnica de la computación. Barquisimeto: UCLA-IDEA, 2000.

  • Gray, C., S. Mentor y H. Figueroa-Sarriera. “Cyborgology” en Gray, C. H. The Cyborg Handbook. New York: Routledge, 1995.

  • Foerster, Heinz von: “Desorden/orden: ¿descubrimiento o invención?” en VV. AA. Las semillas de la cibernética. Barcelona: Gedisa, 1991.

  • Freud, S. “La fijación del trauma. Lo inconsciente”. Introducción General al Psicoanálisis. Madrid: Alianza Editorial, 1981.

  • Descartes, R. Discurso del Método. Parte V, AT, VI, 56-57. Trad. E. de Olazo y T. Zwanck.

  • Leibniz, G.W. “Nuevo sistema de la Naturaleza y de la comunicación de las sustancias así como de la unión que hay entre el alma y el cuerpo”. G.W. Leibniz, Escritos filosóficos. Ed. Ezequiel de Olazo. (C.I. Gerhardt. T. IV, 477). Buenos Aires: Charcas, 1982.

  • Licklider, J.C.R. “Simbiosis hombre-computador” en Pylyshyn Z. (Sel.) Perspectivas de la revolución de las computadoras, Madrid: Alianza Editorial, 1975.

  • Locke, J. Ensayos sobre el entendimiento humano, Trad. S. Rabade y Ma. Esmeralda García. Madrid: Editora Nacional, 1990.

  • Mazlih, B.La Cuarta discontinuidad en Pylyshyn Z. (Sel.) Perspectivas de la revolución de las computadoras. Madrid:  Alianza Editorial, 1975.

  • Mayz Vallenilla, Ernesto. Apéndice a Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974. 241-246.

  • ________ “Del hombre y su alienación (1969)”. Travesías del pensar. Caracas: IESALC/URSHLAC/UNESCO, 1999. 53-160.

  • ________ “Educación y tecnocracia (1967)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974. 167-185.

  • ________ El Dominio del poder. Barcelona: Ariel, 1982.

  • ________ “El hombre en el mundo actual (1973)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974. 101-136.

  • ________ El Problema de América. Caracas: Equinoccio-USB, 1992.

  • ________ “Eros y técnica (1970)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974. 225-240.

  • ________ Esbozo de una Crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974.

  • ________ Fundamentos de la Meta-Técnica. Caracas: Monte Ávila Editores, 1990.

  • ________ “Hombre y técnica (1972)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974. 187-196.

  • ________ Invitación al pensar del siglo XXI. Caracas: Monte Ávila Editores-Cátedra UNESCO de Filosofía, 1998.

  • ________ “La universidad en el mundo tecnológico (1972)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974. 137-165.

  • ________ “La universidad y la idea del hombre (1966)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974. 51-99.

  • ________ “Técnica y humanismo (1972)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974. 197-223.

  • ________ Travesías del pensar. Caracas: IESALC/URSHLAC/UNESCO, 1999.

  • North, J.D. The Rational Behaviour of Mechanically Extended Man. Wolverhampton: Boulton Paul Aircraft Ltd., 1954.

  • Putnam, H. Renewing Philosophy. Cambridge: Harvard U. Press, 1992.

  • Revista de la Sociedad Argentina de Filosofía. Homenaje a Ernesto Mayz Vallenilla. Años X-XI, Nº 11. Córdoba: Comunicarte, 2001.

  • Rogers, A. The Big Ban is back, Newsweek. Vol. CXXXIV, N° 7, Nueva York, 16/8/1999.

  • Sanmartín, J. y A. Ortí.: “Evaluación de la tecnología” en Sanmartín, J., S.H. Cutcliffe, S.L. Goldman y M. Medina Estudios sobre sociedad y tecnología. Eds.. Barcelona: Anthropos, 1992.

  • Skolimowski, H.: ”Problemas de la racionalidad en biología” en Ayala, F. J. y T. Dobzhansky (Edit.) Estudios sobre la filosofía de la Biología. Barcelona: Ariel, 1983.

  • Toffler, A. La Tercera Ola. Barcelona: Plaza & Janes, 1981.

  • Vallota, A. “Ante la radical novedad del porvenir”. Actas del VIII Congreso Venezolano de Genética. Valencia, Junio 2001 (en prensa).

  • ________ De la Metafísica a la Meta-técnica”. Revista de la Sociedad Argentina de Filosofía. Homenaje a Ernesto Mayz Vallenilla. Años X-XI, Nº 11. Córdoba: Comunicarte, 2001. 175-201.

  • ________ Meta-Técnica, Antropocentrismo y Evolución”. Revista de Hispanismo Filosófico, N° 3. Madrid: FCE, 1998. 25-40.

  • Zdenek Kourím. “Hacia una filosofía del futuro presente: itinerario de Ernesto Mayz Vallenilla”. Cuadernos Americanos. Vol. 3, Nº 93. Sobretiro. México: Nueva Época, 2002. 21-67

 

Notas

[1] Estas obras, varias veces reeditadas, se encuentran reunidas en El Problema de América. Caracas: Equinoccio-USB, 1992.

[2] Ver Revista de la Sociedad Argentina de Filosofía. Homenaje a Ernesto Mayz Vallenilla. Años X-XI, Nº 11. Córdoba: Comunicarte, 2001.

[3] Esta es una acepción no frecuente de la palabra tecnología. Habitualmente se entiende por tecnología la aplicación de alguna teoría científica a una técnica con la intención de dar cuenta de sus causas eficientes. Por ejemplo, la técnica de la fermentación se conoce y aplica antes de conocer la existencia de los microorganismos que la explican. Puede decirse que la Modernidad se ha caracterizado por tratar de llevar la tecnología así entendida a todos los ámbitos de la Técnica. Ver Sanmartín, J. y A. Ortí.: “Evaluación de la tecnología”. Estudios sobre sociedad y tecnología. Eds. J. Sanmartín, S.H. Cutcliffe, S.L. Goldman y M. Medina. Barcelona: Anthropos, 1992. 42-43.

[4] ...el automatismo, al quedar revestido de una cierta “intencionalidad” apunta a lograr la perfección funcional del sistema (1974: 26).

[5] Ver Mayz V., E. “El hombre en el mundo actual (1973)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica, Caracas: Equinoccio-USB, 1974.

[6] Ver Mayz V., E. “Eros y Técnica (1970)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974: En resumen: el hombre no tiene una “esencia” (essentia), en sentido clásico, sino que su esencia (Wesen) radica y depende de su existencia. Esta existencia, sin embargo, se halla inscrita dentro de estrictos límites ontológicos. La esencia (Wesen) del hombre asume, en cada caso, la modalidad de la existencia elegida por éste (243).

[7] Ver Mayz V., E. “Hombre y Técnica (1972)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974: La racionalidad humana es de tal modo permanente pero no invariable, constante aunque no absoluta (189).

[8] Ver Mayz V., E. “El hombre en el mundo actual (1973)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica, Caracas: Equinoccio-USB, 1974.

[9] Ver Mayz V., E. “La universidad y la idea del hombre (1966)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974.

[10] Ver Mayz V., E. “Educación y tecnocracia (1967)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, Caracas, 1974.

[11] Ver Mayz V., E. “La universidad y la idea del hombre (1966)”. Esbozo de una crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974.

[12] Ver Mayz V., E. “Del hombre y su alienación (1969)”. Travesías del pensar. Caracas: IESALC/URSHLAC/UNESCO, 1999.

[13] Ver Mayz V., E. “La Universidad y la idea del hombre (1966). Esbozo de una Crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974.

[14] Ver Mayz V., E. Travesías del pensar. Caracas: IESALC/URSHSLAC/UNESCO, 1999 que reúne varios trabajos sobre el tema de la alienación.

[15] Ver Mayz V., E. “La Universidad y la idea del hombre (1966)”, “La Universidad en el mundo tecnológico (1972)”, “Educación y Tecnocracia (1967)”. Esbozo de una Crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974. Ver también “Del hombre y su alienación (1969)”. Travesías del pensar. Caracas: IESALC/URSHLAC/UNESCO, 1999.

[16] Ver Mayz V., E.: “Hombre y Técnica (1972)”. Esbozo de una Crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974.

[17] Ver Mayz V., E. “Eros y Técnica (1970)”, “Técnica y Humanismo (1972)”. Esbozo de una Crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974.

[18] Ver Mayz V., E. “Apéndice”. Esbozo de una Crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974.

[19] Mayz V., E. “Eros y Técnica (1970)”. Esbozo de una Crítica de la Razón técnica. Caracas: Equinoccio-USB, 1974.

[20] Ver Mayz V., E. Invitación al pensar del siglo XXI. Caracas: Monte Ávila Editores-Cátedra UNESCO de Filosofía, 1998.

[21] El caso más típico es el desarrollo de la Geo-metría, una disciplina que no hubiera sido posible para un supuesto habitante de Júpiter, planeta gaseoso.

[22] El análisis que sustenta esta posición constituye parte importante de los Fundamentos de la Meta-Técnica. Caracas: Monte Ávila Editores, 1990, Caps. I a III.

[23] Toffler, A. La Tercera Ola. Barcelona: Plaza & Janes, 1981: una bomba de información está estallando entre nosotros, lanzándonos una metralla de imágenes y cambiando drásticamente la forma en que cada uno de nosotros percibe y actúa sobre nuestro mundo privado. Al desplazarnos de una infosfera de segunda ola a una de tercera ola estamos transformando nuestras propias psiquis (162).

[24] Cabe citar esta observación de Skolimowski H. : ”Problemas de la racionalidad en biología” en Ayala, F. J. y T. Dobzhansky (Edit.) Estudios sobre la filosofía de la Biología. Barcelona: Ariel, 1983. p. 268: Uno de los dilemas más importantes es el problema de la racionalidad, del cual depende todo el proceso del entendimiento. Anticiparé la conclusión de mi argumento y diré al principio que las dificultades particulares con las que nos encontramos ahora en el dominio de la Biología, y también en relación con la herencia total de nuestro conocimiento científico, proceden del yugo restrictivo de una racionalidad que ya no resulta adecuada para las extensiones recientes de nuestro conocimiento y para las necesidades cognoscitivas del hombre contemporáneo. La racionalidad desarrollada bajo los auspicios de la ciencia física es un yugo, ya que nos sujeta a una cierta armazón conceptual y nos obliga a observar criterios de validez que son específicos de esta armazón.

[25] Locke, J. Ensayos sobre el entendimiento humano. Tomo I, Libro 2, Cap. XXIII, Sección 12, p. 444. Trad. S. Rabade y Ma. Esmeralda García. Madrid: Editora Nacional, 1990.

[26] Leibniz llamaba a esta discontinuidad el laberinto del continuo. Ver Leibniz, G.W. “Nuevo sistema de la Naturaleza y de la comunicación de las sustancias así como de la unión que hay entre el alma y el cuerpo”. G.W. Leibniz, Escritos filosóficos. Edit. Ezequiel de Olazo. Buenos Aires: Charcas, 1982. 461 (C.I. Gerhardt. T. IV, 477).

[27] Ver North, J.D. The Rational Behaviour of Mechanically Extended Man. Wolverhampton: Boulton Paul Aircraft Ltd, 1954.

[28] Mayz V., E. Fundamentos de la meta-Técnica. Caracas: Monte Ávila Editores, 1990, fue la primera edición que está agotada. La obra ha sido publicada en España, Francia, Italia y Alemania y próximamente lo será en EE.UU. y Portugal.

[29] Mi diario combate es con el logos como noein... intentando su trans-formación y trans-mutación... su apertura trans-óptica y trans-humana, valga decir, meta-Técnica... (1998: 68. Destacado en el original).

[30] La modalidad poiética de la meta-Técnica contempla la posibilidad (nada utópica) de que el agente impositor del ordenamiento temporal sea un instrumento dotado de sensorios absolutamente artificiales... y distintos, en su constitución, funcionamiento y límites, a los de cualquier ser viviente estrictamente terráqueo y natural (1998: 178. Destacado en el original).

[31] Toda racionalidad es un lenguaje, valga decir, un acto comunicativo... que, como tal, requiere una sintaxis, una semántica y una pragmática. En el caso de la racionalidad meta-Técnica el ingrediente pragmático desempeña un papel primordial... pues del mismo dependen las posiciones creenciales que posibilitan y sostienen el diá-logo entre eventuales inter-locutores (1998: 274. Destacado en el original).

Alfredo D. Vallota 
avallota@cantv.net 
Caracas, Venezuela
Mayo 2003.

 

© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

PROYECTO ENSAYO HISPÁNICO
Home / Inicio   |    Repertorio    |    Antología    |    Crítica    |    Cursos